"Los dueños del planeta quieren un arcoiris en blanco y
negro"
Palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano en la
inauguración de la Plaza y Monolito de la Diversidad Sexual en
la ciudad de Montevideo
3 de febrero de 2005
Buenas noches a todas y a todos. Muchas gracias por haber venido
a celebrar esta fiesta, esta linda jornada de afirmación del
derecho a la diferencia y de celebración de este pequeño
monumento, este espacio donde se reconoce, se afirma el derecho
a la diversidad y la alegría de la diversidad.
Yo creo que estos son pasos todavía chiquitos pero importantes
en dirección a la recuperación de la memoria nacional. Este
país, que supo estar a la vanguardia de todos hace un siglo y
que después se fue volviendo, lentamente, cada vez más pacato,
cada vez más conservador, cada vez más resistente al cambio,
ahora empieza a abrir un horizonte nuevo a partir de esas lindas
jornadas de afirmación de la conciencia popular de cambio, de la
voluntad popular de cambio que fueron la elección nacional, el
último día de octubre, y el plebiscito del agua, donde el pueblo
uruguayo confirmó que el agua es un derecho de todos.
Son, pues, pasos hacia la recuperación de la perdida memoria de
la audacia, cuando este país era capaz de hacer cosas que los
demás no tenían el coraje ni siquiera de imaginar. Hemos
retrocedido mucho. Yo diría que hemos retrocedido casi con
entusiasmo, sobre todo a lo largo de estas últimas décadas, y me
parece importante reafirmar que esta noche estamos celebrando el
reencuentro con la mejor memoria de este país, que es una
memoria de la valentía, que es una memoria de la audacia, que es
una memoria ejercida contra el miedo.
Y también es un reencuentro con (textualmente, dijo "contra",
pero es obvio que fue un lapsus) lo más hondo y lo mejor de la
memoria americana, porque no está demás recordar en la noche de
hoy que en las Américas la sexualidad era libre antes de que
Europa nos hiciera el favor de descubrirnos. Con excepción de
los espacios correspondientes a los imperios teocráticos, en
México y en Perú, donde había regímenes machistas despóticos,
organizados por las clases privilegiadas -los sacerdotes, los
guerreros, los nobles-, salvo en esos espacios, en todos los
demás América era un reino de la libertad sexual, donde sin
necesidad de papeles la gente se juntaba o se separaba al ritmo
de lo que sentían sus corazones y donde no había ningún
impedimento a que se juntaran el hombre con el hombre o la mujer
con la mujer, si querían hacerlo así, si eso les daba goce, si
eso les daba alegría.
¿Y qué pasó? Que desde el punto de vista de los invasores esta
libertad, que era una bendición de estas tierras, fue utilizada
como prueba de que América era una región que había sido
previamente conquistada por el demonio. Era el diablo el dueño
de América, y por eso los cuerpos eran libres y no estaban
sometidos a los dictados de ninguna iglesia. Eso sirvió de
pretexto para arrancar el oro, la plata y todo lo demás de manos
del demonio, que había usurpado esos bienes terrenales, para
devolverlos a su legítimo propietario, que era Dios, encarnado
en la figura de los reyes de España y de Portugal. Como ven, no
hay muchas novedades en la historia. Yo siempre recomiendo a mis
amigos: ¡cuando te hablan de moral, revisate los bolsillos!
¡CUANDO TE HABLAN DE MORAL, REVÍSATE LOS BOLSILLOS!
Los tiempos han cambiado, afortunadamente. En América, numerosos
indígenas fueron arrojados a las llamas o a los perros por el
delito de ser diferentes, pero todavía el mundo padece una
suerte de negación universal del arcoiris. Los dueños del
planeta quieren un arcoiris en blanco y negro. Se niegan a
reconocer la maravilla de la diversidad humana y parecen
condenarnos a elegir libremente: ahora ustedes van a tener la
posibilidad de elegir libremente, podrán morirse de hambre o
morirse de aburrimiento. Morirse de hambre o morirse de
aburrimiento es lo que propone esta suerte de Santísima Trinidad
que, contra la diversidad sexual, coincide más allá de sus odios
mutuos. Algo así como la Santa Alianza entre Bush, monseñor
Cotugno y Bin Laden. El fundamentalismo cristiano y el
fundamentalismo islámico unidos en la convicción de que lo
diferente es anormal y merece ser condenado; unidos en la
convicción de que lo diferente es enfermedad, pecado o crimen.
¡Los puritanos unidos jamás serán vencidos!, podríamos decir
recordando frases como las que escuché a monseñor Cotugno por
televisión a propósito de la anormalidad de la homosexualidad,
cuando explicó que la homosexualidad era una enfermedad y, para
colmo, ¡contagiosa! Yo siempre me pregunto cómo es que los curas
saben tanto de sexo, si lo tienen prohibido. ¿No es que han
hecho voto de castidad? ¿Cómo pueden ser expertos en la vida
sexual? ¿De dónde sacan esos conocimientos asombrosos que les
permiten bendecir el sexo que les parece correcto y maldecir y
condenar el que desde el punto de vista de ellos es un sexo
anormal?
Yo quería nada más que abrir la noche celebrando la memoria de
los innumerables mártires que cayeron, mujeres y hombres,
quemadas, aperreadas, mutilados, condenados al suplicio por el
delito de ser como eran, y para saludar emocionado el sacrificio
de los incontables militantes, mujeres y hombres, que han tenido
y tienen el coraje de decir públicamente: ¡Sí!, ¿y qué? ¡Somos
diferentes!, ¿Y QUÉ?
HONRAR LA DIVERSIDAD ES HONRAR LA VIDA.
MONTEVIDEO POR EL RESPETO
A TODO GÉNERO, IDENTIDAD
Y ORIENTACIÓN SEXUAL
AÑO 2005
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