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Mujer SaludHable
Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe
8 DE MARZO
DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER
LAS MUJERES COMO SUJETAS DE
DERECHO EN SALUD
Profundas transformaciones ha experimentado la condición de la
mujer en las
últimas décadas. En los casi cien años en que el mundo conmemora
el Día
Internacional de la Mujer es posible constatar avances, muchos de
ellos de
trascendencia para su inserción más igualitaria en la sociedad, en
especial
en lo que se refiere al goce de ciertos derechos civiles,
políticos y
económicos. Esto ha sido herencia y fruto de las luchas valerosas
de las
pioneras del feminismo internacional, huella que ha sido recorrida
por miles
de mujeres en el siglo 20 y en el siglo que recién comienza, pero
cuyo
tránsito no ha estado exento de persecuciones, estigmatizaciones y
riesgos.
Por ello, la conmemoración de un nuevo 8 de Marzo nos permite
constatar que
la ciudadanía de las mujeres y el reconocimiento de sus derechos
humanos
están hoy más cercanos, pero, al mismo tiempo, que falta mucho
para llegar a
la ciudadanía plena. Y esto es especialmente evidente en lo que se
refiere
al derecho a la salud, uno de los terrenos donde se hacen más
evidentes las
inequidades y desigualdades entre los géneros.
El DERECHO A LA SALUD implica gozar del más óptimo estado de
bienestar
físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad
o
malestar. ¿Cómo podemos ser titulares de este derecho y llegar a
ser
ciudadanas en salud si aún enfrentamos discriminaciones y
subordinación,
violencias simbólicas y directas, y el control más despiadado y
persistente
sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas?
Ser ciudadanas con goce de derechos implica adoptar y ejercer en
igualdad de
condiciones y desde nuestra libertad, dignidad y autonomía,
aquellas
decisiones que estimamos adecuadas para nuestro proyecto de vida,
sin
sufrir ningún tipo de discriminación, coerción o violencias. Como
por
ejemplo, optar por un aborto seguro, legal y sin riesgos; elegir
una
maternidad voluntaria y gozosa; asumir una sexualidad que se aleja
del
modelo heterosexual; rechazar cualquier papel asignado
culturalmente si no
nos parece grato.
Las mujeres, en particular, enfrentamos hoy grandes dificultades
para
ejercer nuestro derecho ciudadano a la salud y para que se
escuchen nuestras
demandas. Pues aun cuando estamos insertas en mayor medida en el
mundo
público que hace décadas, la toma de decisiones y el ejercicio del
poder
sigue teniendo un rostro masculino.
Por otra parte, vivimos en la actualidad un proceso de
restricciones
crecientes y de empobrecimiento generalizado como consecuencia de
modelos
económicos neoliberales que no han hecho sino profundizar las
brechas entre
países, y al interior de los mismos. Este sistema excluyente y
despiadado ha
determinado que los pobres sean cada vez más pobres, y que los
ricos
aumenten su capital escandalosamente. Y somos las mujeres las que
ostentamos
el triste record de ser las más pobres entre los pobres, las más
marginadas
de la sociedad y las más alejadas de los beneficios del
desarrollo.
Como toda política social sectorial, la salud está condicionada
por las
políticas macroeconómicas. Por lo tanto, estas restricciones que
la pobreza
impone sin duda afectan al acceso universal a la atención de salud
y
determinan una crisis en los servicios. Al mismo tiempo, el Estado
abandona
progresivamente su rol social en esta y otras áreas, dejando de
cumplir
obligaciones y responsabilidades hacia la ciudadanía. Por ello,
las mujeres,
como principales usuarias de los servicios públicos de salud,
accedemos a
una atención de salud que no se caracteriza ni por su calidad ni
por sus
recursos.
Los procesos de reforma sanitaria tampoco han sido favorables para
nosotras,
por el contrario, al carecer en sus contenidos fundamentales de un
eje
centrado en la equidad de género y al no promover la
transversalización de
este enfoque en las políticas de salud, muchas veces no han hecho
sino
profundizar las inequidades del sistema.
Por otra parte, proliferan en nuestros países los sistemas de
salud
privatizados que venden una mercancía llamada salud, pero solo a
quienes
pueden pagarla. Y una de las características de este sistema
mercantilizado
es el castigo que imponen al potencial reproductivo de las mujeres
en los
planes de salud privados, donde la maternidad se paga muy cara.
Gran
incoherencia en sociedades donde a las mujeres se les impone ser
madres, por
sobre todas las cosas y aun a costa de sus vidas.
En la sociedad persisten, además, obstáculos de índole cultural y
religiosa
que impiden a las mujeres el libre ejercicio de derechos, en
especial, en el
terreno de la sexualidad y la reproducción. Avances conceptuales
tales como
los DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS, reconocidos explícitamente
en las
Conferencias de El Cairo y Beijing, y que surgieron a partir de la
agenda
feminista, no han logrado insertarse cabalmente en las políticas
públicas de
los países por la acción obstaculizadora de poderes fácticos que
se oponen
persistentemente a cualquier paso en este sentido. Es así como el
fundamentalismo religioso y otros tipos de fundamentalismos han
sido y
siguen siendo la oscura barrera para cualquier visión integral de
la
sexualidad humana desde un enfoque de derechos, favoreciendo, por
el
contrario, la permanencia de represiones, ocultamientos y tabúes
en este
terreno, dirigidos en especial hacia las mujeres.
Por ello, este 8 de Marzo las mujeres exigimos nuestra CIUDADANIA
EN SALUD.
Hoy, con más fuerzas que nunca y haciéndonos eco de aquellas voces
precursoras de las feministas históricas, demandamos:
l
El derecho al acceso universal a información y servicios de
atención de la
salud gratuitos o de bajo costo y de buena calidad, en todo el
ciclo vital.
l
El derecho a una salud sexual y reproductiva sana y sin riesgos.
l
El derecho a conocer nuestro cuerpo y cómo funciona.
l
El derecho a ejercer una sexualidad sin riesgos ni consecuencias
indeseables
con quien deseemos, o a no ejercerla.
l
El derecho a sentir placer sin culpas.
l
El derecho a la libre opción sexual.
l
El derecho a una maternidad voluntaria y a decidir el número de
hijos e
hijas, cuándo tenerlos, o no tenerlos.
l
El derecho a estar informadas sobre regulación de la fecundidad
con métodos eficaces, seguros y asequibles.
l
El derecho a recibir atención de salud de calidad en el embarazo,
parto y
puerperio, para tener una maternidad segura.
l
El derecho al aborto seguro, legal y gratuito.
l
El derecho a compartir responsabilidades de la sexualidad y
reproducción con
la pareja.
l
El derecho a protegernos de infecciones de transmisión sexual,
incluido el
VIH/SIDA.
l
El derecho a una participación igualitaria de las mujeres en las
instancias
de decisión en salud.
l
El derecho a vivir libres de violencias.
La vida cotidiana de mujeres y niñas debe dar cuenta de una mayor
justicia y
equidad en el goce del derecho a la salud y al bienestar,
potenciemos
nuestra participación social y nuestra voz política para lograrlo.
El nuestro día internacional, las mujeres decimos:
NO A LA GUERRA, SI A LA PAZ, LA SOLIDARIDAD Y LA JUSTICIA SOCIAL Y
ECONOMICA
SI A LAS RELACIONES ETICAS ENTRE LOS PUEBLOS
POR EL DERECHO A LA SALUD COMO UN DERECHO HUMANO
POR EL DERECHO A VIVIR LIBRES DE VIOLENCIAS
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