El embarazo de Karen Llontoy
Por Ana Laura Mitidieri BUENOS AIRES
(Reuters)
La joven peruana
Karen Llontoy tenía 17 años y un embarazo de 14 semanas cuando
los médicos
de un hospital público de Lima le diagnosticaron al feto anencefalia, una
malformación congénita por la cual su hija, sin cerebro, moriría
a las pocas
horas de nacer.
Tras meditarlo mucho, Karen había decido poner fin a una
historia con un
triste y único final anunciado.
Pero el director del hospital donde se atendía, y donde los
médicos la
habían asesorado sobre la posibilidad concreta de abortar por su
situación,
le negó ese derecho. Meses después, la beba de apenas cuatro
días de vida
murió y la salud física y emocional de su madre quedó muy
comprometida.
El caso, uno de los tantos que ocurren en toda América Latina,
fue
presentado con la ayuda de las organizaciones de mujeres DEMUS,
CLADEM y
Center for Reproductive Law and Policy ante el Comité de
Derechos Humanos de
Naciones Unidas, que en el 2005 falló a favor de la joven.
La ONU estableció que el Estado peruano le había negado a Karen
varios de
sus derechos. Entre ellos, el a decidir sobre su cuerpo y su
vida, el a la
protección de su salud física y mental y el a un aborto
terapéutico.
"Acudimos a la justicia internacional porque en el país no se
había hecho
justicia," dijo a Reuters Norma Enríquez Riascos, coordinadora
regional del
Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los
Derechos de la
Mujer (CLADEM).
"Lo que nosotras buscamos en estos casos es que se desarrolle
una
jurisprudencia. No solamente justicia para las víctimas, sino
también sentar
un precedente," agregó Enríquez.
Falta de recursos y planes de educación sexual adecuados, el
irrespeto de
los derechos, fuerte resistencia de grupos conservadores y
religiosos,
retiro de fondos externos a la anticoncepción y escaso acceso al
sistema de
salud, son parte de un cóctel muchas veces mortal para las
latinoamericanas.
Asimismo, en muchos lugares donde las normas y leyes existen, su
incumplimiento es preocupante.
"Las mujeres tienen poca accesibilidad a los sistemas de salud,
con
programas que dicen que existen, pero concretamente a la usuaria
que está en
el barrio (vecindario) no le llegan," dijo a Reuters la doctora
Diana
Galimberti, presidenta del Centro Latinoamericano Salud y Mujer
(CELSAM).
En todos los lugares lo que hay es una enorme falta de monitoreo
del
cumplimiento de las normas, señaló Galimberti.
Mientras tanto, miles de mujeres, sobre todo adolescentes,
quedan
embarazadas sin desearlo. Muchas llevan adelante la gestación y
partos de
riesgo, mientras otras tantas recurren a un aborto clandestino,
poniendo en
serio peligro sus vidas.
CONTRACARA
La contracara de la falta de planes nacionales y regionales
eficientes de
planificación familiar y salud sexual y reproductiva es la
elevada
mortalidad materna.
Según datos actualizados al 2005 de la Organización Mundial de
la Salud
(OMS), las tasas de mortalidad materna de los países
latinoamericanos y del
Caribe fluctúan entre 16 y 670 muertes por cada 100.000 nacidos
vivos.
En Irlanda, el país con la menor tasa del mundo, la cifra apenas
llega a una
muerte materna cada 100.000 nacidos vivos.
Por otra parte, en muchos países de la región todavía se
efectúan gran
cantidad de partos fuera de las instituciones médicas,
alcanzando hasta el
80 por ciento en Haití.
Pero aún en los lugares donde la cobertura del sistema de salud
público es
alta, las tasas de mortalidad materna son elevadas, porque la
escasa
accesibilidad en las zonas más periféricas hace que muchas
mujeres nunca
lleguen a los centros médicos o lo hagan tarde.
"El problema no requiere una iniciativa sola, sino que se trata
de una serie
de cuestiones que van más allá de lo médico. Están involucradas
cuestiones
socioeconómicas y socioculturales también," dijo a Reuters el
doctor
Guillermo Carroli, director del Centro Rosarino de Estudios
Perinatales
(CREP), entidad colaboradora de la OMS desde 1994.
Según la OMS, en Latinoamérica el 17 por ciento de las muertes
maternas se
debe a la realización de abortos inseguros. En la mayoría de los
estados de
la zona, la práctica está permitida sólo cuando corre riesgo de
vida la
madre o existe una violación, pero pocas veces se respeta ese
derecho.
SANTA BARRERA
La oposición de las agrupaciones conservadoras y de algunos
sectores de las
iglesias católica y evangélicas, que en América Latina tiene la
mayor
cantidad de fieles del mundo, es una traba difícil de sortear
para los
grupos de defensa de los derechos de la mujer y, sobre todo,
para los
distintos gobiernos de la región.
La negativa al uso de métodos anticonceptivos estándar y de
emergencia,
desde contraceptivos orales hasta condones y la "píldora del día
después,"
así como la oposición al aborto, son obstáculos muy complejos de
sortear.
"No diría que es una influencia de toda la Iglesia (Católica),
pero hay
grupos que están claramente haciendo una presentación de que los
anticonceptivos son dañinos, que tienen efectos adversos, que la
anticoncepción de emergencia es abortiva," señaló Galimberti.
"Hay toda una estrategia para hacer que se violen los derechos
de las
personas," añadió la experta.
La coordinadora regional de CLADEM coincidió respecto de la
barrera que
implican grupos religiosos y conservadores.
Según Enríquez Riascos, la región necesita un proceso de
reflexión serio
para "que no sean ni los estados, ni los gobiernos, ni las
iglesias, ni
ningún otro tipo de instancias, las que tomen decisiones por las
mujeres."
Con todo, la Encuesta Latinoamericana sobre Tendencias en
Anticoncepción
2007, difundida este mes por el CELSAM, señaló que el uso de
anticonceptivos
en Latinoamérica es limitado, pese a que las mujeres conocen los
diversos
métodos existentes.
¿El motivo? En un sistema social que las excluye, para muchas
latinoamericanas el único proyecto de vida es el embarazo y la
maternidad,
señalan los especialistas.
EJEMPLO A SEGUIR
Pero no todas son malas noticias y no siempre hay que mirar muy
lejos para
encontrar el ejemplo a seguir.
Chile y Uruguay son, según coinciden los expertos, los países de
la región
que más han evolucionado en los últimos años en cuanto a salud
materna.
En Chile, se logró reducir a la mitad la mortalidad materna en
10 años y en
Uruguay un plan técnico permitió terminar con los fallecimientos
producidos
como consecuencia de abortos clandestinos e inseguros.
"Chile es un ejemplo. Lo que hicieron fue un programa de
planificación
familiar donde dieron amplísima cobertura dentro del sistema y
además
salieron a buscar a lugares de mayor riesgo, a zonas emergentes,
a todas las
mujeres que quisieran buscar un método anticonceptivo," señaló Galimberti.
Se trató de una política pública proactiva, con continuidad en
el tiempo,
más allá del paso de diferentes gobiernos.
En otros países, en tanto, a medida que cambian las autoridades
fluctúan las
decisiones, explicó la presidenta de CELSAM.
"Es bien concreto. Está cerca nuestro y no es un país
desarrollado. Pero
para esto hay que atacar desde diferentes frentes," añadió, por
su parte,
Carroli.
(Por Ana Laura Mitidieri; Editada en español por Paulina
Modiano)
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