Por qué gays y lesbianas queremos el derecho al matrimonio
por Jorge Alberto Chávez Reyes
Queremos el derecho al matrimonio. Creo que en las parejas del mismo sexo debemos tener el derecho de elegir o no el matrimonio de la misma manera que lo tienen las parejas de diferente sexo.
El Matrimonio no va a desaparecer y es simplemente un asunto de justicia e igualdad ante la ley, que tengamos el derecho a escoger si queremos casarnos a o no.
El matrimonio en términos básicos es un contrato de compromiso solidario entre dos personas que quieren estar juntas. No pedimos nada revolucionario aquí, por lo que dudo que el matrimonio entre parejas del mismo sexo se convierta en la causa de la destrucción de nuestra sociedad como pretenden hacer creer algunos fanáticos ultra - conservadores y fundamentalistas cristianos que interpretan y obedecen la Biblia a su conveniencia. Como dijimos, el matrimonio no va a desaparecer porque le quitemos la carga religiosa; después de todo ese fue su origen, un contrato civil. Tampoco las relaciones entre gays o lesbianas van a desaparecer porque no tengan un reconocimiento legal, hasta ahora nunca lo han tenido y siempre han existido.
Entonces, ¿por qué impedir que dos seres humanos que así lo desean, establezcan entre sí ese compromiso?
Aparte de los aspectos emocionales, para gays y lesbianas el matrimonio tiene muchas cosas que ofrecernos, cosas que aún no tenemos. A menudo se dice que matrimonio es sólo una pedazo de papel, pero en términos légales ese "pedazo de papel" te ofrece beneficios importantes en términos de propiedad y derechos de custodia y paternidad, así como el derecho de tomar decisiones respecto de la salud de tu compañero si sobreviene una emergencia o hacer los arreglos del entierro en caso de muerte. Tomemos, por ejemplo, el caso de la paternidad, como compañero sentimental y doméstico de un padre biológico, no importa cuánto tiempo hayas estado en la vida de un niño (y él en la tuya) si la relación termina o tu compañero muere no tendrás ningún derecho a seguir en contacto o asumir la custodia de ese niño, a pesar del amor, del cariño y los cuidados que puedas haberle dedicado o de lo importantes que seas para él.
En un nivel más amplio, el matrimonio otorga un estatus dentro de la sociedad que "vivir juntos" no da. Ahora que los hombres y mujeres gays y lesbianas estamos tratando de que nuestras relaciones sean tomadas en serio, lograr el derecho al matrimonio sería un importante paso hacia esa meta. He estado con mi compañero por casi cinco años y mi madre le ha dado más importancia al hecho que mi hermana y su novio después de sólo un mes de conocerse, se comprometieron y empezaron a planificar su boda.
Los opositores al matrimonio del mismo sexo fuera de la comunidad gay-lésbica son, principalmente – ya lo dijimos – los cristianos fundamentalistas. Su oposición es tan radical e irracional que será imposible encontrar argumentos que los convenzan.
Sin embargo una proporción cada vez más grande de matrimonios no pasa por la Iglesia lo que trae a colación, nuevamente, el hecho que el matrimonio en términos técnicos es un contrato legal mucho más que un sacramento religioso. Si se considera que sólo un porcentaje minoritario de la población es católica practicante, este debería ser un asunto en que la Iglesia no debería pretender tener la última palabra.
Inevitablemente, hablar de matrimonio implica hablar también hablar de divorcio. El divorcio tendría que reconocer el derecho de gananciales sobre la propiedad, el de custodia sobre los hijos (adoptados o biológicos), si los hubiera y el derecho a pensión de manutención si la situación financiera de una de las partes lo amerita; derechos que como parejas gays o lesbianas, no tenemos actualmente.
En el caso de un amigo al que conozco hace mucho tiempo, por ejemplo, luego de terminar una relación que duró varios años, su ex-pareja se quedó con todo lo que adquirieron juntos, la casa, el auto, y hasta con los perros. Realmente me hubiera gustado tener a mi alcance una manera legal de que el pudiera reclamar sus derechos de propiedad.
Desde el interior de la comunidad gay-lésbica, los que se oponen al la lucha por obtener el derecho al matrimonio, nos acusan a los que estamos comprometidos en este esfuerzo, de querer adoptar valores heterosexuales inaplicables para nosotros.
¿Tener una casa, un trabajo, un carro o un compañero con el que deseas pasar el resto de tu vida son "valores heterosexuales" inaplicables a nuestra realidad de gays o lesbianas?
Yo pienso que se trata, más bien, de valores humanos. No creo que sólo por tener el derecho a casarse todos tengan la obligación de hacerlo, lo importante es tener la opción de hacerlo o no. El Matrimonio no va a desaparecer y debemos estar en capacidad de decidir si queremos adherir a él, de la misma manera que escogemos a tener determinada profesión, comprar un carro, establecer un hogar o abrir una cuenta de banco.
Plantear el Matrimonio también trae consigo analizar la cuestión de la monogamia. Como está diseñado actualmente, el matrimonio es una unión monógama pero, como yo lo veo, lo más importante es que se trata de un compromiso de solidaridad. Las relaciones humanas no se dan sólo en blanco y negro y muchas personas tienen exitosos matrimonios "abiertos" porque el centro de su relación es ese compromiso de solidaridad mutua.
Nuestras relaciones no son iguales que las relaciones heterosexuales, eso queda claro.
Las relaciones entre lesbianas no son, tampoco, lo mismo que las relaciones entre hombres gay, aunque tengan mucho en común. Pienso que el matrimonio en general, necesita ser redefinido más como un acuerdo de sociedad, como un compromiso de compañerismo y solidaridad que como una institución "sagrada"; pero es necesario que, si decidimos entrar en él, lo hagamos con un compromiso pleno y de todo corazón. Si a los gays y lesbianas nos dan el derecho a casarnos, nosotros redefiniremos el matrimonio para adaptarlo a la naturaleza de nuestras diferencias con respecto a como funciona en relaciones heterosexuales. Necesitamos que se nos de la oportunidad de hacerlo y también necesitamos darnos nosotros mismos esa posibilidad.
PRENSA MHOL ORGULLO 2001
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