Estado laico, cuestión de vida para la democracia
Ivana Calle Rivaz
Católicas por el Derecho a Decidir/Bolivia
11-04-2002 La participación de la Iglesia Católica en "la resolución" -cada
vez más difícil- de
conflictos, sociales y políticos tiene en más de uno a ardientes
defensores. La curia
amparada en su supuesto poder espiritual y autoridad moral
"atestigua", "auspicia",
"patrocina", "garantiza" que actores en conflicto se encuentren en
diálogos, muchas veces
falsos, a deponer actitudes tercas y piensen -como si pudieran
hacerlo- en la democracia
y en el bienestar del pueblo boliviano. El llamado está avalado
por peticiones, oraciones
y hasta regaños.
¿Quién discutiría tan loable actitud en circunstancias donde un
manto de caos cubre al
país? ¿Quién no valora la intervención de "los padrecitos" para
ayudar a los prójimos en
encontrar la reconciliación y la paz? Probablemente nadie. No
queremos ser las hijas
malagradecidas de la familia, pero permítanos apelar a nuestra
aspiración de vivir en una
democracia de pantalones largos, en un estado laico respetuoso de
la diversidad y la
libertad y a convivir con mentes no patriarcales ni coloniales
para plantear algunos
temas.
La democracia: madre del cordero
Un tema de fondo es la incapacidad de la democracia y el modelo
neoliberal de resolver
problemas que ya estamos hartas de repetir y vivir: la pobreza, la
marginación, la falta
de participación, la corrupción, la impunidad; mientras dichos
aspectos no sean resueltos
por propios mecanismos, no de sobrevivencia, sino de suficiencia,
a la Iglesia Católica
le seguirá tocando apagar incendios cada vez más rabiosos.
Ante este contexto, nos preguntamos si esta democracia para
subsistir necesita de la
intervención divina encarnada en seres humanos, o de un
replanteamiento de sus mecanismos
que le permita encarar el futuro en serio. Una democracia sólida
no necesita más
mediaciones para resolver sus conflictos que principios
democráticos basados en la
justicia y la equidad y no en la intervención espiritual- humana
que impide la maduración
de una democracia libre de dogmas de fe.
¿Hasta cuando esta democracia tendrá que vivir de "suplencias
temporales" como las que el
cura Fernando Rojas plantea cuando justifica la "facilitación" de
la iglesia en la
elección de las Cortes Electorales?
Estado Laico = Estado Democrático
El tema del replanteamiento de los mecanismos democráticos para
hacer de esta democracia
vívida y justa, pasa también por asumir retos como el
cuestionamiento a estados
clericales y la construcción de Estados laicos que diferencien su
propio rol del
perteneciente a las instituciones religiosas. Un Estado laico es
aquel donde los puntos
de vista de la Iglesia, en nuestro caso la Católica, no se ponen
delante de la
formulación de las leyes, nacionales e internacionales, ni en la
formación de políticas
relacionadas a la cooperación para el desarrollo, ni en la
resolución de conflictos
sociales; esto supone, por supuesto, madurez democrática y altos
niveles de eficacia y
eficiencia en su administración.
Si bien este principio es difícil de aceptar para algunos líderes
de la Iglesia -en su
creencia de que ocupan un lugar sagrado en el proceso político-
darle un trato
privilegiado a las instituciones religiosas es peligroso para un
proceso político
democrático.
"Pero las autoridades eclesiásticas tienen dificultades en aceptar
esto. El principio de
la separación de la iglesia y el Estado es muy reciente. Hace
apenas treinta años que se
aceptó con la "Declaración sobre la libertad religiosa" del
Concilio Vaticano II. Pero
durante más de 17 siglos -de la conversión de Constantino a 1966-
imperó la creencia que
la ley civil debe adecuarse a las enseñanzas morales de la
iglesia. Por lo tanto es
comprensible que los dirigentes eclesiásticos tiendan a creer que
todavía ocupan un lugar
sagrado en el proceso político. Pero es menos comprensible que los
dirigentes políticos
les concedan ese espacio y los traten como interlocutores
privilegiados".(1) Esta
concesión es la prueba fehaciente de la insuficiencia de esta
democracia y de sus actores
políticos.
El estado laico y la cuestión religiosa
Según datos presentados por Hugo José Suárez(2) para principios de
siglo, se estimaba que
los católicos conformaban un 98.51 por ciento de la población,
mientras que sólo un 1.49
se consideraba "disidente", el mismo autor sostiene que en el
censo general de 1992, el
80.68 por ciento de la población se declara católica, el 10.16 por ciento, evangélica; el
0.93 por ciento, de otras religiones; el 2.30 por ciento no tiene
religión y el 5.92 por
ciento no especifica lo requerido. "Siguiendo estos datos tenemos
una constante pérdida
de fieles de la Iglesia Católica, y si la proyección seguiría en
esa misma ruta en 30
años tendríamos un equilibrio de 50 por ciento de católicos y 50
por ciento de no
católicos, incluidas las distintas opciones de cultos cristianos,
otras creencias, ateos,
etc."(3)
Según Suárez, dicha proyección indicaría que la Iglesia Católica
dejó de ser el único
"generador de ofertas religiosas", que atravesamos una
"diversificación de las
posibilidades de fe" y que el "mercado de las creencias se ha
ampliado y extendido
considerablemente", aspectos todos que apuntan al crecimiento de
lo no católico.
El crecimiento acelerado de la condición pluri- religiosa de la
sociedad boliviana,
planteada por Suárez, conlleva a la identificación de varios
escenarios posibles donde,
según este autor, tendremos que desenvolvernos en las próximas
décadas. Uno de esos
espacios alerta sobre la "intolerancia extrema", como una de las
peores posibilidades "en
la cual no pueden convivir dos creencias distintas".
Con este panorama, ¿dónde queda el hecho de que el Estado
boliviano se declare católico
en su Constitución? "Si esta situación continúa así, los nuevos
movimientos religiosos
tendrán una opción de lucha legítima en busca de iguales
condiciones para ejercer su
culto y, por lo tanto, de volver laico y no confesional al
Estado.(4)
No obstante, Suárez también plantea como otro escenario posible
-mucho más auspicioso-:
la construcción de un "pacto laico", donde el respeto, el
entendimiento y la tolerancia
sean las reglas de convivencia entre diferentes. "Esto sólo se
logra en la medida en que
el Estado, como organismo laico y libre de intereses de iglesias
particulares, marca las
reglas de juego dentro de las cuales se regulan las relaciones
sociales, y todos los
demás acatan estos parámetros para su relación tanto con la
sociedad en general, como con
las distintas expresiones religiosas".(5)
Por supuesto que la democracia no está exenta de este ideal, que
más que eso tal vez es
cuestión de vida, de futuro. No quedan dudas que un Estado laico
dice de la madurez de
una democracia libre de injerencias religiosas de cualquier
índole, del principio de
tolerancia básico en una sociedad tan diversa como la nuestra, de
acciones y actitudes
libres de condicionamientos espirituales orientados al "buen
comportamiento", de poder
hacer las cosas por nosotros y nosotras mismas.
¿Católicas por un Estado laico?
A los que les quedan dudas sobre la pertinencia de este artículo y
sobre que sean mujeres
católicas las que lo escriben, la respuesta es sencilla: un Estado
laico garantizaría a
las mujeres el planteamiento y la ejecución de políticas públicas
respetuosas de los
derechos sexuales y reproductivos y de la vida de las mujeres;
cuestiones que hasta ahora
son el mismo demonio para la Iglesia Católica y los diseñadores de
políticas públicas.
Si no fuera así, no nos explicamos, entonces, por qué, mientras el
aborto inseguro es la
tercera causa de muerte materna en Bolivia, una de las más altas
en América Latina, no
es un asunto discutido como problema de salud pública y no se
toman medidas concretas al
respecto.
En este punto, la injerencia de la Iglesia Católica es evidente y
conjura incluso contra
la aplicación de la ley (Art.266 del Código Penal Boliviano.
Aborto Impune) y contra el
derecho de las mujeres a acceder a abortos que no pongan en riesgo
sus vidas.
Los derechos sexuales y reproductivos, la salud y la vida de las
mujeres son cuestiones
de democracia, ligadas íntimamente a la libertad del individuo de
decidir sobre su propio
cuerpo como una cuestión política de ejercicio de derecho que el
Estado debiera estar en
las condiciones de garantizar.
Es una cuestión política, no de sentimientos ni antipatías.
1. El Vaticano y las políticas públicas de salud reproductiva.
Londres, Reino Unido.
Frances Kissling. Catholics For a Free Choice.
2. Investigador autor de Cuaderno de Futuro 4. Subjetividad,
Religiones y Medios.
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La Paz
Bolivia. 1999.
3. Ibid.,p.82.
4. Ibid.,p.95.
5. Ibid.,p.97
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