Aborto: el debate sigue en pie
CONSTANZA MOREIRA (*)
"La República" - Montevideo - 22,10.07
El miércoles y jueves pasado, el Parlamento se vio sacudido por
la discusión de un controvertido proyecto de ley: el de Salud
Reproductiva. No era la primera vez que el debate se instalaba
en esta casa. Había sido ya presentado en 2004, pero entonces, y
a pesar de las movilizaciones que se realizaron alrededor del
Palacio Legislativo, los vientos que corrían eran otros: eran
vientos electorales. Aun así, la Cámara de Diputados lo votó
favorablemente, por una diferencia ajustada: ganó por 47 votos
contra 43. En el Senado, sin embargo, el proyecto fracasó. Y
hubo que esperar el cambio de gobierno y la recomposición de las
fuerzas en el Parlamento.
En 2007, y luego de una ardua discusión en la Comisión de Salud
de esta Cámara, el proyecto fue elevado al plenario, pero no con
la unanimidad de los que allí estaban, sino con dos posiciones:
una en mayoría y otra en minoría. Curiosamente, la posición en
mayoría no fue la del FA (que tiene mayoría en el Senado), sino
la que sumó a senadores blancos y nacionalistas, con senadores
del FA, y ésta era contraria al proyecto. El informe en minoría
estaba firmado sólo por los legisladores frenteamplistas, y era
favorable al proyecto. Lo que estaba en discusión era el
capítulo más importante y decisivo: el que habilitaba a la mujer
a interrumpir voluntariamente su embarazo hasta las doce semanas
luego de la concepción. Quienes se opusieron a la votación de
este artículo fueron dos senadores de Asamblea Uruguay. Uno de
ellos, el senador Alberto Cid, había estado involucrado en la
comisión que elevó el proyecto en 2004 y había trabajado codo a
codo con los principales impulsores del mismo. Su posición hoy
representaba un cambio con respecto a la posición de 2004.
El proyecto (y el capítulo decisivo) no contó con la aprobación
del Senado. Hubo empate: 15 a 15, algo que descolocó a las
barras, poco familiarizadas con las sofisticaciones del
reglamento de las Cámaras, y sobre todo a los integrantes de los
movimientos más contrarios al aborto, que no sabían si festejar
o no. ¿Qué representaba el empate? Que no se había conseguido la
mayoría necesaria. Un voto más hubiera sido necesario.
Las razones que explican la "disidencia" de los legisladores
frenteamplistas, al menos las explicitadas por ellos, invocan la
amenaza de veto presidencial. Es por no generar un conflicto de
poderes entre el Parlamento y el Ejecutivo (en este caso, el
Presidente) por lo que estos senadores no votaron el capítulo
sobre el aborto. Sin embargo, estas razones no parecen haber
sido capaces de modificar la posición del resto de los
legisladores frenteamplistas. Y al parecer, tampoco modificarían
la posición de los diputados que estarían a favor de
despenalizar el aborto, y que podrían, ahora que el proyecto
pasa a esta Cámara, volver a incluirlo en la discusión. Así,
queda planteado porqué el "veto presidencial" afecta a unos y no
a otros. Para quienes defienden el proyecto, enfrentarse al veto
presidencial es una lucha que vale la pena dar, cuando están en
juego los derechos de las mujeres. Para otros, no es éste el
momento. ¿Lo votarían si la amenaza de veto presidencial no
hubiera estado esgrimida, si fuera otro el Presidente? Hay
dudas, sobre todo cuando uno de los legisladores de Asamblea
Uruguay (Baráibar) ha invocado "razones de conciencia".
Sobre las "razones de conciencia" vale hacer algunas
precisiones, y para ello el libro "Aborto en debate"
1,
presentado en estos días, es una referencia ineludible. Las
autoras de este libro, y conocidas militantes por los derechos
sexuales y reproductivos, Lilián Abracinskas y Alejandra López,
hacen una historia sobre cómo en América Latina, y a partir de
las conferencias mundiales sobre Población y Desarrollo (Cairo,
1994 y Beijing, 1995), el tema de la despenalización del aborto
fue incorporado en las agendas públicas. También señalan cómo
durante la administración Bush las fuerzas conservadoras
representadas por este gobierno incluyeron cláusulas de
condicionalidad sobre los recursos de cooperación manejados por
la Agencia Estadounidense para el Desarrollo (Usaid), para
impedir el apoyo de la misma a cualquier institución que
estuviera involucrada en los temas de aborto. Señalan que ya
esta práctica había sido adoptada en 1984, durante la
administración Reagan, contra el Fondo de Población de las
Naciones Unidas, dada la renuencia de las autoridades de este
Fondo a incluir una mención explícita de rechazo al aborto.
Señalan asimismo la combinación "fatal" que representa, para
todos los temas de salud sexual y reproductiva, la alianza entre
la Iglesia Católica y la política internacional estadounidense.
Una autora citada en el libro, y que participó del debate en
estos días en Montevideo, Sonia Correa, sostiene que "la agenda
del conservadurismo moral es hoy tan importante para los
halcones de Washington como lo es el petróleo y el
unilateralismo". Se destaca asimismo la intervención de la
Iglesia y Estados Unidos en países como Perú, República
Dominicana y Argentina, para incorporar la definición de persona
desde el momento de la concepción en las cartas
constitucionales. Y como veremos más adelante, esto de que el
"embrión" es una "persona humana" y el aborto entonces es un
"asesinato", es una construcción de sentido que forma parte del
corazón de las ideologías conservadoras. Así que lo que llaman
"razones de conciencia" debería cambiar de nombre: debería
llamársele simplemente "ideología".
Pero podríamos ir más allá, y ver cómo la propia Iglesia, en
nombre del "derecho a la vida", ha sido bastante contradictoria
a lo largo de su desarrollo como institución. El libro de
Abracinskas y López hace una historia sobre estas concepciones.
Ni San Agustín ni Santo Tomás de Aquino consideraban homicidio
el aborto en una fase temprana. De hecho, la idea de que el
embrión era ya "un humano" apareció en la Iglesia Católica,
recién....¡en 1869! Así, pareciera que un argumento "de
principios", como el vinculado al "derecho a la vida", demoró
unos cuantos siglos en el seno de la Iglesia para ser formulado.
No era, al parecer, ni una verdad revelada, ni un principio
evidente en sí mismo. Antes bien, fue una construcción tardía.
Aun así, podríamos sostener que quienes quieran aferrarse a esas
concepciones, están en todo su derecho de hacerlo: pero no se la
pueden imponer a los demás. Al concebir el aborto voluntario
como un delito, estamos sometiendo a toda la sociedad a una
ideología conservadora, con base en una concepción religiosa
sobre la persona, que es lo último que podríamos esperar de un
Estado "laico" como el nuestro.
El proyecto seguirá su derrotero. Vuelve ahora a la Cámara de
Diputados, y la lucha recomienza. En Diputados se podrá volver a
incluir la discusión sobre el capítulo de interrupción
voluntaria del embarazo, y podrá, si los legisladores que en
2004 lo aprobaron por mayoría, vuelven a hacerlo, ser aprobado.
Entonces, volverá a Senado y los legisladores de Asamblea
Uruguay tendrán una nueva oportunidad de ponerse "en línea", ya
no con el Presidente, ni con sus conciencias, sino con lo que la
mayoría de la población quiere, y que su propia fuerza política
ha defendido desde siempre. *
1 "Aborto en debate: dilemas y desafíos del Uruguay democrático.
Proceso político y social 2001-2004" Coordinadoras: Lilián
Abracinskas y Alejandra López Gómez. MYSU. Montevideo, 2004
* Constanza Moreira. Politóloga. Universidad de la República.
Este espacio fue ocupado desde 1999 por los fermentales análisis
de Hugo Cores. Ante su ausencia es cubierto por Constanza
Moreira como homenaje a su memoria y aporte al colectivo.
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