Ricardo Fescina, un experto de la OPS, analiza la situación del
aborto:
"La Argentina es una sociedad que esconde sus problemas"
Es argentino y dirige el Centro Latinoamericano de Perinatología,
Salud de la Mujer y Reproductiva de la OPS. Desde allí, trabaja
para
mejorar el acceso a los anticonceptivos a toda la población y
abrir el
debate para despenalizar el aborto. "Una ley no obliga, es una
puerta
de salida", advierte.
Por Mariana Carbajal
Página 12
– Hace más de veinte años que el aborto inseguro es la principal
causa
de muerte materna. ¿Qué se debe hacer?
– Históricamente, el aborto fue un método erróneamente
anticonceptivo.
La Organización Panamericana de la Salud y la Organización
Mundial de
la Salud no lo proponen como tal. El aborto es algo no deseable
para
casi todas las personas. Es una intervención desagradable. La
mujer
que se enfrenta a un aborto tiene riesgos de complicaciones,
sobre
todo cuando pertenece a una población excluida, marginada,
pobre,
indígena, que no pueden acceder a los lugares seguros donde se
practican. La sociedad argentina es bastante complicada. A veces
es
muy fácil tomar resoluciones por otros casi cínicas.
– ¿A qué se refiere?
–Los anticonceptivos en Argentina existieron desde que se
crearon. Y
nadie nunca dijo nada. Pero cuando van al sector público salen
las voces de alerta. Yo, como cualquier persona de nivel
socioeconómico
medio alto, tengo acceso a todos los anticonceptivos: a los de
emergencia, a las píldoras, al DIU y hasta a un aborto seguro en
la
Argentina, e inclusive en otro país si quiero viajar. Hasta hace
pocos
años, cuando se sancionó la ley de Salud Sexual y Procreación
Responsable, la persona que no tenía recursos no tenía acceso a
los
anticonceptivos, porque la barrera económica es infranqueable.
Cualquiera de nosotros en una disyuntiva de usar el dinero para
comer
o para anticonceptivos, lo usamos para comer. Es perversa la
propia
sociedad con el resto al que va excluyendo y excluyendo. La
Argentina
en particular es una sociedad que oculta sus problemas. En foros
internacionales, representantes argentinos, no necesariamente
autoridades de Gobierno sino también de sociedades científicas u
otros
ámbitos, declaran, por ejemplo, que en el país no hay problemas
de
desnutrición. Hablan de la Argentina que está en la ciudad de
Buenos
Aires o en provincias ricas, pero no de las otras. Y Argentina
es una
mezcla. Si yo veo la mortalidad materna comparada con la de
Canadá,
que en América es el paradigma, el que tiene mejores
indicadores, la
Argentina tiene una distancia de un 70 por ciento. Canadá tiene
una
mortalidad materna de 5 a 8 por 100 mil nacidos vivos, en
relación con
un 40 o más cada 100 mil de Argentina. Si mido por jurisdicción,
encuentro que en la ciudad de Buenos Aires la tasa es de 11 por
100
mil, parecida al 8 por 100 mil de Canadá. Pero Formosa,
Corrientes,
Chaco o Tucumán tienen una mortalidad materna por arriba de 100
por
100 mil. Es decir, reproducimos el mismo fenómeno de inequidad
que
criticamos de los países centrales en relación con los
periféricos. Y
eso ya es responsabilidad nuestra.
– ¿Cómo enfrentar entonces la mortalidad materna? El último
registro
oficial mostró un aumento en la medición.
– Cuando se aprueba una ley como la de Salud Sexual y Procreación
Responsable, no se cumple al día siguiente. La disposición de
anticonceptivos a nivel poblacional lleva tiempo. Todavía hay
muchas
mujeres que no se enteraron en las zonas periféricas del norte
argentino de que los anticonceptivos son gratuitos.
– ¿Es una falla de comunicación del Estado?
– No sé si solo del Estado nacional. Recuerde que Argentina, y
ése es
otro de los problemas, es federal para lo que debe ser unitario
y
unitario para lo que debe ser federal. No puedo tener en un país
salud
y educación de primera, segunda y tercera categoría de acuerdo
con la
capacidad económica de cada provincia. Va en contra del
principio de
equidad y desarrollo. Si lamentablemente tengo una provincia
rezagada
en relación con las otras, le tengo que poner recursos, más
dinero y
más acciones, para que, por ejemplo, Formosa se parezca a Buenos
Aires. Pero siempre el hospital se inaugura en Buenos Aires, las
cátedras de la principal universidad están en Buenos Aires. La
Universidad también tendría que tener un compromiso social y una
extensión hacia zonas más desfavorecidas. Lo mismo sucede con la
educación: el maestro peor pago es el de las provincias más
pobres,
donde hay más chicos con problemas de educación. Lejos de que la
salud
y la educación sean criterios igualadores, están haciendo que la
brecha sea mayor entre provincias ricas y pobres. No sólo hay un
problema de comunicación del Programa Nacional de Salud Sexual y
Procreación Responsable, sino también de las provincias. Hay
provincias que se han resistido a la aplicación de la ley. Hay
un
segundo aspecto y es que había una cultura muy arraigada en los
médicos y era que indicaban anticonceptivos en la consulta
privada
cuando estaban prohibidos en el hospital público. Eso era de
alguna
manera fuente de ingresos para el profesional. Cuando sale la
ley de
Salud Sexual y Procreación Responsable, algunos profesionales se
negaron a indicar anticonceptivos porque tradicionalmente no lo
hacían
en el sector público. Eso se ha ido rompiendo pero tarda. Por
eso
insisto en que una vez sancionada la ley hay que trabajar en las
sociedades científicas con los médicos y también con la sociedad
civil
para que conozca sus derechos. La otra gran causa de mortalidad
materna –después del aborto– es la hemorragia posparto. Y es
consecuencia de la calidad de atención de los servicios. Ese es
el
tercer problema de la Argentina. La casi totalidad de los partos
son
institucionales. Si una mujer se muere por hemorragias posparto
hay
algo que en la institución falló. El problema de salud es
integral. No
se soluciona construyendo un hospital o un puesto de salud. Se
tiene
que tener una gran base de atención primaria que llegue al
ciento por
ciento de la población, pero a su vez tiene que tener una
referencia a
nivel secundario, donde está el hospital y se asisten los
partos, y a
nivel terciario, cuando se prevé que será un parto complicado y
se
necesita terapia intensiva neonatal. Si no está escalonado con
una
gran red de atención primaria, el hospital no puede solucionar
todo.
Cuando alguno de los eslabones de esta cadena se corta es cuando
sucede esto. Lo triste de Argentina es que invierte casi el
doble que
Uruguay y sus resultados maternos y neonatales son peores.
–¿Mucho más invierte?
– Casi el doble y Uruguay tiene menos muertes maternas, menos
muertes
neonatales y menos muertes infantiles.
– Una estrategia que ha resultado exitosa en Uruguay para bajar
la
mortalidad materna por aborto ha sido la implementación de una
política de reducción de daños, que consiste en una consejería pre y
pos-aborto, a través de la cual, en la confidencialidad de la
consulta, a una mujer con un embarazo no deseado se le advierte
sobre
cuáles métodos son riesgosos y cuáles más seguros para
interrumpir esa
gestación, como el aborto con medicamentos. ¿Cree que se debería
replicar esa experiencia en la Argentina?
– Uruguay tiene algunas características que hay que destacar. En
primer
lugar es el país menos inequitativo de América latina y el
Caribe, es
decir, el país donde la diferencia entre ricos y pobres existe,
pero
es menor, y mejor se distribuye su riqueza. Eso ya es un
escalón.
Segundo: tiene la red de saneamiento más extendida de América
latina y
eso sin dudas tiene que ver con la salud. Tercero: es el país de
Latinoamérica con menos analfabetos. Cuarto: tiene una red de
atención
primaria extendida en todos sus departamentos, con buena
asistencia a
los controles prenatales. Es cierto que es un país más sencillo
que
Brasil, Chile o la Argentina, porque es plano y pequeño, pero de
cualquier manera tiene menos recursos. Quinto: hace tiempo que
tiene
programas de planificación familiar de entrega gratuita de
anticonceptivos en los hospitales. A Uruguay le quedaba el
residual
del aborto y una de las respuestas ha sido esta consejería que
se le
da a la mujer cuando decide hacerse un aborto. La sociedad civil
y
médica la acepta. Si bien no es una norma que despenaliza el
aborto,
de alguna manera está trabajando sobre ese tema. Y yo creo que
el
aborto debe ser despenalizado. Despenalizar el aborto quiere
decir que
la mujer que se somete a un aborto no vaya presa, que deje de
estar el
aborto en el Código Penal, porque si una mujer se somete a un
aborto
inseguro, clandestino, va a tardar en ir a un servicio de salud
a
atenderse por las secuelas que la afectan porque tiene miedo de
ir a
la cárcel y todo el mundo la señala con el dedo. No va o va casi
muerta, cuando es tarde. El hecho de despenalizar el aborto es
un paso
trascendente para que la mujer reciba atención temprana en un
servicio
de salud. El otro paso es la legalización como tienen los países
desarrollados, que el aborto no sea ilegal.
– ¿Para que se haga en los hospitales públicos?
– O no, en España menos del 2 por ciento de los abortos se hacen
en los
hospitales, porque es algo tan privado que las mujeres eligen
una
clínica privada.
– Pero en España sigue penalizado, con determinadas excepciones.
De
todas formas, muchos médicos españoles alegan objeción de
conciencia
en los hospitales públicos.
– Uno puede ser católico practicante y no tiene por qué hacer un
aborto. Hay que respetarlo. Otro no católico puede decidir
hacerlo. No
hay que estigmatizar a la gente. Fíjese que Israel, que es un
estado
teocrático, tiene el aborto permitido hasta las 12 semanas;
países
católicos como Italia, Francia, Portugal y España, también lo
legalizaron. ¿Por qué? Porque una ley no obliga, una ley que
despenaliza el aborto es una puerta de salida para una mujer que
en un
momento inadecuado, por diferentes razones, económicas, por
enfermedad, por la muerte de su compañero, los miles de
problemas que
pasan en la vida, no puede seguir con un embarazo, pero en
cambio hoy
nosotros encima la castigamos. Se lo tiene que hacer
clandestino, en
un lugar no habilitado y eso es lo que lleva a la muerte. Hay
pasos
sucesivos. Uruguay avanzó con la consejería pre y posaborto y
ahora
está en el Parlamento una ley de despenalización, con media
sanción
del Senado, que tiene que discutir la Cámara de Diputados. En
sociedades evolucionadas esta discusión dejó paso a la
tolerancia, a
que cada uno reaccione de la manera que su conciencia le
indique.
– A poco de asumir, la ministra de Salud de Argentina, Graciela
Ocaña,
planteó que el aborto era un problema de política criminal y no
sanitario. ¿Comparte esa opinión?
– No. La tasa de mortalidad materna muestra que es un problema de
salud. Las mujeres se mueren por aborto. Las mujeres se mueren
de
cáncer y todo el mundo coincide en que está mal. La gente se
muere de
cáncer de pulmón y hay leyes que prohíben fumar, pero no leyes
que
prohíben la atención del cáncer de pulmón. Si el abordaje es
profundizar los programas de anticoncepción y educación sexual,
despenalizar el aborto o legalizarlo lo podemos discutir, pero
que es
un problema de salud pública, que a su vez se le agregó un
problema de
política criminal, no se puede negar.
– ¿Argentina debe avanzar hacia la despenalización del aborto?
– En Argentina se deben tomar medidas para reducir el aborto,
todas las
que sean posibles. Lo importante es llegar hasta última
instancia con
la anticoncepción y además se debería discutir libre y
seriamente la
despenalización del aborto.
– La Iglesia Católica es el principal opositor en la Argentina
cuando
se plantean avancen en materia de derechos sexuales y
reproductivos...
– La Iglesia Católica es una entidad eminentemente machista.
¿Quién
puede ser papa? Un hombre. ¿Quién puede administrar los
sacramentos de
la Iglesia? Un hombre. Yo puedo tener todas las creencias que
quiera y
está bien que profese la religión que elija, pero no tengo que
obligar
a los demás. La sociedad es plural, hay que aprender a convivir
en
democracia, el autoritarismo no es parte de la democracia.
¿Por qué Ricardo Fescina?
La batalla por el aborto
Por Mariana Carbajal
Ricardo Fescina nació en la localidad bonaerense de Chivilcoy.
Estudió
Medicina en la UBA y se especializó en la Maternidad Sardá en
tocoginecología y más tarde, fuera del país, en salud pública y
epidemiología. Tiene una extensa carrera en la Organización
Panamericana de la Salud, donde fue consultor en salud sexual y
reproductiva en Brasil y luego a nivel regional en la sede
central de
Washington. Desde 2006 dirige el Centro Latinoamericano de
Perinatología, Salud de la Mujer y Reproductiva de la OPS, la
oficina
más importante del organismo en esa temática. La salud materna
lo
desvela. Profundizar el acceso a los anticonceptivos a toda la
población, mejorar las redes de atención primaria de la salud y
abrir
el debate para despenalizar el aborto son algunas de sus
recomendaciones para reducir los elevados índices de mortalidad
materna, que lo sorprenden, de la Argentina. "Una ley no obliga,
una
ley que despenaliza el aborto es una puerta de salida para una
mujer
que en un momento inadecuado, por diferentes razones,
económicas, por
enfermedad, por la muerte de su compañero, los miles de
problemas que
pasan en la vida, no puede seguir con un embarazo, pero en
cambio hoy
nosotros encima la castigamos", reflexiona Fescina.
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