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DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS
Los más humanos de todos los derechos

Irene León

Se dice que los derechos sexuales y reproductivos son los mas humanos de todos los derechos, pues atañen al plano íntimo de las individualidades y opciones, y tienen que ver con la creación de la humanidad, sin embargo, hubo que esperar hasta finales del siglo XX, para que los derechos y libertades inherentes a ellos empiecen a delinearse en la comunidad internacional.

Mas aún, la mayoría de países no solo que prescinden de formular, hasta ahora, políticas sobre los temas de sexualidad y reproducción, sino que sus posturas reflejan serias atemporalidades en relación a estas problemáticas y no tienen ningún reparo en sustentarlas en el propio seno de las Naciones Unidas.

Durante siglos, prevaleció la idea de que la sexualidad y la reproducción eran indivisibles y solo debían regirse por una versión estática y unilineal de la moral. Esta visión fue el cimiento de procedimientos, instituciones y preceptos autoritarios, que condujeron a expropiar a las mujeres de las decisiones sobre su cuerpo y modos de vida. Esos criterios sirvieron, ulteriormente, de base para el desarrollo de una visión demografista, basada exclusivamente en criterios económicos y de presunto interés colectivo.

De ahí que la propuesta de derechos devuelve a estos aspectos de la vida su calidad humana, y permite que la sexualidad y la reproducción puedan enfocarse por separado, visualizando que su ejercicio no siempre tiene que ver con las mismas motivaciones.

Esta perspectiva se relaciona con una búsqueda de democracia en la vida privada, cuyo concepto clave es la autonomía y, por esa vía, la libertad para tomar decisiones y el derecho a escoger, lo que presupone, a la vez, que la posibilidad de optar sea parte del imaginario colectivo, de la cultura democrática de las sociedades y, que por lo tanto, estén al alcance de todas y todos.

En ese sentido, la libertad de orientación sexual no se limita a reconocer los derechos de quienes, a pesar de las condiciones represivas, han logrado optar por modos de vida propios: las lesbianas, bisexuales y transgénero, sino que alude al conjunto de personas que, privadas de la posibilidad democrática de ejercer su autonomía, sucumben, sin cuestionamientos, a la única opción legitimada socialmente: la heterosexualidad.

Solo las mentalidades autocráticas, y por ende autoritarias, pueden imaginar un mundo basado en una sola opción y activar todos los mecanismos posibles, los represivos, los comerciales, los ideológicos, entre otros, para mantenerla a toda costa.

De no ser así, ¿sería necesario el bombardeo publicitario que se difunde en todas partes, cientos de veces al día, con representaciones que asocian a la heterosexualidad productos, bienes y hasta las propias proyecciones de felicidad?; ¿Sería necesario articular el currículo educativo, dedicado a formar mentalidades, a estas mismas representaciones?

Si la heterosexualidad, presentada como la única vía, fuera una opción democrática y humana, no sería necesario que los poderes se atrincheren enposturas defensivas, ni que satanicen las otras opciones.

Las diferentes intervenciones culturales sobre la sexualidad, orientadas a instrumentalizar las posibilidades reproductivas de las mujeres, están relacionados con una construcción social que implica la más compleja de las manipulaciones de la sexualidad humana, pues convierte al cuerpo de las mujeres en un medio de trabajo reproductivo. Por eso el establecimiento de los derechos sexuales y reproductivos está relacionado no sólo con las condiciones procreativas, sino también las relaciones de trabajo reproductivo que, como todos los trabajos, es susceptible de explotación.

La reproducción implica desde un proceso corporal -la gestación- hasta la dotación de servicios sociales, económicos, y condiciones emocionales, cuya temporalidad, por lo general, abarca toda una vida. Por eso la realización de la perspectiva de derechos es requisito indispensable la reapropiación de los aspectos simbólicos, físicos y educativos de la procreación por parte de las mujeres.

La libertad de escoger, tiene que ver con la independencia y el ejercicio de ciudadanía; propiciar un contexto donde las personas puedan decidir cuando y en qué condiciones optan por la reproducción, sin presiones para hacerlo o dejar de hacerlo, es una manera de ampliar el marco democrático haciéndolo extensible a la vida privada.

Son los nuevos movimientos sociales, en especial el de mujeres y el movimiento GLBT, quienes han planteado, a nivel nacional e internacional, que los derechos sexuales son derechos humanos básicos, al cuestionar la división entre lo privado y lo público y sustentar que el carácter indivisible, universal e inalienable de los derechos es extensible a la vida privada.



Mujeres Acción 2000
América Latina-Caribe


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