Magdalena León T.
Las amenazas anónimas, los pasquines, constituyen viejo medio de
expresión de posiciones intolerantes y antidemocráticas. Se han usado
aquí y en otras latitudes, como recurrente vehículo de homofobia, de
irrespeto a la diversidad sexual, de amedrentamiento hacia quienes
tienen opciones distintas a la impuesta como única y "normal", como
son gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros (GLBT).
Ahora transmitidos vía Internet, los pasquines pierden en parte el
anonimato, no así su carácter violento. Pero sin dejar de lado la
indignación ante las amenazas homofóbicas difundidas en días recientes
por los medios de comunicación, es preciso hacer un ajuste de foco y
mirar los efectos perversos que puede traer el tratamiento
sensacionalista de tales denuncias.
¿Cuándo y cómo difundir amenazas de pasquín, concederles crédito,
importancia, legitimidad? Asunto delicado si se quiere evitar resultados
contraproducentes. En este caso, en virtud del sensacionalismo, el o los
autores de un texto deplorable en contenido y forma, han conseguido
gran difusión para una posición dañina, que no merece eco alguno.
A su vez, las personas amenazadas adquieren una notoriedad que no
construye, que las deja atadas a ese entorno negativo. El país mismo
pasa a ser visto desde un prisma distorsionado cuando la denuncia
recorre circuitos internacionales. Todo esto en nada abona a los
cambios que estos hechos reclaman.
Si de algo pueden servir estos nefastos episodios para intensificar un
trabajo de afirmación y difusión de derechos, de fortalecimiento de una
cultura de la diversidad, de orientación, de educación. Desafío
constante para personas, entidades y medios comprometidos con los
derechos humanos y la democracia.
Caben entonces otras miradas. Y vemos que, por fortuna, no es este
rasgo negativo lo que caracteriza al país en cuanto a definición de
derechos humanos, derechos sexuales y cultura de la diversidad. Al
contrario, entre los pocos saldos positivos de la última y conflictiva
década del siglo anterior, se cuentan los avances constitucionales y
legales en materia de derechos civiles y colectivos, en cuyo contexto se
ha explicitado el principio de no discriminación por razones de
orientación sexual, lo que coloca al Ecuador como uno de los más
avanzados del continente.
Vemos también que la defensa de derechos relativos a la diversidad
sexual va dejando de ser una lucha en solitario de personas
directamente afectadas y entidades comprometidas con esa causa; pasa
poco a poco a ser asumida como asunto de humanidad que nos
concierne a todas y todos, se convierte en tema de trabajo de más
organizaciones e instituciones.
Esta aproximación de causas y actores sociales dio un paso muy
significativo en el marco del reciente "Foro de las Américas por la
Diversidad y la Pluralidad", evento realizado en Quito como parte del
proceso hacia la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Xenofobia
y otras formas de Intolerancia.
Asimismo, en el Plan de Acción, concertado por unos 500 delegados y
delegadas de todo el continente, se condena por igual al racismo, la
xenofobia y la homofobia como crímenes de lesa humanidad; se
proponen mecanismos para su sanción, y se plantean medios para
fortalecer la cultura de la diversidad.
Ese plan recoge, entre otras, las propuestas trabajadas en días previos
por la "Reunión Satélite sobre Racismo, Discriminación e Intolerancia
a la Diversidad Sexual", realizada en FEDAEPS. Las potencialidades
legales y socioculturales de estos nuevos enfoques son enormes y
merecen ser ampliamente debatidas y difundidas.
Está por demás señalar que esto no niega la importancia de denunciar
los de abusos en contra de personas GLBT, y más aún de hacer un
seguimiento de casos para conseguir las sanciones o reparaciones
respectivas, el cual será siempre indispensable hasta lograr la plena
despenalización sociocultural de la homosexualidad para desterrar toda
práctica discriminatoria y sesgada en los sistemas policial y judicial, en
las instituciones, en la sociedad y en la cultura.
* Artículo publicado en el Diario Hoy, Quito, sábado 21 de abril 2001
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