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Una década de acción.
Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de El Cairo

La importancia de la Conferencia Internacional sobre la Población y el desarrollo, CIPD, de El Cairo, convocada el año 1994 por Naciones Unidas y en la cual las organizaciones de mujeres se comprometieron activamente, reside en un Programa de Acción acordado por 179 naciones que estableció con claridad los rumbos por donde deberían transitar de ahí en adelante las políticas y programas del área. Es decir, bajo un prisma de respeto a la dignidad y derechos de las personas involucradas, siendo consideradas como sujeto y no objeto de dichas políticas. Las metas demográficas que caracterizaron anteriores encuentros internacionales sobre población y desarrollo fueron sustituidas, en El Cairo, por la propuesta de caminos para lograr el desarrollo humano y el bienestar colectivo, a partir de políticas fundamentadas en el pleno respeto de los derechos de mujeres y hombres y buscando también asegurar la preservación del medio ambiente.

Sin embargo, también la CIPD fue trascendente por otro aspecto: por el involucramiento sin precedentes en su proceso preparatorio y en el desarrollo de la misma de centenares de organizaciones no gubernamentales, en particular de grupos de mujeres, que se comprometieron con ideas, propuestas y contenidos de agenda para mejorar la condición de vida y salud de la población femenina de todo el mundo.

Efectivamente, junto a 3.500 delegados/as de 180 países, un total de 1.500 ONG estuvieron acreditadas y 1.200 contaron con representación oficial. Este aspecto cobró tal relevancia que el mismo consenso de El Cairo llamó a fortalecer su participación en distintas instancias de toma de decisiones.

El Cairo fue escenario, entonces, de una masiva participación ciudadana de mujeres que ya se había hecho patente en la Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo, de Río de Janeiro (1992), y en la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos de Viena (1993), tendencia que ha sido imparable hasta hoy en las sucesivas cumbres mundiales que, desde distintas perspectivas, analizan la vida de las mujeres, su salud, su acceso al trabajo, al crédito, a la educación y la vivienda, su participación política y social, etc.

La organización de mujeres en redes, coaliciones, campañas, caucus, grupos de presión, etc., logró así un impacto en el curso de estas reuniones globales y hoy, en el proceso Cairo + 10, lo hemos podido comprobar una vez más.


Cairo +10. Otro paso adelante

En la Reunión de la Mesa Directiva Ampliada del Comité Especial de Población y Desarrollo de la CEPAL, convocada por esta entidad con el Fondo de Población de Naciones Unidas en Santiago, el 10 y 11 de marzo de 2004, se examinaron los avances logrados en la región en la aplicación del Programa de Acción acordado en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. De los 37 países que adoptaron la declaración final, la mayoría de ellos contaba en sus delegaciones oficiales a representantes del movimiento de mujeres y también feministas en su calidad de funcionarias de organismos estatales, quienes presionaron ante sus gobiernos para que se reafirmaran los acuerdos de El Cairo y no admitir ninguna revisión de los mismos. Se pudo observar, entonces, el accionar de una sociedad civil organizada, articulada y empoderada que en esa calidad se sentía y se siente con pleno derecho a estar en un lugar de representación política y en el establecimiento de agendas.

El texto de declaración finalmente aprobado, con la sola ausencia de Haití y Barbados y con la negativa a firmar de la representación estadounidense, incluye, entre otros, los siguientes conceptos fundamentales:

v Reafirmación del Programa.
v Mención explícita de los derechos reproductivos y servicios de salud reproductiva.
v Énfasis en los derechos de adolescentes a servicios e información con respeto a la privacidad y la confidencialidad.
v Subraya la necesidad de la prevención del VIH/SIDA, del tratamiento y atención de las personas enfermas, desde un enfoque en los derechos humanos.
v Hace un llamado a disminuir las tasas de mortalidad materna y convoca a los países a redoblar los esfuerzos en este sentido, teniendo en cuenta los múltiples factores causales, inclusive la falta de acceso a la planificación familiar y atención obstétrica y “los factores mencionados en el párrafo 63 del documento de la Conferencia Cairo +5”, es decir, hace referencia al aborto inseguro (ver p.23).
v Reconoce la condición de pobreza que impera en vastas capas de la población y señala su preocupación por los efectos sociales negativos de los programas de ajuste estructural y por la falta de flujo de recursos que permitan avanzar en el cumplimiento de los acuerdos internacionales.

La delegación de EE.UU. exhibió en esta oportunidad la misma postura que ha demostrado en otras reuniones regionales del seguimiento Cairo + 10, por ejemplo en Bangkok, donde abiertamente hizo un llamado para que el Programa de Acción de la CIPD fuera sepultado, pero sin éxito. Los países asiáticos simplemente no se hicieron eco. En la reunión de América Latina y el Caribe esperaba, tal vez, una mejor respuesta, en especial dada la especial dependencia de la región de la ayuda norteamericana al igual que la marcada influencia de la Iglesia Católica a nivel de la sociedad, hecho que podría coadyuvar a sus propósitos. Pero no fue así. Aislada, en una sala de conferencias dominada por el silencio de delegaciones y representantes de la sociedad civil que se negaban a plegarse a su postura, la representación de Estados Unidos jugó a perdedor en tanto que los países latinoamericanos y caribeños se hicieron fuertes en su independencia y autonomía.

Esto contrastó con lo sucedido en El Cairo el año 1994, donde Estados Unidos, con una administración mucho más progresista, fue defensor y suscribió su Programa de Acción, en tanto que muchos países latinoamericanos y especialmente centroamericanos se unieron en una “santa alianza” con el Vaticano y países árabes, todos opuestos al paradigma de la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos, y aterrorizados también ante el inicio de una nueva visión sobre la tríada población, mujer y desarrollo.

En esta oportunidad, en Santiago, estas naciones se liberaron de esa asfixiante atadura político-ideológica, avanzando en el reconocimiento de que la población y el desarrollo siempre será un tema de derechos humanos, de sustentabilidad, de igualdad y equidad de género, de justicia social, y no de dogmas religiosos, metas demográficas ni consideraciones economicistas.

Posteriormente, esta declaración fue presentada a nivel mundial en al reunión de la Comisión de Población y Desarrollo que se realizó en la Sede de Naciones Unidas del 22 al 26 de marzo de 2004, y posteriormente será considerada en el período de sesiones de la CEPAL que tendrá lugar a fines de junio de 2004 en San Juan, Puerto Rico, donde se espera el mismo involucramiento de las organizaciones de mujeres para asegurar que el consenso de Santiago se mantenga.

Como es probable que Estados Unidos intente nuevamente introducir elementos disonantes que quiebren el acuerdo regional, presionando sobre ciertos países y sus delegaciones, el trabajo de lobby con los gobiernos es urgente e imprescindible para la defensa de un consenso estructurado en base a negociaciones y discusiones políticas y a partir del reconocimiento de nuestras realidades locales, de nuestros indicadores, de nuestras necesidades más vitales.

Y, paralelamente con la negociación política en torno a Cairo + 10, se agrega ahora el desafío de vincular el proceso de Beijing + 10, que culmina el año 2005, en tanto sus acuerdos avanzan en la misma senda de defensa de los derechos de las mujeres. Una de las etapas de Beijing + 10 está constituida por la Novena Conferencia Regional sobre la Mujer que se realizará en México, del 11 al 13 de junio de 2004. Esperamos y demandamos que las mujeres de la sociedad civil también sean parte de las delegaciones oficiales en dicha Conferencia Regional convocada por la CEPAL.

Presentamos a continuación una serie de documentos relativos a estos procesos, al igual que varias entrevistas con destacadas mujeres del movimiento de salud de la región y de otros organismos, presentes en la reunión de redes y campañas convocada por la RSMLAC, quienes aportan su visión y sabiduría para seguir respondiendo a estos retos.

“La CIPD es el marco de referencia conceptual y ético en nuestro país para la implementación de políticas públicas en salud sexual y reproductiva. En tal sentido, queremos señalar que Uruguay avanzó significativamente en el desarrollo de acciones que protegen y promueven los derechos sexuales y reproductivos de las personas, sin discriminación de ningún tipo... Siendo un país con una baja tasa de mortalidad materna, la prevención del aborto inseguro y la atención de sus consecuencias es uno de los retos planteados en tanto este se ha convertido en la principal causa independiente de muerte materna”

Intervención de la Delegación de Uruguay en la reunión de CEPAL


¿Qué objetó Estados Unidos?
“Aunque el país apoyó a las naciones de la región en muchos de sus esfuerzos para implementar las metas de El Cairo... (sin embargo) hay numerosas aseveraciones en la declaración que no podemos suscribir.
También hay omisiones significativas. Estados Unidos piensa que los padres deberían estar incluidos en todas las decisiones que afectan a los niños, niñas y adolescentes, incluso en la salud sexual”, señaló una vocera de la delegación. Es decir, la autonomía de la juventud para tomar sus decisiones sexuales y reproductivas les pareció indeseable.
Asimismo, expresó el apoyo al enfoque ABC para prevenir el VIH/SIDA, que defiende “la abstinencia, la fidelidad y, cuando sea necesario, el uso apropiado y seguro del condón”
(ABC approach: abstinence, be faithful and, when necessary, approlpriate and safe use of condoms). No aclaró qué significaba la frase: “cuando sea necesario...”.



PROGRAMA DE ACCIÓN DE LA CIPD: reconocimientos básicos

Reconoce los efectos perjudiciales de las pautas de consumo y producción sobre los recursos mundiales y el medio ambiente del planeta, así como los efectos del crecimiento de la población.

v Integra las políticas relativas a la población en políticas de desarrollo diseñadas para eliminar la pobreza, lograr la equidad, respetar los derechos humanos y proteger el medio ambiente.
v Aplica explícitamente principios básicos de derechos humanos a las políticas y programas de población; rechaza la coacción (incluidos los incentivos o desincentivos), la violencia y la discriminación; y reafirma que todas las personas tienen derecho a servicios de buena calidad de atención de la salud.
v Detalla las acciones necesarias para lograr el fomento de la autonomía de la mujer en la vida política, social, económica y cultural de su comunidad, y no simplemente mejorar la condición y el papel de la mujer.
v Reconoce el papel central que tiene la sexualidad y las relaciones entre mujeres y hombres en lo tocante a la salud y los derechos de la mujer.
v
Afirma que los hombres deberían asumir responsabilidad por su propio comportamiento sexual, su fecundidad, la transmisión de enfermedades de transmisión sexual y el bienestar de sus compañeras y de los hijos y las hijas que procrean.
v Define los servicios de la salud reproductiva y sexual y exhorta a proveer servicios e información integrales de buena calidad para todos, incluidos los y las adolescentes.
v Reconoce que el aborto en condiciones no adecuadas es un grave problema de salud pública y exhorta a los gobiernos a reducir la incidencia del aborto en condiciones no adecuadas, asegurar que los servicios se presten en condiciones de seguridad cuando no están prohibidos por la ley, ofrecer asesoramiento fiable y comprensivo a todas las mujeres que tengan embarazos no deseados y proveer asistencia humanitaria a todas las mujeres que padezcan las consecuencias de abortos practicados en condiciones no adecuadas.

Fuente: Germain, Adrienne; Kyte, Rachel, El Consenso de El Cairo: El Programa acertado en el momento oportuno. Nueva York, International Women’s Health Coalition, 1995.


“El documento de El Cairo reflejó la oportuna concientización de la comunidad internacional en cuanto a la interdependencia entre las cuestiones relativas a la población y los retos del desarrollo sostenible. De manera consensual, los gobiernos definieron principios y acordaron en identificar estrategias e implementar acciones en diversos sectores, particularmente en el de la salud y de la educación, de acuerdo a la premisa fundamental según la cual la estabilización de la población mundial se podrá mejor alcanzar a través de la promoción de los derechos humanos, con especial atención al ejercicio libre y responsable de los derechos reproductivos, asociado al desarrollo”.

Intervención de la Delegación de Brasil en la reunión de CEPAL.



“El Programa de Acción de El Cairo y los Objetivos de Desarrollo del Milenio son complementarios. El Programa de la CIPD prioriza el acceso universal a la salud reproductiva así como intervenciones en áreas sociales y del comportamiento humano (incluyendo el empoderamiento de la mujeres y los adolescentes, la educación sexual, la prevención del embarazo adolescente, la violencia y el abuso sexual)... Estoy convencida que el acceso universal a la salud sexual y reproductiva, así como el acceso a la educación y la mejora en la oferta de empleo, pueden contribuir eficazmente a evitar el ciclo de pobreza en el que se encuentran miles de mujeres y adolescentes en esta región. La decisión de tener o no hijos y cuándo tenerlos, la igualdad de género, una vida libre de violencia y coerción sexual, no sólo son derechos humanos fundamentales sino también factores claves en las políticas de reducción de la pobreza”.

Intervención de Marisela Padrón, Directora de la División de América Latina y El Caribe del FNUAP, en la reunión de CEPAL. En: Revista Mujer Salud. Santiago, enero-marzo 2004. Nº1, p. 3-7