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"Estrategias para el acceso al aborto legal
y seguro"

Un estudio en once países:
Women's Health Project 2001



Prefacio

Esta publicación es el resultado del trabajo emprendido en la fase 1 de la " Iniciativa de Johannesburgo". Así denominaron los participantes a un proyecto internacional, cuyo nombre completo es "Capacitación para la promoción de políticas dirigidas a ampliar el acceso al aborto: compartiendo las experiencias nacionales entre países de distintas regiones".


Antecedentes de la iniciativa

La iniciativa nació como respuesta del Women's Health Project a las reiteradas preguntas de los activistas de todo el mundo: "¿Cómo obtuvo Sudáfrica una ley de aborto tan liberal?". Nos dimos cuenta de que el contexto político y social que generó el espacio para el cambio legal era muy específico de Sudáfrica y que era simplista creer que el relato de nuestra historia ayudaría a los activistas de otros lugares. Por ello, pensamos que podríamos aprender más al comparar las experiencias de la lucha por el aborto de diferentes partes del mundo. ¿Nos demostraría esta comparación, por ejemplo, que en ciertas circunstancias era imposible modificar la ley? ¿O que todos los países que habían logrado este objetivo habían adoptado acciones específicas, o existía un contexto determinado?

Después de haber comenzado a desarrollar la idea para esta investiga­ción, activistas de Polonia (Wanda Nowicka) y Colombia (María Isa­bel Plata) conocieron nuestro análisis de los factores contextuales y las estrategias que habían conducido a la victoria legal en Sudáfrica. Nos sugirieron que podría ser útil no sólo leer los análisis de diferentes paí­ses, sino también iniciar un proceso de interacción entre activistas de diferentes países. Con su información, y la de Marlene Fried, de los Estados Unidos, se diseñó esta iniciativa y se obtuvieron los fondos.

Para identificar países que podrían participar hicimos un llamado a actores del campo de los derechos reproductivos de diferentes partes del mundo. Les pedimos que nos ayudaran a identificar organizaciones no gubernamentales que han trabajado o que actualmente están desarrollando actividades a favor del derecho al aborto, preferentemente en sus propios países, más que a nivel internacional. Cuando tuvimos los nombres de estas instituciones, buscamos una combinación de países de todas las regiones del mundo, y con diversas experiencias de advocacy por el aborto.

El objetivo de la iniciativa es generar capacidad entre quienes realizan actividades para mejorar o incrementar el acceso al aborto, ya sea a través de la reforma de la ley, o de la ampliación del acceso y la calidad de los servicios. Al contar con estudios de caso de diferentes experiencias, los activistas pueden interrogar las estrategias puestas en práctica por otros militantes en diversas regiones, y aprender de sus éxitos y sus errores. El proyecto apunta también a ofrecer un ejemplo del activismo iniciado en el sur, que tiende puentes y facilita el aprendizaje entre regiones y países del norte y del sur.

Un aspecto particularmente dinámico de la iniciativa fue contar con gente de países del norte y del sur, así como de países en transición, trabajando como iguales. Este abordaje nos permitió no sólo realizar un análisis colectivo de los estudios de los diferentes países, sino también incluir países que no participaban inicialmente en la iniciativa o en el grupo de investigación. Para facilitar esta inclusión, algunos investigadores de la iniciativa utilizaron menos fondos de los que inicialmente se designaron para los estudios de los países individuales, con el propósito de liberar fondos para incorporar estudios adicionales.

En la Iniciativa de Johannesburgo participaron dieciocho países. De éstos, once llevaron a cabo investigaciones y documentaron las experiencias de sus países. Sus informes forman parte de esta publicación. Los otros participantes contribuyeron activamente al diseño y el análisis de la investigación, para asegurar que ésta fuera significativa para sus preocupaciones y experiencias, y que fuera de ayuda para sostener el activismo en sus propios países. Por lo tanto, la publicación no es un producto exclusivo de sus autoras y autores, sino de todos los que forman parte de la iniciativa.

Los participantes fueron invitados como representantes de las ONGs a las que pertenecen. No obstante, en algunos casos, las organizaciones contrataron a un investigador activista, para que las represente y realice la investigación. En dos casos, los participantes habían sido actores clave en las luchas por el aborto en sus países, pero el impulso de las organizaciones había terminado. Sin embargo, creímos que las historias debían ser compartidas. El objetivo general se dirigía a que la participación en este proyecto fortalecería los esfuerzos de advocacy de las ONGs.


Participaron

Argentina, Foro por los Derechos Reproductivos, Martha Rosenberg, María Alicia Gutiérrez

Australia, Abortion Rights Network of Australia, Cait Calcutt

Bangladesh, Bangladesh Institute of Research for Promotion of Essential & Reproductive Health and Technologies, Halida Hanum-Akhter

Brasil, Coletivo Feminista Sexualidade a Saúde, Wilza Villela

Etiopía, IPAS, Hailemichael Gebreselassie

Fiji, Fiji Women's Crisis Centre, Sarah Pene

Francia, Chantal Birman

Guyana, Fred Nunes

India, Centre for Enquiry into Health and Allied Themes, Sunita Bandewar

Irlánda, Irish Family Planning Association, Noeleen Hartigan,

Italia, AIDOS, Antonietta Cillumbriello

Kenia, IPAS, Katini Nzau-Ombaka

Lituania, Fancily Pla pining and Sexual Health Association, Esmeralda Kuliesyte

México, GIRE, Ana Cortés

Nigeria, Women's Health and Action Research Centre, Friday Okonofua

Polonia, Federation for Wonien arid Family Planning, Wanda Nowicka

Sudáfrica, Women's Health Project, Sanjani Varkey

Estados Unidos, National Black Women's Health Prqject, Shelia Clarke; National Network of Abortion Funds y Civil Liberties and Public Policy Prograni, Hampshire College, Marlene Gerber Fried


¿Por qué el aborto?

Para las mujeres, el aborto siempre fue un medio de controlar sus vidas. En el pasado, todas las culturas contaban con formas de proveer abortos a las mujeres que, por diversas razones, no deseaban hijos. Sin embargo, en los últimos siglos, la sociedad ha tratado de limitar cada vez más la capacidad de las mujeres de controlar su capacidad reproductiva. Por un lado, las políticas de población han intentado decidir por ellas si deben tener más o menos hijos. Por otro lado, la profesión médica ha buscado profesionalizar la salud reproductiva, erosionando con ello el rol de las parteras tradicionales y de las mujeres mismas en el campo de la salud reproductiva. Asimismo, en varios países, las instituciones religiosas han procurado aplicar reglamentaciones más restrictivas a las circunstancias, si las hubiere, en las que el aborto es aceptable.

La Iniciativa de Johannesburgo se basa en el reconocimiento de que los individuos tienen el derecho de controlar sus propios cuerpos, su sexualidad y su capacidad reproductiva, sin coacción, discriminación y violencia. Sin embargo, en todo el mundo les es negada esta oportunidad a mujeres, hombres y adolescentes. En algunos casos, esto es el resultado de la falta de acceso a los servicios, como la protección y el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual, los anticonceptivos y el aborto. En otros, se debe a que la sociedad no reconoce la necesidad de igualdad entre ambos sexos. El embarazo no deseado es uno de los indicadores de esta desigualdad, cuando se les niega a las mujeres el derecho a decidir con quién y cuándo tener relaciones sexuales y si desean o no un hijo. Esto, junto con la falta de acceso a los servicios, conduce a altas tasas de abortos ilegales y frecuentemente inseguros. Cuando el aborto es ilegal o inaccesible, la búsqueda del mismo humilla a las mujeres y quebranta el respeto a sí mismos y su dignidad. Estos abortos pueden terminar en la criminalización, la infertilidad o la muerte.

El aborto representa el último recurso de una mujer. En el contexto de la desigualdad de géneros, donde la sexualidad y la reproducción son aspectos sobre los que las mujeres frecuentemente no pueden ejercer control, el aborto sirve como una salida. Sucede lo mismo en contextos en los cuales el acceso ala anticoncepción es limitado o cuando fracasan los métodos anticonceptivos. Esperamos construir, a largo plazo, una sociedad en la que toda persona tenga, como afirma la Plataforma de Acción de Beijing, "El derecho a tener control y decidir libre y responsablemente sobre temas relacionados con su sexualidad, incluso la salud sexual y reproductiva, libres de coacción, discriminación y violencia". Hay un largo y difícil camino a recorrer antes de que alcancemos este fin.

Actualmente, el derecho a elegir y el acceso al aborto son un prerrequisito absoluto para que las mujeres puedan ejercer sus derechos humanos. Sin el acceso al aborto, las mujeres no pueden ejercer su libertad y no pueden vivir una ciudadanía plena. Por esta razón, la lucha por el derecho al aborto se sitúa en el centro del movimiento por los derechos y la salud las mujeres, Éstas iniciativas sirven para fortalecer ese movimiento.


¿Que significa "acceso al aborto"?

El pleno acceso al aborto es un concepto clave en la Iniciativa de Johannesburgo. In esta publicación se describe el "acceso" en relación con la ley; los servicios de salud, la información, educación y comunicación (IEC); los prestadores de los servicios de salud, y la esfera pública. Todos estos factores son percibidos como los que potencialmente controlan el acceso de las mujeres a los servicios de aborto. Lograr el pleno acceso al aborto significa:

En relación con la ley. El aborto debe ser despenalizado. No se deben adoptar medidas punitivas contra individuos a organizaciones que prestan servicios de aborto. No se debe criminalizar a las mujeres que solicitan y se realizan abortos.

En relación con los servicios de salud. Las mujeres deben tener el poder de tomar decisiones respecto de la interrupción del embarazo sin intervenciones negativas de los que funcionan como guardianes.

Deben ser eliminadas todas las restricciones, como las relativas a la edad, o los requerimientos del consentimiento de los padres o esposos. Se deben suprimir la exigencia de la aprobación de varios profesionales médicos antes de practicar un aborto. La etapa de la gestación no debe ser un impedimento. Igualmente, deben ser suprimidas las prohibiciones de los procedimientos médicamente apropiados, el counselling obligatorio y todas las restricciones basadas en consideraciones religiosas y socioculturales.

El acceso pleno significa que los servicios son gratuitos o fácilmente asequibles, la calidad de atención es buena y están aseguradas la privacidad y confidencialidad. Deben ser accesibles en todos los puntos geográficos y en el nivel de atención primaria.

Las administraciones deben responsabilizarse de que los procedimientos utilizados por las mujeres sean adecuados, actuales y seguros. Las instituciones de investigación y los gobiernos nacionales deben priorizar el desarrollo y la provisión de métodos que las mujeres puedan controlar.

En relación con la información, educación y comunicación. Las mujeres deben conocer sus derechos conforme a la ley, cómo acceder los servicios de aborto y qué opciones tienen para el procedimiento. Todas las posibilidades de elección deben ser acompañadas de información que les facilite la capacidad de elegir qué es lo mejor para ellas, en lugar de estar restringidas por una agenda de control de población. Las oportunidades educativas deben incentivar la educación entre pa­res y los materiales deben apoyar este enfoque y estar escritos en un guaje apropiado. Deben incrementarse los espacios para la educación a fin de incluir la formal y la informal, y debe estar centrada en la salud y los derechos.

En relación con los prestadores de la atención de la salud. Se debe institucionalizar la enseñanza y la capacitación en la provisión y atención del aborto. Las políticas institucionales deben asegurar que haya prestadores adecuados. Asimismo, debe ser cuestionado el abordaje médico de atención de la salud, que coloca la autoridad en manos de los médicos, a diferencia de otros profesionales de la salud, como las parteras.

Los prestadores de servicios de salud deben proporcionar el servicio con la misma diligencia con la que prestan cualquier otro. Si bien se debe respetar el derecho de los prestadores a elegir, las instituciones de capacitación deben ayudarlos para que puedan distinguir con claridad entre ideas personales y su responsabilidad por la provisión del servicio. Los prestadores no deben intentar limitar el derecho de las mujeres a elegir el aborto, ya sea imponiendo sus perspectivas individuales sobre el proporcionando información sesgada, o imponiendo obstáculos burocráticos para que reciban una atención rápida y responsable.

En la esfera pública. Se debe desestigmatizar el aborto. Se deben apli­car estrategias que contrarresten las de los movimientos antiaborto, cuya principal actividad es evitar el acceso a la atención y a los servicios de aborto.


Copyright: Women's Health Project 2001
Publicado por: The Women's Health Project School of Public Health University of the Witwatersrand Johannesburgo Sudáfrica
P O Box 1038 Johannesburg 2000 South Africa
Fax: 27 11 489 9922
Teléfono: 27 11 489 9917
E-mail: womenhp@wn.apc.org
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