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Las sociedades de convivencia y sus varias lecciones
por
Alejandra Sardá El proyecto de Sociedades de Convivencia fue presentado por la
diputada independiente y abiertamente lesbiana Enoé Uranga a la
Legislatura del Distrito Federal de México en febrero de 2001.
Desde el comienzo mismo, el proyecto contó con el apoyo de más de
180 organizaciones que trabajan en temas de diversidad sexual,
mujeres, salud, jóvenes, VIH/SIDA, etcétera. El proyecto fue
analizado exhaustivamente por la comisión de Derechos Humanos de
la Legislatura (que preside la propia Enoé). El dictamen final de
la Comisión -en el que se decía que el proyecto estaba en
condiciones de ser debatido por el plenario de la Legislatura y
votado - fue firmado por integrantes de todos los partidos con
representación parlamentaria en el distrito (PRI, PVEM, PT) salvo
el PAN (el partido del presidente Fox) que se pronunció siempre
activamente en contra del proyecto de ley.
En su versión final, el proyecto de Sociedades de Convivencia crea
una nueva figura jurídica que genera derechos de:
v alimentos (casa, vestido, comida y gastos médicos)
v Sucesión legítima
v Tutela legítima
v Permite regular los bienes patrimoniales como las/os integrantes
de la sociedad elijan hacerlo.
Las sociedades se pueden conformar entre cualesquiera dos personas
adultas (del mismo sexo o de distintos) que no estén casadas ni
sean parientes entre sí y que tengan capacidad jurídica plena. Se
requiere que hayan decidido vivir en un hogar común con voluntad
de permanencia y ayuda mutua. El trato sexual entre ellas no es
requisito.
La actividad a favor y en contra del proyecto fue muy intensa
desde el comienzo mismo. La iglesia católica y los grupos Pro-Vida
se aliaron con el PAN para acusar a las/os proponentes de la idea
de cuanta depravación fuera posible. El cardenal de la ciudad,
Norberto Rivera Carrera, llegó a decir que el proyecto permitía
que una persona "se casara con su perro" si así le placía.
Referencias al proyecto como un atentado a la familia y como el
primer paso de una escalada gay que no se detendría hasta la
adopción fueron elementos comunes a los discursos de los grupos
mencionados desde febrero de 2001 hasta el presente.
En la vereda opuesta se ubicaron las constantes manifestaciones de
apoyo por parte de los elementos progresistas de la sociedad del
DF. Desde las comunidades de la diversidad sexual que este año
dedicaron su Marcha del Orgullo a demostrar públicamente su apoyo
a la iniciativa, hasta las y los casi 170 artistas de todas las
disciplinas, escritoras/es, figuras de la ciencia y la academia
que el día antes de la fecha fijada para la votación publicaron
una solicitada en los diarios pidiendo que se aprobara la
propuesta. En este campo hay que sumar a los jueces del Supremo
Tribunal de Justicia del DF que -llamados por la Legislatura para
analizar el contenido de la propuesta y estudiar sus implicancias
jurídicas- expresaron su rotundo apoyo y felicitaron a quienes la
habían redactado. El presidente del Tribunal estuvo presente en la
Legislatura para brindar su apoyo el día de la votación. También
revistan en este "bando" el Ombudsman actual y el pasado del DF,
que firmaron la solicitada y estuvieron presentes en el recinto.
La presión de la iglesia fue -según refieren la diputada Uranga y
sus aliadas/os- enorme, incluyendo amenazas y extorsiones a
legisladoras y legisladores que pensaban votar a favor de la
propuesta o que estaban indecisas/os. Es importante recordar aquí
que en México existe la división entre iglesia y estado, al menos
en el texto de la Constitución (y, lo que es más importante, en
las firmes convicciones de muchas/os de sus habitantes). Sin
embargo, un representante del arzobispo de la ciudad siguió el
debate parlamentario por circuito cerrado desde las oficinas del
bloque del PAN. Horas antes del inicio de la sesión, Pro-Vida y el
PAN ofrecieron una conferencia de prensa en la que reiteraron sus
epitetos contra el proyecto y la diputada Uranga.
Casi 200 personas provenientes de organizaciones de la diversidad
sexual, de mujeres, feministas y de VIH/SIDA observaron la sesión,
que se realizó el día 4 de julio. Desgraciadamente, la cobardía de
las y los políticos frustró lo que pudo haber sido un debate
movilizador para la sociedad mexicana. Apenas iniciada la sesión,
un diputado del PAN y otro del PRI presentaron una "moción
suspensiva", pidiendo que volviera a enviarse el proyecto a
comisión ya que este adolecía de "fallas jurídicas" y requería de
mayor estudio. Los argumentos eran insostenibles, dado que el
proyecto había sido desmenuzado por integrantes de sus propios
partidos durante más de un año, para no hablar de la aprobación
del Tribunal Supremo ya mencionada. El diputado Armando Quinteros
(PRD) los exhortó a "que sea el debate y no el escabullirse y
esconder la cabeza", y les recordó aquel poema de la primavera de
Praga("podrán cortar todas las flores pero lo que no podrán hacer
es evitar que llegue la primavera"). La diputada Enoé Uranga les
recordó que el mundo "ya cambió" y que de poco sirve insistir en
ignorarlo. "Cuánto miedo, cuánta iglesia dentro de este recinto
donde el constituyente hizo la separación estricta entre iglesia y
estado", repitió en varios tramos de este discurso. El también
diputado independiente Jaime Guerrero pidió a las diputadas y
diputados que votaran en contra de la moción suspensiva -aun
cuando después también votaran en contra de la ley de Sociedades
de Convivencia- porque de lo que allí se trataba era de preservar
la idea de que la Legislatura es un lugar donde el debate de ideas
triunfa por sobre las componendas y los temores.
Pero desgraciadamente, la mayoría de diputadas y diputados
demostraron una vez más que -como sucede en la mayoría de
democracias representativas del mundo- los dichos del diputado
Guerrero son más una bella aspiración que una realidad. Llegado el
momento de votar, diputadas y diputados del PAN y del PRI
inclinaron la balanza a favor de la moción suspensiva, contra los
votos de la mayoría del PRD, PVEM, PT e independientes, que se
pronunciaron por dar el debate. Entre quienes votaron a favor
había una interesante variedad (según refirieron las y los
integrantes de la Coalición que apoya la iniciativa de Sociedades
de Convivencia): las y los que habían aprobado el proyecto en la
Comisión de Derechos Humanos, que cedieron a las presiones y se
contradijeron a sí mismas y a sí mismos; alguna persona homosexual
(que por supuesto jamás hará pública su condición por temor a
perder privilegios como figura política); algún familiar de
persona homosexual, que sufrió el fuego cruzado de las presiones
directas de su bancada y de la mirada de su familiar, ubicado
entre el público (y terminó siéndole leal al partido). Pero el rol
más triste lo jugaron tres diputadas del PRD -partido progresista
que incluye en su plataforma la defensa de los derechos de la
diversidad sexual- que según versiones se habrían reunido esa
misma mañana con delegados del arzobispo y que al momento de votar
huyeron del recinto. Si hubieran estado presentes y hubieran
votado como su partido les reclamaba que lo hicieran (al menos
públicamente), la iniciativa se habría debatido. Un cuarto
diputado del PRD también se ausentó, pero en su caso al menos
había tenido la honestidad desde un primer momento de expresar su
rechazo al proyecto, por más que su partido opinara lo contrario.
El proyecto vuelve entonces a la comisión. La Legislatura ha
concluido su período de sesiones extraordinarias y volverá a
congregarse en septiembre. La situación se presenta más complicada
para la iniciativa ya que: a) el próximo es un año electoral y ya
se sabe que las y los representantes del pueblo tienen ocupaciones
más interesantes que legislar durante esos períodos; b) la
comisión de Gobierno -que es la que decide sobre qué proyectos
entran o no a debate- será presidida a partir de septiembre por la
diputada Patricia Garduño (PAN) que está abiertamente en contra de
la iniciativa. De todas maneras, Enoé Uranga y sus aliadas/os han
dicho que no se sienten derrotadas, porque el debate se instaló
con mucha fuerza en la sociedad y por el apoyo que recibieron de
todos los sectores menos los que representan al "autoritarismo que
no se atreve a decir su nombre", como lo calificó Claudia Hinojosa
-asesora de Uranga y una de las activistas lesbianas de mayor
trayectoria en el país- en conferencia de prensa. Arturo Díaz
-coordinador de la Comisión Ciudadana Contra Crímenes de Odio por
Homofobia y diputado suplente de Uranga- afirmó en la misma
conferencia que "no nos vamos a cansar. Esta iniciativa es
producto de un movimiento que lleva 23 años trabajando en las
calles. El proceso de democratización de la sociedad mexicana es
largo pero también es irreversible".
Este proceso -fascinante por el grado de movilización social
conseguido y por la riqueza de las propuestas y de los argumentos
exhibidos- debería hacernos reflexionar (una vez más) sobre la
relación entre los movimientos sociales y los partidos políticos,
tanto los tradicionales como aquellos que se dicen progresistas.
También sobre cuál es el verdadero poder de las iglesias y grupos
como Pro-Vida que les permite tener tamaña influencia sobre los
políticos y las políticas.
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