ATROPELLO DE UN DERECHO CONSTITUCIONAL
La triple violación de Carmen
Florence Thomas. Columnista de EL TIEMPO.
Martes 12 de Junio de 2007
Sabíamos que hacer efectiva la sentencia C-355/2006 de la Corte
Constitucional sobre el aborto en Colombia iba a tomar tiempo,
pero no sospechábamos el empeño por obstaculizar el acceso de
las mujeres al procedimiento hoy autorizado.
Por ello quiero contar la historia de Carmen, una joven valluna,
cuyo embarazo fue producto de una violación en un bus entre
Dagua y Cali. Ella se presenta con la denuncia en una IPS
adscrita a la EPS Coomeva, donde le hacen una primera
valoración, que confirma un embarazo de 12 semanas; le dicen que
vuelva mes y medio después, cuando ya tendría 18 semanas de
embarazo. En la segunda consulta la remiten a valoración por
ginecología en forma prioritaria, pero le dicen que hay citas
para solo dentro de un mes. Ella pide la intervención del
coordinador médico de la IPS, que se niega a prestarle el
servicio y le habla de la ilegalidad del aborto, aduciendo,
entre otros, motivos religiosos. También le dice que debe buscar
una orden del fiscal porque no todo el cuerpo médico está de
acuerdo con el procedimiento. Además, en la EPS se pierden los
documentos de la denuncia y cuando Carmen va a la Fiscalía a
pedir copia, le informan que su caso fue remitido a Dagua, donde
debía solicitar la copia.
Por medio de una organización de mujeres de Cali, Carmen entra
en contacto con Ximena Castilla, una de las abogadas encargadas
de estos casos en la Mesa por la Salud y la Vida de las Mujeres.
El tiempo pasa: casi dos meses desde la primera consulta. Carmen
presenta un nivel muy alto de angustia, acompañado de llantos y
desesperanza. La abogada Castilla lleva el caso al Secretario
Departamental de Salud. Este no atiende la solicitud por razones
culturales, religiosas y sociales. Ni siquiera quiso enterarse
de los detalles de la historia. El caso llega entonces al
Gobernador del Valle y a la Secretaria Departamental de la
Mujer, lo que obliga a que al fin se cite a Carmen a las 7 de la
mañana del día siguiente en el Hospital Duarte Cancino; pero a
las 4 de la tarde aún no ha sido atendida y cuando ella pregunta
por qué, el médico responde que no está seguro de la veracidad
de la violación.
Finalmente, luego de varios días más, Carmen es atendida. Para
ello fue necesaria, además de todo lo anterior, la denuncia
pública en radio y un escrito dirigido al Procurador General de
la Nación. Cuando está recuperándose en la habitación, le
colocan al lado una bolsa con el feto y le dicen que no puede
salir del hospital sin el producto del procedimiento.
Todos los derechos de Carmen fueron vulnerados: la violaron
junto con otra mujer y del violador no se sabe nada; dudaron de
su palabra y pusieron diversos obstáculos para no cumplir la
sentencia de la Corte y la reglamentación del Ministerio de la
Protección Social; la sometieron a torturas psicológicas y
secuestro al impedirle la salida del hospital si no se llevaba
el producto del procedimiento. Carmen vivió en carne propia los
efectos más perversos de una cultura misógina. Historias como la
de ella hay muchas hoy en Colombia. Corresponde a los organismos
del Ministerio Público hacer la debida veeduría y sancionar a
quienes entorpecen la sentencia de la Corte.
Florence Thomas - Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
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