Mi lado de mujer
Frei Betto
ALAI-AMLATINA, 07/03/02, Sao Paulo
Mi lado de mujer se
incomoda de recibir homenajes un día al año -8 de marzo-,
mientras mi lado de hombre se harta con 364 días. Tal vez sea
necesaria esta efemérides, dolor reciente de una cicatriz
antigua. Porque se vive en una sociedad machista: matrimonio -
el cuidado del hogar; patrimonio -el dominio de los bienes.
El marido posee la casa, el carro y la mujer, que incorpora al
nombre el de la familia de él. La casa, él exige que se limpie
todo el día. El carro, lo envía al taller al menor desperfecto.
La mujer, ser multifacético, tiene el deber de cuidar de la
casa, de los hijos, de las compras y del buen humor del marido,
que no siempre se recuerda cuidar de ella.
Mi lado de mujer nunca vio al marido gritarle al carro,
amenazarlo o agredirlo. Sin embargo, no siempre, ella es
tratada con mucho respeto. En la Iglesia Católica, los hombres
tienen acceso a los siete sacramentos. Pueden hasta ser
ordenados sacerdotes y, más tarde, obtener dispensa del
ministerio y contraer matrimonio.
Las mujeres, consideradas por la teología vaticana un ser
naturalmente inferior, solo tiene acceso a seis sacramentos. No
puede ser ordenada sacerdota, aunque haya merecido de Jesús el
útero que lo engendró; el seguimiento de Juana, de Susana y de
la madre de los hijos de Zebedeo; la defensa de la mujer
adultera; el perdón a la samaritana; la amistad de Magdalena,
primera testiga de su resurrección.
Mi lado de mujer tiene miedo de la violencia doméstica; del
padre que acosa a la hija, lanzándola a las garras de la
prostitución; del patrón que exige favores sexuales de la
empleada; del marido que levanta la mano para profanar al ser
que dio a luz a sus hijos.
Ante la televisión o un puesto de revistas, mi lado de mujer se
estremece: ¡calla la boca, Magda! Ella es la burra, la imbécil
que rueda en el fondo del escenario, se sumerge en al bañera de
Gugu, se expone en la casa del hermano, se asocia a la
publicidad de cervezas y carros, como un aderezo más de consumo.
Mi lado de mujer intenta resistir al implacable juego de la
destrucción de lo femenino: tortura del cuerpo en academias de
gimnasia; anorexia para mantenerse esbelta; verguenza de las
gorduras, de las arrugas y de la vejez; la entrega al bisturí
que amolda la carne según el gusto de la clientela de la
carnicería virtual; la silicona la llena de protuberancias. Y
mantener la boca cerrada, hasta que haya en el mercado un chip
transmisor automático de cultura e inteligencia, para ser
insertado en el cerebro. Y tomar antidepresivos para intentar
encubrir el orificio en el espíritu, vacío de sentido, ideas y
utopías.
Mi lado de mujer se esfuerza por librarse del modelo
emancipatorio que adopta, como paradigma, mi lado de hombre.
Seré ella si oso no querer ser como él. Sirena en mares nunca
antes navegados, rumbo al continente femenino, donde las
relaciones de género serán de alteridad, porque lo diferente no
se hará divergente. Aquello que es, solo alcanzará plenitud en
interacción con su contrario. Como ocurre en todo verdadero
amor.
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