Maternidad, Sexualidad y Comportamiento Reproductivo:
Apuntes sobre la Identidad de las Mujeres
Alma Gloria Nájera Ahumada, María Blanca López Arellano, Angélica
Aremy Evangelista García, Úrsula Zurita Rivera, Isaura Ortiz Álvarez y Bertha Aparico Jiménez
En el presente artículo se pretende esbozar algunas
reflexiones sobre cómo las mujeres valoran la maternidad y cómo
perciben el ejercicio sexual, por juzgar que son dos elementos
fundamentales para que una mujer decida hacer uso o no de la
metodología anticonceptiva, es decir, para que regule su
fecundidad, y además por considerar que estos dos mismos
elementos son centrales en la construcción de la identidad genérica
de la mujer.
El trabajo que se presenta forma parte del proyecto
"Valoración de la maternidad, ejercicio sexual y
comportamiento reproductivo en tres áreas rurales de México",
que se lleva a cabo en la Dirección de Estudios de Población de
la Dirección General de Planificación Familiar, como parte de
sus actividades de investigación; el proyecto es financiado por
la Organización Mundial de la Salud (OMS), si bien la etapa en
que se encuentra en estos momentos no permite hacer una discusión
de sus resultados; sin embargo, los periodos que anteceden al
procesamiento y análisis de la información, así como el mismo
trabajo de campo, nos permiten presenter algunas reflexiones en
torno a los siguientes aspectos.
En primera instancia, se discute la relación entre las tres
dimensiones centrales del proyecto desde la perspectiva de género,
que se propone como la que mayores elementos puede proporcionar al
estudiar dimensiones que parecen centrales en la identidad genérica
de las mujeres, como son su maternidad, el ejercicio sexual y la
regulación de la fecundidad.
Como un segundo apartado,
presentamos la estrategia para abordar la problemática a estudiar
a través de una entrevista de profundidad, cuyos ejes centrales
son la unidad doméstica y el ciclo de vida, y argumentamos por qué,
al estudiar esas dimensiones, consideramos que son fundamentales
si lo que pretendemos es incursionar en la vida de las mujeres,
intentando reconstruir parte de su identidad genérica, entendida
esta última como el proceso mediante el que cualquier ser humano
asume su ser. En este proceso, es esencial el aporte del entorno
cultural en el que se desenvuelve, en oposición al hecho biológico
de haber nacido con un sexo; en este sentido estamos privilegiando
ese proceso de construcción social que se inicia desde el
nacimiento aunque, si bien está determinado por lo social,
reconocemos que en lo individual se produce mediante procesos psíquicos
y mentales.
En este mismo apartado, se discute la conveniencia de abordar lo
que hemos denominado informantes clave, para tratar de reconstruir
el contexto cultural en el que se insertan las mujeres con
respecto a esas tres dimensiones. En la clásica definición de
salud de la Organización Mundial de la Salud se plasma la búsqueda
de un equilibrio del ser humano, dado que se afirma que la salud
debe ser considerada como el completo estado de bienestar físico,
social y mental.
Finalmente, en el último apartado, discutimos
algunos puntos que pensamos que el presente proyecto puede aportar
para tratar de rescatar, en la operatividad de los programas, esa
parte donde el discurso se presenta muy explícito con respecto a
la salud de las mujeres.
Valoración de la maternidad, ejercicio sexual y comportamiento reproductivo
La perspectiva de género en los estudios de la reproducción
A partir de las políticas de población destinadas a bajar el
ritmo de crecimiento poblacional, las mujeres de diferentes
sectores sociales han podido controlar el número y momento de sus
embarazos, con lo que han hecho efectivo el derecho reconocido
explícitamente en la I Conferencia Mundial de Población
organizada por las Naciones Unidas, que tuvo lugar en Bucarest en
1974. Sin embargo, estas políticas se han puesto en práctica sin
atender otros fenómenos y procesos sociales que se encuentran íntimamente
ligados con la reproducción y la fecundidad, como son el lugar de
las mujeres en la sociedad, el sentido y valorización de la
maternidad, el significado simbólico de los hijos para los
varones, el ejercicio de las sexualidades masculina y femenina. De
esta manera, un conjunto de prácticas que podrían tener como
resultado el aumento de la autonomía y la disminución de la
subordinación de las mujeres, no parece estar llevando a tales
resultados sino, por el contrario, a un aumento sobre el control
de las mismas (De Barbieri, 1985).
Para acercarnos a la comprensión del comportamiento
reproductivo de las mujeres, y en específico a la valoración de
la maternidad y el ejercicio sexual, nos remitimos a la reflexión
sobre las distintas formas en que las mujeres viven y manifiestan
la relación que establecen con su cuerpo.
Es en el cuerpo-persona
(Aisenson, 1981) donde se expresan y concretan en forma visible la
percepción que se tiene de la vida y la muerte, cuerpo que vive,
siente y expresa los contenidos de lo que significa ser mujer en
un contexto sociopolítico y cultural específico, concepción del
mundo que define la posición y comportamiento de los sujetos
frente a distintos eventos del quehacer cotidiano.
En esta línea de investigación, abordamos a nuestros sujetos
de estudio a partir de las diferencias construidas socialmente
sobre la base de una capacidad biológica como lo es la procreación,
que se expresan a través de la división sexual del trabajo y las
relaciones de poder que se manifiestan a través de éstas, pues
las distintas formas en que varones y mujeres perciben y asumen la
vida han sido explicadas a través de esta diferencia biológica.
Las distintas manifestaciones que expresan las formas de sentir,
de interactuar, de percibir el amor y de amar, de apropiación de
procesos, del ejercicio de poder, de valorar comportamientos
concretos frente a eventos cotidianos y de participación en
experiencias vitales, son expresiones de la construcción social
de ser varón o ser mujer.
La perspectiva de género nos permite compenetrarnos en el ámbito
cultural, donde los sujetos que deseamos conocer recrean sus
vidas, pues es a través del conocimiento de los valores,
costumbres, tradiciones e ideas que conforman su cosmovisión, que
podemos acercarnos a la forma en cómo las mujeres valoran,
sienten y expresan la vivencia de la maternidad y el ejercicio
sexual. A través de esta perspectiva se ha podido constatar que
no es lo mismo el sexo biológico que la identidad asignada; ésta
es una construcción social, una interpretación social de lo biológico.
La división en géneros, basada en la anatomía de las personas,
supone formas determinadas de sentir, de actuar, de ser. El género
se adquiere a través de un complejo proceso individual y social.
Es necesario aclarar que en esta propuesta no se intenta
excluir el concepto de clase social del análisis histórico de
las mujeres, pues sus condiciones de vida, así como sus
comportamientos concretos, están adscritos a un momento histórico
específico (condiciones económicas, sociales y políticas).
De
tal forma, deseamos conocer cómo es que las mujeres aprehenden y
asumen una cosmovisión que va a organizar y estructurar su ciclo
de vida, es decir, de qué manera interiorizan los valores,
creencias, costumbres y tradiciones que van a construir su
identidad genérica como sujetos sociales miembros de una
comunidad.
El vínculo entre la valoración de la maternidad, el ejercicio
sexual y el comportamiento reproductivo se expresa necesariamente
en la relación que el cuerpo femenino establece con el mundo
exterior, es decir, la forma en cómo las mujeres sienten y viven
sus afectos, sus emociones y la forma en cómo se perciben ellas
mismas, el cuerpo, el espacio donde se sintetizan los contenidos
de lo que significa ser mujer, la definición que legitima o
descalifica a una mujer en un contexto cultural es específico.
Maternidad y sexualidad, expresiones vitales
del cuerpo
femenino
Uno de los elementos relevantes de haber considerado la
valoración de la maternidad y el ejercicio sexual como objetos de
estudio dentro del proceso de investigación del comportamiento
reproductivo y la regulación de la fecundidad, en particular de
las mujeres, estriba en que dicha maternidad ha sido referente
social para ir construyendo la identidad de las mujeres, no como
algo natural sino precisamente como un producto social, a lo largo
de la historia de la humanidad.
Paralela a dicha construcción se
ha ido marginando la sexualidad de la reproducción, en particular
la femenina; se le ha dado una connotación valorativa de
culpabilidad, de definición en función de los otros y de negación
del placer personal para vivir en función del placer de la otra
parte, de represión de la sexualidad como precio de la sublimación
de la maternidad, función propia de la mujer.
Ante esas premisas, cuerpo, sexualidad y maternidad, son
expresiones de un mismo hecho social: el comportamiento
reproductivo.
No pretendemos ni queremos decir con esto que en
ellos se agote ese comportamiento, pero sí son manifestaciones
culturales que se han intentado explicar desde distintas
perspectivas teóricas.
Una de ellas asienta que las mujeres han
sido expropiadas de su sabiduría, de su creatividad y de la
posibilidad de diversificar sus deseos; complemento de lo anterior
es que el cuerpo de las mujeres ha sido normado, sometido a las
necesidades de un sistema clasista-sexista que las define como un cuerpo-ser-para-
los-otros
(Basaglia, 1987), cuerpo para la procreación, para prodigar, para
servir, para maternalizar; cuerpo disciplinado que se somete y
legitima frente a la sociedad como mujer-madre, madre-esposa
(Lagarde, 1990), reproductora de vida, de cultura.
De tal forma, a partir de esta perspectiva, la identidad de las
mujercs se define con base en los atributos que la sociedad ha
depositado en una capacidad biológica como es la procreación,
interpretación social que reduce los espacios de interacción y
limita las posibilidades de desarrollo de las mujeres como seres
humanos; en esta forma, las mujeres son especializadas desde la
infancia para cumplir con la encomienda de ser madres y su
existencia se organiza en torno a la maternidad.
Ésta se
constituye así en institución fundante de la subjetividad
femenina; los descos, necesidades, fantasías e intereses que las
mujeres visualizan en su ciclo de vida, se definen por las
expectativas que depositan en el hecho de ser madres.
De esta forma, como lo asienta Lagarde (1990), el significado
que las mujeres atribuyen a la maternidad se constituye en el eje
organizador de sus vidas, pues a través de esta vivencia se
pretende encontrar la completud, la legitimidad como mujer, en un
mundo donde para ser reconocida se necesita haber parido.
Las
mujeres tienen que dar vida para ser visibles, para ocupar un
lugar en este mundo, y esa posibilidad la ofrece la maternidad, la
capacidad de procrear, de reproducir la especie y el linaje, de
educar, socializar, custodiar la sexualidad, resguardar y
controlar que el orden del universo impuesto no sea relajado, es
decir, velar porque la cultura se reproduzca, reafirmar día con día
los contenidos de esta cosmo-visión que fragmenta el cuerpo para
la procreación o para el placer.
Es así, que al vincular a las mujeres con el "instinto
maternal" -entendido éste como una cualidad natural a su
identidad femenina-, se les atribuyen adjetivos relacionados con
el amor, la bondad, la renuncia, la entrega; siempre vinculada a
la capacidad de dar, madre dadora, nutricia, siempre dispuesta a
dar, si es necesario llegar a la renuncia con el propósito de
satisfacer las necesidades o deseos del otro (hijos, esposo, compañero,
amigas/os, etc.) (Basaglia, 1987).
Este vínculo con "los otros" a través de la
prodigalidad es el contenido esencial de la maternidad como
institución, que define la identidad de las mujeres y a través
de la que encuentran sentido a su existencia; se busca la
completud por medio de la satisfacción de las necesidades de
"los otros"; así, los deseos de las mujeres se vuelven
los deseos de "los otros".
Sin embargo, otra postura alternativa -aunque consideramos que
también complementaria a la anterior- postula que en ese vivir y
ser para los otros, las mujeres encuentran también la satisfacción
que les dan los hijos, el permitirles que esa necesidad de
maternalizar todo en su entorno la cumplan en ellos; a través del
trato cotidiano en el proceso de socialización y crianza, las
mujeres depositan en los hijos una serie de valores, que en cierta
medida recompensan esa expropiación: la compañía que les
brindan, el amor que les prodigan a ellos y éstos a ellas, la
sensación de felicidad que logran a través de esos ratos y
etapas en la cotidianidad, el juego, la diversión.1
Por otra parte, también lo que ellas perciben, lo que pueden
obtener a través de cumplir con esa norma de la maternidad, está
relacionado, por un lado, con la valoración social de la mujer en
el sentido de que la "familia" existe solamente cuando
una pareja tiene hijos, antes no, y de tal forma se adquiere ese
estatus al que la mujer aspira; por otro, la percepción de
obtener, a través de los hijos, un lazo más fuerte en la unión
ya sea matrimonial y aun con más fuerza cuando es consensual.
Asimismo, en el ámbito psicológico la mujer obtiene una serie
de gratificaciones a través de los hijos, que incluyen cuestiones
tales como tener una motivación para obtener éxitos y realización,
el sentirse más femenina, el tener responsabilidades en la vida,
el sentir que sus hijos son la prolongación de ellas mismas y,
por otra parte, ese poder que se obtiene a través de la
manipulación de los afectos de los hijos en el interior de la
familia (Block, 1990; Chodorow, 1989; Espenshade, 1977).
A partir de esas dos perspectivas aparentemente tan disímiles,
pensamos que se puede explicar la fuerza con que la mayoría de
las mujeres siguen siendo madres, si bien es cierto que, vista
desde la primer postura, es asumir la maternidad como algo que
despersonaliza a las mujeres, y las hace ver como sacrificadas y víctimas;
a partir de la segunda interpretación, las mujeres pareciera que
obtienen una serie de satisfacciones y gratificaciones, por lo que
consideramos que las dos perspectivas se complementan y juntas
pueden ser una interpretación que se acerca más a la realidad,
de cómo viven las mujeres la maternidad.
Por otra parte, la procreación, como capacidad inherente a la
fisiología de las mujeres, en sí misma, no tiene ningún poder;
es la sociedad la que ha depositado, a través del control de esa
capacidad, garantizar que los hijos sean consanguíneos; esto es
posible sólo si se norma el cuerpo de las mujeres. Esa postura
considera que el cuerpo femenino es regulado a través de los
contenidos de lo que significa ser mujer, es decir, la conformación
de su identidad; esto también se expresa a través de la
legitimación de una unión, sea contrato matrimonial o unión
libre.
Las mujeres, al institucionalizar una unión de pareja, en
un contexto patriarcal, ya no tienen derecho a establecer vínculos
sexuales con otra persona, y si lo llegan a hacer se hacen
merecedoras de fuertes sanciones.
Podemos decir que, mediante el contrato matrimonial, la
sociedad reglamenta en qué condiciones se pueden tener relaciones
sexuales; puede suponerse que esta forma de normar el acceso al
cuerpo y con ello las relaciones sexuales también se extiende a
los varones; sin embargo, esto no es así, pues la concepción
cultural, que delimita los espacios de interacción entre los
sujetos, ha definido también valores morales que van a normar los
comportamientos, deseos, formas de sentir, de acercarse al placer
y al goce, diversas formas de encontrar la completud, que no son
los mismos para varones y mujeres.
La expectativa o fantasía es
ser reconocida ante los otros; por lo tanto, en el marco de las
representaciones sociales; ser mujer significa ser madre.
De tal forma, pareciera que las mujeres viven la maternidad
como una cuestión fundamental que, si bien es cierto las
subordina, las expropia y las hace ser "un ser para los
otros", también lo viven como algo gratificante y
satisfactorio, por lo que esa parte fundante de su identidad la
viven con ambivalencia y conflicto. Es en este sentido, que una de
las inquietudes que se desprende de este estudio es conocer de qué
manera la identidad genérica de las mujeres se ha redefinido a
consecuencia de la adopción de métodos anticonceptivos o si su
comportamiento reproductivo se ha modificado por las condiciones
materiales en que vive, o por algún otro elemento del contexto
cultural. Sabemos que las mujeres cuando deciden regular su
fecundidad valoran (en forma consciente o inconsciente) diferentes
acontecimientos de su vida diaria; la valoración de los hijos, el
significado que la maternidad da a sus vidas, sus condiciones de
salud, su relación de pareja, la ausencia de fuentes de trabajo,
etc.; todas estas expresiones son incorporadas en el proceso de
toma de decisiones que las mujeres efectúan cuando deciden
regular su fecundidad.
Es necesario entonces acercarnos a la comprensión de los
valores atribuidos a la maternidad, preguntarnos por ejemplo qué
sucede cuando algunas mujeres deciden espaciar sus embarazos. Eso
significaría atentar contra uno de los valores más altos que
constituyen la concepción del cosmos, es atentar contra su propia
identidad, aceptar que ya no quiere o ya no desea ser madre, después
de haber aprehendido una concepción de lo que debía ser mujer,
cuyo cumplimiento la legitima y la hace merecedora de prestigio
frente a los demás. La adopción de métodos anticonceptivos
puede posibilitar que las mujeres asuman una actitud diferente
frente a sí mismas y al mundo, es decir, la práctica
anticonceptiva puede ser una vivencia que permita un proceso de
reflexión, en el cual las mujeres aprendan a tomar decisiones
sobre sus cuerpos, sobre sus vidas, la posibilidad de vivir una
sexualidad placentera, de diversificar sus deseos, de ganar
espacios que expresen su autonomía como sujeto protagónico en la
creación de la cultura.
Por otra parte, en el sentido más amplio, la sexualidad se
refiere no sólo a las excitaciones, actividades y
representaciones presentes desde el inicio del desarrollo
psicobiológico; la sexualidad no constituye un dispositivo ya
estructurado previamente, sino que se va estableciendo a lo largo
de la historia individual y colectiva, y se constituye en el seno
de estructuras intersubjetivas.
En torno al ejercicio sexual
existen opiniones, valores y elementos afectivos y esta esfera de
componentes refleja los factores ideológicos y culturales de una
sociedad.
Existen distintos planteamientos teóricos que desarrollan la
manera como se percibe socialmente la sexualidad femenina. Uno de
los planteamientos más interesantes ha sido el desarrollado por
Franca Basaglia (1987). Esta autora señala que el cuerpo femenino
ha sido considerado como un cuerpo-para-otros. Plantea que
las etapas del cicio de vida de las mujeres pasan por las
modificaciones y alteraciones de su cuerpo; que para la mujer el
espacio que le ha sido reservado es su cuerpo, y sobre las
funciones naturales de éste se define su existencia; su
comportamiento está encaminado a proporcionar cuidados vitales,
cuidados afectivos. De esta forma, pareciera que su ser mujer está
relacionado con la obligación de proporcionar algo a los demás,
dar algo real o simbólico, existir para los otros. Sólo de esta
manera se reconoce frente a los demás, no se asocia con el goce y
el placer sino con el amor, el compañerismo o la obligación.
Las desigualdades en la adquisición de poder entre los géneros
en nuestra sociedad se plasman fuertemente en la dimensión de la
sexualidad femenina, que ha sido un espacio en donde existen más
prohibiciones, pero también existen concesiones y planteamientos
ambiguos. La exageración de las dotes femeninas de seducción en
los medios masivos de comunicación, en aras de una supuesta
liberación de la sexualidad, se ha convertido en otra forma de
control del cuerpo femenino. Parafraseando a Basaglia, se puede
plantear que una cultura en donde se exalta el aspecto sexual en
la vida de una mujer en detrimento de otras cualidades a
desarrollar, impide que esta sexualidad sea verdaderamente suya.
Se sabe que el entorno social influye en la construcción
social de la sexualidad y en las modalidades que adopta la
conducta sexual de los individuos, pero aún existen muchas
interrogantes para saber por dónde cruza la relación entre lo
sociocultural y la conducta sexual individual, y en identificar
las interrelaciones concretas entre los aspectos anteriores y el
comportamiento reproductivo.
Por otra parte, la bipolarización de la sexualidad femenina y
masculina es otra construcción social basada en ese sistema de géneros.
Se le ha dado a la mujer el lugar de no tener una necesidad o un
deseo sexual, o tenerlo en un grado mucho menor que el del hombre,
porque su acercamiento a lo sexual se apoya invariablemente en el
amor, en el romanticismo y la ternura. De tal forma, la vida
sexual no parece ocupar un lugar central en la vida de las mujeres
y mucho menos asociarse con el placer. En ese sentido, a las
mujeres se les ha visto como objeto de deseo exclusivamente y
pocas veces como sujeto activo, y de ahí la desexualización o la
consideración de la sexualidad femenina más como impulso
afectivo que como un impulso físico hacia el placer, como lo ha
mencionado Vance (1989).
¿Qué tiene que ver la regulación de la fecundidad con la
valoración de la maternidad y con el ejercicio sexual?
Sabemos que los seres humanos (varones y mujeres) tenemos en la
vida la capacidad de producir con el cuerpo la posibilidad de
placer en el cuerpo del otro/a. Pero sólo las mujeres tenemos un
cuerpo que produce otro, sólo el cuerpo de las mujeres ha
asegurado hasta ahora la sobrevivencia del huevo fecundado y, por
lo tanto, de la especie humana. De ahí que el cuerpo femenino sea
valioso en las edades reproductivas, pues posee un poder
particular, específico de las mujeres. No es que el cuerpo
femenino como entidad biológica tenga poder, son las sociedades
las que se lo otorgan. Para asegurarse un control efectivo sobre
la reproducción es necesario actuar también sobre la sexualidad,
lo que requiere reglamentar el acceso al cuerpo femenino (De
Barbieri, 1991).
Cuerpo y sexualidad sobrevalorados son ejes sobre los que se
estructura su condición genérica y la opresión. Los principios
que la mantienen en la dependencia y, también, los espacios en
los cuales se funda y desarrolla la opresión que totaliza sus
vidas, como grupo social y como particulares. Por esto, al mismo
tiempo cuerpo y sexualidad son instrumentos y sus espacios de
poder, porque están a disposición de la sociedad y de la
historia, en la forma en que cada sociedad ha necesitado y
decidido que sea.
Así, la dicotomía entre la fecundidad natural y la controlada
es una construcción ideológica que pone de manifiesto la relación
entre el poder y la sexualidad. La reproducción no ocurre en
individuos aislados, sino en sociedad. La reproducción biológica
de la población es inseparable de la reproducción social o de
los sistemas sociales como un todo.
Cada sociedad organiza e interviene en diferentes momentos de
la secuencia del proceso reproductivo. Cada momento de la
secuencia reproductiva ofrece una oportunidad para la toma de
decisiones y el manejo de conflictos. Los factores que gobiernan
la organización de estos diferentes momentos se relacionan con
las formas de organización social, la división sexual del
trabajo, los sistemas de representación y, especialmente, con las
concepciones acerca de las formas de relación entre los géneros.
Dependiendo de la organización de estos factores en un momento
dado, podemos hablar de diferentes sistemas o diferentes modelos
de reproducción.
Cada sociedad establece guías para distinguir los casos en los
que la reproducción es permitida, e incluso requerida, de
aquellos en los que la sexualidad no debe llevar a la procreación.
Cada sociedad establece normas para limitar la multiplicidad de
formas que puede adoptar la sexualidad.
Una de las formas
institucionales de la sexualidad reproductiva y de la no
reproductiva es la que divide la reproducción para las esposas y
la no reproducción para las prostitutas. La sexualidad conyugal,
sobre todo al inicio de la vida en pareja, es uno de los espacios
en donde la reproducción no sólo es permitida sino alentada.
Como asientan Rodríguez et al., (1995), las creencias,
mitos y experiencias propias de cada sexo son distintas y
complementarias al mismo tiempo, de manera que se establece una
relación que reproduce los estereotipos de género para ambos.
Los mitos y creencias alrededor de la sexualidad operan en un
nivel no consciente que, a pesar de ser contradichas por la
racionalidad y la información, suelen convertirse en parte de la
identidad y definición del ser varón o ser mujer.
Las construcciones subjetivas en relación a la sexualidad
parecen tener un fuerte vínculo con las creencias de la religión
judeo-cristiana, en lo que respecta a una marcada necesidad de
negar el erotismo femenino en favor de una sexualidad
reproductiva.
La perspectiva que equipara la sexualidad femenina a
la función reproductiva parece tener consecuencias directas en la
manera como se vive la sexualidad y en las acciones que se
implementan para evitar un embarazo.
En sociedades fuertemente sexistas y de gran represión sexual
-como son las latinoamericanas-, la maternidad es una institución
por medio de la cual se justifica el ejercicio de la sexualidad
femenina y su razón de ser en el mundo.
A este discurso, que no
ha perdido su vigencia hoy día, se sobrepone otro que le dice a
lasmujeres que sean menos madres, que tengan sólo los hijos que
puedan alimentar, cuidar y educar; es decir, en la práctica de la
anticoncepción y en el discurso que la promueve hay una
desvalorización de hecho y simbólica de la función materna como
se vivía y pensaba anteriormente. Esto es, se promueve otro tipo
de maternidad, y por ende otra valorización, donde la razón y la
capacidad de incidir en ella es fundamental a partir de la
utilización de la metodología anticonceptiva, ya que es una
maternidad controlada, espaciada y limitada, y su elección
pareciera ser el resultado de un proceso racional y explícito,
una vez valoradas sus ventajas y desventajas en términos económicos,
emocionales y de salud, tanto para la mujer como para la pareja.
Pero a la vez, el contexto social y cultural -esto es, las
distintas situaciones económicas, la Iglesia, los organismos
estatales, los medios de comunicación, parientes y amigos-
obligan a las mujeres a tener hijos.
Las mujeres no pueden optar
por no tener hijos y hacer un proyecto de vida que, asumiendo la
sexualidad, no pase por la maternidad, sin ser objeto de la
preocupación, el desconcierto y rechazo que genera esta opción
(De Barbieri, 1985: 110).
En el discurso se reconoce que la decisión de adoptar un método
anticonceptivo depende, no sólo del acceso que se tenga al mismo,
sino que es un proceso más complejo en el que se valoran los
medios de regulación de la fecundidad desde una perspectiva
psicológica, social y de acceso y evaluación a las diferentes
fuentes de obtención.
En este sentido, la promoción y difusión
de la metodología anticonceptiva es argumentada en el discurso de
las políticas y programas de población, en términos de
favorecer el mejoramiento de la salud materno-infantil, pero también
posibilitar que la población que hace uso de ella, especialmente
las mujeres, puedan acceder a otras opciones que no se
circunscriban únicamente a la maternidad o paternidad, según sea
el caso. De tal forma que al planear sus embarazos se contribuya a
la realización de otras actividades como la incorporación al
mercado laboral y al estudio, entre otras, además de las que se
derivan de la reproducción y cuidado de los hijos.
Sin embargo, habría que reconsiderar estas aparentes ventajas
que trae consigo el uso de la anticoncepción en determinados ámbitos,
donde es imposible desarrollar esas otras actividades porque es
inexistente o limitado el acceso real al mercado laboral o a la
educación.
Así, vemos que la maternidad y el ejercicio sexual
son vivencias que tienen que ser incorporadas en el estudio del
comportamiento reproductivo de las mujeres, pues ambas constituyen
-en un mundo clasista-sexista- el punto nodal en el cual se
sustenta la apropiación del cuerpo femenino y por tanto de la
identidad genérica de las mujeres. Queremos analizar esta
experiencia en relación con otras vivencias, pues la valoración
de la maternidad, así como el ejercicio sexual pueden modificarse
a partir de la experiencia vivida como madre.
No proponemos que estas afirmaciones -descritas, elaboradas y
retomadas en este planteamiento teórico- sean tajantes,
definitivas o universales, sino únicamente esquematizan una
muestra del tipo de interpretaciones que se le han dado a las
construcciones sociales alrededor de la identidad de los géneros.
Precisamente en cuanto construcciones sociales, asumimos que
pueden irse modificando e incidiendo sobre ellas, a partir de la
identificación de las formas en que se fomentan y reproducen, a
la par que de la manera en que las personas individuales van
repitiéndolas o bien van construyendo otras interpretaciones, a
partir de sus realidades específicas y de sus historias
concretas. Es decir, no se da como algo determinado e inescrutable
en lo que no se puede intervener, sino como una referencia
compleja, reproducida durante muchos años por mecanismos ideológicos
y culturales, pero al final de cuentas construcción social, que
puede llegar a transformarse, por complejo que esto resulte.
La perspectiva cualitativa en los estudios sobre
comportamiento reproductivo
El problema que nos ocupa, además de tener referencias en
otras investigaciones dentro de esta línea, tiene básicamente
sus inicios en la revisión de algunos de los resultados obtenidos
en el estudio sobre "Determinantes de la práctica
anticonceptiva en México" (Edepam) llevado a cabo en 1988 en
la Dirección General de Planificación Familiar (Figueroa et
al., 1988).
Una de las reflexiones que nos interesó fue que
la maternidad y la sexualidad ocupan papeles importantes, ya que
en función de la percepción que se tenga de la posibilidad de
decidir y ejercer la propia sexualidad -en parte permeada por
relaciones de poder en la pareja, pero también por valoraciones
sociales-, se darán opciones o existirán las mismas para acceder
o para planear ideales definidos alrededor de esos ámbitos.
Paralelamente, la forma en que se proyecte esa construcción de la
maternidad en el proceso vital de las mujeres puede definir su
grado de motivación para llevar a cabo algo que modifique sus
potenciales reproductivos.
La necesidad de continuar en la profundización de este
comportamiento y de algunos de sus elementos como ejes de este
proceso, fue lo que nos llevó a plantear una investigación
sustentada en una metodología que recogiera evidencias sobre todo
de corte sociocultural, y que nos ayudaran a explicar más en
profundidad la conjugación o diversidad de factores que se
encuentran inmersos y entrelazados en las decisiones sobre
reproducción, teniendo siempre presente que la búsqueda que nos
hemos planteado es sólo una parte de sus componentes.
La necesidad de visualizar dicho comportamiento desde otra
perspectiva, por ende también nos permitirá observar el
comportamiento particular de las mujeres desde otros ángulos que
no habían sido considerados como importantes para la toma de
decisiones reproductivas.
Para lograr nuestros objetivos, decidimos hacer la búsqueda a
través de técnicas (entrevistas a profundidad) que nos
permitieran conocer y profundizar dentro de lo posible, en todo
ese proceso que lleva a una mujer a tomar una decisión en el
campo reproductivo, ya sea en forma consciente o no, haciendo un
énfasis especial en aquellos momentos clave de una decisión como
lo son la unión, la primera relación sexual, el primer hijo,
entre otros.
A través de la técnica seleccionada, en el presente proyecto
se intenta profundizar precisamente en valoraciones que son difíciles
de expresar, y que se encuentran matizadas por toda una serie de
aspectos objetivos pero también subjetivos, no del todo
conscientes, respecto a la maternidad y ejercicio sexual. La toma
de decisiones no necesariamente implica una secuencia, tanto en términos
temporales como espaciales de pasos a seguir, donde se tenga
"claro" qué es lo que se busca y cómo se intenta
conseguir, sino un proceso en el cual la motivación y los costos
se puedan dar al mismo tiempo y, a su vez, incidiendo recíprocamente.
Nuestra propuesta recupera la conceptuación sobre la toma de
decisiones que, en última instancia, permea toda la investigación,
dado que el tener hijos, hacer uso de la anticoncepción, tener
relaciones sexuales, o no, son eventos en la vida de cualquier
mujer que tienen que ver con decisiones ya sea
"racionales" o "inconscientes", que están
obligadas a adoptar a lo largo de su vida.
En este sentido, el énfasis de nuestra propuesta se encuentra
permeada por la perspectiva de género, en términos de lo que a
la mujer se le ha inculcado desde su primera etapa de socialización,
y que va conformando su identidad genérica; en tal sentido nos
preguntamos ¿qué tantas posibilidades tiene una mujer de
decidir, cuando la norma social le dicta a ella que el ser madre y
el no gozar su sexualidad es lo que le toca en la vida? Es decir,
tratamos de acercarnos a esa parte de la cultura y al grupo al que
pertenece, en términos de lo que se podrían llamar las
decisiones "no racionales", porque se van adquiriendo y
aprehendiendo sin que uno quiera o se dé cuenta y que, además,
van conformando esa identidad que nos va a conducir por la vida.
Si los elementos centrales de nuestra propuesta están puestos
en la valoración de la maternidad y el ejercicio sexual -que son
ejes fundantes de la identidad de la mujer-, la de género es una
perspectiva que nos permitirá entrar en esa subjetividad y, además,
en ese contexto cultural que la va delineando y conformando. Lo
central de nuestra propuesta teórica no se puede separar de la
propuesta de acercamiento a la realidad, por tanto se eligió la
entrevista abierta, que le permitiera a la mujer no encasillarse
en preguntas y respuestas, sino hablar, si bien no en total
libertad porque es a través de una guía, sí ir estructurando
parte de su vida, y lo más importante ir estructurando procesos,
de tal forma que aunque el marco conceptual es una guía para
delimitar la información que requeríamos, también la propuesta
analítica nos proporciona la oportunidad de reconstruir los
conceptos.
Por otra parte, las dimensiones o grupos de variables
seleccionadas en las entrevistas, tienen una secuencia temporal,
en términos de lo que sería una decisión a través del ciclo de
vida de la mujer, que es una dimensión que organiza los tiempos
de vida de ellas, y no mediante cuál sería el siguiente paso de
una decisión en específico. Como se ha plasmado, este proyecto
surge como inquietud de seguir ahondando en el comportamieno
reproductivo de la población. La búsqueda nos obliga a
incursionar desde otra perspectiva, que permita visualizer a la
mujer como un todo y no fragmentada, que ponga énfasis en la
mujer como un ser integral inserto en una cultura y contexto
determinado. Una en la que se tome en cuenta la posibilidad de ir
reconstruyendo sus vivencias desde la infancia -la cual se da
fundamentalmente en la unidad doméstica-, así como que permita
identificar qué tan importantes son esos dos elementos en la
construcción de su identidad genérica. Por tales razones, es la
perspectiva de género la propuesta central para analizar el
proyecto.
El abordar este proyecto desde perspectiva tal permite
introducirnos al cómo se va construyendo la identidad de la
mujer, en el sentido de ir desdibujando esa parte que va más allá
del mero hecho biológico de haber nacido hombre o mujer, es
decir, ir hilando la trama de ese tejido social en el entorno que
la hace convertirse en un ser con cierta identidad propia de su género.
A continuación presentamos la forma en que decidimos acercarnos a
las mujeres, a fin de que conjuntamente con ellas, intentiramos
reconstruir esa parte de su identidad genérica, la valoración de
la maternidad y el ejercicio sexual, así como la posible relación
que existe entre ellas.
Estrategia de acercamiento a la realidad estudiada
El estudio y explicación de las mediciones -que en su momento
cumplieron su objetivo- no han permitido entender la complejidad
del comportamiento reproductivo como un proceso integrado por
factores estructurales macrosociales, características
individuales, psicológicas, culturales, económicas y biológicas
(Rubin, 1989; García y Garma, 1989).
Dadas a la tarea de intentar comprender la compleja red de
interacciones e interrelaciones individuales y sociales que den
cuenta de ciertas valoraciones que signan la experiencia de la
maternidad, el ejercicio sexual y su posible vinculación con la
regulación de la fecundidad, construimos ciertos instrumentos que
nos permitieran explorar la expresión no sólo individual de esta
experiencia, sino también los significados colectivos
predominantes en los ámbitos en los que ellas se encuentran
inmersas, es decir, su comunidad.
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