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Los gozos y las sombras(*)
por
Lilian Celiberti
En el decir de Rosi Braidotti “lo que el feminismo libera en las
mujeres es también su deseo de libertad, de levedad, de justicia y
de autorealización. Estos valores no son solamente creencias
políticas racionales, también constituyen objetos de intenso
deseo”.
Sin embargo, transformar el deseo en perspectiva política supone
construir una fuerza colectiva capaz de interpelar la cultura
dominante, de deconstruir el pensamiento bipolar y sus dicotomías,
y a la vez, insertar en el espacio público las necesidades e
intereses de las mujeres y sus múltiples agendas.
¿Cómo analizar, sin caer en dicotomías, lo que hemos logrado como
feministas, nuestras interrogantes y deseos, nuestros desafíos y
sueños?
Hablar de “nosotras” introduce desde el principio una
diversidad-pluralidad que hace añicos cualquier intento de asumir
en nombre colectivo las diversas estrategias y experiencias.
Haciendo esa salvedad, puedo ubicarme desde un “nosotras”,
acotado, contingente, histórico, que me incluye en primera
persona, para reflexionar sobre las preguntas planteadas por
“Jornal da rede” para este debate.
¿Hemos abandonado nuestra voluntad de subversión de los valores y
culturas tradicionales?
¿Hemos despojado nuestras luchas de su profunda subversión contra
las pautas culturales dominantes?
¿Hemos escondido el derecho al placer en un lenguaje de derechos
sexuales y reproductivos que engloba y no nombra?
¿Hemos dado escasa densidad al debate sobre la opción sexual?
¿Hemos elegido hablar de género abandonándonos como sujetos de la
lucha por la resignificación de nuestras múltiples identidades?
No sé como responder estas preguntas sin caer en falsas
contradicciones y simplificaciones, tan típicas del pensamiento de
izquierda de los años 70. Tampoco los feminismos en sus diferentes
corrientes, diversidades y posturas, han escapado a esa tentadora
opción simplista de oponer revolución a reformas, y esos debates
polarizados, se han convertido a su vez, en una trampa para
revisar nuestras prácticas.
Las diferencias de estrategias, enfoques y agendas nos condujeron
en algún momento a un debate sobre “identidad feminista”. Sobre
qué es y qué no es ser feminista. Y como sucede a menudo con las
discusiones simplistas y polarizadas, esto produjo una fractura de
las posibilidades de diálogo entre las diferentes corrientes.
¿Cúal es nuestra identidad feminista? El concepto de identidad al
que me afilio no es por cierto esencialista, es un concepto
estratégico y posicional como dice Hall. “Esa concepción acepta
que las identidades no son nunca unificadas, que ellas son, en la
modernidad tardía, cada vez mas fragmentadas y fracturadas; que
ellas no son, nunca, singulares, sino múltiplemente construídas a
lo largo de discursos, prácticas y posiciones que se cruzan y
hasta pueden ser antagónicas. Las identidades están sujetas a una
historicidad radical, constantemente en proceso de cambio y
trasformación”. S Hall (Identidade e diferença. Ed. Vozes 2000)
Siento que estar abiertas al cambio y la posibilidad de cuestionar
las premisas teóricas y práctivas de nuestro accionar político es
una de las mayores riquezas del pensamiento feminista.
Desde los 90, muchas de nuestras estrategias se orientaron hacia
los estados y a la implementación de políticas pública con el
objetivo y la necesidad, de incluir en el debate público sobre
democracia y ciudadanía, las dimensiones de equidad y justicia de
généro. De esas estrategias surgieron nuevos aprendizajes,
conocimientos, agendas, crecimientos cuantitativos y cualitativos,
pero también descubrimos, que algunos temas son más cómodos de
plantear y de luchar que otros, que algunas agendas encuentran
aliados y aliadas solidarios con mas facilidad que otros, y que lo
privado, cuanto más privado, mas cómodo es de vivir.
En las estrategias feministas hacia los estados y la sociedad, la
opción sexual formó parte de un listado temático, pero poco a poco
la lucha contra la violencia doméstica y de género o las acciones
positivas, fueron desequilibrando la agenda colectiva, e incluso
la lucha por los derechos sexuales y reproductivos, se centró más
en los reproductivos, que en los sexuales
Mientras tanto, en medio del movimiento, las mujeres aman a otras
mujeres mas o menos naturalmente, conformando una nueva forma de
vivir sin prejuicios ni intolerancias. Muchas lesbianas en la
vida, no son, sin embargo, militantes del movimiento lésbico y
sería interesante explorar mas a fondo la amplia gama de razones y
explicaciones de esta opción política. Puede ser que una búsqueda
en este sentido nos ayude a comprendernos mejor. Algunas
militantes lesbianas no son feministas y aún aquellas que son
feministas, cuestionan al movimiento de mujeres y feminista la
escasa visibilidad que la opción sexual y la crítica a la cultura
homo y lesbofóbica tienen dentro del movimiento.
Desde las múltiples miradas, todas tienen, tenemos, razón.
Pero lo central es cómo logramos revitalizarnos creativamente,
cómo damos un salto cualitativo desde la creatividad y la
imaginación política feminista para colocar nuevos ejes en los
debates, nuevos paradigmas civilizatorios que expresen esos deseos
de libertad, de levedad, de justicia y de autorealización.
Como en cualquier otro campo de la acción política o cultural
también la sexualidad, requiere de debates semánticos que
promuevan nuevos modelos o simbolos, requiere de identidades
móviles, de perfiles amplios y plurales, en definitiva más
flexibles y ambiguos, en el mismo momento en que debemos seguir
denunciando y desarmando el entramado represivo de las pedagogías
hegemónicas de la sexualidad.
La afirmación o el silenciamiento de otras formas de vivir y amar,
legitiman o marginan identidades y prácticas sexuales y, en ese
sentido, a pesar de los márgenes de libertad que las mujeres y las
feministas hemos conquistado, cierto silenciamiento colectivo
frente a las opciones sexuales, está aún marcado por el peso
estigmatizante que la visibilidad de esas opciones determinan. Sin
embargo, también somos portadoras política y teóricamente de un
debate sobre las identidades más flexible y dinámico y por qué no,
más desestabilizador y subversivo, identidades nómades,
trasmóviles, de múltiples conexiones que articulan las diferentes
dimensiones de clase, raza, género. Como expresa Guacira Lopes
Louro“ Os sujeitos deslizan e escapan das clasicaçoes em que
ansiamos por localizá-los. Multiplicam-se categorias sexuais,
borram-se fronteiras e, para aqueles que operam com dicotomias e
demarcaçoes bem definidas, essa plutralizaçao e ambiguidade abre
um leque demasiado amplo de arranjos sociais.” (O corpo
educado.Autêntica 1999)
Los desafíos de la diversidad sexual, como plantea Weeks, en vez
de disminuir irán en aumento, en consonancia con la mayor
complejidad y variedad de las opciones sexuales que han
conquistado el espacio público, cuestionando las formas de
producción de significados sobre los cuerpos, sobre el deseo y el
placer.
El reconocimiento creciente a la diversidad social y sexual, abre
espacios para nuevos discursos y nuevas conquistas colectivas, en
el mismo momento en que se ciernen sobre la humanidad nuevas
formas de fundamentalismo conservador, violento y guerrero.
Abrir las cabezas y los corazones a la multiplicidad de opciones
de vida, es una de los ejes de resistencia más grande que podemos
oponerle a la lógica del pensamiento único.
Este debate no es una simple articulación de las múltiples
identidades, es una invitación creativa a repensarnos, a renovar
consignas y prácticas y a colocar en el centro de la
profundización democrática, la libertad de las personas, su
corporalidad y su sexualidad, como el derecho básico a tener
derechos.
(*) Para leer otros artículos visita
www.articulacaodemulheres.org.br
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