|
Argentina:
POLÉMICA POR LAS DECLARACIONES DE LA MINISTRA DE SALUD
El aborto, ¿es un asunto de política criminal o sanitaria?
La ministra Graciela Ocaña consideró, en un reportaje a
Página/12, que el problema del aborto es “un tema de política
criminal”. Médicos y abogados consultados por este diario
discreparon con ese concepto: coincidieron en que, por la
cantidad de muertes que genera, representa un problema de salud
pública.
Por Mariana Carbajal
Hace veinticinco años que el aborto es la principal causa de
mortalidad materna en la Argentina. El problema, sin embargo,
para la nueva ministra de Salud, Graciela Ocaña, “es un tema de
política criminal” y “no es materia del ministerio” que encabeza
desde el 10 de diciembre, según sus propias palabras, dichas en
un reportaje con Página/12. Su posicionamiento ante una
problemática tan sensible generó polémica. Consultados por este
diario, abogados por un lado y médicos por el otro, discreparon
con Ocaña. Todos coinciden en que, aunque el aborto tiene
aspectos de política criminal –dado que es una práctica
prohibida y penalizada por el Código Penal–, en la Argentina es
un gran problema de salud pública. Aquí los argumentos y
fundamentos de sus opiniones.
El último registro oficial de la tasa de mortalidad materna –de
2006– muestra un incremento en relación con el año anterior:
trepó a 48 muertes de mujeres durante el embarazo, el parto y el
puerperio cada 100 mil nacidos vivos. En 2005 habían sido 39 las
muertes cada 100 mil (ver cuadro aparte). “Las complicaciones
por aborto son la primera causa de muerte materna desde 1980 en
el país”, apuntó la médica Mariana Romero, investigadora del
Conicet en el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes).
Romero tuvo a cargo la coordinación técnica del equipo que
redactó la Guía Integral para la Atención Integral de los
Abortos, que empezó a distribuir en hospitales el ex ministro de
Salud Ginés González García antes de finalizar su gestión.
“El impacto de las complicaciones por aborto en la mortalidad
materna es muy alto en la Argentina”, señaló Romero. Entre el 29
y el 32 por ciento del total de muertes vinculadas con la
reproducción se producen por causas vinculadas con abortos. En
la mayoría de los casos es muy probable que se trate de
intervenciones clandestinas, con falta de asepsia, y métodos
inseguros, como la introducción de agujas, perejil, sondas, a
los que se sigue recurriendo en el país en los sectores más
empobrecidos y de menor nivel de instrucción. En los últimos
seis años –entre 2000 y 2006– murieron 613 mujeres por
complicaciones de abortos, según las estadísticas oficiales:
alrededor de un centenar de muertes por año, en promedio (ver
cuadro aparte). “Son muertes evitables”, destacó la epidemióloga
Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e
Investigación de la Mujer (FEIM). En apenas un año, entre 2005 y
2006, esas muertes aumentaron un 17 por ciento, de acuerdo con
los registros del Ministerio de Salud.
“Si bien en el mundo el 13 por ciento de las muertes maternas
son atribuibles al aborto, en Sudamérica en promedio llegan a 19
por ciento. Es la región del mundo con mayor proporción de
mortalidad materna por aborto”, observa Romero. En Argentina es,
incluso, mayor que el promedio regional. En todos los países del
Cono Sur, el aborto es una intervención médica penalizada, salvo
algunas excepciones.
El aborto en sí mismo no es un procedimiento riesgoso si se
realiza en condiciones de seguridad médica. Su prohibición y
criminalización prevista en el Código Penal empuja a las mujeres
con embarazos no deseados a la clandestinidad. La cantidad de
mujeres que abortan en Argentina es inmensa: un estudio con
métodos científicos validados en el mundo, encargada este año
por el Ministerio de Salud, determinó que en la Argentina se
producen entre 460 mil y 600 mil interrupciones voluntarias del
embarazo por año, lo que significa casi un aborto por
nacimiento. En España, donde el aborto es legal y la población
del país supera a la de Argentina, las intervenciones rondan las
90 mil al año, según datos oficiales.
“Al contrario de lo que plantea la ministra Ocaña, este no es un
problema de política criminal”, consideró el constitucionalista
Andrés Gil Domínguez, profesor de la UBA y de la Universidad
Nacional de La Pampa. “Quedó probado que el derecho penal no
sirve para nada ni a nadie. No les sirve a los que están en
contra de que se hagan abortos, porque a pesar de que está
penalizado se produce alrededor de medio millón de abortos. No
les sirve a los que están a favor de que sea legal, porque la
criminalización implica que se generen daños en la salud de las
mujeres y que, incluso, muchas mueran”, afirmó. “En el
Ministerio de Salud es donde se deben discutir estas cuestiones.
Sería lógico y deseable que la ministra Ocaña siguiera con la
línea planteada por Ginés González García, dado que el modelo
planteado por el ex ministro, a favor de la despenalización, ha
dado mejores resultados que la discusión en términos
estrictamente penales”, agregó Gil Domínguez, cuya tesis de
posgrado fue precisamente la problemática jurídica del aborto.
El aborto “es un problema de salud pública: es el principal
factor que está manteniendo la tasa de mortalidad materna en los
niveles que tenemos”, coincide la epidemióloga Mabel Bianco. “En
las reuniones preparatorias de la Cumbre de Población de El
Cairo, a comienzos de los ’90, todos los países
latinoamericanos, incluida la Argentina, acordaron un documento
que ya en ese momento aseguraba que el aborto es un problema de
salud pública, por su impacto en las muertes y enfermedades
maternas”, recordó Bianco. Romero, investigadora del Cedes,
aporta un dato más: antes incluso, en 1967, la Asamblea de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la
resolución WHO 20.41, declaró que “el aborto constituye un
problema serio de salud pública en muchos países”. “Como bien
dijo la ministra Ocaña, nadie quiere el aborto, lo que queremos
es que disminuya su impacto en la mortalidad materna”, subrayó
Bianco.
Para el obstetra Guillermo Carroli, la problemática debe ser
abordada desde “la política sanitaria”, porque el aborto “toca a
la salud de la gente”. Carroli trabaja en el Centro Rosarino de
Estudios Perinatales (CREP), centro colaborador de la OMS, donde
investiga las causas de muertes maternas.
El criminólogo Elías Neuman aportó también su punto de vista
sobre la discusión abierta por la ministra Ocaña: “Es un
problema de salud pública que merece un plan de política
criminal”, sostuvo Neuman, profesor de posgrado de la UBA, de la
Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Nacional
de Ciencias Penales del Distrito Federal. Neuman es partidario
de la legalización del aborto, porque considera que las mujeres
deben decidir sobre su propio cuerpo y además para evitar las
muertes maternas vinculadas con esa práctica médica insegura.
“Debería hacerse en hospitales públicos con asepsia”, aclaró. Y
consideró que en este tema el Estado no puede tomar en cuenta
las posiciones de la Iglesia Católica, contraria a la
despenalización del aborto, porque se trata de un país laico.
Para el diputado del ARI Emilio García Méndez, abogado,
especialista en políticas de infancia y consultor de Unicef, la
pregunta no debe ser si se trata de un problema de política
criminal o de política sanitaria. “Se trata de un problema
político. Quien tiene el poder político no puede plantear esas
dos alternativas. Si lo hace, o es hipócrita o es ingenuo. No me
parece serio que los responsables de salud se escuden en esa
falsa disyuntiva para desligarse del problema. Desde el Gobierno
se debería articular la política criminal con la política
sanitaria para enfrentar la problemática”, concluyó García
Méndez.
Argentina acordó con la OMS para los Objetivos del Milenio
reducir un tercio la mortalidad materna, es decir, llegar al
2015 con una tasa de 13 por 100 mil niños y niñas nacidos vivos.
En la mitad del camino, alcanzar esa meta parece hoy muy lejano.
|