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Chile
Mujeres indígenas rurales: reflexiones y desafíos para un nuevo
pacto social
Las cifras dejan en evidencia las desigualdades existentes de
allí la importancia de hacer un balance y evaluación de las
políticas dirigidas a los pueblos indígenas a objeto de ponderar
sus impactos.
por Angélica Wilson, Sudirectora, Cedem
21 de octubre de 2008
La población indígena ha sido asociada tradicionalmente al
ámbito rural, sin embargo en la actualidad el mayor porcentaje
de población indígena habita en el medio urbano, situación que
ha generado un debate que se plasma en la demanda indígena que
busca reivindicar los derechos de los pueblos originarios más
allá de los territorios ancestrales o las fronteras establecidas
por el Estado y la sociedad chilena. Si bien, el territorio
rural representa un área de referencia cultural que tiene un
gran significado para los pueblos indígenas de nuestro país y
constituye un espacio de reproducción cultural que otorga
sentido de pertenencia e identidad también se asocia a una
historia de despojo, reducción, desplazamiento, impacto del
modelo económico sobre los ecosistemas, los sistemas de
producción y reproducción de sus formas de vida y cultura, entre
otros.
Dentro de este contexto, las mujeres indígenas que habitan en
distintas zonas rurales del territorio nacional enfrentan
diversas realidades y luchan cotidianamente para generar las
condiciones básicas de subsistencia, dado que hasta ahora los
dispositivos institucionales e instrumentos de política pública
destinados a encarar las problemáticas que enfrentan mujeres y
hombres indígenas en las zonas rurales han resultado
insuficientes para superar las desigualdades y brechas
existentes y en muchas ocasiones constituyen paliativos a la
pobreza y/o exclusión social. Las cifras oficiales así lo
demuestran, los niveles de pobreza de la población indígena
superan en 10,6 % los niveles de pobreza de la población no
indígena. La indigencia (8,3%) es prácticamente el doble que
entre la población no indígena (4,5%). La situación de pobreza
en las zonas rurales para la población indígena tiene una mayor
incidencia que la no indígena (Casen 2003). Los hogares
indígenas perciben ingresos menores a los hogares no indígenas y
tienden a concentrarse en el quintil más bajo de ingresos. De
hecho, si en el conjunto de la población aproximadamente el 20%
de las personas forma parte de este estrato socioeconómico,
entre los indígenas llega a más del 40%.[1]
Si analizamos la jefatura de hogar femenina según condición
étnica, podemos observar que en las zonas rurales la proporción
de mujeres indígenas jefas de hogar es mayor (21,4%) que la de
las mujeres no indígenas (17,8%). Según la Casen 2003 hay una
diferencia de 3,6 puntos porcentuales. Esta misma fuente
demuestra que se mantiene la brecha en la tasa de analfabetismo
entre la población indígena y no indígena, dado que ésta supera
en más del doble al porcentaje de analfabetismo entre los no
indígenas (8,4% frente 3,7%).
Respecto del acceso de las mujeres indígenas a la tierra, el
Censo Agropecuario de 1997 en sus tabulados especiales referidos
al pueblo mapuche muestra que, de un total de 329.705
explotaciones, 48.535 corresponden a explotaciones mapuche
(14,7%), de las cuales 34.457 están a cargo de productores
hombres (71%) y 10.583 a productoras mujeres (21,9%) y 3.495 a
explotaciones no individuales (7,2%) (sucesiones, comunidades
indígenas, sociedades).
Estas cifras dejan en evidencia las desigualdades existentes de
allí la importancia de hacer un balance y evaluación de las
políticas dirigidas a los pueblos indígenas a objeto de ponderar
sus impactos, recoger aprendizajes y diseñar estrategias que den
respuesta efectiva a la demanda indígena, especialmente en un
contexto en que se han creado nuevos dispositivos
institucionales que se plasman a través del instructivo
presidencial de junio de 2008 de “Re-conocer el pacto social por
la Multiculturalidad” que establece los énfasis de la nueva
política indígena, la cual se articula en torno a tres ejes
fundamentales: a) Sistema político, derechos e
institucionalidad; b) Desarrollo integral de los pueblos
indígenas; c) Multiculturalidad y diversidad. Esta nueva
estrategia involucra la creación de unidades de asuntos
indígenas en todos los Ministerios a objeto de definir acciones
en función de las áreas de competencia, adecuar políticas,
planes y programas, establecer mecanismos de información y
consulta con los pueblos indígenas para el diseño de medidas
legislativas o administrativas que puedan afectarles, entre
otras.
Obviamente estamos frente a nueva etapa de la política indígena
que es preciso monitorear y al mismo tiempo establecer
mecanismos de control ciudadano, dado que la construcción de una
sociedad multicultural y democrática no es una tarea fácil, que
al Estado le compete la responsabilidad de velar por el
ejercicio pleno de los derechos de los pueblos indígenas, pero
también es preciso que la sociedad en su conjunto rompa las
fronteras y abra el espacio necesario para que la
interculturalidad se encarne en nuestras prácticas cotidianas de
convivencia en el espacio rural o urbano.
[1] Documento N° 14 Etnias y Pobreza en Chile. Análisis Casen
2000. Mideplan. Abril 2002
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