|
Mujer SaludHable. Boletina electrónica RSMLAC
25 de noviembre:
Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres
POR LA SALUD DE LAS MUJERES Y POR LA NO
VIOLENCIA
Violencia: Un abuso de poder
En la actualidad, en la mayor parte de las sociedades es posible
observar
una legitimación cada vez mayor del uso de la fuerza y la violencia
para
resolver conflictos, tanto en el ámbito privado como público.
Asimismo, los
modelos que la cultura ensalza como los más exitosos corresponden a
los
avasalladores, es decir, aquellos que no reparan en traspasar los
límites de
la libertad y dignidad ajenas.
La violencia, que desde el derecho se define como el constreñimiento
o
coacción física ejercida sobre una persona para modificar su
voluntad
obligándola a la ejecución de un acto determinado sin su
consentimiento y
acuerdo, implica elementos constitutivos tales como el poder, la
dominación
y el uso de la fuerza.
Por otra parte, persiste y se acrecienta una violencia estructural,
es
decir, aquella que surge de la esencia misma de los sistemas
políticos,
económicos y sociales dominantes. Un claro ejemplo es el
neoliberalismo, que
se sustenta en la sobreexplotación de millares de seres humanos para
el
beneficio de unos pocos. Esto da lugar a la pobreza extrema y
degradante, en
oposición a una riqueza ostentosa y obscena. Es decir, constituye
una
violencia que niega los beneficios del desarrollo y el acceso a una
vida
digna a millones de personas que forman parte de una gran masa de
excluidos/as.
La violencia estructural, a su vez, "sirve de base a la violencia
directa,
porque influye en las pautas de socialización que llevan a los
individuos a
aceptar o a infligir sufrimientos, según la función social que
desempeñen.
La violencia abierta o directa se ejerce... mediante la agresión,
las armas
y la fuerza física" (Larraín y Rodríguez, "Los orígenes y el control
de la
violencia contra la mujer", 1993).
Violencia contra las mujeres por ser mujeres
Pero la violencia contra las mujeres requiere de un abordaje
diferenciado de
forma tal que permita dar cuenta y explicar el porqué son agredidas
y
violentadas por el solo hecho de ser mujeres. Efectivamente, la
violencia de
género es aquella que está "vinculada a la desigual distribución del
poder y
a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y
mujeres en
nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de lo femenino y
su
subordinación a lo masculino. Lo que diferencia a este tipo de
violencia de
otras formas de agresión y coerción, es que el factor de riesgo o de
vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer" (Rico, Violencia de
género. Un
problema de derechos humanos, 1996).
A partir de este enfoque se ha señalado que "la violencia contra la
mujer
surge, en parte, de un sistema de relaciones de género que postula
que los
hombres son superiores a las mujeres. La idea de la dominación
masculina
-incluso de las mujeres como propiedad del hombre- está presente en
la
mayoría de las sociedades y se refleja en sus costumbres" (Heise,
Pitanguy y
Germain, Violencia contra la mujer. La carga oculta de salud, 1994).
La persistencia de este fenómeno a través de los siglos ha
determinado su
naturalización, es decir, ha sido considerado como parte de la
normalidad
con que transcurre la vida en sociedad. Y las leyes y normativas
establecidas tampoco han avanzado lo suficiente en el reconocimiento
y
sanción de este tipo de conductas, de tal forma que los
comportamientos
agresivos hacia mujeres y niñas quedan, usualmente, impunes o los
castigos
son irrisorios.
En este sentido, los esfuerzos desplegados por el movimiento
internacional
de mujeres en el área de derechos humanos fueron vitales para
avanzar en el
reconocimiento de la violencia de género como un asunto de derechos
humanos,
siendo la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena, uno de
los hitos
que este año celebra una década desde su realización el año 1993. La
importancia de este escenario global fue compartir las experiencias
de las
mismas mujeres quienes testificaron sobre las diversas y horrendas
violencias que habían sufrido, lo que logró impactar en la
indiferencia
cultural y social sobre el tema y generar paulatinamente todo un
cambio en
el sistema de derechos humanos a nivel internacional.
Otro hecho crucial fue el compromiso creciente de una serie de
organismos
internacionales, en especial de Naciones Unidas, para abordar esta
realidad
a partir de su impacto en la salud mental y física de las víctimas.
El
Informe Mundial sobre Violencia y Salud de la OMS del año 2002
(http://www.who.int/violence_injury_prevention/) ofrece estadísticas
dramáticas al respecto:
En casi la mitad de los casos de mujeres asesinadas, el homicida es
el
cónyuge, conviviente, novio o ex esposo.
La violencia de género da cuenta, aproximadamente, del 7% de todas
las
muertes de mujeres entre 15 y 44 años a nivel mundial.
Este tipo de delitos determina diversas morbilidades e impacta
gravemente en
la salud mental de las mujeres agredidas, quienes en un alto
porcentaje
sufren depresión, alteraciones de la conducta, abuso de drogas y
alcohol,
trastornos del sueño y la alimentación, ideas suicidas y suicidio
consumado,
etc.
En algunos países hasta un 69% de las mujeres reconoce haber sufrido
violencia o abuso sexual, y un 47% de las mujeres menciona que su
primera
experiencia sexual fue forzada.
Las mujeres abusadas que reconocen experiencias de sexo forzado
están en un
riesgo significativamente mayor de depresión y por desorden de
estrés
postraumático que las mujeres no abusadas.
Las mujeres que han experimentado abuso sexual en la niñez o en la
vida
adulta, tienen más probabilidades de intentar suicidio o de
cometerlo, en
comparación con otras mujeres. Asimismo, las experiencias de severo
acoso
sexual también pueden provocar una perturbación emocional y
comportamiento
suicida.
Compromiso histórico
La Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe desde
sus
inicios se ha comprometido en el Día Internacional de la No
Violencia contra
las Mujeres y desde 1996 ha coordinado campañas regionales donde ha
enfatizado, especialmente, las graves consecuencias de la violencia
de
género en la salud física y psicológica de las mujeres. Para ello ha
apoyado
pequeños proyectos presentados por organizaciones de mujeres que
integran su
membresía, que a través de talleres, obras artísticas, foros,
conversatorios, etc., intentan informar a la comunidad de la grave
extensión
de las diversas formas de violencia que afectan a las mujeres, y de
su
impacto en la salud física y mental de las víctimas.
Dichas campañas han sido:
Ø 1996. Por el Derecho a Vivir sin Violencia. Esta jornada contó con
la participación de 29 grupos de 12 países (Argentina, Bolivia,
Brasil,
Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México,
Nicaragua, Perú,
Puerto Rico).
Ø 1997. Por el Derecho a Vivir sin Violencia, con un Llamado a la
Acción "Protejamos nuestra salud integral. Digamos NO a la
violencia". En
esta campaña tomaron parte 42 organizaciones de 14 países
(Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador,
Guatemala, México, Nicaragua, Perú, Puerto Rico, República
Dominicana).
Ø 1998. Por el Derecho a Vivir sin Violencia, reiterando el Llamado
a
la Acción anterior. Esta jornada fue, además, un aporte a la Campaña
Mundial
Celebremos y Exijamos los Derechos Humanos de las Mujeres.
Participaron 125
grupos de 15 países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,
Costa Rica,
Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, República
Dominicana, Uruguay, Venezuela).
Ø 1999. Violencia contra las Mujeres. Un problema de todas y todos,
con un Llamado a la Acción "Conozcamos nuestros derechos, rechacemos
todo
tipo de violencias". Un total de 138 organizaciones de 11 países se
hicieron
parte de este llamado((Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,
Costa
Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana).
Ø 2000. Violencia contra las Mujeres. Un problema de todas y todos,
con un Llamado a la Acción "Conozcamos nuestros derechos, rechacemos
todo
tipo de violencias". Participaron 158 organizaciones de 12 países
(Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador,
México,
Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay.
Ø 2001. Violencia contra las Mujeres. Un problema de todas y todos,
con un Llamado a la Acción "Violencia sexual. Reconocerla para
prevenirla,
denunciarla para detenerla". Participaron más de 300 organizaciones
de 16
países ((Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica,
Cuba,
Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú,
Uruguay y
Venezuela).
Ø 2002. Concurso Regional
"Por la Salud de las Mujeres y por la No
Violencia" para distinguir experiencias de prevención y apoyo en
violencia
doméstica y sexual. El primer lugar fue para la Red Chilena contra
la
Violencia Doméstica y Sexual, con su Campaña Comunicacional
Permanente por
la Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres y las Niñas. El
segundo
correspondió al Colectivo de Mujeres de Matagalpa, de Nicaragua, con
su
Campaña "Queremos vivir sin violencia", y DOMOS, Corporación de
Desarrollo
de la Mujer, de Chile, con su experiencia comunicacional "La
violencia tiene
mil caras".
Luego se otorgaron cuatro menciones: Centro de Apoyo y Promoción al
Desarrollo Agrario, CAPRODA, de Perú; al Colectivo de Mujeres
Malhuen, de
Chile, María Mulher, Organização de Mulheres Negras, de Brasil, y al
Servicio a la Acción Popular, SeAP, de Argentina.
Ø El año 2003, lanzó una vez más un Llamado a la Acción instando a
los
grupos a monitorear la implementación de la Convención
Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer,
Convención de
Belem do Pará, adoptada por aclamación en la Asamblea General de la
Organización de Estados Americanos, OEA, el 9 de junio del año 1994.
La importancia de esta Convención ha sido significativa para los
derechos
humanos de las mujeres pues tiene características que las distinguen
de
otros convenios o tratados internacionales:
Ø Contiene amplias definiciones de violencia contra las mujeres, y
enfatiza que tanto el Estado como las instituciones, las familias y
las
personas pueden ser perpetradores de estos actos.
Ø Subraya que la violencia contra las mujeres es una violación a sus
derechos humanos.
Ø Define la responsabilidad del Estado para adoptar acciones
dirigidas a
eliminar la violencia oficial y privada.
Ø Urge a los Estados a que presten especial atención a mujeres
particularmente vulnerables a la violencia, por su raza/etnia,
calidad de
migrante o desplazada, por su edad, etc.
Ø Otorga a las personas y grupos el derecho de hacer peticiones ante
la
Corte Interamericana de Derechos Humanos cuando los Estados fallan
en
cumplir sus responsabilidades en esta área.
Por lo tanto, y tomando en cuenta la profundidad e integralidad de
su
abordaje, y en preparación para la celebración el año 2004 de los 10
años en
que esta Convención fuera suscrita, la Red ha incentivado a las
organizaciones y redes para que trabajen en la revisión de su
aplicación
concreta (aciertos, debilidades, vacíos), y para que se apropien de
su
potencial de protección de los derechos humanos de las mujeres.
Para acceder al texto completo de la Convención, utilice las
siguientes
páginas web:
Instituto Interamericano de Derechos Humanos, IIDH
http://www.iidh.ed.cr/IndexadorDocs/
Organización de Estados Americanos
http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/a-61.html
Mayores informaciones
Adriana Gómez
Editora RSMLAC
agomez@reddesalud.org
http://www.reddesalud.org
|