
Documento de posición de la Campaña por una Convención
Interamericana por los Derechos Sexuales y los Derechos
Reproductivos
38° Asamblea General de la OEA, Medellín, junio de 2008
Las personas y organizaciones integrantes de la Campaña por una
Convención Interamericana por los Derechos Sexuales y los
Derechos Reproductivos expresan algunos puntos de preocupación
sobre problemas que afectan la vida de las personas jóvenes en
nuestro hemisferio y su derecho a disfrutar plenamente de la
democracia. Especialmente, queremos llamar la atención sobre
aquellas políticas públicas en el campo de la educación, la
salud, el trabajo y la sexualidad.
Nos preocupa que los derechos sexuales y derechos reproductivos
no estén comprendidos explícitamente como derechos humanos que
deben ser respetados. Así mismo, que estos derechos no sean
mencionados en la “Declaración de Medellín: Juventud y Valores
Democráticos”, a pesar de que tienen gran importancia en la vida
cotidiana de adolescentes y jóvenes, y su desconocimiento y
violación puede afectar gravemente su desarrollo y participación
social.
Aunque muchas veces las y los jóvenes tienen amplio acceso a la
información, la misma reproduce preconceptos y estereotipos
sexistas y tienen enormes dificultades para una efectiva
prevención de las ITS, el /VIH-SIDA, embarazos no deseados y sus
consecuencias. En relación a esos temas, la población joven es
más vulnerable y encuentra límites para su autonomía decisoria.
Estos no son problemas de los y las jóvenes, sino de nuestras
sociedades y gobiernos.
No basta que los y las jóvenes tengan información sobre métodos
de anticoncepción. Es necesario que tengan una educación sexual
integral, laica y accedan a servicios de salud sexual y
reproductiva, respetando la intimidad, confidencialidad y las
elecciones personales. Los servicios en salud sexual y
reproductiva deben ser diseñados con la participación de las y
los jóvenes.
De acuerdo a los datos de ONU-SIDA y OMS sobre el SIDA, en los
países de la región de 14.000 nuevos casos diarios por VIH cerca
del 50% son personas de 15 a 24 años y de éstas cada vez son más
mujeres. A pesar de eso, no hay un cambio de comportamiento
significativo por parte de sectores juveniles en cuanto al uso
de preservativos. Eso se debe a una conjunción de factores
culturales y sociales que tienen que ser considerados. La salud
es un derecho universal y el Estado tiene la tarea de
garantizarlo para todas las personas, sin ningún tipo de
discriminación. Cambiar comportamientos no es fácil ni rápido,
deconstruir siglos de una cultura que aún ve el cuerpo y la
sexualidad de las mujeres como algo a ser controlado y asumir la
responsabilidad de preservar la salud y las relaciones
placenteras, pueden generar transformaciones positivas.
Es importante reconocer las diferentes formas de vivir la
sexualidad, las diversas orientaciones e identidades sexuales y
de género que abren un abanico amplio de posibilidades de
relacionamiento humano. Es un gran desafío velar por el derecho
de los y las jóvenes para que expresen libremente su orientación
sexual, identidad de género, sus sentimientos y deseos, sin ser
objeto de discriminación o persecución, tanto en los ámbitos
doméstico, educativo, laboral y de salud, como en la plena
participación social y política.
Así mismo se requiere preservar la integridad de personas
intersex que sufren cirugías forzadas en los primeros años de su
infancia lo que las transforma en víctimas de violencia.
El embarazo forzado es otra gran preocupación, pues lleva a un
sector significativo de jóvenes y adolescentes a provocar el
aborto de forma clandestina y acarrea muchas veces daños
irreparables para la salud e incluso riesgos de muerte. Por otro
lado encontramos en las periferias de nuestras ciudades y en los
sectores rurales innumerables adolescentes que asumen con escaso
apoyo la función de la maternidad.
Otro problema que afecta cotidianamente la vida de muchas
jóvenes es la violencia de género física, sexual y psicológica.
La cultura sexista ha dado permiso a los hombres para que traten
a las mujeres como de su propiedad, dando lugar a la
comercialización del cuerpo, la trata de personas, la
explotación laboral y sexual. Frecuentemente el espacio
doméstico es el lugar de mayor riesgo para la vida de las
mujeres. Hay estudios que evidencian que en casos de violación,
la mayoría de las veces el agresor es un miembro de la familia
(padre, padrastro, marido y hermano). Es preciso no cerrar los
ojos ante estas realidades que se agudizan en contextos de
conflicto armado y diseñar políticas públicas que prevengan y
sancionen esas situaciones.
En el campo de los derechos sexuales y los derechos
reproductivos, queremos llamar la atención sobre un aspecto
fundamental que es el derecho al placer, al erotismo, a una vida
sexual plena. Influencias religiosas mezcladas en la cultura,
niegan la posibilidad de que los y las jóvenes puedan tener una
vida sexual libre y autónoma. Queda por tanto el desafío de
respetar la sexualidad juvenil como un derecho que requiere
condiciones objetivas para ser vivido.
Por último destacamos que para el pleno ejercicio de los
derechos democráticos, es necesario reconocer a los y las
jóvenes como actores concientes de sus necesidades físicas,
sociales y emocionales, con capacidad para discutir y decidir
sobre las políticas y programas que van a incidir en su vida
sexual y reproductiva.
La Campaña por la Convención Interamericana por los Derechos
Sexuales y los Derechos Reproductivos solicita a la Asamblea
General de la OEA que visibilice estas preocupaciones y derechos
en la Declaración de Medellín.
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