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LA NACIÓN On
Line (Argentina)
Hoy es el Día Mundial de la Lucha contra el Sida: un drama que no se
detiene
Aún se discrimina a las personas con VIH
Un estudio realizado en hospitales de Buenos Aires da cuenta de
altas tasas de aprensión entre médicos y enfermeras.
El estigma pone barreras al acceso a los tratamientos.
El 57% de los médicos reconoció que es renuente a tratar a usuarios
de drogas inyectables y el 26%, que lo es con hombres homo y
bisexuales.
Estigma: es una palabra de origen griego referida a la marca física
que se deja con fuego o con navaja en los individuos considerados
extraños o inferiores. Ahora las marcas físicas desaparecieron, pero
el estigma permanece, basado en factores como la edad, la clase, el
color, el sexo...
Discriminación: su significado original era "observación de las
diferencias". Ahora se utiliza la palabra para describir las
actitudes que perjudican a personas de un grupo determinado. En
particular, de un grupo estigmatizado.
Estas dos palabras, estigma y discriminación, son el eje temático
del Día Mundial de la Lucha Contra el Sida, que se conmemora hoy en
todo el mundo. No en vano, ya que estas actitudes hacia quienes
viven con el VIH/sida alcanzan no solamente a la sociedad en
general, sino también a los integrantes del equipo de salud.
Un estudio realizado en cinco hospitales de la ciudad de Buenos
Aires indica que si bien el prejuicio hacia los pacientes disminuyó,
aún existe una conexión estrecha entre los comportamientos
estigmatizados (el consumo de drogas inyectables y la orientación
sexual), que afecta la relación médico-paciente e incide
negativamente en el tratamiento.
Otro trabajo efectuado en instituciones de salud locales da cuenta
de las altas tasas de aprensión de profesionales de la salud de
tratar a consumidores de drogas inyectables (57%), hombres
homosexuales o bisexuales (26%), hijos de madres seropositivas
(12%), hemofílicos o quienes deben consumir hemoderivados por
razones de salud (12%) y hasta a los pacientes heterosexuales (5%).
Estos datos son parte de un estudio que hoy difunde la Organización
Panamericana de la Salud (OPS), titulado "Comprensión y respuesta al
estigma y la discriminación por el VIH/sida en el sector salud", en
ocasión del Día Mundial del Sida.
La investigación da cuenta de que el estigma se ha vinculado
históricamente con enfermedades que provocan desfiguración física
-como la lepra- o la muerte -como el cólera-. El VIH/sida, que en
sus estadios avanzados produce tanto la desfiguración física como la
muerte, es un terreno fértil para que se arraigue el estigma en
torno de la enfermedad.
Temores y prejuicios
Según datos recientemente difundidos por Onusida y la Organización
Mundial de la Salud (OMS), el avance de la epidemia en todo el mundo
no cesa y el número de infectados y muertos el último año fue el
mayor registrado desde que comenzó.
El doctor Luiz Loures, médico brasileño y director asociado de
Onusida, dijo que el estigma y la discriminación son barreras al
acceso a los tratamientos y a la atención de los enfermos. "Y la
sufren pacientes de todo el mundo, no sólo de los países más pobres,
donde la epidemia está más extendida", afirmó.
El estudio de la OPS, cuya directora es la médica argentina Mirta
Roses Periago, indica que en América latina el estigma y la
discriminación están relacionados estrechamente con la falta de
información, que genera un círculo vicioso de más temores y más
prejuicio.
Otros datos del informe de OPS revelan que, por ejemplo, en la
República Dominicana casi un tercio de los cirujanos declaró que
tratar a pacientes VIH positivos les generaba síntomas negativos,
como insomnio, taquicardia y migrañas; en tanto, casi el 90% había
adoptado precauciones adicionales al atenderlos y 1 de cada 10
directamente no los aceptaba.
En Brasil, un estudio realizado entre profesionales de la salud que
habían trabajado al menos cinco años con pacientes infectados reveló
que el 50% de los psiquiatras, médicos, enfermeras y asistentes
"tenían altos niveles de ira, depresión, frustración y angustia".
En Venezuela, las tasas de discriminación más altas observadas
fueron entre los dentistas (45%) y las enfermeras (46%), algo
mayores que entre los médicos y los estudiantes (42% en ambos
grupos).
Una encuesta realizada en 1997 entre enfermeras de Concepción,
Bolivia, determinó que el 41,6% estaba indecisa a la hora de tener
que trabajar con pacientes con VIH y un 10,1% lo rechazaba. En
Cochabamba, más de un tercio de 305 entrevistados tenía miedo de los
pacientes infectados y creía que éstos debían estar aislados.
En el Caribe inglés, los talleres sobre estigma y discriminación
organizados por el Centro de Epidemiología del Caribe (Carec) en
2002 confirmaron que el fenómeno de la estigmatización se había
generalizado.
Una encuesta sobre los conocimientos, actitudes y prácticas de los
trabajadores de la salud de Managua, Nicaragua, realizada en 2003,
halló que el 41% de las enfermeras tenía enormes brechas en sus
conocimientos sobre el VIH/sida.
Un círculo vicioso
Por otra parte, la encuesta indicó que los trabajadores de la salud
discriminan a los pacientes, pero también ellos son discriminados
por sus colegas: en los primeros años de la epidemia, dice el
informe, los infectólogos -que eran quienes más directamente
trabajaban con las personas infectadas- fueron estigmatizados y
víctimas de discriminación, e incluso amenazados por otros médicos.
El trabajo de la OPS recopila también declaraciones de los
pacientes. En Botswana, Africa, el continente más duramente
castigado, uno de ellos afirmó: "No quieren cuidarte porque dicen
que es malgastar el dinero y que finalmente vas a morir".
"Algunas enfermeras me decían que no tenían tiempo para mí y que
había personas más importantes que yo... -recuerda un paciente VIH
positivo irlandés-. Era porque yo era delincuente y consumidor de
drogas."
"La discriminación en contra de las personas con VIH/sida es un
efecto agregado, generalmente silencioso, de la epidemia. Y es una
reacción derivada del temor comprensible hacia un virus que es
transmisible, incurable y potencialmente letal", agrega Roses.
Sin embargo, la directora de OPS señala que estos aspectos del
problema deben afrontarse porque "el estigma desalienta a las
personas a realizarse el test de detección, reduciendo así las
opciones para la atención y el apoyo, y limitando los programas de
prevención. El resultado es que sufren tanto los individuos como la
salud pública".
Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACIÓN
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