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Notiese - OPINIÓN
Vienes 21 de junio de 2002
Sin el permiso de nadie
Con el argumento de que la población adolescente "no está
preparada" para la vida
sexual, por mucho tiempo se ha silenciado y reprimido a la
sexualidad juvenil. La
expresión de la sexualidad en esa etapa aún provoca pánico y
preocupación en la
población adulta. La desconfianza es tal, que se ha llegado a
pensar que proporcionar
información y anticonceptivos a las y los adolescentes es
invitarlos a dar rienda
suelta a sus "instintos sexuales". Pero el hecho es que la
población de jóvenes no
está pidiendo permiso para expresar y desplegar su sexualidad.
Hoy, más de la mitad de esa población inicia su vida sexual antes
de cumplir la
mayoría de edad. Y gracias a los prejuicios adultos sobre la
sexualidad juvenil, lo
hace sin contar con la información y los elementos de protección
necesarios para
garantizar el ejercicio de una sexualidad plena. De ahí que las y
los jóvenes hayan
comenzado a apropiarse del concepto "derechos sexuales" como una
forma de reivindicar
su autonomía en la toma de decisiones sobre su cuerpo y su vida
sexual.
Por Manuel Zozaya* Cuando se habla de sexualidad adolescente o juvenil muchas alarmas
se encienden.
Pocas relaciones provocan tal carga de prejuicios, temores y
falsedades como la
conjunción de ambos vocablos. E independientemente del signo
ideológico del
interlocutor, a la sexualidad adolescente se le ha visto
preponderantemente como un
"problema". Para el punto de vista
conservador, el sexo entre adolescentes es una aberración, pues no
está en su
naturaleza, aún "infantil e inocente", interesarse en las
actividades sexuales. Si
la mayoría de la población adolescente lo hace, es por la
perniciosa influencia
exterior de la moda, los medios de comunicación y la pérdida de
valores. La
sexualidad no es algo propio de esa edad, se afirma.
Pero los focos rojos se prenden no sólo del lado conservador, sino
también pedagogos,
educadores, sexólogos y autoridades sanitarias han comenzado a
ocuparse de la
sexualidad adolescente sólo a partir de los problemas de salud
pública que se
desprenden de su ejercicio "irresponsable". Si bien se le
considera algo "natural",
termina por subrayarse su lado "peligroso", negativo, por sus
posibles consecuencias:
un embarazo no deseado; una
infección de transmisión sexual, incluido el VIH/sida; un aborto
con consecuencias
fatales; una preñez deseada pero precoz, que conlleve riesgos de
salud; conflictos
que amenazan la integridad familiar; violencia y abuso sexuales;
etcétera. Por ello
se insiste mucho en promover la "sexualidad responsable" de
hombres y mujeres jóvenes
adolescentes, como si la relación
sexual adulta fuera responsable "por naturaleza".
No son derechos "especiales"
Es verdad que en la medida en que la discusión de la sexualidad ha
ido adquiriendo un
tono más franco y abierto, se ha empezado a reconocer que los y
las jóvenes no sólo
tienen una vida sexual activa, sino que además tienen derecho a
ejercerla. Pero aún
es poco lo que se dice y hace acerca de la importancia de la
expresión sexual en el
desarrollo de la identidad y
la personalidad juveniles. Es por ello que algunas(os) jóvenes,
cansados de ser
objeto de estudios y declaraciones firmadas por los adultos, han
tomado en sus manos
la discusión sobre su propia sexualidad. En agosto de 2000, se
reunieron en Tlaxcala
representantes jóvenes de 78 agrupaciones mexicanas provenientes
de casi todas las
entidades del país, y elaboraron la Declaración de Derechos
Sexuales de las y los
Jóvenes, documento donde
plasman su aspiración a vivir una sexualidad libre y responsable,
placentera y
protegida, respetuosa y equitativa. El documento divide estos
derechos en tres
grandes grupos: a) Educación e información; b) Ejercicio y
disfrute de la sexualidad
y c) Salud y servicios. El orden enunciado tiene una lógica muy
concreta: para tener
una relación sexual satisfactoria es
necesario contar con educación e información al respecto, y para
evitar las
consecuencias indeseables de dicha relación se requieren servicios
de salud adecuados
y al alcance de todos.
No se trata de demandar el establecimiento de derechos
"especiales", sino de
extender el alcance de los derechos humanos universalmente
reconocidos al ejercicio
de la sexualidad. De ver cómo se traducen en el terreno de la vida
sexual los
derechos a la educación, a la protección de la salud, a la
información, a la
igualdad, a la no discriminación, a la privacidad, a elegir el
número y espaciamiento
de hijos, y el derecho de expresión, todos ellos contenidos en la
Constitución de la
República.
Significativamente, las y los representantes de dichas
organizaciones se manifiestan
por una sexualidad libre de mitos, miedos, culpas y vergüenza, y
se pronuncian por
una sexualidad con equidad de género y por el reconocimiento de la
diversidad sexual,
(es decir el respeto y la igualdad en el trato entre hombres,
mujeres, homosexuales,
lesbianas, bisexuales y transgéneros). Asimismo apoyan el
principio de no
discriminación motivada por la edad, el estado de salud, la raza,
el estado civil, la
forma de vestir o las limitaciones físicas.
De igual manera, piden el respeto a la autonomía de las personas
para decidir sobre
el propio cuerpo, libre de coerciones, explotación sexual o
violencia, así como un
ejercicio sexual informado no ligado necesariamente a la
reproducción para lograr la
integridad corporal.
La globalización del reclamo
En cuanto al acceso a los servicios de salud sexual y
reproductiva, demandan calidad,
confidencialidad, no discriminación y trato humano, así como
acceso a los
anticonceptivos y métodos para prevenir las infecciones de
transmisión sexual y el
VIH, además de la libertad para interrumpir embarazos no deseados
en instituciones de
salud pública.
Se trata de un conjunto de aspiraciones legítimas y posibles, que
se apoyan en el
marco constitucional, expresadas por jóvenes que han dejado atrás
las actitudes
mojigatas de algunas instituciones tradicionales, que viven con
una conciencia de sus
necesidades y están demandando que éstas sean atendidas.
Recordemos que según los censos del 2000, aproximadamente 25 por
ciento de la
población mexicana se ubica entre los 15 y los 25 años de edad, y
más de 70 por
ciento de ella se concentra en áreas urbanas. Ésta constituye,
numéricamente
hablando, el grupo etáreo más importante de México. Según datos
del INEGI, en 1997,
55 por ciento de las mujeres entre los 15 y 19 años de edad que
habían tenido
relaciones sexuales lo habían hecho sin usar
anticonceptivos, y según Conapo anualmente, alrededor de 400 mil
mujeres menores de
19 años tienen su primer hijo. Las y los jóvenes no quieren seguir
siendo víctimas de
la ignorancia en cuestión de anticonceptivos o del rechazo a la
hora de ir a
solicitar condones en algún centro de salud.
Declaración de Tlaxcala
Agosto del 2000
v Derecho a la autonomía sobre mi cuerpo y mi vida sexual.
Decido que hacer con mi cuerpo y mi vida sexual y exijo respeto a
mi libertad.
v Derecho a disfrutar de una vida sexual placentera.
Yo disfruto de mi cuerpo y del ejercicio de mi vida sexual, y
necesito un
ambiente libre de culpas y coerción.
v Derecho a manifestar públicamente mis afectos.
Expreso mis sentimientos y afectos en espacios públicos,
fomentando así una
cultura de convivencia armónica.
v Derecho a decidir con quién compartir mi vida y mi sexualidad.
Decido libremente con quien o quienes compartir mi vida, mis
sentimientos,
mis afectos y mi erotismo. Deben ser reconocidas
y respetadas las formas de unión o convivencia que yo elija.
v Derecho a la privacidad en mi vida sexual.
Tengo derecho al respeto de mis espacios privados y a la
confidencialidad
en mi vida sexual. Ninguna persona o institución
tiene derecho a transgredirlos.
v Derecho a vivir libre de violencia sexual.
Nadie debe ser objeto de coerción o violencia sexual en su
familia, con
su pareja, en el trabajo o en cualquier otro ámbito en el que se
desarrolle. Los sistemas de impartición de justicia deben
protegerme y
garantizarme el ejercicio libre de mi sexualidad.
v Derecho a la libertad reproductiva.
Decido tener o no hijos, cuántos y cuándo de acuerdo a mis
posibilidades
y deseos. Para apoyar mi decisión, tengo derecho a información y
servicios
de salud.
v Derecho a la igualdad y a la equidad.
Todas las personas somos libres e iguales en derechos y esto
incluye el
ejercicio de nuestra sexualidad.
v Derecho a vivir libre de toda discriminación.
El ejercicio de mi libertad no debe ser condicionado por mi edad,
género,
sexo, orientación sexual, estado de salud, religión, estado civil
o forma
de vestir. El Estado debe garantizarnos la protección contra
cualquier
forma de discriminación.
v Derecho a información completa, científica y laica sobre
sexualidad.
Para decidir libremente sobre mi vida sexual necesito información
sobre
placer, vida afectiva, equidad e igualdad, reproducción,
perspectiva de
género, diversidad y/o cualquier otro tema de la sexualidad.
v Derecho a educación sexual.
La sexualidad es parte integral de nuestro desarrollo, la
educación
sexual debe estar presente en todos los programas educativos para
la
infancia y la juventud de las instituciones públicas y privadas,
fomentando
la equidad, la igualdad, el respeto.
v Derecho a servicios de salud sexual y salud reproductiva.
Tengo derecho a que el Estado me proporcione atención gratuita,
oportuna,
confidencial, de calidad, y sin ningún tipo de prejuicios en todos
los
servicios de salud.
v Derecho a la participación.
Tengo derecho a participar en los espacios de toma de decisión que
tienen
que ver con mi sexualidad y mi reproducción, desde el diseño,
implementación y evaluación de programas, políticas públicas e
instituciones sociales.
Esta Declaración es el reflejo de las y los participantes de 28
estados de
la República Mexicana, representantes de 78 organizaciones civiles
e
instituciones gubernamentales que asistieron al Foro Nacional de
Jóvenes
por los
Derechos Sexuales, realizado en La Trinidad, Tlaxcala, que convocó
el
Instituto Mexicano de la Juventud, la Dirección de Programas para
la
Juventud del Gobierno del Distrito Federal, Acción Educativa por
la Salud
Sexual, A.C. y ELIGE Red de Jóvenes por los Derechos Sexuales y
Reproductivos.
Por Manuel Zozaya / Letra S, junio 6, 2002
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