LA ONU ADMITIÓ UNA DEMANDA CONTRA EL ESTADO ARGENTINO POR NEGAR
UN ABORTO AMPARADO POR LA LEY
El costo de no cumplir con el Código Penal:
El caso de LMR causó conmoción en todo el país: una joven con
discapacidad mental y violada que no pudo abortar en el sistema
sanitario oficial pese a que la Corte bonaerense la autorizó. El
Comité de Derechos Humanos de la ONU pidió explicaciones. La
Cancillería argentina ya estudia la respuesta.
Página12
Por Mariana Carbajal
El Estado argentino tiene que rendir cuentas ante la Justicia
internacional por no haber garantizado el acceso a un aborto no
punible a una adolescente con discapacidad mental que había sido
abusada sexualmente. El Comité de Derechos Humanos de la ONU
admitió para analizar un caso emblemático que conmovió al país
un año y medio atrás: el de la jovencita LMR, quien a pesar de
contar con un fallo de la Suprema Corte de Justicia bonaerense
que avaló su derecho a interrumpir la gestación forzada, no pudo
acceder al procedimiento médico en ningún hospital público del
país y debió recurrir al circuito clandestino con el apoyo del
movimiento de mujeres. “Fue discriminada en el acceso a la salud
reproductiva, se violó su derecho a la privacidad, a la
intimidad y a acceder a un aborto seguro dentro del sistema de
salud”, sintetiza la extensa presentación a la que tuvo acceso
Página/12.
El de LMR “no es un caso aislado”: se enmarca en un “patrón de
violaciones e impunidad”, por el cual numerosas mujeres sufren
dificultades para acceder al aborto no penalizado en el país,
advierte la denuncia elevada por tres organizaciones feministas.
En la demanda, se responsabiliza al Estado argentino por la
sucesión de violaciones de los derechos de la muchachita. Y se
pide que el país sea condenado:
h A pagar una indemnización integral a LMR y su familia por los
daños "moral y psíquico" sufridos.
h Que se le ordene al Gobierno “implementar protocolos
hospitalarios que permitan viabilizar el acceso a un aborto
legal y de calidad”.
h Y a “revisar el marco jurídico nacional respecto del aborto en
general, para evitar que sean sancionadas penalmente las mujeres
que interrumpen un embarazo no deseado o forzado, situación que
las lleva a someterse a abortos clandestinos que ponen en serio
riesgo su vida y salud integral”.
La demanda es promovida por el Instituto de Género, Derecho y
Desarrollo, de Rosario (Insgenar), la Asociación Católicas por
el Derecho a Decidir, de Córdoba, y el Comité de América Latina
y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM).
Fue presentada en la sede del Comité de Derechos Humanos (CDH),
en Ginebra, el 25 de mayo último. Llegó acompañada por una caja
con más de cinco kilos de documentación de prueba, entre los que
figuran artículos periodísticos del caso, muchos de ellos de
Página/12. Recién acaba de ser aceptada.
El CDH es el órgano de la ONU que vigila el cumplimiento del
Pacto Internacional de Derechos Sociales y Políticos, un tratado
con rango constitucional en la Argentina. No todos los casos que
recibe son investigados. En rigor, se rechaza la amplia mayoría.
Pero el de LMR pasó el primer filtro y recibió una
“preadmisión”, después de ser analizado por un grupo de cinco
expertos independientes. Ahora el Estado argentino tiene seis
meses para contestar la demanda, tarea en la que ya están
trabajando asesores jurídicos de la Cancillería, que han pedido
dictámenes a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y a
la Subsecretaría de Justicia bonaerense, según pudo saber este
diario.
Luego, el CDH se abocará a estudiar ambas posturas y dictaminará
si el caso se admite definitivamente o no. Generalmente, los
casos que pasan la preadmisión son finalmente aceptados y el
Estado acusado termina siendo condenado. En un caso similar, de
aborto no punible de Perú, el CDH encontró al Estado peruano
culpable de violar los derechos humanos de una jovencita que no
había podido acceder a una interrupción de embarazo avalada
legalmente (ver aparte).
Caso testigo
“El de LMR es un caso escandaloso, una parábola del
incumplimiento de parte del Estado”, enfatizó en diálogo con
Página/12 Cristina Zurutuza, integrante de CLADEM, una de las
entidades denunciantes. El caso de la jovencita bonaerense
reunía las condiciones exigidas por el artículo 86 inciso 2º del
Código Penal para ser considerado no punible, es decir, se
trataba de una mujer “idiota o demente”, según los términos
jurídicos, que había sufrido un abuso sexual. Sin embargo, LMR
no pudo acceder a la intervención solicitada por su madre, su
representante legal, en ningún hospital público. “Por primera
vez se van a ventilar en la Justicia internacional las
violaciones graves de los derechos humanos de las mujeres en
Argentina en materia de derechos sexuales y reproductivos”,
destacó sobre los alcances del caso Susana Chiarotti, abogada,
miembro de Insgenar y presidenta del Comité de Expertas en
Violencia de Género de la ONU.
En la presentación se denuncia que se violaron siete artículos
del Pacto de Derechos Sociales y Políticos (ver aparte) en el
tortuoso proceso que tuvo que enfrentar LMR y su familia para
acceder a un aborto no punible, a pesar de que la Suprema Corte
bonaerense dictó el 31 de julio de 2006 un fallo que avaló ese
derecho.
“En este caso se hicieron dos cosas preocupantes: en primer
lugar se judicializó el pedido de interrupción de embarazo, lo
que hizo que se perdiera tiempo, algo que no se puede hacer en
casos de aborto. Después, cuando hubo un fallo judicial que
garantizaba el procedimiento, no se pudo acceder a la
intervención en ningún hospital público del país”, resumió
Chiarotti.
LMR sufre hoy las consecuencias de atropellos sufridos durante
el 2006: la jovencita padece “daño moral”, definido como el
dolor, la angustia, la aflicción física o espiritual, además de
“daño psíquico”, que se manifiesta bajo la forma de “trastorno
por estrés postraumático, con síntomas predominantemente
fóbicos”, describe la demanda. “Consideramos que este daño es
responsabilidad del Estado, por acción y omisión, cuando violó
sus derechos a la privacidad, al acceso a la Justicia, a una
atención adecuada y veraz para su salud, a la libertad personal,
al bienestar en el contexto de su familia y comunidad, a ser
protegida en su discapacidad, entre otros. Esto le ha causado un
enorme sufrimiento moral y emocional que se ve potenciado por su
patología mental”, advierte la denuncia. Y aclara que si bien en
el estado actual es difícil diferenciar los efectos de la
violación sexual de aquellos producidos por la ineficacia del
Estado para garantizar su acceso a un aborto seguro, “hay
suficientes indicios para afirmar que si el aborto hubiera sido
realizado en tiempo y forma, sobre la base del claro pedido que
desde el inicio realizara la madre de LMR, de manera amigable y
protectora hacia la joven y su familia, se hubieran minimizado
las consecuencias dañosas”.
Vicenta, la madre de LMR y su hermana, Verónica, sufrieron
también consecuencias que afectan a la supervivencia familiar y
a su vida cotidiana: perdieron sus trabajos debido a que durante
tres meses tuvieron que estar a disposición para realizar
trámites en los ámbitos judiciales y médicos. “La mamá no pudo
volver a trabajar porque debido a lo que le pasó, su hija no
puede quedarse sola en su casa y en el barrio, porque siente
vergüenza y temor”, contó a Página/12 Estela Díaz, ex secretaria
de Género de la CTA e integrante de la Campaña Nacional por el
Derecho al Aborto. Díaz acompañó a la familia de LMR hasta que
finalmente pudo interrumpir el embarazo en una clínica privada y
también participó en la elaboración de la demanda. Y sigue
brindándole respaldo a la familia de la jovencita. En
cumplimiento de la sentencia de la Suprema Corte bonaerense que
ordenó al gobierno bonaerense darle respaldo económico a la
familia, Vicenta empezó a recibir un subsidio de unos 800 pesos,
pero el mes próximo caduca. En la última semana Vicenta
consiguió un empleo como portera de escuela. Le habían prometido
oficialmente una vivienda nueva, pero apenas le acercaron
materiales para realizar algunas mejoras en su precaria casita,
a la que todavía le faltan algunas ventanas.
La familia de LMR necesita imperiosamente mudarse pero no tiene
recursos económicos para hacerlo. El barrio se ha convertido en
un ambiente muy hostil: entre sus vecinos cercanos están los
familiares del tío denunciado como violador –que está detenido y
enfrentará un juicio oral próximamente– que lo siguen
defendiendo a pesar de las pruebas contundentes en su contra,
como el resultado del examen de ADN sobre el feto.
El mismo CDH, en las observaciones finales que hizo al tercer
informe periódico que presentó Argentina en el año 2000, expresó
ya su preocupación por el hecho de que en el país la
“criminalización del aborto disuada a los médicos de aplicar
este procedimiento sin mandato judicial incluso cuando la ley se
lo permita, por ejemplo, cuando existe un claro riesgo para la
salud de la madre o cuando el embarazo resulta de la violación
de una mujer con discapacidad mental”. Ahora, el CDH tendrá la
oportunidad de insistir ante el Estado argentino sobre esta
problemática, para que no haya otras LMR.
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