Diversidades: Límites y oportunidades en Derechos Sexuales y Reproductivos
por Ps. Leonor Núñez
(Publicación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
Con el auspicio de la Funadación Ebert)
Brevísima historia
La actual denominación de derechos sexuales y reproductivos
corresponde a una serie de aspectos y problemas que desde el
comienzo de la historia de la humanidad se despliegan en el curso
de la vida de toda mujer. Desde la perspectiva del género mujer
autónoma expondré algunos de los temas que más frecuentemente me
plantean en las consultas, tanto en la práctica de la psicología
clínica como comunitaria. Es la base empírica del modelo de
asesoramiento y capacitación que continúo desarrollando.
Algo más centrada en el género mujer, que la definición que
Fathalla planteara para la OMS en 1992, E. Pantelides enumera
dentro de la concepción de salud reproductiva a: "...la
sexualidad, el embarazo, la anticoncepción, el aborto, la
infertilidad, la maternidad, la lactancia, la mortalidad materna,
la menopausia, las enfermedades de transmisión sexual, otras
enfermedades del aparato reproductor, el (VIH)/SIDA, la mutilación
genital, la supervivencia de los hijos". Sin embargo, considero
que sería pertinente incluir otros aspectos de gran relevancia
tales como: en primer lugar las capacidades de valoración y de
defensa del género como mujeres autónomas y de la integridad
física y subjetiva.
Porque, salvo excepciones prácticamente toda forma de violencia
contra la mujer tambien supone alguna forma de violencia sexual
y/o de género. Aludo tanto a las expresiones de violencia
simbólica como física. Entre ellas, un ejemplo paradigmático es la
promoción, el reclutamiento y tráfico para la prostitución de
niñas y mujeres. En ésta problemática social, las manifestaciones
de violencia, cubren un amplio espectro de cuestiones que van del
polo físico al simbólico.
En segundo lugar la educación sexual basada en los derechos
humanos con sus más recientes desarrollos específicos sobre las
niñas y las mujeres.
Pero, no por antiguas todas éstas cuestiones están superadas o
dejan de ser dinámicas. Por el contrario, aún hoy continúan
presentando una permanente transformación en su abordaje y
significación. Así al principio ha sido la medicina (entonces
entroncada con la filosofía), la disciplina que se ocupó de su
estudio y atención estableciendo por siglos un sesgo particular. A
lo sumo con el tiempo se fueron incluyendo aspectos relacionados
con políticas demográficas. Tal como señala E. Pantelides, los más
recientes aportes de las ciencias sociales y particularmente el
movimiento de las mujeres hicieron factible..."superar el
tratamiento tradicional ... de los aspectos de salud de la
reproducción humana como (si fuera) sólo un asunto de salud
materno-infantil" (Fathalla, 1992).
Por otra parte, según refieren S. Correa y R. Petchesky, la
denominación "derechos reproductivos" tiene un origen reciente
surgiendo probablemente en los Estados Unidos en 1979. En ese
entonces las activistas de la Red Nacional por los derechos
reproductivos en los Estados Unidos llevaron la propuesta a la
Campaña Internacional por los Derechos al aborto a principios de
los ochenta. Según Berer (1993), en la Reunión Internacional sobre
Mujeres y Salud en Amsterdam (1984) la campaña oficial cambió su
nombre por el de Red Global de las Mujeres por los Derechos
Reproductivos.
Aunque resulte un hito en la defensa de los derechos de las
mujeres, el hecho de que recien en 1993 los Estados hayan aceptado
considerar como una violación a los derechos humanos a toda
violación de los derechos específicos de las mujeres (Conferencia
de Viena), debería resultar un ejemplo harto elocuente de las
dificultades para deconstruir la naturalización de la dominación
sobre las mujeres.
En Argentina, Sara Torres recuerda haber participado en grupos de
mujeres feministas que en los 70' planteaban la despenalización
del aborto.
La importancia de todas éstas acciones estriba en haber facilitado
el centramiento de la salud reproductiva en las necesidades de las
mujeres.
Más recientemente aún han comenzado a considerarse las necesidades
propias de los varones por ej. en estudios sobre roles de género y
conducta reproductiva (G. Infesta Domínguez).
Sin embargo, los procesos no siempre representan progresos y los
progresos -aunque se los considere universales- pueden ser
precarios o coexistir con situaciones retrógradas. Un ejemplo son
las voces de alarma sobre los derechos adquiridos en el pasado, y
cuya pérdida significaría un franco retroceso. En los últimos años
desde el sector de los empleadores se viene solicitando modificar
el Convenio 103 de la OIT a fin de flexibilizar las normas para la
protección de la maternidad. Como señala D. Barrancos, es
preocupante que los estados miembros puedan, excluir total o
parcialmente del campo de aplicación del Convenio a categorías
limitadas de trabajadoras o de empresas, tal como figura en uno de
los proyectos.
Las diversidades: oportunidades y límites
Desde mi experiencia de cuatro décadas de trabajo en salud vengo
comprobando que las cuestiones abarcadas por los derechos sexuales
y reproductivos configuran el área más compleja y conflictiva del
campo de los derechos humanos. La tan proclamada universalidad de
los derechos humanos viene sufriendo restricciones en algunas
regiones, particularmente en relación a los derechos sexuales y
reproductivos. Además, los mismos, son afectados por una serie de
paradojas: sólo voy a centrarme en las que considero más
relevantes. En primer lugar, éstos son los derechos más
condicionados por una variopinta gama de objeciones muchas veces
sustentadas incluso por quienes sufren las consecuencias de su
violentación. Este singular obstáculo contribuye a profundizar el
hiato abierto entre los cada vez más refinados desarrollos
argumentales para la defensa de los DDSS y RR y el acceso efectivo
a la salud sexual y reproductiva.
Por ejemplo, el mismo término empoderamiento, surgido de la
Conferencia Mundial de Población y Desarrollo de El Cairo en 1994,
ha resultado de gran utilidad para fundamentar legitimidad de la
oposición a toda forma de control de la fecundidad contra la
voluntad de la mujer, desde las esterilizaciones masivas de
algunos gobiernos hasta los tabúes religiosos. Y así lo
remarcaban, en éstos días, las "Radialistas Apasionadas" de
Ecuador en la Red Informativa de Mujeres de Argentina.
En 2° lugar, en la actualidad simultáneamente al desentendimiento
del Estado, del cuidado de la salud de los sectores de mayor
vulnerabilidad por empobrecimiento, se está produciendo la mayor
oferta de la tecnología biomédica más sofisticada de la historia.
Por añadidura, cuando se trata de insumos de última generación ,
el mercado los ofrece como si fueran servicios o productos
suntuarios. Ergo, su inaccesibilidad es obvia. Los ejemplos de
mayor relevancia, por la masividad de la demanda, son los
anticonceptivos orales y los preservativos masculinos. Tanto la
efectividad e inocuidad (en el primer caso) como la calidad para
garantizar la bioseguridad (en el segundo caso) siempre están en
relación directa con su costo.
Los argumentos de los funcionarios públicos que gerencian el
denominado achicamiento del Estado en el área salud, resultan
falaces, contradictorios y particularmenrte corrosivos de los
derechos de la población empobrecida. Comenzando por el derecho a
la información y siguiendo por todo lo demás. Suelen alardear
ahorros en la compra de insumos que deben distribuirse
gratuitamente omitiendo advertir que la calidad de los mismos no
siempre está garantizada. En muchos casos l@s usuari@s suponen que
el hecho de ser provistos por instituciones públicas es en sí
mismo una garantía de calidad. Así, la población recibe un doble
mensaje: "Nosotros le suministramos ésto para que Ud. proteja su
salud, pero, para reducir nuestro presupuesto hemos adquirido los
más económicos. Por consiguiente, como no podemos garantizar su
calidad tal vez no proteja su salud".
Esta realidad parece constituir la expresión sanitaria del hecho
que viene denunciando Noam Chomsky: "al aumentar la circulación de
los capitales disminuye la de los derechos humanos". Es que a
diario puede comprobarse que la actual crisis por decadencia
ético-político-económica ha sumido a las instituciones públicas de
salud y educación en una inédita situación de miserabilidad. Su
consecuencia es que, tal grado de carencias no se agota en la
falta de resursos materiales y humanos, tambien afecta a la
calidad del trato hacia las personas que necesitan ser asistidas.
Una cuestión de fundamental importancia en el campo de los
derechos sexuales y reproductivos.
Las objeciones: valores, miedos y creencias
Que los obstáculos para ejercer éstos derechos se presenten en las
instituciones y ámbitos que deben garantizarlos es una realidad
muy extendida y de conocimiento público. Pero que tambien aniden
en algunos sectores de la población a la que se trata de proteger
es una dificultad singular que es necesario atender.
Una dificultad que a mi entender, obliga a prever tanto una
sucesión de crisis en los modelos de abordaje, como su consecuente
ajuste.
Los datos recogidos en las actividades de capacitación que venimos
realizando en distintas comunidades de nuestro país desde la
Comisión La Mujer y sus derechos de la APDH (por ejemplo) son
coincidentes, no obstante ser el tema de mayor demanda el abordaje
de los DDSSyRR despliega un gran abanico de resistencias. En éstas
interjuegan valores, miedos y creencias.
Las citadas objeciones culturales y religiosas tienen diversas
implicancias Cuando son manifestadas por integrantes del equipo de salud
(indistintamente mujeres o varones) pueden llegar a formar parte
de las denominadas "objeciones de conciencia" y tener amparo
jurídico. Al respecto aclaro que, lejos de abrir juicio de valor,
sólo trato de incluir en éste suscinto inventario los obstáculos
reales y específicos para el ejercicio de los DDSS y RR. Creo que
sólo así podremos construir alternativas realistas.
Son frecuentes las objeciones culturales y religiosas a la toma de
decisiones autónomas por parte de las mujeres y a la aplicación de
determinadas técnicas. Por ejemplo, en los talleres con
participación mixta aparecen voces masculinas (aunque tambien de
algunas mujeres) reclamando la continuidad de todo embarazo sin
considerar ninguna situación adversa y suponiendo que todas las
mujeres que toman la decisión de la interrupción lo harían sin
experimentar sufrimiento alguno. En las consultas individuales se
repiten los mismos argumentos. Considero que la negación de los
conflictos dolorosos que sufren las mujeres en éstas
circunstancias es tambien una forma de violencia. Intentar imponer
el reconocimiento de un derecho en éstas condiciones puede
resultar totalmente contraproducente. Frente a las objeciones
basadas en creencias la información y la comunicación, son tan
indispensables como insuficientes. Toda creencia tiene un peso
formidable y suele operar como dispositivo de tamizaje, distorsión
y/o bloqueo de datos científicos, observables y/o experiencias.
Desde luego, no todas las creencias son erróneas, pero, por el
momento me refiero sólo a éstas últimas. Pueden establecerse como
representaciones sociales (opiniones públicas) o estructurarse
como mitos (R. Malfé) que articulan la fantasmática individual y
colectiva. Estas singulares tramas argumentales amalgaman:
recuerdos gozosos y traumáticos, la historia familiar, las
configuraciones vinculares, el estatus social, los miedos, las
creencias, la red social de contención, la autovaloración, los
proyectos y otros aspectos de la vida de cada persona.
Es necesario poder discernir entre argumentaciones que incluyen
mitos y aquellas que sólo contienen planteos desestructurados. Las
estrategias de abordaje del equipo de salud, debieran ser idóneas
para poder adecuarse a los diferentes grados de complejidad
argumental que planteen quienes consultan. Hoy por hoy todavía se
supone erróneamente que basta con dar información. Planteo en
cambio, que cuando podemos advertir que enfrentamos el despliegue
de un "mito de riesgo de daño" debemos trabajar las implicancias
de las presiones sociales representadas por prejuicios
discriminatorios y/o descalificatorios. Un ejemplo es el que he
denominado "el mito del profesor de tenis". El relato generalmente
ubica la historia en un country y en el seno de la familia de un
ejecutivo, quien al realizar análisis médicos prequirúrgicos le
informan que está infectado con el virus de la inmunodeficiencia
humana. A partir de entonces, se despliegan todos los argumentos
que existen para justificar que, la única posibilidad de infección
habría sido la transmisión por relaciones sexuales mantenidas con
su conyuge. Despues de negarse, la mujer (en éste caso) admite que
le realicen las pruebas de detección de anticuerpos para VIH los
que resultan positivos. Posteriormente reconoce haber mantenido
relaciones sexuales con el profesor de tenis del country en quien
tambien se comprueba la infección a VIH. Con diversas variantes,
en muchas ocasiones he recogido éste relato en localidades muy
distantes entre sí, desde Misiones hasta Tierra del Fuego. Desde
luego, nunca fue posible establecer mayores precisiones sobre sus
protagonistas. Sí, en cambio, aparecen como constantes que: la
mujer a la que como siempre se le asigna un rol pasivo- es
culpabilizada de infectar a un esposo que le habría sido fiel a
rajatabla y por añadidura tambien se la presenta como ignorante e
incapaz para mantener una relación sexual protegida. Espero que a
ésta altura, los comentarios huelguen.
Con este enfoque intento posibilitar una lectura lo más ajustada
posible a la realidad concreta para lograr eficacia en la defensa
de éstos derechos.
Es que en relación a la salud en general pero, más aún en torno a
la sexualidad se suele optar por hacer aquello que coincide con
las creencias y los valores, y aún cuando puedan contradecir a la
información y a los conocimientos.
Las creencias y los valores siempre se presentan estructurados en
la singularidad de la historia personal y familiar. La
contradicción señalada se puede constatar más allá del nivel de
información e instrucción, de la disponibilidad de los desarrollos
tecnológicos y hasta del estatus social como integrante de la
comunidad o como integrante del equipo de salud (EDS).
Sin embargo, en crisis económicas-sociales como la actual la
situación puede complejizarse aún más, llegando en algunos casos a
privilegiarse los soportes materiales por sobre otros valores. Por
ej. aceptando mantener relaciones sexuales sin protección para la
prevención de embarazos no deseados o ETS (enfermedades de
transmisión sexual). Ocurre tanto en relaciones estables
monogámicas (seriadas o únicas) como en situaciones de
prostitución.
Los argumentos justificatorios de la exposición a riesgos
confluyen más allá de las circunstancias apuntadas: miedo a la
desconfianza de la pareja, miedo a perder la protección material,
en algunos casos indispensables para la propia subsistencia o la
de los hijos.
Eva Giberti realizó en Seminarios que organicé y dicté en
colaboración con otros profesionales en la Facultad de Psicología
de la UBA de 1989 a 1994- un valioso aporte para la comprensión de
ésta encerrona y para la búsqueda de alternativas realistas y
éticas. Decía Eva Giberti en 1989: "El SIDA nos obliga a
reflexionar en términos de paradojas". Y ejemplificaba "la
permanente tensión entre nuestros deseos y nuestros saberes" con
la siguiente escena:
- Mujer: "Querido, ponete el preservativo".
- Varón: "¿Cómo, desconfiás de mí?"
- Mujer: "Bueno, no te lo pongas".
La que plantea la paradoja es la mujer, el varón lo que hace es
negarse a aceptarla...La paradoja no es de la pareja. La mujer lo
ama y se pregunta: "¿Cómo hago para no desconfiar?". Y se
contesta: "Pero sí, tengo que desconfiar." El, decía Eva Giberti,
la tiene clarita: "Yo no me lo pongo porque no gozo".
Desde luego en éste ejemplo la pareja despliega un criterio
erróneo, aunque bastante común (en realidad con el aprendizaje del
uso correcto y consistente del preservativo y lubricante acuoso
además de preservar la salud tambien pueden preservar el placer).
Pero además, queda invisibilizado el malestar de la mujer. Porque
con la utilización del preservativo masculino, como tambien
señalara E. Giberti, tambien la mujer pierde sensaciones
placenteras. Sobre todo si no incorpora lubricante acuoso.
Un modelo de asesoramiento para el ejercicio de los derechos
sexuales y reproductivos
S. Corea y S. Petchesky, al definir el terreno de los derechos
reproductivos y sexuales en términos de poder y de recursos,
responden en gran medida a los condicionamientos que vengo
señalando. Ellas sostienen: "Poder para tomar decisiones
informadas acerca de la propia fecundidad, de tener hijos, de
criarlos, de la salud ginecológica y de la actividad sexual.
Recursos para poder llevar a cabo tales decisiones de manera
segura y efectiva. Entendidos como libertades o elecciones
privadas no tienen sentido, especialmente para los más pobres y
marginados, si no se aseguran las condiciones de posibilidad de su
práctica...condiciones que constituyen los derechos sociales e
incluyen el bienestar social, la seguridad personal y la libertad
política".
Es posible constatar con frecuencia que el campo de los derechos
sexuales y reproductivos es donde se manifiestan con mayor
claridad y contundencia las desigualdades de oportunidades tanto
entre los dos sexos como en relación a las diversas sexualidades.
Por ej. es notable el esfuerzo de todas las religiones por modelar
todo lo referente a la sexualidad haciendo caso omiso a la
singularidad de la historia de cada persona.
Y como para dejar claramente establecido hasta donde los derechos
sexuales y reproductivos dependen de los derechos de las mujeres,
es preciso recordar que ciertas religiones, culturas o políticas
demográficas de algunos Estados (el caso de China es ilustrativo),
han establecido incluso la violentación de su integridad corporal.
Me refiero a las mutilaciones genitales o aun a los asesinatos de
niñas, adolescentes y mujeres. Cuando menos, podemos comprobar la
intromisión en la vida privada a través de normas restrictivas de
la capacidad de decisión autónoma personal.
Además en nuestro medio,resulta insoslayable reconocer los efectos
culpabilizadores, sancionatorios y promovedores de sometimiento
para aquellas mujeres que se diferencian del estereotipo aun
dominante: mujer dependiente-madre-ama de casa, por parte de
ciertas teorías y prácticas Psicológicas que todo lo reducen a
supuestos conflictos de la subjetividad profunda de las mujeres.
Claro que otra variante, y muy frecuente, es la indicación de
fármacos. Tal como demostró Mabel Burín, "muchas rebeldías fueron
aplacadas por medio de la medicalización".
Partir del reconocimiento de alta complejidad limita desde luego
todo voluntarismo y al mismo tiempo impone, la apertura hacia
otros saberes y recursos. Es una alternativa para enfrentar con
eficacia los crecientes obstáculos para la protección de la salud
sexual y reproductiva y la prevención de los riesgos de daños que
la puedan afectar. Trabajar con el sostén de una red
multidisciplinaria e intersectorial debería constituirse una pauta
de abordaje insoslayable para todo el equipo de salud.
Con frecuencia es posible comprobar tanto en ámbito público como
privado la paradojal invocación a la hoy considerada como
"políticamente correcta" "perspectiva de género", simultáneamente
al despliegue de la dificultad o imposibilidad para aceptar las
particularidades del género mujer, sobre todo si se trata de una
mujer autónoma. Particularidades que, como toda construcción
social, muestran. tanto el reforzamiento como el refinamiento de
discursos y prácticas misóginas.
Acuerdo con la propuesta de S. Correa y R. Petchesky de
fundamentar las acciones de defensa de los derechos sexuales y
reproductivos en la integridad corporal , el ejercicio como
persona, la igualdad y la diversidad. Hemos trabajado con ésta
matriz de principios en talleres de concientización y capacitación
y, las propuestas de redes y recursos que surgieron de los mismos,
resultaron consistentes con las necesidades de las participantes y
facilitaron el despliegue de las peculiaridades locales.
El principio de la integridad corporal resulta de la mayor
relevancia para la libertad reproductiva y sexual por implicar el
control sobre el propio cuerpo (al decir de B. De Spinoza: nuestro
primer instrumento de poder). Su valoración da acceso a la
conciencia de la importancia del autocuidado frente al riesgo de
la pérdida (de la condición saludable). La conciencia de riesgo es
una alternativa creativa al miedo pánico, porque posibilita la
construcción de dispositivos adecuados de protección que pueden
poseer dos características de fundamental importancia en relación
a la salud sexual y reproductiva: ser modificados para adecuarlos
a los cambios de la historia personal -por ej. una nueva pareja o
una enfermedad- y para preservar el placer. El miedo en cambio
siempre genera conductas de riesgo, bloqueo perceptivo, huída,
rechazo, ocultamiento... pese al dicho popular ... muchas son las
veces en que el miedo es zonzo. La información puntual es por esto
eficaz, sólo raras veces.
Más adecuada a éstas problemáticas complejas es la estrategia del
asesoramiento. Su disponibilidad permanentemente en servicios
gratuitos es una deuda pendiente para con la población. Mientras
tanto seguiremos recogiendo distintas versiones de conductas de
riesgos por creencias erróneas. Ya en 1972, Saúl Biocca (maestro
de la educación para la salud argentina) advertía sobre el uso
indebido de anticonceptivos orales como si fueran preservativos de
las enfermedades de transmisión sexual. Aún hoy continuamos
encontrando vigente tan disparatado argumento. Aunque creo que el
colmo ha sido la sorprendente confección de fundas artesanales en
tela de algodón, que en la década del ochenta nos refirieron
mujeres de zonas carenciadas como "los preservativos" que ellas
elaboraban para "evitar" las enfermedades de transmisión sexual y
los embarazos.
Tambien es necesario hacer hincapié en las oportunidades para la
defensa de éste principio. En nuestro país, y en cuanto a los
recursos jurídicos, la ley 25.087, "desde una perspectiva de
género reconoce mejor la experiencia de las mujeres" al establecer
el cambio del título de "delitos contra la honestidad" a "delitos
contra la integridad sexual de las personas. Asimismo se reemplazó
"abuso deshonesto" por "abuso sexual". M. Rodríguez y S. Chejter
señalan que el cambio del bien jurídico debe interpretarse de modo
tal que se excluyan las alusiones, interrogatorios y pruebas que
pretendan indagar sobre la existencia o no de la llamada
"honestidad" de las víctimas.
El principio del ejercicio como persona se expresa en el derecho a
la autodeterminación, a la autonomía en la toma de decisiones, a
la dignidad. Las anteriores referencias a las niñas y mujeres
prostituídas, los mitos misóginos de riesgo y los
condicionamientos económicos ilustran con meridiana claridad las
limitaciones concretas que es necesario enfrentar.
En cuanto al principio de la igualdad, y siguiendo a S. Correa y
R. Petchesky podríamos considerarlo con referencia a la relación
entre varones y mujeres y tambien a la relación de las mujeres
entre pares. Las asimetrías entre los géneros en éste campo a
veces se expresan contradictoriamente. Las adolescentes con
hermanos varones del mismo grupo etario lo plantean con
frecuencia. Los padres suelen sobreprotegerlas a ellas y
descuidarlos a ellos, con el argumento que más los insufla: ellos
tienen que aprender a hacerse cargo de sí mismos,
responsabilizarse. Claro que, frente a la procreación, tal actitud
se vaporiza y se convierte en lo contrario. Las que en tal caso
tendrían que asumir todos los riesgos serían las mujeres.
Otro terreno en el que desde hacen varios años vengo planteando
es, la necesidad de establecer modificaciones en los registros de
vigilancia Epidemiológica. Hasta hace muy poco tiempo, y en
algunas zonas aún hoy, invisibiliza a las mujeres afectadas por
enfermedades de transmisión sexual.
Salvo, claro está en relación a la epidemia de VIH/SIDA frente a
la que en cambio existe una suerte de "furor estadístico". En el
resto se omite la desagregación por sexo.
Pero, hay más. Los datos sobre casos de personas que viven con
VIH/SIDA y son tratadas con antirretrovirales tambien ocultan las
diferencias entre mujeres y varones. En cambio, se repite aquí la
preocupación por el rol de las mujeres en la reproducción. La
mayor parte de la información sobre mujeres que viven con VIH/SIDA
se limita a la denominada transmisión perinatal.
Es curioso que situaciones de igual inequidad se encuentren
desplegadas en los diferentes grupos de mujeres. Muchas
antiabortistas se transforman automáticamente en abortistas frente
a una mujer embarazada que viva con VIH, aunque se tengan sobradas
evidencias de su singular autocuidado y de su cuidado hacia los
demás. Ni qué hablar de las mujeres lesbianas. Por lo menos en
nuestras comunidades urbanas y más frecuentemente entre adultas y
mayores, encuentro que como argumento descalificatorio plantean
dudas sobre la condición de mujeres de las mujeres lesbianas.
Quienes así las discriminan enmudecen ante pruebas de sentimientos
tiernos, de un desempeño profesional exitoso o de una maternidad
sin mayores conflictos.
Aunque paulatinamente y por sectores, la sociedad comienza a
comprender en la diversidad sexual una de las formas de la
diversidad humana. La integración, es así, la respuesta solidaria
frente a la discriminación que en ocasiones puede afectar a la
integridad física.
Como vemos el respeto por las diferencias entre las mujeres es una
cuestion pendiente. Sin embargo, no es de extrañar. En nuestra
cultura la diversidad es menos un valor y su consideración es más
un arduo trabajo. Situación diametralmente opuesta a la que C.
Lévi-Strauss relató en Historia de Lince la que se resuelve en una
apoteosis india de la diferencia. Una bisagra en el plano de la
aceptación de las diferencias lo marcan los rituales religiosos o
culturales mutilantes, que significativamente se ensañan con los
genitales femeninos.
Desde luego, las expuestas son algunas de las cuestiones que
fueron llevandome a construir desde una ética de compromiso social
y de género. Y a necesitar explicitar mi perpectiva desde el
género de mujer autónoma. Una expresión sin el vuelo poético que
sí encontré en la afirmación de Alejandra Pizarnik y que vuelvo a
recordar: "Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el
mundo me golpea".
Setiembre de 2001
Lic. Leonor E. G. Núñez. Psicóloga
Integrante de la Comisión La Mujer y sus Derechos de la APDH
Asesora sobre VIH/SIDA en D.O.S.U.B.A.
Presidenta de Accion Solidaria En Salud
Resúmen bibliográfico
- Correa, Sonia y Petchesky,Rosalind, 1994: "Los derechos
reproductivos y sexuales: una perspectiva feminista" en Elementos
para un análisis ético de la reproducción, 2001, UAM, México.
- Infesta Domínguez, Graciela y otros, 1998, "El estudio de la
participación del varón en la salud reproductiva: notas para la
discusión". En Salud y Población. Cuestiones Sociales pendientes,
Bs. As. Espacio Edit., 1998.
- Malfé, Ricardo, 1987. En apuntes de Cátedra Psicología del
Trabajo y comunicación personal.
- Núñez, Leonor E.G., 1998: "Aproximación al análisis del impacto
de las enfermedades de transmisión sexual y VIH/SIDA en las
mujeres argentinas". En Mujeres en los 90', Edición del Centro
Municipal de la Mujer de Vte. López, 1998, Pvcia. de Bs. As.
- Pantelides, Edith, 2000: Introducción de Reproducción, Salud y
Sexualidad en América Latina, OMS/Biblos, 2000, Bs.As.
- Rodríguez, Marcela y Chejter, Silvia, 1999. En "Reforma del
Código Penal en lo relativo a los hoy llamados, Delitos contra la
integridad de las personas", CECYM y C. Municipal de la Mujer de
Vte. López, Fund. H.Boll, Bs. As., 1999.
- Torres, Sara: comunicación personal.
© 2001, Leonor Nuñez
URL de este archivo:
http://www.geocities.com/rima_web/leonor_nunez_dd_rr.html
|