ESTADO LAICO Y SOCIEDAD DEMOCRÁTICA
Relación con sectores de iglesia católica y religiones que
apoyan los derechos
sexuales y los derechos reproductivos, que reconocen la
diversidad sexual y la igualdad de
género.
Una primera opinión señala la necesidad de establecer una
relación desde “el enfoque de
derechos humanos, en donde sean respetadas las diferencias”.
Para otra persona “la única relación posible es la del estado
laico, que no quiere decir
anti religioso, sino respetuoso de todas las opciones
religiosas”. Entendiendo por estado
laico “un ente sin religión, que se orienta por los principios
del estado social, bienestar
público, desarrollo y seguridad pública y que tiene como
compromiso considerar los aportes
de la ciencia para el diseño de las políticas públicas”.
Se señala también la necesidad de dejar de “pelear” con los
sectores conservadores de la
Iglesia Católica y “formar alianzas con los sectores
progresistas de la Iglesia y de
otras religiones que apoyan los DRDS”. La misma persona
manifiesta la necesidad de contar
con una definición de libertad sexual e insistir en que el
derecho de las personas a tener
una religión, “no puede irse en contra otros derechos humanos
fundamentales de personas,
que están asociados a la libertad sexual”.
Otra persona plantea que “La Iglesia (cualquier denominación que
sea) no debe participar en
estos temas”. En la misma línea se agrega que a pesar de lo
anterior es “importante
conocer sus puntos de vista en estos asuntos (...) y a base de
esto evitar caer en trampas
y construir teorías positivas desvirtuando, en forma sutil si
fuese necesario, lo que las
iglesias enseñan sobre la sexualidad”.
Para enfrentar este “monopolio” de las religiones frente al
tema, una opinión señala la
necesidad de “contar con personas que tengan un pleno manejo de
la teología (...) para
desde ese conocimiento poder empezar a deconstruir y reconstruir
posiciones”.
Otras opiniones, en cambio, aspiran a una relación de diálogo
“apegándose en todo momento a
la conservación de valores para una cultura de paz, evitando
hasta donde sea posible
confrontaciones innecesarias”.
Se señala también la necesidad de una alianza estratégica que
considere la influencia que
estas instituciones tiene en la vida de las personas,
estableciendo una relación, “que
deberá ser la misma que con otras organizaciones de la sociedad
civil”.
Otro planteamiento señala que “establecer alianzas con los
grupos religiosos abiertos al
tema es un valioso recurso para difundirlo, crear conciencia y
generar procesos de cambios
actitudinales en las personas que los integran: dirigentes y
comunidades”.
Se manifiesta también la necesidad de coordinación entre ambas
partes para evitar
“retroceder en todos avances que hemos obtenido como
organizaciones sociales que
trabajamos por los derechos sexuales y reproductivos de las
personas “.
Estrategias para enfrentar monopolio de religiones como
rectores morales
Una primera opinión plantea la necesidad de enfrentarlo desde
“el enfoque de los derechos
humanos.
Se plante también oponer “la estrategia de la defensa del estado
laico”. La misma persona
señala la necesidad de “visibilizar los nexos de doble moral y
de intereses económicos
detrás de las iglesias organizadas”.
Por otra parte se considera que la mejor estrategia, sería
“seguir EDUCANDO en forma masiva
y continua, sobre nuestros conceptos de moral, sobre nuestros
conceptos de amor,
tolerancia, diversidad, etc”.
Se señala también la posibilidad de “abrir frentes de alianzas
con los movimientos sociales
“intercontinentales” consecuentes a nuestra lucha (...). Tener
un equipo especializado
capaz de construir contra-argumentos a los manifiestos de los
fundamentalistas y discursos
de las potencias económicas y geopolíticas. (...) RESISTENCIA Y
RECUPERACIÓN de lo propio
ante la cultura dominante”.
En la misma línea se propone el “énfasis en la asociación con
instituciones académicas y
movimientos sociales que apoyan los DDSSRR”.
Se manifiesta le necesidad de “usar las alianzas con algunos
medios de comunicación y
dar a conocer las estadísticas reales de la muerte materna, de
los embarazos
adolescentes, de las mujeres victimas del abuso del poder que
ejercen los hombres”.
Otra persona señala que las estrategias deberían tender a
fortalecer el estado como actor
principal de las políticas específicas e instar el debate sobre
el estado laico en el
espacio público. “Es necesario sostener este debate en el tiempo, no permitir que sea solo
coyuntural, hacer lobby con los medios que se manifiesten
sensibles al tema, movilizar a
la sociedad civil en torno a ellos”.
Una opinión manifiesta que debido a que la moral es un referente
relativo, ajustado a los
cánones de quiénes la esgrimen como marco de control, prefiere
“hablar de ética, como
principio universal fundamentado en el respeto por los derechos
de la persona, sin
violentar los de los demás”.
Por último se señala que la estrategia sería “delimitar lo que
les corresponde y lo que
no, a través de leyes y acciones publicas”.
Libertad religiosa
Para una de las personas participantes en el debate “tiene que
ver con una propuesta
ecuménica, no dogmática, ni fundamentalista, que asume el
tratamiento de las inequidades y
desigualdades con objetividad”.
Se considera también que “se refiere al conjunto de garantías
constitucionales que
preservan el derecho de las y los individuos a profesar o no una
religión, al tiempo que
norman algunas obligaciones”.
Otra opinión manifiesta que “es vivir la religión respetando las
normas sin que estas
violen nuestros derechos humanos y de humanas”.
También se cree que es “la facultad de obrar dentro o fuera de
la religión o de lo
religioso” o como señala otra persona, “la capacidad de escoger
la fe que queremos
profesar ( opción y oportunidad) libertad que se extiende a la
forma como la queremos poner
en practica; considerando en todo momento que tal derecho no
vaya en detrimento de la
libertad de otras personas”.
Una opinión considera que “ser libre religiosamente hablando
debe incluir ser libre de
pensamiento, pero también de ejecución”.
Se señala también que es “la creencia de practicar la fe que los
Hombres y las Mujeres
sientan como parte de su necesidad de quietud espiritual”.
Por último alguien considera que se trata de “otra expresión de
la libertad” y de
“libertad de culto”.
Igualdad religiosa
Una persona plantea que la igualdad religiosa consiste en que
“la teoría y la acción
religiosa no tenga connotaciones de ningún tipo de
discriminación por género u opción
sexual”.
Para otra y en lo relativo a los países sin religión oficial,
“corresponde a un grupo de
reglamentación que norma la constitución, vida y disolución de
las organizaciones
religiosas”. La misma opinión considera que “en lo relativo al
ámbito individual, hay que
referirse a las garantías constitucionales que preservan
derechos y obligaciones de
personas con creencias diversas”.
Otra opinión señala que en este sentido “es importante resaltar
que los Estados deben
permitir a cada persona la práctica de su fe sin más
restricciones que el respeto al
otro(a) a la vida, integridad física y sicológica garantías
extendida al sujeto individual
y colectivo”.
Para otra persona consiste en “igualdad de derechos,
oportunidades y resultados”.
En la misma línea se agrega que consiste en la “libertad de las
personas a elegir religión
o camino espiritual y a tener sus propias creencias”.
Formulación de principios sobre bases éticas y políticas del
nuevo contrato social
Una primera opinión señala la necesidad de que “la religión se
mantenga al margen de las
diferencias”.
Siguiendo otra línea se habla de que debe ser un contrato
“ético, equitativo, respetuoso.”
Otra persona señala que dentro de estas bases éticas “los
principios deben de ser amplios
para poder incluir toda clase de pensamiento y creencia”.
Se manifiesta también que un nuevo contrato debe “partir de la
premisa del ser humano
(mujeres y hombres) como actores participes de la construcción
social y en tema sexual
debe erradicar la asignación de la mujer como ser sexualmente
subordinado al hombre”.
Se considera que debería darse más visibilidad “a la dimensión
de placer y erotismo desde
el punto de vista de las mujeres”.
Para otra participante es importante“aceptar que las formas
sostenidas hasta el momento no
han resultado eficaces en materia de proveer la felicidad y bienestar de las gentes, y esto
incluye a los varones y todas las formas posible intersexo”. A
lo que agrega que “la ética
de la cooperación, de la aceptación de lo diverso son a mi
criterio los dos puntales
básicos”.
Por último una persona señala su negativa a contestar este
punto, ya que está en desacuerdo
con la “visión contractualista”. “Defiendo al estado social como
ente que tiene como
función preservar y garantizar una serie de derechos a la
ciudadanía. Por ello en mi
propuesta hay que hablar de ciudadanía cruzada por el
reconocimiento a la diversidad y todo
ello bajo la garantía de la participación democrática”.
Medidas planteadas desde lo jurídico y lo cultural para lograr
la igualdad de
condición entre hombres y mujeres en un nuevo contrato social
Se plantea la necesidad de “develar la inequidad de género en
las leyes y en la aplicación
de las mismas”, así como también la de “establecer en los
preámbulos constitucionales
textos que sustentaran las diversas diferencias sociales”. Esta
última persona agrega que
“conceptualizar algunas puede ser importante para generar
aplicación de la ley,
antecedentes jurídicos y finalmente jurisprudencia que vaya en
la misma línea”.
En la misma línea se considera la necesidad de plantear estas
medidas “en una base de
igualdad, equidad y justicia social”. Siguiendo esta línea
alguien señala como ejemplo
“acceso igualitario al trabajo, salario, ocio y participación
política”.
Alguien señala que es pertinente recordar que “las leyes no van
a producir los cambios por
si solas” y que por lo tanto, se debe trabajarse paralelamente
en “sensibilización
educación y cambio de la normativa”.
Otra persona coincide con las normas de discriminación positiva
“hay que ser audaz y hacer
fuerza para extender los límites. No solo desear lo posible”.
Se señala la necesidad de “garantía del control sobre el propio
cuerpo y las decisiones que
lo involucran, en especial en cuanto a los derechos
reproductivos”. A lo que se suma:
t
promoción de una cultura del autocuidado y cuidado del otro/a;
promoción del conocimiento y
ejercicio de los Derechos Humanos; exigencia de la participación
de los estados en los
instrumentos internacionales de derechos humanos y promoción de
la inclusión de mujeres
con conciencia de género en lugares de decisión”.
Una última opinión manifiesta que es necesario “seguir
insistiendo en la construcción de
ciudadanía, no sólo desde lo jurídico, sino también desde el
fortalecimiento a los procesos
locales que varias organizaciones de mujeres han venido
realizando, en los cuales se
recupere que la eficacia y efectividad de una normatividad
implica un proceso de
ciudadanización, en donde el / la ciudadana /o exija sus
derechos y el Estado los garantice
a través de mecanismos eficaces y no sólo con leyes
enunciativas”.
Qué esperan las mujeres de un nuevo contrato social
“Derechos equitativos, seguridad, libertad, integridad”. A lo
que otras personas agregan:
“respeto, reconocimiento, igualdad, justicia social, desarrollo
sostenible y sustentable,
acceso a mejores condiciones de vida, educación, libertad plena
y ejercicio pleno de
nuestra ciudadanía” y “autonomía”.
También: “reglamentos de aplicación de las leyes
constitucionales, la defensa del estado
laico, mecanismos de participación en el diseño de política
pública y mecanismos para su
seguimiento y evaluación”.
Otra persona considera que “muchas mujeres queremos un nuevo
contrato social, otras muchas
están incómodamente sentadas en “mal, pero acostumbradas” y
otras muchísimas no tienen
siquiera la oportunidad de considerar estas opciones, hay que
trabajar con y para ellas” La
misma persona concluye que “independientemente del estado de
conciencia, en lo profundo,
creo que todas las mujeres queremos ser tomadas en serio”.
Finalmente se señala la aspiración a un nuevo contrato que
garantice “vivir sin miedo a ser
agredida, violentada” a lo que se agrega “libertad para salir,
caminar, convivir,
relacionarme y no sentir que no tengo garantías de protección.
Vivir en paz, sin guerra. No
reproducirme y no sentirme culpable por ello”.
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