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Rosario - Argentina
Encuentro Nacional de Mujeres (II)
Diez mil mujeres marcharon en reclamo de la despenalización del
aborto
El "derecho a decidir" copó las calles
Una marcha convocada por el Encuentro Nacional de Mujeres recorrió
todo el
centro rosarino bajo la consigna de luchar por el "aborto libre y
gratuito y
el derecho a los anticonceptivos". Por primera vez ese reclamo se
transformó
en una bandera común para las militantes que provienen de
experiencias
diferentes del país.
por Marta Dillon
El eco de un carnavalito viajaba nítido a través de dos cuadras
desiertas
empujado por el silencio reverencial de la gente que, asomada a los
balcones, esperaba en la esquina de la peatonal Córdoba y Corrientes
que se
acercara la fuente de esas voces. "Si el Papa fuera mujer, el aborto
sería
ley. ¡Basta de patriarcado y que nos digan lo que hay que hacer",
era el
estribillo que, con la música de la puna, hacía callar hasta a los
perros en
pleno centro de la ciudad de Rosario. Los valet parking del Hotel
Presidente
no sabían de qué se trataba, pero se apuraron a mover los autos,
asustados
por ese murmullo que parecía anunciar un alud. No era una
catástrofe, sin
embargo, lo que iba llegando. Era una columna de más de diez mil
mujeres
piqueteras, viejas, feministas, provincianas, indias, jóvenes,
lesbianas,
cabecitas, madres, solteras o casadas que hicieron visible, con el
sencillo
recurso de usar pañuelos verdes con inscripciones, un reclamo común
que
atravesó todas las identidades: el derecho a decidir sobre sus
propios
cuerpos. Un acuerdo espontáneo que en este XVIII Encuentro Nacional
de
Mujeres se hizo evidente como nunca antes.
Fueron por lo menos dos horas de una caminata que a veces se
convertía en
saltos, que provocaba aplausos de los balcones y una sorpresa muda
de
quienes vieron convertirse al elegante boulevar Oroño en un río de
mujeres
dispuestas a hacerse ver y escuchar. Eran tantas que la misma
bandera que
reclamaba el derecho al aborto libre y gratuito, que parecía inmensa
en el
salón de actos de la Facultad de Ciencias Económicas, de pronto se
había
empequeñecido. Qué podía importar. El reclamo atravesaba las ocho
cuadras de
la columna, iba de boca en boca y se anotaba en los pañuelos que
reclamaban
la despenalización del aborto, el derecho a la anticoncepción y a
decidir
cuándo y cuántos hijos tener, o no. Los triángulos de tela que
siendo
blancos se convirtieron en un símbolo de la resistencia contra el
terrorismo
de Estado y la impunidad, ahora sirvieron, teñidos de verde, para
simbolizar
una misma demanda sobre las pecheras de las organizaciones
populares, las
banderas de los lugares de origen o cualquier otro distintivo que
servía
para agrupar a los colectivos de mujeres. Fueron la señal más
visible de
que, más allá de los reclamos sectoriales de cada grupo de mujeres,
el
derecho a decidir sobre el propio cuerpo se transformó en una
demanda
transversal.
Hubo algo de reivindicación en esta marcha. No en vano cada tanto la
masiva
columna se jactaba de que "a pesar de todo, les hicimos el
Encuentro". Y es
que en muchos talleres la discusión se hizo tan engorrosa que cuando
comenzaba la tarde parecía que la dinámica del consenso se iba a
romper por
primera vez en 18 años consecutivos. Y de hecho así fue en algunos
talleres,
sobre todo en aquellos en los que se trataba, justamente,
anticoncepción o
anticoncepción de emergencia y aborto. Con un discurso unificado y
bien
aprendido, decenas de mujeres católicas se lamentaron "porque
acá se habla de que las mujeres pueden morir en los abortos
clandestinos,
pero los que mueren seguro son los niños inocentes que no tienen voz
para defenderse", dándoles a los embriones entidad de infantes. Sin
embargo, las
discusiones terminaron con el derecho al aborto como posición de
mayoría y
la prohibición como disenso de minoría.
"Lo que yo digo es que esto tiene que servir más allá de la
experiencia. Lo
que discutimos acá y lo que acordamos tenemos que llevarlo a algún
lado, al
Poder Ejecutivo o a quien sea", dijo la dirigente piquetera del MIJP,
Nina
Peloso, "porque si no nosotras nos juntamos y ellos se hacen los
boludos".
Nina no es de las que usan eufemismos, menos esta vez en que se la
veía
orgullosa de haber aportado 500 compañeras de su movimiento a este
Encuentro. Y lo cierto es que la presencia masiva de mujeres de
movimientos
populares y piqueteros, comprometidas con temas de género comola
necesidad
de mayor protagonismo en sus organizaciones, y preocupadas por los
planes de
salud que cada tanto interrumpen la entrega de anticonceptivos, deja
en
claro que a pesar de lo ecléctico del movimiento de mujeres y de la
dificultad de retomar las conclusiones pasadas en cada nuevo
encuentro, el
crecimiento de esta convocatoria es evidente.
No hubo más de una decena de varones que se animaron a mezclarse
entre la
columna de mujeres. Ellos prefirieron saludar desde los márgenes, la
mayoría
aplaudiendo, unos pocos amparados en chistes clásicos que
facilitaban los
sombreros de bruja que anoche se habían multiplicado. Uno que otro
atinó a
atarse un pañuelo verde en el cuello y otros más prefirieron usarlo
de
collar para sus perros. En un solo momento alguien tiró un balde de
agua de
un balcón. Sólo sirvió para reforzar el fervor de un aquelarre
dispuesto a
disfrutar de la oportunidad de reconocerse y de caminar juntas.
Al final, una cuadra de la extensa columna se separó del resto para
caminar
hacia el Arzobispado de Rosario para acusarlos de intentar romper el
Encuentro. La barrera de policías no alcanzó a evitar que sobre la
pared
quedara un pedido expreso escrito en aerosol: "Saquen sus rosarios
de
nuestros ovarios". Además de unas afichetas pegadas con engrudo en
las que
una muñeca Barbie vestida de monja y con portaligas decía "que no
cunda el hábito".
La libertad de Romina Tejerina, la joven jujeña presa por matar al
hijo que
tuvo después de haber sido violada por su vecino, y la de Claudia
Sosa, la
mujer que decidió poner fin a los golpes de su marido policía
matándolo con
su arma reglamentaria, fueron reclamos que se corearon con fuerza
inaugurando también una problemática invisible en otros encuentros.
Queda una noche más de peña y baile para las mujeres que se
reunieron en
Rosario, que durmieron en escuelas y clubes, que colmaron la
capacidad
hotelera de una ciudad que hizo silencio para escuchar una voz que
eran
muchas pero cada vez más consigue unificar sus demandas.
La reacción de las enviadas de la
Iglesia
"Alguien las tiene que detener"
"Estrategias para un aborto legal y seguro" fue el nombre de un
taller que
por primera vez sesionó en un Encuentro de Mujeres, poniendo un piso
de
acuerdo para la discusión. En el subsuelo de la Facultad de Ciencias
Económicas no se debatiría sobre si el aborto debe ser despenalizado
o no
sino de qué manera avanzar en acciones concretas para que esa
práctica no
ponga en riesgo la vida de las mujeres que, de hecho, abortan.
Y esto fue intolerable para muchas de las que asistieron al
Encuentro con la
misión de homologar el aborto con el asesinato de niños inocentes.
Margarita
Font, Claudia Ramazzoti, Mónica, cristiana y sin apellido declarado,
y otras
tres mujeres, asumieron el rol que les había sido conferido en sus
parroquias y decidieron sumarse al taller de Estrategias con un solo
fin: "Impedir que el aborto sea legal. Nosotras no estamos de acuerdo con
el
aborto y por lo tanto no queremos un taller que busque estrategias
para consagrarlo", dijo Margarita con la voz temblando de indignación.
¿Entonces
por qué se sumaron a ese taller? "Por eso mismo, querida, alguien
las tiene que detener."
Pero a pesar de tantos esfuerzos no lograron impedir la discusión.
Lo
intentaron, sin duda. Cuando les negaron la posibilidad de anotar
sus
opiniones entre las conclusiones por razones obvias, es decir,
porque no
era ése el taller en el que debían volcarlas, tomaron el toro por
las astas
y llamaron a una escribana para que levantara un acta en la que
constara que
su opinión no había sido tenida en cuenta en un intento de judicializar un
conflicto descabellado. La escribana que también temblaba pero de
miedo,
porque las mujeres excluidas aseguraban que las iban a "agredir
físicamente" fue saludada con un aplauso de las concurrentes al
taller de
estrategias y sin saber qué escribir en su papel romaní se retiró
con
quienes entonces amenazaron con ir "a la televisión a denunciar el
atropello". El problema es que no hubo demasiadas cámaras en el
Encuentro.
Ni siquiera para ellas.
Ese fue tal vez el momento más bizarro del enfrentamiento entre las
militantes católicas y quienes intentaban, como cada año, avanzar en
el
debate sobre el derecho al aborto. Pero no el único. Hubo
secretarias de
taller que se negaron a escribir las conclusiones de la mayoría,
mujeres que
dijeron sentirse amenazadas en su integridad física y llamativos
mutis por
el foro a la hora de la marcha.
Lo más curioso resultó el modo en que estas mujeres unificaron su
discurso
en un claro intento por sumar la simpatía de las integrantes de
movimientos
populares: el aborto, dicen, es una estrategia del imperialismo para
despoblar el país y apoderarse de nuestras tierras, los métodos
anticonceptivos son negocios de los laboratorios médicos que no
dicen todos
los males que pueden acarrear a la salud de las mujeres y encima
excluyen a
los hombres de la decisión de tener hijos (?). Y lo mejor: los
preservativos
ni siquiera servirían para prevenir las enfermedades de transmisión
sexual.
¿Por qué? "Se rompen, y además hay gente alérgica", dijo una
orgullosa
alumna de la escuela Señora del Huerto donde, asegura, "la educación
sexual
es moneda corriente, sólo que nos educan para formar familias plenas
y no
mujeres egoístas".
Pagina12/WEB República Argentina
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