En un mes, se unieron 34 parejas en Buenos Aires
Agosto, 2003
por Andrea Ferrari (Pagina/12)
No podría definirse como avalancha, pero no hay duda de que la unión
civil era muy esperada en la comunidad homosexual: en apenas un mes
de vigencia, ya se unieron 34 parejas. Las cifras a las que accedió
Página/12 muestran que los hombres llevan claramente la delantera.
Hubo 23 uniones entre varones –el 67 por ciento del total–, mientras
que sólo 7 fueron entre mujeres y 4 heterosexuales. El otro dato
sorprendente es la edad: entre los varones hubo contrayentes de
hasta 80 años, lo cual parece hablar de parejas de larga data que
esperaban darle a su relación un reconocimiento legal.
La primera unión civil, entre César Cigliutti –presidente de la CHA–
y Marcelo Suntheim, tuvo lugar el 18 de julio. Unos días después se
abrió el registro para quien quisiera anotarse. Y fueron muchos.
Como cabía esperar, los más interesados son los integrantes de la
comunidad homosexual: aunque la ley rige para cualquier pareja mayor
de edad que viva en la ciudad y tenga más de dos años de
convivencia, en sólo cuatro casos se trató de uniones
heterosexuales.
Según las cifras proporcionadas por el Registro Civil, salta a la
vista que, con 23 uniones sobre 34, los hombres parecen mucho más
decididos a formalizar que ellas. La edad, claramente, no es un
límite: entre las 23 parejas masculinas, sólo había cuatro varones
menores de treinta, mientras que once tenían más de 50, e incluso
había dos de 73 y uno de 80. Entre las siete parejas femeninas, en
cambio, la mayor de las contrayentes apenas tenía 43 años.
Y de las chicas, María Rachid y Claudia Castro dieron el sí. Ambas
militan en la organización La Fulana, que edita el periódico Queer.
Allí se conocieron y llevan ya cuatro años de convivencia. “En la
vida hay dos cosas importantes por las que vale la pena correr
riesgos –les dijo la oficial de justicia que intervino en el acto–:
los afectos y las ideas: en el caso de ustedes ambas están
mancomunadas”.
Pero para María y Claudia la visibilidad fue una elección hecha años
atrás, que renovaron en esta oportunidad como una forma de apoyar la
unión civil. “La aprobación de esta ley fue un hecho social
importantísimo – dijo Rachid –. Al hacer uso de este derecho le
estamos dando un apoyo. Como es un registro público, otra gente no
puede hacerlo.”
Dicen ellas que la sanción de la unión civil es un final y también
un comienzo. Porque ahora el próximo objetivo es una ley nacional
que incluya todos los derechos: a la pensión, a la posibilidad de
adoptar y a la patria potestad compartida. Es un punto que les
resulta particularmente importante, ya que en los últimos meses
vienen intentando tener un hijo por fertilización asistida.
“Queremos compartir la patria potestad no sólo por el derecho que
nos otorga a cada una de nosotras, sino por el derecho que le otorga
a nuestro futuro hijo o hija. Que si algo le pasa a una, por
ejemplo, la otra pueda quedar a cargo.” Ya hicieron un intento de
inseminación en noviembre, con Gabriel Fiszbajn, médico del Cegyr
–uno de los pocos que aceptan inseminar a mujeres lesbianas–, pero
no funcionó. “Probablemente pronto volvamos a intentarlo –dice
Claudia–, pero es caro. Vamos juntando el dinero de a poco.”
En los últimos meses, la exposición pública les permitió palpar la
reacción de la gente, una reacción que no dudan en considerar
“espectacular”. “La discriminación tiene que ver en la mayoría de
los casos con la ignorancia y el desconocimiento –sostiene María–.
Cuando la gente se pone en contacto con las personas y no con la
idea del lesbianismo, se caen los prejuicios.”
Después de salir en televisión las reconocen por la calle y hasta
las saludan en el supermercado. “Vienen las señoras con el carrito
de las compras y nos dicen ¡fuerza chicas!, o ¡adelante! Y a veces
hasta ‘¿para cuándo el bebé?’”.
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