Transexuales: la lucha por la identidad de género
El País 01-07-2003
por MAYKA SÁNCHEZ
2.000 españoles sufren disforia genérica por una alteración
genético-hormonal en la etapa fetal.
No son bichos raros, ni pervertidos o degenerados, como a veces se
les considera. Los transexuales son mujeres atrapadas en un cuerpo
masculino y hombres con un cuerpo de mujer. Son víctimas de una
alteración genético-hormonal que se produce durante el desarrollo
fetal y que les fuerza desde la infancia a buscar su auténtica
identidad sexual.
La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) acaba de
elaborar una Guía clínica para el diagnóstico y tratamiento de los
trastornos de identidad de género. Se calcula que en España hay
entre 2.000 y 3.000 transexuales. Estos datos se extraen a partir
de estudios de la Cátedra de Transexualidad de Holanda, en virtud
de los cuales una de cada 30.400 mujeres y uno de cada 11.900
hombres sufre este trastorno de la identidad de género, también
llamado síndrome de disforia genérica.
En noviembre de 1995, el neurobiólogo holandés Richard F. Swaab
publicaba un artículo en Nature que demostraba que la región
cerebral asociada al comportamiento sexual es menor en los
transexuales con genitales masculinos que se sienten mujeres que en
los humanos en general. Aunque estas conclusiones son objeto de
debate científico, los expertos admiten que el transexualismo o
transexualidad aparece como consecuencia de una alteración
genético-hormonal que se produce en el periodo de desarrollo fetal.
Para el endocrinólogo del hospital Ramón y Cajal de Madrid, Antonio
Becerra Fernández, que ha participado en la redacción de la guía
clínica, la diferenciación sexual en los humanos, como en el resto
de los mamíferos, es un proceso que nace con la unión de los
gametos masculino y femenino, que determinará el sexo cromosómico
(XX, niña; XY, niño).
"Los cromosomas", explica, "contienen la información necesaria para
decidir el sexo gonadal, responsable de las secreciones hormonales
de estrógenos o andrógenos, que actúan sobre diversas estructuras
fetales y que van produciendo la diferenciación de los genitales
externos e internos y del cerebro, que configurará finalmente el
fenotipo, la identidad sexual y los comportamientos y habilidades
femeninos o masculinos".
Pero pueden aparecer alteraciones en alguna de las fases, que
podrían ser genéticas o intrínsecas al proceso y causadas por
factores exógenos, como la administración de hormonas a la
gestante. Investigaciones recientes demuestran que el gen SRY,
responsable de la determinación sexual y localizado en el cromosoma
Y, que en los humanos se expresa hacia la sexta semana de
gestación, es el iniciador de una cascada de expresión de diversos
genes.
"Una desigual recombinación en las diferentes fases de la división
celular entre los cromosomas X e Y podría dar lugar a gametos X con
gen SRY, que generaría embriones XX con testículos, y gametos Y sin
SRY, que originaría individuos XY con ovarios. También puede
producirse una mutación espontánea en el gen SRY, que diera lugar a
una mujer con una dotación cromosómica XY. Las alteraciones en
algunas de estas secuencias podrían explicar los trastornos de
identidad de género", afirma Becerra.
Hace más de 60 años Gregorio Marañón ya decía que el cerebro es el
órgano sexual más importante. Entre el cuarto y el octavo mes del
embarazo se configura la diferenciación sexual cerebral, que, en
condiciones normales, irá asumiendo su condición de hembra si es XX
y de varón si es XY.
Como aclara Joan Soler, presidente de la SEEN, en los transexuales
el cerebro experimenta una diferenciación sexual contraria a la
dotación cromosómica del feto, que no sólo está genéticamente
determinada, sino también hormonalmente: "En la transexualidad
puede haber alteraciones en alguno de los cuatro protagonistas del
sistema neuroendocrino: las hormonas, los receptores hormonales,
las neuronas y los neurotransmisores".
A juicio de Soler, los transexuales llegan a sentir tal rechazo por
sus genitales, que se han producido casos de mutilaciones de pene o
de intento de suicidio por el gran sufrimiento que genera la
disparidad entre el sexo cerebral y el anatómico.
"Es frecuente que se automediquen", añade, "sin consultar con
ningún especialista, y que caigan en la sobredosificación, según
las pautas de otros compañeros. Llegan a multiplicar por 10 y hasta
por 100 las dosis correctas, en la creencia de que la velocidad del
cambio físico aumenta proporcionalmente a la dosis. Sin embargo,
esto potencia los riesgos de cualquier terapia hormonal y les
expone a tromboembolismo, varices, cáncer de mama, alteraciones
hepáticas y otros problemas".
De ahí la utilidad de la nueva guía clínica, cuyo objetivo último
es informar a los médicos implicados y a los afectados de un
correcto control del proceso antes de llegar a la cirugía, si el
interesado la demanda y los informes clínicos y psiquiátricos la
justifican.
El diagnóstico se establece cuando el trastorno de identidad de
género perturba la vida durante al menos dos años, según Isabel
Esteva, endocrinóloga de la unidad de trastornos de identidad de
género del hospital Carlos Haya. Tras la evaluación psicológica o
psiquiátrica, es necesario emprender un tratamiento hormonal,
estrechamente vigilado por el especialista, que suele durar unos
dos años antes de poder someterse a la intervención quirúrgica.
Según Juana Ramos, transexual de hombre a mujer y presidenta de la
Asociación Española de Transexuales Transexualia, la experiencia de
este trastorno de la identidad de género siempre es vivida con
dolor desde la infancia y, generalmente, con una gran incomprensión
social e incluso familiar. Muchos llegan a situaciones de
marginalidad o interrumpen sus estudios.
A Carlos, de 39 años, que nació niña, su padre le pegaba porque no
quería ponerse faldas. Tras someterse en Madrid a la operación de
reasignación de sexo, dice convencido: "Aunque he tenido que pasar
varias veces por el quirófano y vivirlo, ha sido muy cruel; ahora
que veo mi cuerpo como siente mi mente soy el hombre más feliz del
mundo".
Una prestación sanitaria
El hospital Carlos Haya de Málaga es el único centro público
español con una unidad multidisciplinar para tratar los trastornos
de identidad de género. Andalucía es también la primera comunidad
que incluye en sus prestaciones el tratamiento integral del
transexualismo: hormonal, psicológico y quirúrgico. Extremadura
acaba de aprobar esta cobertura y derivará a sus pacientes a
Andalucía. En Cataluña, una sentencia reciente del Tribunal
Superior de Justicia de esta comunidad, que obliga al Sistema
Catalán de Salud a pagar la operación de reasignación de sexo a un
transexual, abre la puerta a una posible inclusión de esta
prestación.
Según Isabel Esteva, endocrinóloga de la unidad de trastornos de
identidad de género del Carlos Haya, desde que el Serivio Andaluz
de Salud incluyera en 1999 la reasignación quirúrgica de sexo, se
han recibido en este hospital 350 solicitudes de transexuales para
someterse a una genitoplastia (cambio de genitales).
"Cada semana", indica Esteva, "llegan a nuestra unidad de dos a
tres nuevos casos. Un 20% corresponde a otras comunidades con
criterios de derivación pactados con el Gobierno andaluz. Hasta
ahora hemos realizado 40 genitoplastias completas (35 de hombre a
mujer y cinco de mujer a hombre) y 70 cirugías parciales".
Trámites y papeleo
Tras el paso por el quirófano, el transexual debe seguir un
tratamiento hormonal de por vida. Y debe emprender toda una serie
de papeleos y trámites para que su nuevo nombre y su nuevo género o
condición sexual figuren en sus documentos.
Fue en 1983 cuando una modificación del artículo 428 del Código
Penal español permitió las operaciones de cambio de genitales. La
sustitución del nombre se puede solicitar en el Registro Civil con
toda la documentación necesaria, pero la modificación del dato
registral relativo al sexo necesita de una sentencia firme en un
juicio ordinario. Desde 1979 algunos juzgados aceptan esa
modificación y en 1987 se reconoce el derecho de un transexual a
inscribirse con otro sexo y nombre distintos a los del nacimiento.
"A partir de aquí tenemos que ir haciendo los cambios documento por
documento, es decir, del carné de identidad, permiso de conducir,
tarjeta sanitaria, etcétera. Es un proceso incómodo y a veces
humillante", asegura Juana Ramos, presidenta Transexualia (www.humano.ya.com/transexualia).
Aunque la ley no les reconoce el derecho al matrimonio, algunos
jueces se lo otorgan amparándose en el artículo 32 de la
Constitución. El derecho a adoptar hijos sólo les asiste a título
individual, como a cualquier ciudadano mayor de edad y capacitado.
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