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Diario Clarín, Buenos Aires a través de RIMA
22 de julio de 2004
Un "Nunca más" para la mortalidad materna
La Ley de Salud Reproductiva es un giro copernicano sobre el tema,
pero hay
que avanzar en la garantía de tales derechos.
por Silvina Ramos. (Socióloga, especialista en
salud reproductiva - CEDES)
Cada minuto muere una mujer por complicaciones del embarazo, parto
y
puerperio en el mundo. Entre todas, alcanzan a 529.000 muertes
evitables al
año.
Este es el mensaje principal con el que se acaba de conmemorar el
11 de
julio, Día Mundial de la Población, que este año coincidió con el
décimo
aniversario de la Conferencia Internacional de Población y
Desarrollo de El
Cairo, cuyo programa de acción fue suscripto por 179 países.
Como resultado de la aplicación de este Programa de Acción, muchos
países,
entre ellos el nuestro, promulgaron leyes y diseñaron políticas
dirigidas a
garantizar los derechos reproductivos de la población a través del
acceso a
servicios de salud reproductiva como parte de la atención primaria
básica de
salud, promover la protección de los derechos de las mujeres y las
niñas
violencia basada en el género y también contribuir a la prevención
del
VIH/SIDA.
El objetivo central del Programa de Acción de El Cairo es salvar y
garantizar la vida . Sin embargo, es frecuentemente distorsionado
en su
presentación ante la opinión pública, especialmente en aquellos
países que
la jerga internacional llama "menos desarrollados". Una interesada
e
irresponsable ligazón entre los objetivos del Programa de Acción
de El Cairo
y la promoción del aborto tiene por objeto oscurecer el hecho de
que el
acceso a los derechos reproductivos es parte imprescindible de los
derechos
humanos para garantizar que mujeres y varones puedan decidir
libremente
cuándo y cuántos hijos tener.
Otra forma de oscurecerlo es vincular el ejercicio de estos
derechos
personalísimos con cuestiones de soberanía y dinámica de población
que
anteponen las proyecciones demográficas al ejercicio de los
derechos humanos
de los ciudadanos y ciudadanas.
Digamos también que la década de implementación del programa
arrojado importantes logros en materia de mejoramiento de las
condiciones de
vida muy especialmente de los pobres del mundo y, entre ellos
particularmente de las niñas y mujeres no se desarrolló en un
contexto
internacional favorable para estas causas. Por el contrario, los
fundamentalismos religiosos y políticos se han ensañado con su
puesta en
marcha y con los organismos internacionales que tienen a su cargo
la
vigilancia de su seguimiento.
Según el editorial del New York Times del 5 de julio, el gobierno
de Estados
Unidos retiró el financiamiento gubernamental que el país le
proporcionaba
al FNUAP este año reitere el bloqueo de los 34 millones de dólares
que le asignó el
Congreso. Aún más, amenaza con retirarle el financiamiento a otras
agencias
como la OMS y UNICEF si continúan sus planes de trabajo con el
FNUAP. Agrega
el diario que también se ha cortado el financiamiento para una
conferencia
internacional de salud, como represalia por la inclusión de
oradores de este
organismo de Naciones Unidas y de la IPPF (International Planned
Parenthood
Federation). Una vez más, el leit motiv de la defensa de la
familia y la
lucha contra el aborto se utiliza para bloquear las acciones y
políticas que
han probado ser las más eficaces para atender las necesidades de
salud
reproductiva y para respetar los derechos humanos de la población.
Aunque la presión fundamentalista se hace notar, las voces que
abogan en la
dirección contraria se escuchan cada vez con mayor energía. Este
año se ha
revisado el cumplimiento del Programa de Acción de El Cairo y
todas las
regiones del mundo han endosado su importancia.
En la reunión del Trigésimo Período de Sesiones de la CEPAL,
realizada
semanas atrás en San Juan de Puerto Rico, las delegaciones
oficiales de
todos los países del continente hicieron propio el consenso de
Santiago de
Chile, de seguimiento de El Cairo, previamente elaborado en el
marco de la
Comisión de Población y Desarrollo de ese organismo. Este acuerdo
significa
redoblar los esfuerzos por dar cumplimiento a los compromisos
asumidos a
mediados de los noventa, respetando los derechos reproductivos de
la
población a través de la implementación de políticas y programas
de salud
reproductiva. Por otra parte, en el año 2000, los organismos del
sistema de
Naciones Unidas y los gobiernos destacaron la centralidad de la
agenda de El
Cairo al incorporar sus objetivos a las Metas de Desarrollo del
Milenio,
incluyendo la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la
educación
básica universal, la igualdad de género, la reducción de la
mortalidad
infantil y materna, y el combate al VIH/SIDA, entre otras
enfermedades
infecciosas.
Aunque en nuestro país la implementación de la Ley de Salud Sexual
y
Procreación Responsable constituyó un giro copernicano y se han
comprometido
esfuerzos sistemáticos para garantizar el acceso de la población a
servicios
de salud reproductiva, dos semanas atrás en el Gran Buenos Aires
murieron
dos jóvenes de 24 y 25 años por complicaciones derivadas de
abortos
clandestinos y por ello inseguros. Alrededor de 100 mujeres mueren
por
complicaciones de abortos anualmente en nuestro país. Una de
ellas,
confirmando lo que ya sabemos acerca del aborto como alternativa
de control
de la fecundidad, especialmente cuando no hay acceso a métodos
anticonceptivos, estaba llevando adelante su cuarto embarazo.
Estas muertes
maternas eran evitables.
Reforcemos entonces nuestro compromiso para seguir trabajando en
dirección a
garantizar los derechos reproductivos . Este es el camino seguro
para decir
"nunca más" a la mortalidad materna. Las mujeres de nuestro país,
especialmente las mujeres pobres, lo necesitan, lo merecen y
tienen derecho
a la vida.
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