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Mujeres Hoy
11 de agosto 2003
Campaña contra el aborto
por Ricardo Grassi
Activistas que abogan por el aborto legal alertaron sobre la
existencia de una campaña mundial de organizaciones católicas
conservadoras de Estados Unidos, en sintonía con el protestante
presidente de ese país, George W. Bush, y con la diplomacia del
Vaticano. El aborto inseguro provoca anualmente la muerte de 78 mil
mujeres.
La campaña acusa de promover el aborto a las
instituciones que defienden el derecho de la mujer a decidir cuántos
hijos procrear, y éstas replican que buscan, por el contrario,
reducir el número de abortos, ayudando a evitar embarazos no
deseados.
El comisario para Desarrollo y Ayuda Humanitaria de la Comisión
Europea (organismo ejecutivo de la Unión Europea), Poul Nielson,
reafirmó en mayo su apoyo a la creación de servicios de salud sexual
y reproductiva para prevenir la necesidad de recurrir al aborto.
La Comisión "reconoce que el aborto inseguro es una realidad que
provoca la muerte innecesaria de muchas mujeres", señaló.
"Más de medio millón de mujeres muere cada año durante el embarazo o
el parto, casi todas en países en desarrollo", añadió Nielson.
La Organización Mundial de la Salud calcula que se practican
anualmente 20 millones de abortos clandestinos o en condiciones
precarias, por los cuales mueren unas 78.000 mujeres, la mitad de
ellas en América Latina. Según la misma agencia, los abortos legales
son alrededor de 25 millones.
El ataque de los antiabortistas se concentra, en particular y con
éxito, contra el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP,
por las siglas de su nombre en inglés), la principal fuente de
financiación a gobiernos y organizaciones no gubernamentales (ONG)
para programas de salud materna y planificación familiar en 140
países.
El Congreso de Estados Unidos decidió el 15 de julio negar al FNUAP
el aporte previsto para los años 2004 y 2005, de 100 millones de
dólares.
Eso confirmó que "la política pública está cada vez más teñida por
la desinformación emanada de la Casa Blanca", opinó la teóloga y
activista Frances Kissling, presidenta de la ONG internacional
Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), originada en Estados
Unidos.
El objetivo declarado de la CDD es contribuir "al discurso público
internacional y a la educación en materia de salud y derechos
reproductivos, políticas de población, igualdad de género y
sexualidad".
Según esa organización, "la ley de la Iglesia afirma que tanto el
derecho como la responsabilidad de las católicas y los católicos es
seguir a su propia conciencia en asuntos morales, aun cuando ésta
entre en conflicto con la enseñanza de la Iglesia". "Es inconcebible
que nuestro gobierno sacrifique la salud y las vidas de mujeres y
familias en países de bajos recursos, sólo para satisfacer a una
minoría extremista", afirmó a fines de julio la presidenta de la ONG
estadounidense Centro de Derechos Reproductivos, Nancy Northup.
"Los programas del FNUAP salvan vidas, al aportar equipos modernos a
los hospitales y mejorar el cuidado prenatal y maternal", agregó.
La "minoría extremista" aludida por Northup está representada
principalmente por tres poderosas instituciones católicas
conservadoras de Estados Unidos, que acusan a las integrantes de
grupos como CDD de ser falsas católicas y "proveedoras de abortos".
Esas tres instituciones son el Instituto de Estudios de Población
(PRI, por sus siglas en inglés), el Instituto de la Familia Católica
y los Derechos Humanos, y Vida Humana Internacional, esta última
fundada por el monje benedictino Paul Marx, autor, entre otros
libros, de uno titulado Hegemonía: El plan de China para dominar
Asia y el resto del mundo.
En octubre de 2000, el PRI acusó al FNUAP de financiar la política
china de aborto coercitivo y esterilización, y eso fue determinante
para que en julio del año siguiente Bush anulase la entrega a esa
agencia de una contribución de 34 millones de dólares que había sido
aprobada por el Congreso legislativo.
Bush se valió de la enmienda Kemp-Kasten, de 1985, que prohíbe a
Washington entregar dinero a "cualquier organización que, a criterio
del presidente de Estados Unidos, colabore o participe en programas
de abortos coercitivos o esterilización involuntaria".
Aquella acusación fue "una falsedad descarada, como demostraron tres
investigaciones independientes realizadas en China, una de ellas
encabezada por Estados Unidos", dijo a IPS la presidenta de la
Asociación Italiana Mujeres para el Desarrollo (Aidos), Daniela
Colombo.
Investigadores del Departamento de Estado (cancillería)
estadounidense informaron sobre "fuerte oposición" del FNUAP a las
políticas chinas que se le había acusado de apoyar, agregó Colombo.
El FNUAP destina a China sólo 3,5 millones de dólares de su
presupuesto anual de 350 millones.
Funcionarios de esa agencia señalaron que la falta de aporte
financiero de Estados Unidos dificulta la prevención anual de unos
dos millones de embarazos no deseados en el mundo y la creación de
servicios de salud materna e infantil adecuados.
"Como siempre, son las mujeres pobres las principales afectadas",
comentó Colombo.
La actual campaña "derechista" y "fundamentalista" cuestiona logros
"que habíamos considerado definitivamente conquistados después de El
Cairo y Beijing. No podemos permitirnos perder", dijo a IPS Wendy
Harcourt, de la ONG Sociedad para el Desarrollo Internacional.
En 1994, representantes de gobiernos de 179 países participaron en
El Cairo en la Conferencia Internacional sobre Población y
Desarrollo. Al año siguiente, se realizó en Beijing la Conferencia
Internacional sobre la Plataforma de Acción de las Mujeres.
En síntesis, esas conferencias afirmaron que la salud reproductiva
implica que las personas tengan una vida sexual satisfactoria y
segura, la capacidad de reproducirse y la libertad de elegir
hacerlo, cuándo y cuán seguido.
El programa de acción aprobado en El Cairo buscó crear, sobre todo
en el mundo en desarrollo, centros de salud pública eficaces,
facilitar el acceso a información preventiva y la planificación
familiar, y evitar el aborto clandestino o inseguro.
Además de la batalla ideológica en curso, el éxito del programa de
acción ha sido minado por políticas neoliberales que imponen la
privatización de la salud y el debilitamiento del poder estatal,
según las organizaciones empeñadas en llevarlo adelante.
Después de los ataques terroristas en Nueva York y Washington del 11
de septiembre de 2001, "el retroceso es peor, y ahora cuestionan
incluso lo que llaman el lenguaje de Beijing", según Harcourt.
El Vaticano editó un libro de 900 páginas titulado Lexicon -
Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones
sociales, en el cual se alega que el lenguaje utilizado desde la
conferencia de Beijing es un camuflaje para promover el uso de
anticonceptivos y el aborto, contra mandatos de la jerarquía
católica.
"En definitiva, insisten en proponer sólo la abstinencia para evitar
embarazos y enfermedades sexuales tan terribles como el sida
(síndrome de inmunodeficiencia adquirida), lo cual es simplemente
monstruoso", opinó la responsable de prensa de Aidos, Cristiana
Scoppa.
El gobierno de Bush coincide con esa política del Vaticano, según la
investigadora brasileña Sonia Correa.
"Ni bien asumió, en 2001, dispuso que el organismo de cooperación
internacional estadounidense, USAID, suspendiese el aporte de dinero
a ONG que incluyen en sus programas la legalización del aborto.
Después, decidió destinar fondos para promover la abstinencia",
explicó.
Pero Washington no podría recortar los fondos destinados a salud
reproductiva dentro de Estados Unidos pues sería una medida
inconstitucional, ha destacado el Centro de Derechos Reproductivos.
"Me siento enfrentada a una realidad que parece salida de un libro
de texto feminista de los años 70: un imperio capitalista dominado
por los hombres y motivado por la ambición, que toca los tambores de
guerra contra las agencias de mujeres sobre sexualidad y
reproducción", concluyó Correa.
Fuente: IPS
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