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A propósito de la sanción de la Ley de Salud Reproductiva

Anticoncepción y Prácticas Ancestrales

Celebro y felicito a las mujeres y ongs. que trabajaron por la Ley de Salud Reproductiva sancionada recientemente por el Senado de la Nación (en Argentina). Y aún cuando la ley contenga algunas parcialidades es un gran logro para todas gracias a la persistencia de las agrupaciones y mujeres que lucharon sin bajar los brazos.
Celebro esta ley, porque, de alguna manera, nos devuelve una ancestral práctica femenina en América latina y de otras partes del mundo donde médicas y chamanas aborígenes que veneraban a las Diosas conocían y utilizaban plantas anticonceptivas, poniéndolas a disposición de las mujeres que las necesitaban.
Algunas de esas hierbas anticonceptivas aún hoy día llevan el nombre de la Diosa como sucede con la "artemisa", una planta originaria de Crimea donde la Triple Diosa Luna era venerada en el templo de Táuride.
En su faz de Virgen o Anciana (creciente o menguante), la Diosa Luna expresaba la libertad sexual de las mujeres que no se embarazaban, así como en su faz de Madre (luna llena) celebraba la maternidad de la mujer.
La artemisa y otras plantas anticonceptivas impedían la anidación o hacían volver la menstruación en los primeros meses de lunas sin sangrado. En muchos casos la misma planta anticonceptiva era utilizada por las parteras para dilatar y ascelerar el parto.
De esta manera, en los cultos de las Diosas aborígenes y prepatriarcales, la maternidad y la anticoncepción no eran posibilidades opuestas sino complementarias, dándoles a ambas un contenido sagrado y teológico que a penas podemos imaginar desde la mentalidad occidental y cristiana.
En su aspecto de Virgen Ártemis o de Anciana Hécate, la Diosa Luna aparece como protectora de las parteras y los recién nacidos pero ni Ártemis ni Hécate tienen hijos propios ni aparecen embarazadas en sus templos, siendo sexualmente activas (no crean en la "virginidad" de abstinencia sexual de Ártemis, ésa es una deformación de los poetas de la edad clásica).
Ártemis y Hécate son además las patronas de médicas, chamanas y brujas que utilizan hierbas para sanar, para parir y para la anticoncepción.
Estos dos aspectos de la Diosa Luna nos dicen que las jóvenes que tenían actividades sexual no se embarazaban hasta formar una pareja más o menos estable y fundar una familia matrilineal. También las mujeres de mediana edad y las mayores evitaban la concepción para dedicarse a actividades productivas, artísticas, sanadoras, sacerdotales o chamánicas disponiendo de todo el potencial de sus energías y de sus conciencias para dichas actividades, sin renunciar a la sexualidad considerada como fuente esencia para dichas actividades. Actualmente, una mujer chamán en una comunidad aborigen rara vez tiene más de dos hijos, especialmente si su comunidad no está invadida por la cultura y religión patriarcal.
Las plantas y preparados anticonceptivos aborígenes también estaban al alcance de las mujeres que optaban una o varias veces por la maternidad. Esto responde a que la mujer aborigen en culturas agrícolas no es una madre encerrada en la casa y rodeada de niños a la espera del sustento traído por el marido.
Muy por el contrario, es activa y se desempeña como cosechadora, artesana, maestra, sanadora, chamán, etc. dentro y fuera del hogar. Las mujeres sabían que era un número limitado de hijos pueden desarrollarse mejor que una cantidad desproporcionada que hiciera tambalear los recursos y sobrevivencia de la comunidad toda. Las plantas anticonceptivas incluso eran usadas por mujeres con una familia matrilineal amplia donde abuelas, tías, hermanas, primas y parientes masculinos de la mujer compartían con ella la crianza y sustento de los hijos, posibilitándole actuar e intervenir en numerosos asuntos de la vida familiar y comunitaria.
Por último, el conocimiento de plantas anticonceptivas era un saber que pasaba de una generación de mujeres a la siguiente sin la intervención de los varones y los que participaban del chamanismo de la Madre Tierra aprendían de las mujeres chamanes a usar esas hierbas en beneficio de las mujeres. Sin embargo, no siempre los chamanes varones sabían cómo usarlas.
En este sentido, no había un Dios o una autoridad masculina que prohibiera estas prácticas. Por el contrario, la Triple Diosa Luna permitía ambas posibilidades:la maternidad y la anticoncepción, ya que era la divinidad que representaba a las mujeres en todas sus capacidades, posibilidades y poderes.
Una última acotación: es curioso y hasta contradictorio que María, la madre de Jesús (utilizada por los católicos contra los derechos a la anticoncepción) sea una mujer que llegó a la tercera edad y sobrevivió a la muerte de su único hijo sin embarazos sucesivos. Los textos bíblicos no dicen una sola palabra sobre la falta de de embarazos de María ni cómo los evitó. En ningún pasaje se alude a una decisión de María de haber llevado una larga vida de abstinencia sexual.
(El pasaje de Mateo sobre los "hermanos de Jesús" no lo tomo en cuenta y no señalaría más que dos posibles hermanos además de lo dudosa de la expresión que en arameo podría aludir a los hijos de las hermanas o primas de María que se consideraban así mismos hermanos de sangre).
Más allá de "esta" falta de embarazos en la Virgen María, creo que es un grave error pensar que solamente una iglesia puede expresarse desde lo sagrado en temas como la anticoncepción y los derechos reproductivos.
El Dios de los católicos que prohibe a través de sus obispos y sacerdotes el acceso a la anticoncepción libre y responsablemente es, desde la perspectiva sagrada, una deidad entre muchas otras. Recordemos que no es la deidad originaria de América latina, ni la más antigua en el largo registro arqueológico y espiritual de la humanidad.
 

Analía Bernardo, periodista y escritora, experta en mitos y tradiciones de las Diosas
analiabernardo@yahoo.com

 

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