Ciudadanía y salud de las Mujeres
Por Nancy Palomino*
Modemmujer , 19 de Noviembre de 2002
Introducción
El alcance de esta presentación sobe el trabajo de las mujeres en
salud tiene como referencia directa mi experiencia personal como
feminista peruana comprometida con la salud y los derechos de las
mujeres. Voy a intentar presentar algunos de los esfuerzos de los
movimientos por la salud de las mujeres en perú, y de manera
general, en la región.
En América Latina, el movimiento por la salud de las mujeres se
conforma de cientos de grupos , colectivos feministas y ONG así
como por mujeres de liderazgo y académicas. Lo integran las
profesionales de las ciencias de la salud, educadoras,
comunicadoras,
cientistas sociales, psicólogas, demógrafas, polítologas,
trabajadoras sociales, arquitectas, economistas, abogadas,
historiadoras y
artistas. Pero también forman parte las promotoras comunitarias de
salud, las parteras tradicionales y todas aquellas involucradas
en distintas acciones por la salud de las mujeres.
Cuerpos situados
El movimiento de salud de las mujeres en América Latina y, en
particular el movimiento feminista, ha contribuido en las últimas
décadas a llamar la atención sobre la especificidad de la salud de
las mujeres y a dotarla de nuevos contenidos, recreados a partir
de
su acción y de su práctica política. Se intenta formular una
visión más comprensiva, multidisciplinaria y holística, anclada en
las
necesidades e intereses, en las aspiraciones, derechos y
malestares de las mujeres.
La complejidad de la conceptualización de la salud de las mujeres
radica, en primer lugar, en que ser mujeres no es su única
condición, sino que sus múltiples identidades (género, ocupación,
edad, etnia, orientación sexual) establecen oportunidades y
limitaciones que producen y condicionan los procesos de salud y
enfermedad.
En segundo lugar, la salud nos remite a la corporalidad, pero se
trata de cuerpos situados, cuerpos donde se inscriben las
condiciones de vida, estilos de vida individuales y comunitarios y
también las construcciones culturales y simbólicas que predominan
sobre el cuerpo de las mujeres. Su condición de subordinación,
extensamente documentada, habrá de generar perfiles
epidemiológicos específicos, tanto los que se desprenden de las
diferencias bilógicas, sociales y culturales, como de aquellas
producidas desde su condición de género.
Una tercera cuestión es la dimensión política y ciudadana de la
salud de las mujeres y de la relación que ellas tienen con la
salud, en
tanto se reconocen como sujetas con derechos: el derecho a la
autodeterminación en las distintas esferas de su vida y
especialmente
en relación a la sexualidad y reproducción, y el derecho a
participar en políticas que afectan sus vidas y su salud. Esta
dimensión
cruza toda la acción del movimiento, des la producción de sus
conocimientos hasta la defensa de sus reivindicaciones y la
formulación de propuestas.
El feminismo en Perú resurge a fines de la década de los años 60
ligado a la nueva izquierda. Fue entonces que construyó una
crítica muy profunda a los partidos políticos y a los movimientos
de la época, considerando que según sus bases filosóficas y
doctrinarias las mujeres no eran consideradas como sujetos. Estuvo
formado por mujeres intelectuales y profesionales con grandes
inquietudes políticas y sociales. Esta opción determinó que muchos
de los grupos que nacieron estuvieron en vínculo y relación con
la que se llamó la vertiente popular del movimiento de mujeres.
En los años 80, el acercamiento con mujeres de sectores populares
y confluyente con las estrategias de atención primaria diseñadas
en Alma Ata para lograr salud para todos en el año 2000,
cuestionaba la utilización del trabajo gratuito de las mujeres en
situaciones de pobreza para los programas de salud y alimentación
estatales, cuestión que ha seguido funcionando hasta la
actualidad. Esta participación en la salud comunitaria no le ha
significado a las mujeres un mayor grado de poder político, a
pesar
de la capacidad de realizar grandes movilizaciones.
Desde el movimiento feminista acuñamos el concepto de "producción
cotidiana de la salud", en tanto la salud era definida como
estado de total bienestar y el cuidado por la recuperación era
asumido por la mayoría de las mujeres como parte de su rol
genérico.
Nos llamaba particularmente la atención que las mujeres no
reconocieran la importancia de su propia salud sino que más bien
tenían
un discurso volcado a las necesidades de salud de su familia e
incluso de la comunidad.
Visibilizar el aporte de las mujeres, principalmente de sectores
populares, contribuyó a valorar dicho aporte y mejorar su estima
personal y colectiva, pero se dejaba de lado las responsabilidades
masculinas y las responsabilidades estatales respecto de la salud.
En este sentido, el enfoque de género contribuyó a mantener una
mirada más integradora de los procesos. En los últimos años se
han realizado importantes investigaciones sobre masculinidad y
salud sexual y reproductiva de los varones, lo que nuevamente nos
obliga a remirar la salud de las mujeres para que no se pierda su
especificidad.
Una influencia pionera en la región fue la experiencia del
movimiento de mujeres de Brasil que formuló el Programa de
Atención
Integral a la Salud de la Mujer, PAISM, enfatizando que la salud
era uno de los campos de acción política de las mujeres. Por otra
parte los grupos de autoayuda de Taller de Salud de Puerto Rico y
el aporte de las mexicanas y sus metodologías feministas,
inspiraron la acción creativa del movimiento por la salud de las
mujeres que surgió en todos los países de la región.
Emergiendo desde el movimiento por los derechos humanos de las
mujeres, se visibilizó la violencia con sesgo de género en
campañas anuales efectuadas alrededor del 25 de noviembre,
establecido como un día de sensibilización sobre esta
problemática. Y
hace unos pocos años se avanzó al reconocimiento de la violencia
contra las mujeres como un problema de salud pública.
Ya muchas organizaciones de mujeres, entre ellas la Red de Salud
de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, RSMLAC, habían
comenzado a trabajar sobre los efectos de la violencia de género
en la salud femenina y acerca de la necesidad de desarrollar una
cultura de tolerancia cero respecto de este fenómeno.
Un libro que nos ayudó a cambiar la forma de pensar la salud de
las mujeres fue, por otra parte, "Nuestros Cuerpos, Nuestras
Vidas" de las Colectiva de Mujeres de Boston que llegó a Perú en
español a inicios de la década de los 80. Este fue una guía
fundamental para cuestionar el saber médico y apropiarnos de un
conocimiento construido por mujeres con las que sentíamos gran
afinidad, a pesar de ser parte de contextos culturales diferentes.
En esta línea, otro de los campos de preocupación de activistas en
investigadores en la región ha sido la recuperación de los
conocimientos de las mujeres en salud, por ejemplo el de las
parteras tradicionales y de la terapeutas populares que usan
yerbas
medicinales.
Existen zonas del país donde las mujeres no acuden a los servicios
de salud para la atención de los procesos de gestación y parto,
sino que encuentran en las parteras tradicionales y en su atención
domiciliaria una mejor comprensión de sus necesidades.
Énfasis en lo sexual y lo reproductivo
Los temas vinculados a la sexualidad y la reproducción cobraron
más importancia en los últimos 20 años. Por un lado la pandemia
del SIDA obligó a realizar investigaciones para producir datos
empíricos sobre los comportamientos y las culturas sexuales de
toda
la población plausible de estar expuesta. Por otra, las
Conferencias de Naciones Unidas, y consenso internacional sobre
los
derechos reproductivos, la equidad de género y el empoderamiento
de las mujeres fueron el resultado de la apertura de nuevos
espacios en los que la acción coordinada del movimiento de salud
de las mujeres logró capitalizar para colocar sus propuestas y
demandas políticas.
La ampliación de los derechos humanos para que incluyeran los
derechos sexuales y reproductivos constituyó un reto histórico
tanto para el movimiento de salud de las mujeres y el movimiento
gay - lésbico, como para quienes hacen teoría en el campo de los
derechos humanos. Se trato de encontrar los puentes y
articulaciones del enfoque de los derechos con el quehacer en las
políticas
en salud, de un lado, y por otro, la vida cotidiana y las
necesidades de la gente, los intereses y las demandas de las
mujeres del sur y
de las mujeres del norte.
La sexualidad y la reproducción son centrales en la vida cotidiana
de las mujeres y también son objeto de políticas nacionales e
internacionales y son campos sensibles donde actúan diversos
actores políticos e intereses de instituciones, por ejemplo, la
iglesia
Católica en América Latina.
Las políticas de salud como control de los placeres de los
cuerpos, operan restringiendo y normando la vida cotidiana de la
gente y
específicamente de las mujeres, quienes además deben someterse a
los preceptos de ser atractivas de acuerdo a cánones de belleza
imperantes. El fantasma del Sida y el embarazo no deseado vienen a
actuar como nuevos controles acompañados del estigma social
y censura sobre la expresión sexual.
De lo emocional a lo internacional
En el proceso de reconocimiento de derechos a la salud y los
derechos sexuales y reproductivos, las redes regionales e
internacionales de mujeres han tenido un impacto decisivo al
colocarlos en la agenda pública internacional, y este es el caso
de la
Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, RSMLAC.
La RSMLAC cumple ya 18 años desde su fundación en el Primer
Encuentro Regional Mujeres y Salud, en Tenza, Colombia,
realizado en 1984. Nace como un medio para unir los esfuerzos de
las activistas feministas y sus organizaciones en América Latina y
el Caribe. Como recuerda Olga Amparo Sánchez en su balance a 10
años de su fundación, la red nace para:
l Recuperar el cuerpo de las mujeres como un espacio para el
ejercicio de la autonomía.
l Apropiarse de la sexualidad como un acto de recreación de la
propia vida.
l Democratizar el conocimiento: cuestionar la medicalización del
cuerpo y los procesos vitales de las mujeres.
l Exigir servicios adecuados a los intereses y necesidades de las
mujeres.
l Exigir el respeto de los programas de población al derecho de las
mujeres a elegir libremente el método de regulación de su
fecundidad y del numero de hijos/as.
Rescatar el conocimiento y los saberes de las mujeres sobre la
salud
La RSMLAC a través de sus acciones fue dándole contenido a una
propuesta estratégica que tiene entre sus objetivos principales
actuales el contribuir a legitimar el concepto, la defensa y el
ejercicio de derechos sexuales y reproductivos, los cuales, sin
excluir
otros temas, han sido centrales en su acción por la salud de las
mujeres.
Una estrategia exitosa y constante estuvo basada en su acción
comunicativa constante a través de un boletín, luego revista
periódica, que se propuso estar al servicio de los grupos que en
la región trabajaran y se comprometieran con la salud de las
mujeres.
Contribuyó a dar visibilidad a diferentes expresiones del
movimiento por la salud de las mujeres de la región en tanto que
sus
páginas funcionaron como una tribuna abierta de opinión para que
los grupos compartieran sus experiencias y reflexiones, y como
un medio a través del cual los grupos se pudieran reconocer entre
sí a través de sus campos específicos de interés. Los primero
boletines incluían una ficha técnica de los grupos de América
Latina y el Caribe e invitaban a formar una trama de relaciones
entre
organizaciones en sus múltiples áreas de interés.
La otra estrategia fue la relación estrecha de la red con otras
redes e inciativas mundiales en campañas y otras acciones de lobby
internacional. Una de ellas, constante desde 1987, ha sido la
Campaña por el Día Internacional de Acción por la Salud de la
Mujer,
realizada cada 28 de mayo en coordinación con la Red Mundial de
Mujeres por los Derechos Reproductivos. Los llamados a la
acción durante los primeros ocho años se centraron en la
morbimortalidad materna (con enfoques en la magnitud,
subestimación y
evitabilidad de la mortalidad materna, embarazo adolescente no
deseado, romper el silencio sobre el aborto, acceso a aborto
seguro
y legal, impacto de la pobreza en la salud). A partir de la
evaluación realizada en 1996, la campaña en América Latina y el
Caribe se
dirigió a enfatizar el ejercicio de los derechos sexuales y
reproductivos, con llamados a la acción específicos, tales como la
calidad de
la atención; información y servicios de salud sexual y reproductiva para jóvenes; y la salud de las mujeres como derecho
ciudadano.
Este se refiere no solo al derecho de las mujeres a la salud sino
a la legitimidad de participar en la definición de las políticas
que
afectan la salud y la vida de las mujeres y de la población en
general.
La participación de la RSMLAC en el proceso preparatorio y
seguimiento de los acuerdos de la Conferencia Internacional sobre
Población y Desarrollo, CIPD (El Cairo, 1994), tuvo un gran
impacto en la región en tanto se constituyó en un espacio de
articulación para diferentes expresiones del movimiento y de las
ONG de la región para hacer lobby y advocacy por los derechos
reproductivos y sexuales de las mujeres. Además contribuyó con la
construcción de argumentos técnicos, de interlocución e
influencia política y de proyección político pragmática para un
numeroso grupo de sus integrantes.
Después de la CIPD, la RSMLAC se propuso impulsar el seguimiento
de la implementación de su Programa de Acción incluyendo
el monitoreo ciudadano del mismo en cinco países de la región:
Brasil, Chile, Colombia, Nicaragua y Perú, iniciativa a la que
posteriormente se unieron México y Suriname. La certeza de esta
necesidad estaba basada en la tendencia de nuestros gobiernos
de firmar acuerdos y convenciones sin compromiso político para dar
prioridad a su ejecución. Este proyecto de la red ha logrado
como resultado construir un sistema de indicadores en base a ejes
temáticos para producir información comparable para el
seguimiento de los acuerdos de loa países. Estos son:
l Violencia sexual contra las niñas.
l Responsabilidad masculina respecto de la sexualidad y
reproducción.
l Participación del movimiento de mujeres en instancias de
decisión referidas a políticas y programas de población y
desarrollo.
l Educación y servicios de salud sexual y reproductiva para
adolescentes.
l Calidad de atención en salud sexual y reproductiva de las
mujeres.
l Atención humanizada del aborto complicado realizado en
condiciones inseguras.
l Prevención y atención integral para personas portadoras de
VIH/SIDA.
Los ejes se eligieron en consideración a la valoración de la
importancia de los temas tanto en la sociedad civil como en los
gobiernos,
que plantearan las necesidad de sensibilización en cuanto al
abordaje político programático, que establecieran la necesidad de
cambios culturales y de roles, y que abarcaran la salud y los
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en todos los
momentos
de su vida.
El seguimiento de estos acuerdos no es tan fácil, aún cuando ha
tenido importantes resultados y ya se cuenta con una base de datos
y una metodología que ha sido creada y apropiada por las
organizaciones participantes.
Entre los discursos y la práctica
La ampliación de la comprensión de los derechos humanos en los
foros internacionales no ha estado acompañada de cambios
sustantivos en lo que se refiere al autoritarismo y la fragilidad
de las instituciones democráticas en buena parte de los países de
la
región. Esta situación hace que se viva la tensión entre los
discursos democráticos y las prácticas autoritarias, por un lado,
y el
problema estructural de inequidad social y de género no resuelto,
por otro, todo lo cual debilita las bases de la ciudadanía y la
posibilidad del ejercicio de los derechos.
Ante el fracaso de los sistemas de representación ha crecido la
necesidad de potenciar la ciudadanía activa en la definición de
políticas y en el seguimiento y control de la ejecución de esas
políticas. La ciudadanía activa del movimiento de mujeres frente a
asuntos polémicos como el aborto ha encontrado en la oposición de
los grupos conservadores las limitaciones a su acción y
propuesta política.
Todavía la participación ciudadana de las mujeres en ámbitos de
decisión esta restringida en general a muy pocas mujeres, líderes
de
ONG, y generalmente, pertenecientes al sector intelectual o a
partidos políticos. Un importante contingente de mujeres se ha
movilizado en situaciones de flagrante atentado contra los
derechos de las mujeres, como ha sido el caso de las
esterilizaciones
quirúrgicas en Perú, donde se han formado y generado diferentes
formas de vigilancia ciudadana de la calidad de los servicios y de
la
protección del derecho a decidir de las mujeres.
Lamentablemente, los temas reproductivos y sexuales son sumamente
sensibles y condicionados a las posiciones personales de
quienes tienen el poder en los gobiernos, y no ha políticas
institucionales. Se necesita estar muy alerta a los cambios de
conducción
que pueden variar desde políticas controlistas a políticas
pronatalistas.
El camino es arduo para permitir que se escuchen las voces de las
mujeres, pero también es necesario que esas voces sean
formuladas autónomamente.
Nota:
1. Este trabajo se presentó en el coloquio "Defining Women's
Health: an Interdisciplinary Dialogue", realizado en Boston,
Estados Unidos, el 4 de mayo de 2002, con la organización de
Women's Studies y Radcliffe Institute for Advanced Studies,
Harvard University.
* La autora es miembra del Consejo Directivo de la RSMLAC y
asociada del Centro de la Mujer Peruana "Flora Tristán", es
Coordinadora de la Unidad de Sexualidad y Salud Reproductiva de la
Facultad de Salud Pública y Administración de la Universidad
Peruana Cayetano Heredia (UPCH), investigadora principal para Perú
del Estudio Multicéntrico sobre Violencia Doméstica y
Salud de las Mujeres, responsable de la investigación sobre
Derechos y Necesidades en Salud Sexual y Reproductiva en Mujeres y
Varones en dos ciudades de Perú; e integrante del Comité
Coordinador de la Maestría en Género, Sexualidad y Salud
Reproductiva de la UPCH.
Artículo tomado de la Revista Mujer Salud de la Red de Salud de
las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe RSMLAC, 2/2002.
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