Peligra en Canadá ley sobre matrimonios homosexuales
Resienten en Ottawa la condena papal
CIMAC/MujeresHoy - 5 agosto
La condena del Vaticano a la legalización
de las uniones entre homosexuales ha aumentado las críticas a la
decisión de
Ottawa de autorizar estas bodas, amenazando la inminente ley sobre
matrimonios entre parejas del mismo sexo, que transformaría a Canadá
en el
primer país americano en poseer este código.
Cuando en junio pasado, el primer ministro canadiense, Jean Chrétien,
anunció que su gobierno no apelaría a la decisión de los tribunales
de
Ontario de legalizar los matrimonios homosexuales y que, en cambio,
presentaría una ley equiparando las uniones entre parejas del mismo
sexo a
las de una mujer y un hombre, desató una discusión que traspasó las
fronteras de su país y todos los estamentos sociales, y que lejos de
apaciguarse con el tiempo hoy parece acrecentarse.
La decisión de Chrétien fue una consecuencia directa de una
sentencia del
Tribunal de Apelaciones de Ontario que, a principios de año, declaró
anticonstitucional la ley que define el matrimonio como la unión de
un
hombre y una mujer, por considerarla discriminatoria en razón del
sexo.
Antes, otros dos tribunales de Columbia Británica y Québec también
habían
determinado que la ley canadiense era anticonstitucional.
Pero mientras estos dos tribunales habían establecido un periodo de
gracia
antes de que sus sentencias fueran efectivas para que Ottawa pudiese
modificar la ley, Ontario obligó a las autoridades canadienses a
aceptar los
matrimonios entre parejas del mismo sexo de forma inmediata.
La respuesta de Ottawa al desafío judicial fue presentar ante el
Parlamento
y el Tribunal Supremo del país un proyecto de ley que redefine el
matrimonio
como la unión de dos personas sin importar su sexo, propuesta que
los
diputados tendrán que votar durante la sesión parlamentaria que
comienza en
septiembre.
Desde entonces, Toronto se ha convertido en la "capital gay" de
América del
Norte, con la celebración de decenas de matrimonios entre
homosexuales y
lesbianas, y para muchos y muchas estadounidenses en la única
esperanza de
legalizar su unión ante la cerrada oposición del presidente de
Estados
Unidos, George W. Bush, de seguir los pasos de Ottawa.
Una de las tantas uniones ya celebradas en el país del norte fue el
de dos
mujeres chilenas, Lina Soto (42 años) y Paulina Acevedo (37 años),
que se
transformaron en una de las primeras parejas de lesbianas en
formalizar
legalmente su relación.
Pero los grupos religiosos y tradicionales de Canadá se han empezado
a
organizar para evitar que la nueva ley sea aprobada.
Tras el edicto papal emitido por el Vaticano la semana pasada, que
conmina a
los y las políticas católicas a oponerse a las leyes en favor de los
matrimonios homosexuales, los párrocos católicos han empezado a
hacer
patentes sus puntos de vista desde el púlpito.
El arzobispo de Toronto, el cardenal Aloysius Ambrozic, envió una
carta a
las 223 congregaciones de Toronto en la que declara que es
"imperioso" que
los párrocos utilicen el púlpito para condenar la futura ley que
regulará
los matrimonios homosexuales.
Y aunque la Conferencia Episcopal de Canadá no ha establecido
todavía una
campaña similar a nivel nacional, muchos obispos parecen dispuestos
a seguir
los pasos del cardenal Ambrozic.
El obispo de Calgary, Fred Henry, declaró esta semana que el primer
ministro
Jean Chrétien, católico declarado, ha puesto en peligro su
"salvación
eterna" al poner en el parlamento una ley que redefine el
matrimonio.
Y muchos diputados del gobernante Partido Liberal (PL) han empezado
a sentir
las presiones de sus votantes y han anunciado que votarán en contra
de la
ley.
El diputado del PL Eugéne Bellemere señaló en una carta enviada a
los
votantes de su circunscripción electoral que "mi definición de
matrimonio es
la unión de un hombre y una mujer. Si la propuesta ley sobre
matrimonio
cambia esta definición para incluir matrimonios entre parejas del
mismo
sexo, mi intención será votar contra el cambio de la definición
tradicional
de matrimonio".
Y aunque 13 de los 30 millones de canadienses se declaran católicos,
el
problema no se circunscribe a esta fe religiosa, dado que
musulmanes, judíos
e hindúes y los otros cultos mayoritarios del país, también se
oponen a la
medida.
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