Cuando el abuso se pretende derecho de pernada1
Andrea D'Atri
27/2/02
La Verdad Obrera Nº 116
El abogado salteño Simón Hoyos ya había pasado por los tribunales,
en dos ocasiones, por delitos sexuales. En una de las causas fue
sobreseído; la otra, directamente, no prosperó.
Hoy, cuando el escándalo y el horror de haberlo encontrado en un
hotel alojamiento con una niña de 8 años sacuden al país, las
denuncias en su contra de otras jóvenes y mujeres adultas que han
sido sus víctimas en la niñez o la adolescencia, se multiplican.
"Está mal que haga eso, pero es el patrón"
Una mujer de 34 años denunció que Hoyos la violó a la edad de 9
años y abusó de ella hasta los 13, cuando quedó embarazada. Una
hermana de la pequeña abusada recientemente, relató también ante
la Justicia cómo fue violada por el patrón a los 14 años, por
primera vez, y cómo el abuso se repitió en innumerables ocasiones.
Mientras tanto, otra ex - empleada del abogado relató que tuvo que
renunciar a su trabajo frente al acoso permanente que el patrón
ejercía sobre su hija, la que ahora se presume fue violada a los
12 años.
La madre de una de las víctimas denunció que sus compañeros de
trabajo, en la finca tabacalera de Hoyos, sabían lo que había
sucedido, pero nadie quería hablar por temor. El mismo capataz le
habría sugerido: "Tené cuidado, el doctor es muy poderoso. Está
mal que haga eso, pero es el patrón".2 En su
relato agrega: "el capataz me inculcaba que los que jodían mucho
terminaban en el horno de la calera. Yo temorizo hasta hoy, porque
ése no era rumor, era verdad. Porque hay varios desaparecidos
allí."3
Todas las historias de abusos cometidos por el abogado salteño se
inscriben bajo las mismas características: relaciones laborales,
pobreza, temor, amenazas.
Mujeres solas, esclavizadas en la recolección del tabaco, en las
tareas domésticas, acostumbradas a la humillación y al silencio a
fuerza de amenazas terroríficas y con el horizonte de la pobreza,
el hambre o directamente el asesinato mafioso y la desaparición,
son las involuntarias protagonistas de estos hechos que hoy nos
escandalizan, pero que no dejan de ser lamentablemente cotidianos
en el transcurrir de sus vidas privadas.
Del otro lado, Hoyos, un hombre del poder. Un profesional que
tiene fincas, caleras, se dedica al cultivo del tabaco y tiene
relaciones con políticos y otros personajes de la burguesía
salteña. Relaciones que le permitieron seguir delinquiendo con
total impunidad, sin que nadie tuviera en cuenta las denuncias por
violación y estupro que pesaban en su contra desde 1982. Un
empresario también habituado a la explotación del trabajo
infantil, a la humillación y el castigo físico de los
trabajadores.
"Está mal que haga eso, pero es el patrón", es una frase que
resume crudamente las formas violentas que adquiere la relación
entre la clase y el género si tenemos en cuenta que estas niñas
hijas de trabajadoras rurales o domésticas son, junto a sus
propias madres, las víctimas de un empresario, terrateniente que
explota, abusa física y psicológicamente y puede violar
impunemente gracias a su status social. Un hombre de la patronal
salteña que se refirió a sus víctimas con desprecio y manifestando
sorpresa por tanta preocupación, si después de todo sólo se
trataba de "chinitas".4
El silencio de las inocentes
No todos los casos tienen la resonancia que tuvo el caso Hoyos. La
mayoría de las veces, el abuso sexual infantil transcurre en el
silencio más absoluto. Según indicadores internacionales, el 95%
de los abusadores infantiles fueron abusados durante su niñez, el
80% de los/as niños/as que se fugan de sus casas citan al abuso
como causa de su fuga.5
La psicóloga Liliana Pauluzzi, especialista en abuso infantil
señala: "Cuando la infancia, etapa fundacional para una posterior
salud adulta, es cercenada desde todo punto de vista por las
condiciones de precariedad en la cual se desarrolla, victimizada
material, emocional, física y sexualmente, los resultados son
múltiples y diversos en cuanto al daño psíquico de la criatura
humana."6
Las respuestas también varían según el género de la víctima,
"mientras en los hombres las consecuencias del maltrato vivido en
la infancia van a proyectarse hacia afuera, en las mujeres, las
graves injusticias y agresiones infligidas en la infancia, tendrán
otro destino en el futuro, dada la imposibilidad de defenderse y
articular su rabia y su dolor, estas experiencias no podrán ser
integradas en su personalidad y la hostilidad conciente o
inconsciente se dirigirá contra sí misma, bien contra su cuerpo
(somatizaciones crónicas, dipsomanías, drogadicciones, comer
compulsivo o falta de apetito etc.) o hacia quienes consideran
parte de ella misma, su descendencia."7
No querer ver, permanecer callados frente al horror del abuso
infantil es otra forma de revictimizar a las inocentes víctimas de
una sociedad basada en la explotación de todas las desigualdades.
1 Derecho que se atribuían los señores feudales de abusar
sexualmente de las mujeres de su territorio a punto de casarse,
antes que tuviera relaciones sexuales con el futuro marido.
2 Diario Página 12
3 Id.
4 Diario Página 12; 16/02/03; "Para las chinitas sólo hay Hoyos"
5 Fondo Mundial para la Dignidad de Niños y Niñas
6 Pauluzzi, L.: "Salud, pobreza, infancia y mujeres", publicado en
www.isabelmonzon.com.ar
7 Id.
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