|
Mujeres Hoy, agosto 2003
Campaña contra el aborto
por Ricardo Grassi
Activistas que abogan por el aborto legal alertaron sobre la
existencia de
una campaña mundial de organizaciones católicas conservadoras de
Estados
Unidos, en sintonía con el protestante presidente de ese país,
George W.
Bush, y con la diplomacia del Vaticano. El aborto inseguro provoca
anualmente la muerte de 78 mil mujeres.
La campaña acusa de promover el aborto a las
instituciones que
defienden el derecho de la mujer a decidir cuántos hijos procrear, y
éstas
replican que buscan, por el contrario, reducir el número de abortos,
ayudando a evitar embarazos no deseados.
El comisario para Desarrollo y Ayuda Humanitaria de la Comisión
Europea
(organismo ejecutivo de la Unión Europea), Poul Nielson, reafirmó en
mayo su
apoyo a la creación de servicios de salud sexual y reproductiva para
prevenir la necesidad de recurrir al aborto.
La Comisión "reconoce que el aborto inseguro es una realidad que
provoca la
muerte innecesaria de muchas mujeres", señaló.
"Más de medio millón de mujeres muere cada año durante el embarazo o
el
parto, casi todas en países en desarrollo", añadió Nielson.
La Organización Mundial de la Salud calcula que se practican
anualmente 20
millones de abortos clandestinos o en condiciones precarias, por los
cuales
mueren unas 78.000 mujeres, la mitad de ellas en América Latina.
Según la
misma agencia, los abortos legales son alrededor de 25 millones.
El ataque de los antiabortistas se concentra, en particular y con
éxito,
contra el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP, por las
siglas
de su nombre en inglés), la principal fuente de financiación a
gobiernos y
organizaciones no gubernamentales (ONG) para programas de salud
materna y
planificación familiar en 140 países.
El Congreso de Estados Unidos decidió el 15 de julio negar al FNUAP
el
aporte previsto para los años 2004 y 2005, de 100 millones de
dólares.
Eso confirmó que "la política pública está cada vez más teñida por
la
desinformación emanada de la Casa Blanca", opinó la teóloga y
activista
Frances Kissling, presidenta de la ONG internacional Católicas por
el
Derecho a Decidir (CDD), originada en Estados Unidos.
El objetivo declarado de la CDD es contribuir "al discurso público
internacional y a la educación en materia de salud y derechos
reproductivos,
políticas de población, igualdad de género y sexualidad".
Según esa organización, "la ley de la Iglesia afirma que tanto el
derecho
como la responsabilidad de las católicas y los católicos es seguir a
su
propia conciencia en asuntos morales, aun cuando ésta entre en
conflicto con
la enseñanza de la Iglesia". "Es inconcebible que nuestro gobierno
sacrifique la salud y las vidas de mujeres y familias en países de
bajos
recursos, sólo para satisfacer a una minoría extremista", afirmó a
fines de
julio la presidenta de la ONG estadounidense Centro de Derechos
Reproductivos, Nancy Northup.
"Los programas del FNUAP salvan vidas, al aportar equipos modernos a
los
hospitales y mejorar el cuidado prenatal y maternal", agregó.
La "minoría extremista" aludida por Northup está representada
principalmente
por tres poderosas instituciones católicas conservadoras de Estados
Unidos,
que acusan a las integrantes de grupos como CDD de ser falsas
católicas y
"proveedoras de abortos".
Esas tres instituciones son el Instituto de Estudios de Población
(PRI, por
sus siglas en inglés), el Instituto de la Familia Católica y los
Derechos
Humanos, y Vida Humana Internacional, esta última fundada por el
monje
benedictino Paul Marx, autor, entre otros libros, de uno titulado
Hegemonía:
El plan de China para dominar Asia y el resto del mundo.
En octubre de 2000, el PRI acusó al FNUAP de financiar la política
china de
aborto coercitivo y esterilización, y eso fue determinante para que
en julio
del año siguiente Bush anulase la entrega a esa agencia de una
contribución
de 34 millones de dólares que había sido aprobada por el Congreso
legislativo.
Bush se valió de la enmienda Kemp-Kasten, de 1985, que prohíbe a
Washington
entregar dinero a "cualquier organización que, a criterio del
presidente de
Estados Unidos, colabore o participe en programas de abortos
coercitivos o
esterilización involuntaria".
Aquella acusación fue "una falsedad descarada, como demostraron tres
investigaciones independientes realizadas en China, una de ellas
encabezada
por Estados Unidos", dijo a IPS la presidenta de la Asociación
Italiana
Mujeres para el Desarrollo (Aidos), Daniela Colombo.
Investigadores del Departamento de Estado (cancillería)
estadounidense
informaron sobre "fuerte oposición" del FNUAP a las políticas chinas
que se
le había acusado de apoyar, agregó Colombo.
El FNUAP destina a China sólo 3,5 millones de dólares de su
presupuesto
anual de 350 millones.
Funcionarios de esa agencia señalaron que la falta de aporte
financiero de
Estados Unidos dificulta la prevención anual de unos dos millones de
embarazos no deseados en el mundo y la creación de servicios de
salud
materna e infantil adecuados.
"Como siempre, son las mujeres pobres las principales afectadas",
comentó
Colombo.
La actual campaña "derechista" y "fundamentalista" cuestiona logros
"que
habíamos considerado definitivamente conquistados después de El
Cairo y
Beijing. No podemos permitirnos perder", dijo a IPS Wendy Harcourt,
de la
ONG Sociedad para el Desarrollo Internacional.
En 1994, representantes de gobiernos de 179 países participaron en
El Cairo
en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo. Al año
siguiente, se realizó en Beijing la Conferencia Internacional sobre
la
Plataforma de Acción de las Mujeres.
En síntesis, esas conferencias afirmaron que la salud reproductiva
implica
que las personas tengan una vida sexual satisfactoria y segura, la
capacidad
de reproducirse y la libertad de elegir hacerlo, cuándo y cuán
seguido.
El programa de acción aprobado en El Cairo buscó crear, sobre todo
en el
mundo en desarrollo, centros de salud pública eficaces, facilitar el
acceso
a información preventiva y la planificación familiar, y evitar el
aborto
clandestino o inseguro.
Además de la batalla ideológica en curso, el éxito del programa de
acción ha
sido minado por políticas neoliberales que imponen la privatización
de la
salud y el debilitamiento del poder estatal, según las
organizaciones
empeñadas en llevarlo adelante.
Después de los ataques terroristas en Nueva York y Washington del 11
de
septiembre de 2001, "el retroceso es peor, y ahora cuestionan
incluso lo que
llaman el lenguaje de Beijing", según Harcourt.
El Vaticano editó un libro de 900 páginas titulado Lexicon -
Términos
ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones sociales, en
el cual
se alega que el lenguaje utilizado desde la conferencia de Beijing
es un
camuflaje para promover el uso de anticonceptivos y el aborto,
contra
mandatos de la jerarquía católica.
"En definitiva, insisten en proponer sólo la abstinencia para evitar
embarazos y enfermedades sexuales tan terribles como el sida
(síndrome de
inmunodeficiencia adquirida), lo cual es simplemente monstruoso",
opinó la
responsable de prensa de Aidos, Cristiana Scoppa.
El gobierno de Bush coincide con esa política del Vaticano, según la
investigadora brasileña Sonia Correa.
"Ni bien asumió, en 2001, dispuso que el organismo de cooperación
internacional estadounidense, USAID, suspendiese el aporte de dinero
a ONG
que incluyen en sus programas la legalización del aborto. Después,
decidió
destinar fondos para promover la abstinencia", explicó.
Pero Washington no podría recortar los fondos destinados a salud
reproductiva dentro de Estados Unidos pues sería una medida
inconstitucional, ha destacado el Centro de Derechos Reproductivos.
"Me siento enfrentada a una realidad que parece salida de un libro
de texto
feminista de los años 70: un imperio capitalista dominado por los
hombres y
motivado por la ambición, que toca los tambores de guerra contra las
agencias de mujeres sobre sexualidad y reproducción", concluyó
Correa.
Fuente: IPS
|