La otra "inseguridad"
Por Mariana Carbajal
Página 12
Se llamaba Romina Gélvez. Tenía 22 años. Murió ayer en el
Hospital Español
de Mendoza. Estaba con muerte cerebral desde el domingo. La
desesperación
frente a un embarazo no deseado la empujó el viernes 6 a
recurrir a una
curandera del barrio La Gloria, en el departamento de Godoy
Cruz, para que
le practicara un aborto. El procedimiento no fue seguro: hubo
una sonda de
por medio. Llegó al Hospital Paroissien, de Maipú, con un cuadro
infeccioso
crítico. Nunca se recuperó. Romina no tuvo los 3000 o 4000 pesos
que se
requieren para acceder en la Argentina a un aborto seguro.
Clandestino, sí,
pero seguro. No fue el único caso fatal en la misma semana. La
penalización
del aborto está matando a las mujeres pobres. Pero de esa
"inseguridad" que
impacta exclusivamente en cuerpos femeninos, pobres,
silenciosos, los
grandes medios de comunicación no se hacen eco. Esas muertes,
evitables
todas, no importan.
Esta semana se habló y mucho desde algunas pantallas de TV y
desde la tapa
de ciertos diarios de otras muertes. Mucho se amplificó la
"seguidilla" de
policías bonaerenses asesinados en enfrentamientos con
delincuentes: cuatro
en 22 días, cuando en todo el 2008 habían caído ocho.
En los últimos 22 días murieron también cuatro mujeres por las
consecuencias
de abortos inseguros, pero de esa "inseguridad" se habla poco y
nada: Romina
Gélvez falleció ayer. Ana Machuca, el martes, en Reconquista,
Santa Fe.
Perla, 24 años, empleada de una empresa de limpieza, el 21 de
febrero, en
Rosario y un día antes, el 20, en esa misma ciudad, Carina, 30,
madre de
tres nenes, trabajadora doméstica. Y antes que ellas, en lo que
va de 2009,
el aborto inseguro mató a María Soledad Villagra, de 25 años, en
Catamarca
-fue el 7 de enero-, y a Soledad Mendoza, de 21 años, en
Santiago del
Estero, el 4 de ese mes, Y a Sofía Viviana Juárez, de 19 años,
en una
pequeña localidad del norte santiagueño, el 12 de enero. Y unos
días antes
quedó al borde de la muerte, sin útero ni ovario, una niña de 12
años en
Mendoza, en el Hospital Lagomaggiore.
La lista va a continuar. En promedio, son asesinadas por el
aborto inseguro
alrededor de un centenar de mujeres de escasos recursos, de
barrios
humildes, como Ana Machuca, que tenía 28 años y una infección
generalizada
cuando llegó al Hospital de Reconquista. La situación extrema de
enfrentar
un embarazo que tampoco quería la llevó a introducirse una aguja
de tejer.
Ella solita. Cuando la vieron los médicos, el cuadro infeccioso
era ya
irreversible.
¿Cuándo va a resonar en las pantallas y los micrófonos de las
radios el
dolor de las madres y los hijos de estas mujeres que ya no
están? Sus
muertes podrían haberse evitado: con campañas de difusión
masivas que
informen que es un derecho acceder a anticonceptivos gratuitos
en centros de
salud de todo el país, con stock permanente de métodos y
consejería en
salitas y hospitales, con educación sexual en todas las aulas,
con una
política que no penalice a las mujeres que deciden abortar como
último
recurso, con servicios de aborto seguro y gratuito.
Está demostrado que la penalización no evita que las mujeres
aborten. Lo
hacen igual, con graves riesgos. De esa "inseguridad" pocos
hablan. ¿Cuántas
Rominas más tendrán que morir hasta que legisladores y
funcionarios que
deben pensar en el desarrollo de políticas sanitarias lo
comprendan?
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