|
LE MONDE Diplomatique, Edición Cono Sur.
Servicio Informe-Dipló
14/10/2003
La marcha del 26 de septiembre de 2003
UN HITO EN LA LUCHA POR EL DERECHO A ABORTAR
El 26 de septiembre último una manifestación convocada por la
Asamblea por
el derecho al aborto marchó en la ciudad de Buenos Aires de Plaza
Congreso a
Plaza de Mayo bajo la consigna "Anticonceptivos para no abortar.
Aborto
legal para no morir". En muchas ciudades del interior,
concentraciones
simultáneas hicieron escuchar los mismos reclamos.
Por Marta Vassallo
De la Redacción de Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.
"El 28 de septiembre de 1888 se decretó en Brasil la libertad de
vientres,
que abolió la esclavitud de los hijos transmitida por la madre.
Desde 1990
el 28 de septiembre se trata de otra forma de transmisión de
libertad: la de
decidir si tener hijos y cuándo", escribe Martha Rosenberg.
Desde que en 1990 el V Encuentro Feminista Latinoamericano reunido
en San
Bernardo, provincia de Buenos Aires, consagró el 28 de septiembre
como el
Día por la Legalización del Aborto en América Latina y el Caribe,
fue la
primera vez que la fecha fue evocada en esta ciudad por algo más que
volanteadas impulsadas por puñados de mujeres, dando lugar a una
marcha
compacta, donde confluyeron grupos feministas con organizaciones
sociales y
políticas.
El relieve que adquirió la fecha no fue producto del azar. El último
Encuentro Nacional de Mujeres, celebrado en la ciudad de Rosario del
16 al
18 de agosto pasado, había establecido una continuidad y una
unanimidad del
movimiento de mujeres y organizaciones feministas en su compromiso
de
participar el 28 de septiembre por la despenalización del aborto, el
1º de
noviembre por las reivindicaciones de gays, lesbianas y travestis,
el 25 de
noviembre contra todas las formas de violencia hacia la mujer. Y
había
lanzado la idea de la organización de un primer Encuentro Nacional
por el
derecho al aborto antes del 10 de diciembre, día de los derechos
humanos.
El XVIII Encuentro Nacional de Mujeres, cuya culminación fue
precisamente
una marcha bajo la misma consigna que la del día 26, se había
convertido por
sí mismo en un hito, al lograr el aglutinamiento de organizaciones,
grupos y
corrientes muy diversas en la reivindicación del derecho de las
mujeres a la
anticoncepción y el aborto. Esta unanimidad había resultado
galvanizada por
la campaña de la Iglesia católica, que lo mismo que en los
Encuentros de los
últimos siete años, había preparado a grupos de catequistas para que
se
hicieran presentes en los talleres de temas críticos del Encuentro.
Obviando
la dinámica propia de esos Encuentros: discusión y debate de las
cuestiones,
las catequistas fueron con el objetivo de imponer las concepciones
católicas
acerca del carácter natural de los roles femenino y masculino en la
familia
y la sociedad, el repudio a cualquier forma de sexualidad que no se
dé en el
marco del matrimonio y con fines de procreación, y la presentación
del aborto como el máximo crimen, cualquiera sea la circunstancia en que se
lo
realice.
A diferencia de Encuentros anteriores, donde la hegemonía de la
"cuestión
social"(como si el aborto no formara parte de ella) hizo que
solamente los
grupos feministas estuvieran en condiciones de polemizar con las
representantes de la Iglesia, mientras las organizaciones
partidarias y
sociales parecían tomadas de sorpresa por la embestida eclesiástica,
en este
Encuentro hubo una estrategia preparada previamente que unificó a la
abrumadora mayoría de las concurrentes en la oposición al integrismo
católico y en la reivindicación del derecho a la anticoncepción y el
aborto
como derechos humanos básicos. La tradicional consigna de la
Comisión por el
Derecho al Aborto: "Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal
para no
morir", fue asumida tanto en el Encuentro como en las
concentraciones del
día 26 también por organizaciones de desocupados, por asambleístas,
por
agrupaciones políticas y gremiales. Toda una movilización
indisociable del
movimiento social surgido a partir del 20
de diciembre de 2001.
En la Asamblea por el derecho al aborto que preparó esa estrategia
de
unificación, la implementó durante el Encuentro y organizó la marcha
del día
26, confluyeron feministas y mujeres organizadas antiguas y nuevas,
a través
de colectivos propios o de estructuras gremiales, barriales,
partidarias,
universitarias. Como la Comisión por el Derecho al Aborto, el Foro
por los
Derechos Reproductivos, Mujeres al Oeste, Católicas por el derecho a
decidir, Red de Mujeres Solidarias, Red de Mujeres de La Matanza,
Mujeres en
resistencia, Amas de Casa del País, Acción Política Lésbica, Gay,
Travesti,
Transexual, Transgénero, Bisexual, Comisión de Mujeres de la CTA;
Lesbianas
en lucha; Área de estudios Queer (UBA), Instituto Social y Político
de la
Mujer, Comisión de Mujeres de la Facultad de Ciencias Sociales, por
mencionar sólo algunas. Y cosecharon una avalancha de adhesiones,
personales
e institucionales, para la declaración que en forma de solicitada se
publicó
el 26 y el 28 de septiembre en el diario Página 12, uno de cuyos párrafos dice: "Para
ejercer
nuestro derecho a ser madres por elección y ser libres de decidir
sobre
nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, llamamos a construir otro
mundo. Un
mundo donde el derecho de las mujeres a la vida no esté amenazado
por su
vulnerabilidad inherente al embarazo y al parto, y donde esa
vulnerabilidad
no se vea agravada por la falta de acceso a la salud y educación.
Esto será
posible cuando todas las mujeres que así lo decidan tengan acceso al
aborto
legal, gratuito y seguro en el sistema de salud pública.".
La Asamblea por el Derecho al Aborto tiene por delante el desafío de
seguir
siendo un referente de unificación para grupos, colectivos y
organizaciones
muy heterogéneos. Y de avanzar con su impacto sobre una conciencia
social
incipiente. En efecto, según resulta de encuestas recientes,
sólo una
minoría en la opinión pública apoya el derecho al aborto como
decisión
autónoma de la mujer; pero en cambio la aceptación de legalizar el
aborto
asciende hasta volverse mayoritaria en la medida en que la decisión
aparezca
motivada por circunstancias como malformaciones del feto, riesgo
para la
salud psíquica o física de la madre, violación, penuria económica,
etc.
Por una parte, la Asamblea debe tejer los hilos que integren a las
organizaciones feministas que llevan décadas de actividad con las
organizaciones recientes de las jóvenes. Por otra, las tensiones que
atraviesan el movimiento de desocupados, y también de asambleístas,
no la
escatiman. "Para construir en diversidad hay que poner las
diferencias sobre
la mesa y discutirlas en profundidad", dijo una joven asambleísta en
medio
de una reunión de balance de la marcha del 26. Dio en el clavo de
una de
las graves deficiencias de nuestra cultura política: la escasa
capacidad
para acumular fuerzas, en este caso a favor del derecho a la
anticoncepción
y el aborto, sin para eso exigir acuerdos absolutos, conceptuales ni
metodológicos, con todos los grupos involucrados. La tendencia a
ocultar las
discrepancias hasta que de todos modos estallan, tiene que ver con
la idea
de que la explicitación de las diferencias lleva a la disolución de
las
agrupaciones. A su vez esta suspicacia ante las diferencias está nutrida en la experiencia de conductas facciosas
demasiado frecuentes tanto en agrupaciones políticas como sociales,
a partir
de las cuales se diría que el interés está centrado en hegemonizar
un
movimiento, aun incipiente - como lo demostró la experiencia de las
asambleas barriales en el 2002 - antes que en lograr un objetivo
social
masivo: en este caso, garantizar el servicio de aborto libre y
gratuito en
los centros de salud públicos para toda la población que lo
requiera,
consagrando a la maternidad como una elección conciente y no como un
destino
ciegamente aceptado. Y terminar por una parte con los circuitos del
aborto
clandestino, y por otra con el alto porcentaje de muertes por
abortos
realizados en malas condiciones. Estas muertes y la internación en
grave
estado de mujeres que llegan a los hospitales públicos con las
consecuencias
de abortos sépticos constituyen un grave problema de salud pública,
que se
ha convertido en el punto de partida de
los debates sobre la despenalización y legalización del aborto.
Los diferentes grupos que confluyen en la Asamblea alientan
discrepancias
profundas: si los Encuentros Nacionales deben seguir siendo, como
hasta hoy,
no vinculantes o resolutivos; si la lucha por el derecho al aborto
debe ser
llevada a cabo en los mismos espacios que la lucha por los derechos
de gays,
lesbianas y travestis; si la prostitución es una opción sexual o la
imposición de una sexualidad patriarcal; si el sistema social en que
rija el
aborto legal será capitalista o socialista. Todos estos conflictos,
que no
son banales, repercuten en la Asamblea. Sin embargo, no es
imprescindible
resolverlos previamente para lograr una estrategia común de lucha
por el
derecho a la anticoncepción y el aborto. Cómo logre la Asamblea
organizar el
primer Encuentro Nacional sobre Aborto permitirá decir si la
extraordinaria
energía que hizo posible el resultado del XVIII Encuentro Nacional
llega a
plasmar en formas duraderas, o se dispersa en confrontaciones
secundarias a
la existencia de esa Asamblea.
|