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Presentación de la Campaña en
Uruguay
En el Primer Encuentro Universitario sobre Salud, Género,
Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos
Organizado por la Cátedra Libre en Salud Reproductiva,
Sexualidad y Género de la Facultad de Psicología , de la
Universidad de la República y con el apoyo de UNFPA, se realizó,
el "Primer encuentro universitario sobre salud, genero, derechos
sexuales y derechos reproductivos".
Planteado como Diálogos entre Universidad y Organizaciones de
Sociedad Civil, el encuentro reunió a más de 250 participantes
durante los días 20, 21 y 22 de Noviembre de 2003, en el aula
magna de la Facultad de Psicología.
En el primer día la Soc. Moriana Hernández, de CLADEM - Uruguay,
hizo la presentación de la Campaña por una Convención
interamericana por los Derechos Sexuales y los Derechos
Reproductivos, con las siguientes palabras:
Estamos en campaña por una convención interamericana de los
derechos sexuales y los derechos reproductivos.
La declaración de que los Derechos de la Mujeres son Derechos
Humanos, realizada por la II Conferencia Mundial de DDHH de
Viena en 1993, ha sido un avance histórico que todavía no
terminamos de justipreciar.
El reconocimiento de que los derechos humanos se concretizan, o
no, en personas, de carne y hueso, en hombres y mujeres, ha
implicado un cambio cualitativo en la concepción internacional
de los DDHH, que a nuestro juicio, aún demanda ser profundizado
e implementado en todas sus consecuencias en la normativa
regional y nacional.
Si bien el reconocimiento de la diferenciación sexual ha sido un
avance sustancial. Pensamos que no podremos seguir avanzando en
la construcción de una ciudadanía más plena para hombres y
mujeres haciendo como que la sexualidad no existiera. No se
trata de un tema adicional sino del núcleo de las más poderosas
emociones humanas.
Somos concientes que a lo largo de la historia la sexualidad y
la reproducción humanas han sido objeto de un tratamiento las
más de las veces represivo, con vocación disciplinaria y
normalizadora, en particular sobre los cuerpos y las vidas de
las mujeres. El discurso sobre el cuerpo de las mujeres nunca
fue propio hasta la aparición del feminismo. Los discursos
disciplinarios del cuerpo y la consiguiente construcción de la
naturaleza femenina son representaciones masculinas hechas por
los hombres e introyectadas por las mujeres.
Poder abordarlo en un debate público equivale a afirmar la
voluntad colectiva de ampliar las posibilidades de convivencia
pacífica en los espacios públicos y domésticos y aporta a la
tarea de democratizar nuestras sociedades y al modo que tenemos
de volver a pensar su organización.
Es por ello que hoy nos encontramos comprometidas junto con
Cotidiano Mujer, Repem, Católicas por el Derecho a decidir, la
Redes contra la violencia doméstica y sexual, la de jóvenes por
los ddss y los ddrr y la de salud de las mujeres
latinoamericanas y del Caribe y otras organizaciones hermanas en
la campaña por lograra una Convención Interamericana de DDSS y
DDRR.
Como bien señala el Manifiesto que convoca a la campaña:
"Es una propuesta concebida a largo plazo, que se inscribe en el
objetivo de garantizar y fortalecer los derechos humanos de
todas las personas desde su nacimiento. Su objetivo final es
institucionalizar un discurso de derechos que coloque en el
centro la recuperación y reapropiación de nuestros cuerpos y
nuestras vidas, que por fin reconozca a las mujeres su condición
de sujetos plenos, desde una visión que amplíe sus libertades y
otorgue nuevos significados al principio de igualdad y no
discriminación para todos los seres humanos."
Concebimos nuestra propuesta como un aporte a la construcción de
sociedades democráticas, y por ello se propone en un primer
momento impulsar procesos que nos permitan como sociedad,
informarnos, discutir, debatir, revisar y volver a pensar sobre
los ddss y los ddrr.
"Como sabemos que lo que no se logra instalar en el imaginario
social, no cala, ni posee capacidad transformadora, nuestra
pretensión es incidir también en las dimensiones culturales y
sociales, contribuyendo a vencer prejuicios y resistencias, a la
vez que en las políticas, institucionales y jurídicas, que son
las que en última instancia definen y orientan los recursos del
poder, determinan el alcance de nuestros derechos y establecen
las atribuciones y responsabilidades de la ciudadanía y de los
Estados."
El documento citado afirma "la importancia y pertinencia de
elaborar nuevos marcos normativos de garantía y protección que
nos permitan defender de manera más precisa y con mejores
herramientas nuestros derechos sexuales y nuestros derechos
reproductivos, fortaleciendo la comprensión y prácticas de
afirmación y defensa de nuestros derechos humanos."
Pero frente a la complejidad y dimensión del desafío que nos
planteamos las dudas superan ampliamente las certezas, tanto en
el plano conceptual como en el de las estrategias. Entre otras
cosas nos preguntamos ¿será el campo normativo de una convención
interamericana el campo apropiado para esta disputa? Una breve
mirada a la historia nos propone una respuesta a esta inquietud:
el discurso normativo ha sido y continúa siendo utilizado para
controlar la sexualidad de las personas, y en especial de las
mujeres. Es más, el control sobre los cuerpos y la sexualidad
femenina es uno de los ejes articuladores de cuantos códigos
religiosos, morales o jurídicos han regido a la humanidad desde
hace más de 3000 años.
Complementariamente hay otro dato que nos indica que no estamos
tan mal rumbeadas al tratar de intervenir en el diseño del
discurso jurídico: es que las fuerzas conservadoras hacen todo
lo posible para impedirlo y disputan no sólo cada palabra, cada
frase, documento, sino hasta cada letra. Y no estoy exagerando,
recuerden la disputa en torno a la S en familia versus familias
en los últimos documentos internacionales.
Las preocupaciones de los sectores fundamentalistas que expresan
declaraciones como la de la Congregación para la Doctrina de la
Fe, que lanzó desde el Vaticano una campaña mundial contra el
reconocimiento legal del matrimonio de parejas homosexuales, o
los reiterados llamados a la desobediencia civil realizada por
algunos prelados frente a leyes vinculadas con algunos derechos
sexuales o reproductivos, como el de Entre Ríos que hace poco
llamaba a desobedecer la ley de despenalización de la
prostitución, o la Ley de salud reproductiva y sexual de la
República Argentina; para no hablar de la campaña desatada en
varios países de América Latina en contra de el Protocolo
facultativo de la CEDAW, o el tratado de ética para políticos
católicos del cardenal Joseph Ratzinger que orienta a los
políticos a asumir una actitud de "resistencia profética" contra
las leyes moralmente "injustas" e "imperfectas" en relación a
temas tales como aborto, divorcio, anticoncepción, eutanasia,
experimentos genéticos, homosexualidad, parejas
extramatrimoniales, clonación humana.
Sin olvidar los aportes que en esta dirección provienen de la
administración Bush, que pueden ejemplificarse con las
declaraciones de Mr. David Hager asesor para asuntos de salud
reproductiva, quien además de aconsejar a las mujeres a tratar
el síndrome premenstrual con lectura bíblica y oración, se ha
empeñado en la campaña contra del aborto legal. En fin la lista
es larga y cualquiera de nosotros podría continuarla.
Como bien señalara la Dra. Chiarotti, "en el ámbito del Derecho,
los DDSS y los DDRR constituyen una cuestión fronteriza, rozando
siempre peligrosamente otros campos de los que el Derecho
occidental se sentía ya independizado, como el religioso, el
filosófico o el moral."
¿Por qué plantearse entonces, en una región donde el panorama de
los ddssy los ddrr sigue siendo polémico y preocupante, nada más
ni nada menos que una campaña como la que nos estamos
proponiendo?
Justamente por eso mismo. Porque en los últimos años múltiples
son los desafíos que a nuestra ciudadanía de mujeres presenta la
ofensiva conservadora y fundamentalista sobre los diversos modos
de expresión de la sexualidad humana y también sobre las
clásicas y las nuevas maneras en que la reproducción humana se
produce.
Con diversos matices, en unos países más que en otros, pero
puede afirmarse que en A.L. y el Caribe, a pesar de nuestras
Constituciones, la realidad nos muestra una frágil separación
entre Iglesia y Estado, y una gran influencia de las jerarquías
eclesiásticas que sistemáticamente pretenden limitar el
desarrollo de iniciativas de protección de los ddss y los ddrr
de sus ciudadanas y ciudadanos. La búsqueda de la Convención es
en este panorama también una lucha por la defensa, afirmación y
fortalecimiento de la laicidad de los Estados como garantía de
democracia.
Como dice el Manifiesto de la Campaña: "La separación entre las
iglesias y el Estado es la única forma aceptable de gobierno en
una sociedad democrática, los Estados deben adoptar una postura
neutral ante los diversos dogmas de fe. Conservar su carácter
laico supone lograr una separación total, clara y absoluta entre
las competencias de las iglesias que corresponden exclusivamente
lo/as creyentes y las del Estado que corresponden al interés
público y ciudadano."
Hoy el campo en litigio ya no se circunscribe meramente de la
planificación familiar o la regulación del aborto inducido,
tradicionales y muy vigentes banderas reivindicativas del
movimiento de mujeres de nuestro continente. Nuevos temas se nos
suman, y también requieren argumentación y construcción de una
masa crítica de pensamiento y acción: la fecundación asistida,
la clonación humana, los códigos de bioética, los diferentes
arreglos familiares, las uniones civiles de personas del mismo
sexo, etc. etc . Sobre todos ellos debemos pensar y actuar
procurando reapropiarnos de nuestros cuerpos y nuestras vidas.
Pero el logro de un texto legal internacional no significaría
por sí mismo un avance si no fuera fruto de un proceso que
implique debates amplios y sostenidos, la construcción de
alianzas, el fortalecimiento de capacidades del movimiento de
mujeres, la ampliación de la agenda del movimiento de derechos
humanos, la ruptura de fronteras conceptuales, la interlocución
con otros y otras actores y actoras.
Por tanto, resulta tan importante como el texto de la convención
el proceso que nos demos para llegar a ella, porque implica la
difícil pero necesaria construcción de consensos sobre la
facultad de ejercer, disfrutar y poder expresarse libremente en
relación con los ddss y los ddrr.
Como si los desafíos ya planteados no fueran suficientes
quisiera acrecentarlos mencionando que la forma en que se
respetan y ejercen los derechos humanos en una sociedad
constituye una de las expresiones más evidentes de los niveles
de articulación entre sus sistemas político y económico. Por
ello no podremos entender los procesos de definición de
derechos, su defensa y ejercicio al margen de los mecanismos de
los que las sociedades se dotan para promover y lograr su
desarrollo. Será por tanto tarea imprescindible defender los
derechos humanos frente a la lógica implacable del mercado.
Reconocer la universalidad, interdependencia e indivisibilidad
de los derechos humanos implica aceptar que no hay jerarquías
entre los derechos humanos, que no existen derechos más
importantes que otros. Para vivir con bienestar no se puede
disfrutar sólo de algunos y no tener otros Para vivir con
bienestar necesitamos trabajo, salud, educación, vivienda, y
también libertad, integridad, dignidad, una vida libre de
violencia.
Es desde esta mirada integradora e integral de los derechos
humanos que pretendemos desarrollar nuestra propuesta sobre los
ddss y los ddrr.
Lo que necesariamente implica que habrá que empeñarse en crear
las condiciones para garantizar efectivamente el ejercicio de
los derechos reproductivos y los derechos sexuales. Y ello
supondrá seguramente la necesidad de remover barreras
discriminatorias de toda índole, así como precisar las funciones
que se derivan de las obligaciones de respetar, promover y
proteger los derechos humanos que tienen los Estados.
Garantizar el ejercicio de la sexualidad y la reproducción
obliga a repensar la familia como espacio intocable y privado
que simboliza armonía, protección y cuidado. Reconocer "el
sagrado inviolable del hogar" como el escenario privilegiado de
abusos originados en la asimetría de poder que se vive en su
interior, uno de cuyos resultados más deleznables, a la vez que
masivos es precisamente la violencia contra las mujeres y los
menores en cifras tan alarmantes que han merecido la
calificación del crimen silencioso más extendido en el mundo por
las Naciones Unidas.
El fundamento patriarcal que organizó la idea y el
funcionamiento de la familia -a pesar de la supuesta modernidad
de nuestros tiempos- todavía subsiste, por ello subyacen en la
normativa y en la aplicación de un conjunto de reglas opresivas
y especialmente discriminatorias para las mujeres, los niño/as y
los adulto/as mayores, que deben ser erradicadas.
Las instituciones jurídicas vinculadas a la familia deben ser
revisadas y repensadas, desde una visión que corrija las
desigualdades de poder en su interior y garantice el bienestar
que tanto proclama para todos sus integrantes. Su revisión desde
una perspectiva democrática debe anclarse en los principios de
libertad, igualdad y solidaridad reelaborados para todos los
individuos que la componen. No es posible aceptar que hasta el
día de hoy existan restricciones legales basadas en principios
morales que impiden a determinadas personas casarse y formar
familia.
La libertad sexual de homosexuales y lesbianas no es
comprendida, aceptada ni respetada en tanto una dimensión de la
libertad, menos aún la de los bisexuales, transexuales o
transgénero, entre otras razones porque todas estas expresiones
vitales ponen también en cuestión los mandatos morales
religiosos, el matrimonio, la familia heterosexual y su
finalidad reproductora. La dificultad de aceptar las
diferencias, es otro de los terrenos en donde hay que trabajar
arduamente para desarticular la idea de lo natural o del mandato
único.
La concepción de que el ejercicio de las libertades sexuales y
reproductivas es individual y privado ha dificultado esclarecer
las relaciones y conexiones que existen entre la afirmación y
ampliación de estas libertades en tanto derechos, y los
contextos políticos, culturales, sociales y económicos.
Como sabemos las instituciones han pretendido moldear y
constreñir nuestros comportamientos sexuales y reproductivos.
Por tanto, no basta con reconocer discursivamente y en forma
abstracta nuestras libertades. Para que éstas se puedan ejercer
realmente tendrán que generarse las condiciones institucionales,
culturales, materiales y subjetivas para su concreción. Ello
quiere decir que para hacerse realidad, no basta con eliminar
las barreras jurídicas actualmente existentes, sino que
requerirán de transformaciones consistentes con la democracia, y
sostenibles a partir de un sistema económico que apunte a la
solidaridad y no sólo la ganancia. La ampliación y el respeto de
nuestras libertades sexuales requieren de modificaciones
sustanciales a todo nivel: legislativas, judiciales, de
orientación en las políticas públicas, en la educación, en los
medios de comunicación, en las instituciones privadas, en las
organizaciones sociales, entre otras. Un cambio cultural,
político y jurídico, con el objetivo de eliminar todo contenido
discriminatorio no sólo del discurso sino y fundamentalmente de
las prácticas de los operadores estatales y de la ciudadanía
toda.
Múltiples son las estrategias que pueden ser pensadas e
instrumentadas para la elaboración de una Convención
Interamericana y de hecho a múltiples estrategias estamos
recurriendo en América Latina y el Caribe.
En los esfuerzos por la Convención interamericana, tal vez una
particularidad uruguaya deba ser aquí señalada. Aunque inmersas
en esta campaña internacional, desde CLADEM Uruguay hemos
optado, en centrar nuestros esfuerzos, por el momento en la
aprobación de un proyecto de ley nacional. Hoy la Coordinación
de organizaciones sociales por la salud reproductiva, que
surgiera a partir de la convocatoria de la CNS, MYSU y CLADEM,
se encuentra conformada por diversas organizaciones de la
sociedad civil tales como el PIT-CNT, diversas organizaciones
juveniles, y numerosos pastores de la Iglesia Metodista,
Valdense y de la religión Afro- umbandista, y está abocada a
impulsar el debate público sobre el proyecto de Defensa de la
Salud Reproductiva.
Es que estamos convencidas y convencidos de que la aprobación
del proyecto de ley de Defensa de la Salud Reproductiva, hoy en
discusión en la Cámara de Senadores, contribuirá no sólo a
resolver situaciones de salud pública y de justicia social en el
Uruguay, sino que también contribuirá al reconocimiento de los
ddss y los ddrr en nuestra región.
Para finalizar y antes de invitarlos a ver un video de nuestra
campaña, me gustaría recordar un señalamiento de la Coordinadora
Regional de CLADEM:
"Para los ddss y los ddrr nunca hay un tiempo oportuno. Este es
el argumento que venimos escuchando desde tiempos inmemoriales a
la hora de reclamar por estos derechos. Por ello, sin dejar de
tener en cuenta la situación local e internacional, emprender
acciones y la puesta en práctica de medidas con relación a los
mismos requerirá siempre un gran margen de audacia".
Y como el primer e imprescindible paso es la audacia de
pensamiento, que nos permita reconceptualizar los mandatos
ancestrales sobre la sexualidad y la reproducción, permítanme
congratularme de la realización de este seminario, que durante
tres días nos exigirá pensar en los ddss y los ddrr como piedra
de construcción de una ciudadanía más plena y democrática para
hombres y mujeres de esta América nuestra.
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