25 de noviembre: Los costos de la violencia contra las
mujeres
Isabel Villar/La República de las Mujeres-Uruguay
La violencia doméstica tiene diversos costos. Para las mujeres
que la sufren significa miedo, depresión, intentos de suicidio,
pérdida de oportunidades para lograr las propias metas y pérdida
de la autoestima. Para la sociedad, en tanto, la violencia
contra las mujeres compromete recursos destinables a otros
fines. Isabel Villar da cuenta de ello.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima
que los costos de la violencia contra las mujeres oscilan entre
el 1,6 y el 2 por ciento del Producto Interno Bruto de los
países de la región latinoamericana.
Un ejemplo concreto de lo que esto significa: El Área de
Coyuntura del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias
Económicas de la Universidad de la República de Uruguay estima
que el PBI de ese país rondará en 2004 los 13.500 millones de
dólares. Si los costos de la violencia doméstica insumieran
entre el 1,6 y el 2 por ciento del PBI, conforme a las
estimaciones del BID, esto significaría un monto de entre 216 y
270 millones de dólares, es decir, algo más del doble de lo que
hace falta para financiar el Plan de Emergencia que se propone
llevar a cabo el reciente gobierno electo durante el primer año
de gestión, para apoyar a la población más carenciada.
Datos asimilables de Chile y Nicaragua
La estimación porcentual de los costos de la violencia doméstica
surge del informe El impacto socioeconómico de la violencia
doméstica contra la mujer en Chile y Nicaragua, elaborado por A.
Morrison y M.B. Orlando, para la Unidad de la Mujer en el
Desarrollo del BID, publicado en Washington DC, en 1997. Allí se
recogen los estudios de caso realizados en Santiago de Chile y
en Managua, Nicaragua, el año anterior.
Morrison y Orlando calcularon el costo para la economía en
Santiago de Chile en el 2 por ciento y en Managua del 1,6 por
ciento del PBI, sin considerar los correspondientes a los
sistemas judicial y policial. El mismo estudio señala que la
violencia doméstica repercute fuertemente sobre los ingresos de
las mujeres: en Santiago las que sufrían violencia física severa
ganaban sólo el 39 por ciento de lo que percibían las que no
padecían ese tipo de abuso, y en Managua del 57 por ciento.
Cuando se hicieron estos cálculos, en Santiago de Chile el 40,7
por ciento de las mujeres entre 15 y 19 años que vivían en
pareja sufría violencia. En Nicaragua ascendía al 52,6 por
ciento, y de ellas el 28 por ciento padecía violencia física
severa.
Una encuesta realizada por Teresa Herrera y Asociados para el
BID en 1997, mostraba que la violencia doméstica afectaba al 46
por ciento de los hogares en Montevideo y Canelones. Una
encuesta de Unicef agregaba que el 39 por ciento de las niñas y
niños había sufrido algún tipo de violencia, un 15 por ciento de
ellos de carácter físico grave.
En nuestro país no hay estudios de costos económicos de la
violencia doméstica. Pero ya en 1999 la economista uruguaya
Mariella Torello, durante una intervención en el Programa de
Seguridad Ciudadana, advertía que “Si la incidencia de este tipo
de fenómeno fuera similar a las registradas en Chile o
Nicaragua, no es descabellado pensar que los gastos asociados en
Uruguay se ubicarían en el entorno de las estimaciones
realizadas para estos países”.
Torello también señalaba que “La principal dificultad con que
tropiezan los estudios acerca de los costos asociados a la
violencia en general y a la violencia doméstica en particular,
es la deficiencia de información estadística al respecto”, y
marcaba la necesidad “de un sistema unificado de estadísticas
continuas de este tipo de delito, que establezca criterios que
permitan relacionar la información ya recopilada por distintos
canales, normalice la información recopilada por distintas
instituciones e implemente nuevas fuentes de información desde
el sistema educativo y de salud”.
Las estadísticas oficiales de violencia contra las mujeres
brillaron por su ausencia en Uruguay, hasta que en 2001 la
Dirección Nacional de Prevención Social del Delito comenzó
elaborar anualmente la de personas fallecidas en incidentes de
violencia doméstica. Sin perjuicio del avance que implica, sólo
contabiliza homicidios dejando fuera otras formas de maltrato
como golpes, heridas, amenazas, daños en bienes, y la violencia
sexual en todas sus expresiones.
Costos directos e indirectos
Todavía es muy limitada en la región la información existente
sobre los devastadores costos económicos, directos e indirectos,
de la violencia doméstica.
Son costos directos los referidos al daño o pérdida de vidas y a
los servicios que se deben proporcionar, sean de salud, legales,
de protección o de otro tipo. También hay costos indirectos,
como los días de trabajo perdidos o la disminución de la
productividad que impacta en la economía global.
Y muchos otros de esta última categoría (algunos denominados
“costos intangibles”) que, en su mayoría, no son contabilizados
por la dificultad que entraña su medición. Entre ellos, están el
costo de las vidas destrozadas, del dolor crónico, del
sufrimiento, del miedo, de la depresión, de los intentos de
suicidio, de la pérdida de oportunidades para lograr las propias
metas y de la autoestima.
También están los llamados costos de transmisión, originados en
los efectos multiplicadores hacia el futuro de la violencia
doméstica. Es sabido que ésta se convierte en un modelo de
resolución de conflictos que se replica: cuando los niños son
víctimas o testigos tienden a repetir esas conductas en su vida
adulta.
El Banco Mundial calcula que uno de cada cinco días laborales
que pierden las mujeres por razones de salud es el resultado de
problemas relacionados con violencia doméstica, que incluye la
física, la sexual, la psicológica y la patrimonial, ocurrentes
tanto en el ámbito público como en el privado. El BID advierte
que los costos indirectos pueden superar ampliamente a los
directos.
El propio estudio del BID citado, muestra que, en Managua, los
hijos de familias con violencia intrafamiliar son tres veces más
propensos a asistir a consultas médicas y son hospitalizados con
más frecuencia. El 63 por ciento de ellos repite años escolares
y, en promedio, abandona la escuela en el noveno año, frente a
una escolaridad de 12 años de los hijos de mujeres que no sufren
maltrato.
El gasto en los países desarrollados
Los países desarrollados tienen desde hace tiempo estudios de
costos reveladores. En l994, la violencia de género costó a
Nueva Zelandia 1.200 millones de dólares, lo que superó los
ingresos del país por concepto de exportaciones de lana, o los
recursos gastados en indemnizaciones por desempleo. Gran Bretaña
calcula que el mismo problema le cuesta mil millones de de
libras esterlinas al año.
Según el informe de los Centros para el Control y la Prevención
de las Enfermedades dado a conocer en 2003, los costos de la
asistencia médica por consecuencias de violación, ataque físico,
acecho y homicidios impetrados a las mujeres por las parejas
íntimas (cónyuge, ex cónyuge, novio en el presente o en el
pasado), sobrepasan en Estados Unidos los 5.800 millones de
dólares al año.
De ese total, aproximadamente 4.100 millones corresponden a
servicios de atención médica y psicológica directa, y l.800
millones a pérdidas de productividad. Otras fuentes calculan que
las pérdidas globales anuales por violencia doméstica están
entre los 10.000 y 67.000 millones de dólares.
Un estudio realizado en Canadá muestra que la violencia contra
las mujeres le genera al país un gasto de unos l.600 millones de
dólares anuales, incluyendo atención médica de las víctimas y
pérdidas de productividad.
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