Declaración de la Red Latinoamericana de Católicas por el
Derecho a Decidir ante la elección del nuevo Papa
!!!HABEMUS PAPAM¡¡¡ Esta expresión, que se ha repetido de mil
formas y en
cientos de lugares del mundo y que podría haber sido un motivo
de alegría para
las mujeres, creemos las Católicas por el Derecho a Decidir en
América Latina,
que se ha convertido en una amenaza a la esperanza.
Una amenaza a la esperanza que albergábamos de que el Espíritu
Santo, sabio,
amoroso y bondadoso eligiera a través de nuestros Cardenales a
un Papa
comprensivo, dialogante, respetuoso y sobre todo capaz de
entender e
interpretar los signos de los tiempos que claman por la
democratización de la
Iglesia y un mayor compromiso con los y las excluidas pobres del
mundo.
Tristemente el Cardenal Ratzinger, otrora Prefecto de la
Congregación para la
Doctrina de la Fe, se caracterizó justamente por lo contrario:
acalló las
voces progresistas y disidentes, cerró espacios para la
discusión y proclamó
su verdad como la única posibilidad de vivir al interior de esta
Iglesia.
Tristemente, al elegirlo, nuestros Cardenales no tomaron en
cuenta a las y los
millones de feligreses que sufren y a las y los miles que mueren
como
consecuencia de sus enseñanzas.
Razones nos asisten para temer lo peor. Los documentos que
fueron emitidos por
el Vaticano bajo su dirección teológica en los últimos años,
muestran
claramente el pensamiento del Papa Benedicto XVI y no tenemos
razones para
pensar que habrá cambios en sus enseñanzas. Cambios que sean
favorables al
clamor de tantas víctimas de la pandemia del VIH-SIDA, de tantas
mujeres que
enfrentan embarazos indeseados, de la aspiración de las parejas
homosexuales
que esperan realizar dignamente su compromiso de amor, de las
tantas mujeres
que anhelan entregar su vida en la consagración al servicio
sacerdotal y de
tantas personas que no han encontrado en su Iglesia la acogida
comprensiva y
amorosa que Jesús tuvo en su tiempo.
Sin embargo como mujeres de fe, creemos que otra Iglesia
Católica es posible:
h Una Iglesia incluyente, respetuosa de los derechos humanos en
su interior,
orgullosa de la inmensa diversidad que alberga y del ejercicio
de la libertad
de conciencia de sus feligreses.
h Una Iglesia que se inspire en el Evangelio y denuncie las
estructuras de
poder que oprimen y generan miseria para la mayoría de los
habitantes del
planeta y que opte realmente por las y los pobres y excluidos;
una Iglesia
sencilla y austera, que contribuya eficazmente a la
redistribución de la
riqueza y a la condonación de la deuda de los países pobres.
h Una Iglesia que escuche y esté atenta a los signos de los
tiempos y respete
los derechos sexuales y los derechos reproductivos como derechos
humanos
básicos de todas las personas sin discriminación de ninguna
índole; que
reconozca los derechos y la plena humanidad de lesbianas y
homosexuales y que
contribuya con grandeza y respeto a combatir la pandemia del
VIH-SIDA.
h Una Iglesia que reconozca los beneficios de la sexualidad
responsable, que
acoja a los sacerdotes casados, que promueva el amor y la
responsabilidad en
la vivencia de la sexualidad.
h Una Iglesia que respete la libertad religiosa, que asuma su
separación del
Estado como fiel expresión del respeto a la pluralidad de
creencias y valores
que existen en cada país y que reconozca humildemente que los
estados deben
ser laicos y soberanos.
h Una Iglesia que rinda cuentas a su feligresía. Que reconozca
sus errores y
castigue a quienes abusan de su poder simbólico para violar los
derechos
humanos, como en el caso del abuso sexual de menores y las
violaciones de
religiosas, una de las peores vergüenzas de nuestra Iglesia.
h Una Iglesia dirigida por un pastor fiel a las enseñanzas de
Jesús, que
entienda que la autoridad que le concede la Iglesia Pueblo de
Dios, es una
exigencia muy grande de humildad y servicio para con su pueblo;
un pastor que
se comprometa a eliminar todos los rasgos sexistas y
discriminatorios hacia
las mujeres y que reconozca nuestra dignidad plena de hijas de
Dios Padre-Madre.
Nosotras seguiremos trabajando para construir esta Iglesia de
hermanas y
hermanos, una Iglesia constructora de sentido y de esperanza,
comprometida con
la justicia y el respeto a los derechos humanos, como lo hemos
venido haciendo
con tantas y tantos convencidos de que otra Iglesia es posible,
como lo
anunció el Concilio Vaticano II.
Abril del 2005
RED CATOLICAS POR EL DERECHO A DECIDIR
AMERICA LATINA
CATOLICASAL@wamani.apc.org
www.catolicasporelderechoadecidir.org
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