A favor del semen
por Eduardo Haro Tecglen
A nadie se le ocurre presentar un supuesto nuevo para el aborto
ante un Parlamento de ecónomos (¿han visto la cara que pone el del
Obispado de Valladolid ante la comisión del Parlamento por
Gescartera?), que ya se ha cargado el último intento de legalizar
parejas homosexuales. Todo lo que tenga que ver con el disparo del
semen les pone los pelos de punta (algo tienen que tener de
punta). Sólo una bendición de cura o de juez, cónsul o alcalde,
puede autorizar la eyaculación, siempre que el que une sepa hacia
qué ovarios ha de ir dirigido: óvulos cristianos o legales.
Siempre ha sido así, pobre España, pobres españoles... Siempre
gobiernan ellos; y los otros tienen miedo cuando están en el
poder; y cuando en la oposición, se ablandan y dulcifican. Sin
contar con que entre quienes se sientan a la izquierda en el
Parlamento hay muchos religiosos o creyentes, lo cual implica una
idea especial de la vida y del material que es capaz de producirla
en circunstancias determinadas, que ellos quisieran controlar. Los
respeto, aunque pienso que una de las bases de la izquierda es
huir de todo dogma, hasta de los dogmas de la izquierda.
Soy partidario de las parejas de hecho, y de las orgías de las que
me hablaban desde niño, pero que no he tenido ocasión de ver 'en
vivo y en directo'; y creo que el sexo no puede tener más límite
que el deseo de quienes lo comparten. Soy más partidario de que la
curia no tenga nada que ver con este asunto, y que las
aprobaciones o denegaciones oficiales sean abolidas: quiero decir,
sobre todo, se debería suprimir el matrimonio legal (no hablo de
los míos, sobre los que tengo juicios individuales, como los
tienen ellas). En cambio, no lo soy del aborto. Más bien lo odio,
sobre todo por cómo puede ser vulnerada la mujer; más que por la
leve cirugía, por el choque que sufre contra la vieja civilización
obligatoria, la idea de pecado y las acusaciones de asesinato. Soy
partidario de todos los sistemas anticonceptivos, que deberían ser
gratuitos y hasta estimulados.
Hay quien quiere poner máquinas que dispensen condones en los
institutos; debían ser regalados por los padres y los profesores.
Odio el aborto: odio más que una muchacha quede embarazada por
falta de previsión de sus familiares y educadores, o que sea
castigada por la justicia, o que el médico que la podría ayudar
tenga prejuicios (los prejuicios deberían estar prohibidos: sólo
debían quedar vivos el pensamiento, la lógica).
4 de octubre de 2001
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