Página Inicial

Mujer SaludHable

1º de diciembre. Día Mundial de Lucha contra el SIDA

La tercera década de la pandemia del VIH/SIDA plantea innumerables desafíos relacionados, por una parte, con ampliar y asegurar el acceso a tratamiento antirretroviral en las regiones en desarrollo, las que concentran al mayor número de personas viviendo con el virus y enfermas de SIDA, quienes hoy en un alto porcentaje carecen de atención de salud adecuada. Además, avanzar en la investigación para el desarrollo de una vacuna, teniendo en cuenta los debidos estándares éticos en las pruebas clínicos sobre tan vital producto.

Asimismo, se hace necesario actuar en distintos frentes para derrotar la persistente discriminación, estigmatización y exclusión social que afecta a mujeres y hombres afectados, condición que empeora aún más su calidad de vida ya que la muerte social a causa de la discriminación es tan letal como el virus mismo. La homofobia, que ha recrudecido a la par del desarrollo de la pandemia, es un atentado a los derechos humanos fundamentales que no logra ser desterrada pese a algunos avances legales en distintos países, puesto que no son suficientes las leyes para cambiar las conductas humanas.

Por otra parte, persiste el reto de abordar el tema desde una perspectiva integral, en tanto el VIH/SIDA involucra aspectos sociales, culturales, económicos e incluso políticos, y no exclusivamente aspectos biomédicos. Las sucesivas conferencias mundiales sobre el SIDA han mostrado un esfuerzo, aún inconcluso, para avanzar en esta dirección, mientras que los foros internacionales de redes y personas viviendo con el VIH han puesto el acento justamente en esos factores que trascienden lo biomédico.

Del mismo modo, en muchos países las estrategias preventivas promovidas por la salud pública, dirigidas a lograr la disminución del contagio en la población en su conjunto, han mostrado vacíos significativos, lo que en una enfermedad como el SIDA implica colocar en riesgo muchas vidas humanas. Pues aunque ya se ha comenzado a superar el sesgado énfasis en "grupos de riesgo", todavía no se ha incorporado una mirada realmente holística para el diseño e implementación de programas de prevención, dejándose de lado aspectos tales como el género, la raza/etnia, las condiciones socioeconómicas y culturales, los niveles educativos, la calidad de la interacción entre los distintos agentes sociales, etc., de las poblaciones objeto de intervención.

Para las mujeres en particular, la transmisión del VIH ha puesto en evidencia la histórica desigualdad de las relaciones entre los géneros, a partir de la cual las mujeres acceden desigualmente a los recursos y a la participación social en comparación con los varones, lo que implica una subordinación. Asimismo, el ejercicio del poder y el control de las decisiones sexuales y reproductivas continúan centradas en la pareja masculina, de tal forma que a la mujer le es mucho más dificultoso lograr negociar el sexo seguro, o rechazar el contacto sexual. Por ejemplo, cada vez es más evidente el nexo de la violencia sexual con el contagio del VIH, incluso en niñas de corta edad.

La prevención, por lo tanto, no es un tema técnico sino una elaboración sociocultural que debe incluir, forzosamente, un enfoque de género que dé cuenta de la necesidad de reforzar el poder social de las mujeres. Al mismo tiempo, cualquier tarea de prevención debe estar acompañada por la construcción de normas sociales más seguras, equitativas e igualitarias que favorezcan el empoderamiento de las mujeres y su autonomía económica, social y sexual.

Por último, otro aspecto que debe ser considerado como un obstáculo en las acciones de información y prevención sobre la pandemia, es la existencia de mensajes torcidos que emanan de sectores políticos conservadores y fundamentalistas religiosos que distorsionan la realidad, aun colocando en riesgo la vida de millares de personas. Estos grupos se constituyen en poderes fácticos con capacidad de veto y censura de las campañas preventivas, cuando les parecen demasiado "explícitas".

La lamentable aseveración proveniente de jerarcas de la Iglesia Católica en el sentido de que el condón es ineficaz para prevenir el contagio, se sitúa en el límite de lo demencial. El oscurantismo implícito en este mensaje atenta especialmente contra los derechos humanos de los 1.200 millones de jóvenes de ambos sexos que hoy forman parte de la población mundial y quienes se enfrentan al desafío de prevenir el contagio y ejercer, al mismo tiempo, su derecho inalienable a vivir su sexualidad libremente, placenteramente, sin coerción ni violencias, y sobre todo en forma segura.
 

Contáctenos via e-mail
Búsqueda avanzada