Declaración Cairo + 15
La Red Latinoamericana de Católicas por el
Derecho a Decidir, es un movimiento autónomo de personas
católicas comprometidas con la búsqueda de justicia social y el
cambio de patrones culturales y religiosos vigentes en nuestras
sociedades. Promovemos los derechos de las mujeres,
especialmente los que se refieren a la sexualidad y la
reproducción humana; buscamos la igualdad y equidad en las
relaciones de género y afirmamos el derecho de las mujeres a la
autonomía y el control sobre su propio cuerpo, y la vivencia
placentera de su sexualidad, sin distinciones de clase, raza,
etnia, credo ni opción sexual. Afirmamos la capacidad moral que
mujeres y hombres tienen para tomar decisiones serias y
responsables sobre sus vidas y en particular sobre su sexualidad
y reproducción. Demandamos la separación de los Estados y las
iglesias, e impulsamos la vigencia del principio de laicidad
como garantía de la no discriminación, la autonomía y el
ejercicio irrestricto de los derechos humanos.
A través de nuestra presencia en diez países y
puntos de referencia en toda la región, trabajamos construyendo
alianzas, informando y sensibilizando a tomadores de decisiones,
aportando al empoderamiento y liderazgo de las mujeres,
generando opinión pública y produciendo conocimiento desde una
perspectiva católica feminista.
LA ICPD EN AMÉRICA LATINA: LOGROS,
RETOS, RETROCESOS
En la Conferencia Internacional sobre Población
y Desarrollo (ICPD) realizada en El Cairo en 1994, los gobiernos
de los países del mundo asumieron el compromiso de implementar
leyes y políticas públicas que reflejaran los nuevos paradigmas
establecidos en el Programa de Acción relacionados con la salud
y los derechos sexuales y reproductivos, estableciendo un
vínculo entre el ejercicio de estos derechos y la necesidad de
la erradicación de la pobreza y el empoderamiento de las
mujeres.
A quince años de dichos acuerdos América Latina
continúa siendo la región más desigual del planeta. Y durante
muchos años los gobiernos no tuvieron voluntad política para
aplicar los consensos de la CIPD y por ello nos encontramos muy
lejos de cumplir las grandes metas de Cairo, toda vez que estamos sufriendo con
mayor fuerza las consecuencias de la actual crisis económica
provocada por los grandes capital y los países más ricos.
En nuestra región los derechos sexuales y
reproductivos han entrado en la agenda pública de manera
heterogénea ya que, mientras en algunos países se constataron
avances significativos, en otros existieron marcados retrocesos.
Así mientras en el Cono Sur se promulgaron leyes que favorecen
estos derechos y en la región Andina, Bolivia y Ecuador los
incluyeron en las nuevas constituciones, en Centroamérica no
sólo no se modificaron las prohibiciones sobre educación sexual,
anticoncepción y aborto sino que se promulgaron leyes que
penalizan inclusive el aborto terapéutico como en Nicaragua,
cuyo gobierno actual no solo derogó un derecho vigente casi un
siglo sino que persigue a las organizaciones y activistas que lo
defienden, acentuando el riesgo para la vida y la salud de las
mujeres. Dentro de un mismo país, en el caso de México, frente
al avance que significó la sanción de la ley de despenalización
del aborto en el D.F. nos encontramos con fuertes intentos de
retroceso en varios Estados al interior del país.
Pero aún en aquéllos países en que reconocemos
avances importantes estamos revelando algunas fragilidades en
esas conquistas a la vez que detectamos numerosos obstáculos
para el acceso a servicios amigables y de calidad que permitan a
las mujeres ejercer estos derechos. Uno de los factores que más ha obstaculizado los
avances en temas de sexualidad y reproducción es –sin duda– la
ideología católica conservadora impulsada por el Vaticano,
predominante en nuestros países y que se hace presente a través
del accionar de las jerarquías eclesiásticas locales y de los
grupos conservadores anti-derechos, mediante la ejecución de
diversas estrategias para impedir que el Programa de Acción de
Cairo se traduzca en leyes y normas concretas. Pero también
estos retrocesos y obstáculos siguen siendo responsabilidad de
los gobiernos, que han buscado apoyo y legitimación en las
instituciones eclesiásticas renunciando a la laicidad del Estado
en detrimento de la vigencia de los derechos humanos.
Los fundamentalismos de mercado, a su vez,
constituyen una barrera en la creación de un entorno adecuado
para la implementación de la ICPD, y la necesaria e
impostergable redistribución de la riqueza aún se hace esperar
en un continente de abundancia.
NUESTRAS DEMANDAS FRENTE A LA 42ª SESION DE LA
COMISION DE POBLACION Y DESARROLLO
A partir de esta realidad y en el marco de la
revisión de la Plataforma de Acción de Cairo +15, demandamos la
renovación de los compromisos con dicho Programa por parte de
todos los países de la región y una clara declaración de
voluntad política por parte de nuestros gobiernos para el
cumplimiento de las metas de Cairo.
De igual manera, la instrumentalización de la
agenda integral de la ICPD a través de leyes, políticas y
programas para la eliminación de la pobreza, el acceso universal
a la educación, el impulso al empoderamiento de las mujeres, la
participación de los hombres en las tareas de la reproducción
social y la eliminación de la violencia y discriminación contra
las mujeres como elementos esenciales para el cumplimiento de
las metas acordadas por los países en 1994.
Por ello, en estos días en que la Comisión de
Población y Desarrollo evaluará los avances y retrocesos en la
agenda de Cairo estaremos, junto a los movimientos feministas y
de mujeres, reclamando la realización de acciones concretas
tales como:
o
Asignar más recursos para América
Latina y el Caribe, en el ámbito de los derechos y la salud de
las mujeres, dado que en este momento ya no es región
prioritaria de los países donantes, lo cual
ha creado serios problemas en lo que respecta al acceso a
servicios y recursos, especialmente para los sectores más pobres
y vulnerables.
o
Promover políticas integrales
para reducir la mortalidad y morbilidad maternas.
o
Promover el acceso universal a
una educación de calidad que incluya una educación sexual
completa.
o
Mejorar las condiciones para el
ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y
hombres, garantizando el acceso universal a la todos los métodos
anticonceptivos existentes.
o
Garantizar el acceso legal y
seguro a servicios de aborto, abogando por un cambio jurídico en
nuestros países donde las prohibiciones del aborto siguen
causando graves daños a la salud de la mujer y cientos de
muertes innecesarias.
o
Implementar medidas eficaces e
integrales para erradicar la violencia contra la mujer,
particularmente la violencia sexual, posibilitando el acceso a
la justicia paras las víctimas.
Todo lo anterior, convencidas que sólo
asignándole prioridad política y presupuestaria a estos temas
lograremos el pleno e integral respeto a los derechos humanos de
las mujeres en nuestro continente.
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