Fin del 'idilio' EE UU-Vaticano
Obama, defensor del aborto y de la investigación con células
madre, busca el equilibrio con la Iglesia - Su agenda política
le aleja de la jerarquía católica
DAVID ALANDETE - Washington - 07/01/2009
George Bush ha sido bautizado como "el primer presidente
católico de Estados Unidos" por su cercanía con Juan Pablo II y
Benedicto XVI y por involucrarse en los asuntos que el Vaticano
ha convertido en campos de batalla sociales del siglo XXI, como
la defensa de la idea tradicional de la familia. Ahora que se
marcha, su sucesor, Barack Obama, se enfrenta a las reticencias
de la jerarquía católica norteamericana, que ve en él a un
político comprometido con causas en las que el Vaticano no está
dispuesto a ceder, como la defensa del derecho al aborto o la
investigación con células madre.
Uno de los norteamericanos con mayor rango en el Vaticano, el
cardenal James Francis Stafford, dio al presidente electo su
particular bienvenida a Washington el pasado noviembre con un
discurso en la Universidad Católica de América. El día de las
elecciones, dijo, el país sufrió un "terremoto cultural"
instigado por la victoria de un político que condujo una campaña
"extremista y opuesta al derecho a la vida".
Las bases católicas, sin embargo, no se identifican con este
discurso apocalíptico. El grupo Catholics United se reunió a
finales de 2008 con el equipo de transición de Obama para
comunicarle sus prioridades: reducir el número de abortos y
erradicar la pobreza. "Es el único candidato que tenía en su
programa el compromiso de disminuir las interrupciones de
embarazo", explica James Salt, director de organización de esta
asociación. "Los republicanos se centraron, simplemente, en
prohibirlo. Pero no hablaban de reducirlo. Y eso se logra con
educación y mejoras sociales".
Durante los pasados ocho años, la jerarquía católica de EE UU ha
aceptado al presidente saliente como uno de los suyos, a pesar
de que es protestante y acude a una iglesia metodista en Tejas.
En 2004, Bush, que se había lanzado a una guerra que horrorizó
al Vaticano, quiso aplacar a las bases religiosas con dos
propuestas: sendas reformas constitucionales para ilegalizar
tanto el aborto como el matrimonio gay. Ninguna se llegó a
materializar. Pero Bush se quedó con la bendición de la Iglesia
católica. Sin embargo, no a todos los católicos les ha
convencido el supuesto catolicismo espiritual de Bush. "Tuvo un
buen despegue y un mal aterrizaje", explica Douglas Kmiec, jefe
de la oficina de asesoramiento legal de los presidentes Ronald
Reagan y George Bush padre. "En sus campañas electorales comenzó
como un gran defensor del derecho a la vida. Pero ocho años
después tenemos una política exterior basada en la guerra. Su
historial en
medioambiente es deficiente. La economía se tambalea y está
dejando a muchos al borde de la pobreza. Son factores que
afectan también a la santidad de la vida".
Obama debe decidir ahora los asuntos de la nueva agenda
demócrata con el Vaticano. "Se mantendrá al margen de asuntos
como el de los abusos a menores, algo de lo que la Iglesia se ha
encargado de forma muy eficiente en los pasados años", explica
Gene Beaupre, profesor de Ciencia Política en la Universidad
jesuita Xavier. "El del aborto tampoco marcará la agenda. Porque
las bases católicas son menos apasionadas en este asunto que la
jerarquía eclesiástica. A las familias católicas les importan
también otros asuntos como obtener un salario digno, luchar
contra el paro y la pobreza y otros aspectos que afectan a la
dignidad de la vida". Con una agenda como ésta, para Obama será
más fácil encandilar a las bases que a las altas esferas del
Vaticano.
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