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“Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden
social
e internacional en el que los derechos y libertades
proclamados en
esta Declaración se hagan plenamente efectivos”.
Artículo 28
Declaración Universal de Derechos Humanos
¿Por qué una Convención de los Derechos Sexuales y los Derechos
Reproductivos?
Porque cada vez más personas –hombres, mujeres, jóvenes y
personas transexuales, de todas las edades, razas y colores–
piensan que la libertad y la equidad en estos campos de la vida
humana deben ser garantizados para todos, sin ningún tipo de
discriminación.
Porque cada vez más personas comprenden que no pueden vivir su
sexualidad y sus decisiones en el campo de la reproducción de la
forma como ello/as quieren. Perciben que estas dimensiones de
sus vidas están llenas de restricciones e injusticias y que
existe mucha discriminación para la mayoría. La violación a los
derechos sexuales y a los derechos reproductivos está implicando
hoy la muerte evitable de muchas personas a causa de la
mortalidad materna, abortos inseguros, homofobia, prácticas
discriminatorias inaceptables y la privación de los derechos
básicos. Por ello han comenzado a hablar en voz alta sobre estas
situaciones y han comenzado a afirmarlas como derechos, como un
asunto de derechos humanos.
¿Qué significa que sean derechos humanos?
“Los derechos nacen cuando deben o pueden nacer”.
Norberto Bobbio Esta afortunada expresión de Norberto Bobbio quiere decir, entre
otras cosas, que muchas dimensiones o necesidades humanas son
vistas o reconocidas desde una esfera de derechos a partir de
momentos históricos determinados; y, sobre todo, a partir de
sujetos, grupos organizados o movimientos sociales que politizan
sus malestares, su discriminación y las convierten en demandas.
Esta politización empieza por traducir sus necesidades en
reivindicaciones que plantean ante la sociedad y el Estado.
La sexualidad y la reproducción, como sabemos, han pasado y
siguen pasando por diferentes miradas, dependiendo del momento y
del lugar en el que nos encontremos. No olvidemos que en las
primeras etapas de nuestra historia como seres humanos ni
siquiera entendíamos bien los vínculos entre sexualidad y
reproducción (por ello la reproducción era atribuida a los
deseos de los dioses, a la magia, a los designios de la
naturaleza). A pesar de ser cuestiones aparentemente del pasado,
lo cierto es que la ausencia de información para las grandes
mayorías permanece y la expansión de la libertad en estos
terrenos fue sustituida por mandatos únicos, que de diferentes
maneras –una de las privilegiadas fue precisamente la religión–
fueron sedimentando progresivamente ideas fijas sobre estos
campos, que simultáneamente se plasmaron en leyes nacionales.
Recordemos que la sexualidad y la reproducción han sido ejes
sobre los que también se construyó la subordinación de las
mujeres; en esta medida, el control de su sexualidad y su placer
devino en una pieza clave. En consecuencia, estas dimensiones de
tanta importancia en la vida de la gente fueron ocupando el
lugar que los poderes de turno les fueron asignando, siempre
desde la imposición de un determinado modelo de vida, desde la
óptica de las obligaciones, intentando extirpar toda disidencia,
diversidad y diferencia. Ello aunado a una doble moral que se
hace más fuerte en estos ámbitos, en donde lo que se predica
dista mucho de lo que se practica.
"La ciudadanía no es un dato, sino una construcción".
Hannah Arendt Esta expresión de Hannah Arendt quiere destacar que los derechos
humanos son una invención humana, en constante proceso de
construcción, deconstrucción y reconstrucción. Revela la
importancia de la elaboración humana, producida colectivamente,
mediante múltiples experiencias, con testimonios de dolor y de
lucha, pero también de apuesta e imaginación. En ellos se
inspiran numerosas ideas y aspiraciones que progresivamente se
han venido convirtiendo en herramientas destinadas a frenar o
limitar las arbitrariedades y la injusticia, pero también a
proveer los remedios y condiciones para garantizar el ejercicio
de los derechos. Los instrumentos internacionales de derechos
humanos que se produjeron durante el siglo pasado son en parte
la expresión de este recorrido. Pero es necesario señalar que en
esta “primera fase”, la protección de los derechos humanos
estuvo marcada por la tónica de la protección general en base a
una noción de igualdad formal; es decir, aquella que expresaba
temor a la diferencia, una diferencia que el nazismo había
orientado hacia el exterminio (Flavia Piovesan).
“Los derechos humanos son nuestra racionalidad de resistencia,
en la medida que traducen procesos que abren y consolidan
espacios de lucha por la dignidad humana”.
Joaquín Herrera Flores Y es que los seres humanos en sus múltiples búsquedas por la
felicidad y el bienestar, traducidas parcialmente en luchas por
abrir caminos a la libertad, la igualdad y la justicia,
construyen este nuevo referente ético que son los derechos
humanos, aspirando a colocar a todas las personas en el centro
de sus preocupaciones y anhelos.
Como sabemos, la ética a diferencia de la moral religiosa no se
basa en dogmas, se trata de una construcción de otra naturaleza,
también histórica y de convivencia humana. Su postura filosófica
se sostiene en la búsqueda de entendimientos comunes de lo que
como valor resulta fundamental a la experiencia humana; por lo
tanto, la ética no es estática sino móvil y relacional –de las
personas en interacción con las otras–, de tal manera que el
sello valórico que porta no tiene pretensiones sólo espirituales
e individuales, sino que busca sentar las bases para la
convivencia pacífica, colocando al ser humano en sus dimensiones
generales y en sus particularidades como referente principal de
su acción.
Por eso la ética de los derechos humanos no pretende indicarte
qué es “una vida buena”, sólo pretende delimitar los campos y
asegurar los procedimientos para garantizar que la libertad en
la decisión de todas las personas se realice en condiciones de
bienestar y equidad; es decir, contribuir a generar las
condiciones para que cada cual decida qué es una vida buena
dentro de un marco construido en condiciones de democracia y
paz.
A su vez, entendemos que la exclusión tiene fuertes impactos
subjetivos en las personas, al no reconocerles sus
especificidades y diferencias. En particular, la exclusión tiene
efectos sobre las dimensiones subjetivas del ejercicio
ciudadano, haciendo que las personas se sientan menos
merecedoras de derechos.
Por ello, sabemos que es insuficiente tratar a las personas en
forma general y abstracta; los seres humanos también debemos ser
vistos en nuestra peculiaridad y particularidad. En ese sentido,
determinados sujetos de derechos y determinadas violaciones de
derechos exigen una respuesta específica y diferenciada; ello no
es discriminación, apunta más bien a la búsqueda de una igualdad
sustancial, de una igualdad real. Nunca debemos olvidar que al
lado de la igualdad, surge también el derecho a la diferencia,
que significa el respeto a la diferencia y a la diversidad (Flavia
Piovesan).
“Tenemos derecho a ser iguales cuando la diferencia nos
inferioriza; tenemos derecho a ser diferentes cuando nuestra
igualdad nos descaracteriza. De allí la necesidad de una
igualdad que reconozca las diferencias y de una diferencia que
no produzca, alimente o reproduzca las desigualdades”.
Boaventura de Souza Santos
¿Por qué necesitamos una ley internacional?
Porque si bien es cierto que en los asuntos concernientes a la
sexualidad y a la reproducción, las normas generalmente
sirvieron para reprimir conductas y fortalecer un modelo único
de entendimiento de éstas, normar no siempre sirve para reprimir
o para constreñir, sino que también puede ser útil para
contribuir a desnormalizar.
Los avances en la conceptualización de la democracia, como por
ejemplo la laicidad de los Estados, otorgan indudablemente
mejores condiciones para lograr normas orientadas hacia la
ampliación del reconocimiento de estos derechos; normas que
contribuyan a asegurar el ejercicio de la libertad, del respeto
a la diferencia, del reconocimiento de la diversidad, a la
pluralidad, a la autonomía. Ello significa que no se trata sólo
de desnormalizar sino que también queremos una normatividad
emancipatoria que contribuya a ampliar la comprensión de las
necesidades e intereses de todas las personas; así como para
limitar algunas de las atribuciones estatales frente a la gente,
a contar con canales efectivos para exigir el cumplimiento de
ciertas condiciones y obligaciones estatales, a contribuir a
liberar a los seres humanos de la tiranía de un modo único de
pensar y actuar, de una moral única.
“La finalidad de crear una estructura sustentada en derechos
sería entonces maximizar ciertas condiciones que ya hemos
probado en nuestra propia experiencia que amplían nuestras
posibilidades de ejercicio de derechos, a la vez que condiciones
jurídicas que garanticen la capacidad de decisión en condiciones
de igualdad para toda la gente, que permitan a cada cual elegir
o negociar conductas libres de enfermedad y/o violencia, es
decir, potenciar, fortalecer las capacidades de las personas…”
(Alice
Miller).
Este ambicioso camino es una alternativa en construcción que
nuestra propuesta coloca y cuyos desafíos en materia de
sexualidad y reproducción están en manos de todos/as
nosotros/as.
Precisamente porque reconocemos que las leyes han traducido una
sola manera de entender el sexo y las formas y condiciones para
la reproducción y han utilizado un sistema de premios y castigos
dependiendo de tu respeto o trasgresión al modelo de conducta
prevaleciente; porque también han confundido lo que piensan las
religiones con lo que deben ser las leyes que garanticen
derechos a todos/as los/as ciudadanos/as; porque han asimilado
la trasgresión al pecado y el pecado al delito, es precisamente
por todo ello que consideramos imprescindible impulsar esta
Convención Interamericana, en el marco de una perspectiva
emancipatoria de los derechos humanos.
Queremos más libertad e igualdad
En los asuntos que le competen a la sexualidad y a la
reproducción el tema de la libertad es central, pero observamos
que tal como es entendida ahora para el común de las leyes y de
lo/as funcionario/as públicos en nuestra América, es un concepto
que no se ajusta ni a las aspiraciones, demandas y necesidades
de muchas personas, ni a las situaciones que concretamente
estamos viviendo. Necesitamos entonces encontrar nuevos
significados a la libertad para poder dar lugar a las
necesidades actuales y crecientes de reconocimiento y
redistribución de muchas personas. Parte de este problema es no
aceptar que la libertad está indisolublemente ligada a la
igualdad, pretendiendo que éstas se pueden lograr por caminos
separados. Así como es evidente que con mala alimentación y
educación nuestras oportunidades para alcanzar un nivel de vida
satisfactorio se restringen considerablemente, el disfrute de
nuestra sexualidad y de nuestras posibilidades reproductivas
requiere de muchísimas cosas, entre otras, de poder ejercer
derechos como el de la alimentación, vivienda, ocio, educación,
salud, libertad, integridad, recreación, intimidad.
En el mismo sentido que los conceptos de igualdad se expanden
con la intención de poder aprehender los fenómenos que pretenden
albergar, requerimos dotar de nuevos contenidos a la libertad,
necesitamos cuestionar y repensar los sustentos liberales de la
libertad.
Así como en el desarrollo de las concepciones de la igualdad,
podemos nombrar hasta dos vertientes, formadas, en primer lugar
por la igualdad formal, la misma que se redujo a la igualdad
ante la ley, pero que en su momento fue crucial para la
abolición de privilegios. En segundo lugar, la igualdad
sustancial, también llamada material, que a su vez se bifurca en
dos sentidos, una que corresponde al ideal de justicia social y
distributiva, es decir aquella orientada por los criterios
socio-económicos. Y la igualdad material que corresponde al
ideal de una justicia de reconocimiento de las identidades como
las de género, orientación sexual, edad, raza, etnia,
transgeneridad, entre otras” (Flavia Piovesan). También se hace
imprescindible seguir desarrollando caminos conducentes a
alimentar los conceptos y las prácticas de libertad que
fortalecen nuestra autonomía y nuestras capacidades personales y
colectivas. Esto no significa desconocer que los seres humanos
disponemos solamente de grados de libertad, determinados no sólo
por nuestras condiciones materiales y simbólicas, sino también
subjetivas.
Súmate a esta iniciativa ...
La propuesta de impulsar una Convención Interamericana de los
Derechos Sexuales y de los Derechos Reproductivos se inscribe en
esta racionalidad de resistencia, en la reapropiación del
derecho a tener derechos, construyendo y reconstruyendo los
existentes e interpelándolos radicalmente; buscando reflejar
estos nuevos campos de preocupación tradicionalmente confiscados
desde la perspectiva de los derechos a las personas y todavía
muy descuidados desde el campo de los derechos humanos.
Nuestra iniciativa apuesta a seguir contribuyendo a expandir el
necesario debate público que temas de esta naturaleza exigen,
dada su enorme importancia.
De otro lado, supone pensar en la formulación de estos derechos
humanos para lograr una protección real de todas las personas,
desarrollar una evaluación específica sobre las
responsabilidades de los diferentes actores involucrados y
construir los mecanismos y procedimientos más efectivos para
garantizar las obligaciones estatales y supranacionales del más
alto nivel, a fin de que respondan de la manera más efectiva
posible al reconocimiento y vigencia de estos derechos (Alice
Miller).
Necesitamos sumar mucha gente, organizaciones, energía,
recursos; necesitamos fomentar diálogos, promover debates
públicos, crear y fortalecer alianzas.
El valor de esta propuesta es que se está construyendo desde la
gente. Ya hemos lanzado la iniciativa “Escribe tus derechos”,
como una manera de lograr que la mayor cantidad de personas
participemos, expresando qué nos parece más importante al hablar
de derechos sexuales y derechos reproductivos. Hemos preparado
distintas publicaciones –como las SeriAs para el Debate–, con la
finalidad de fomentar el diálogo y discusión sobre temas
complejos y desafiantes. Estamos haciendo una revisión crítica
de nuestro Manifiesto, con la idea de presentar un nuevo texto
que exprese nuestras posiciones enriquecidas gracias al diálogo
con muchos y muchas de ustedes. Nos estamos organizando cada vez
mejor tanto en los planos locales como en el nivel regional,
difundiendo la idea, coordinando con otras organizaciones y
personas, armando grupos para la discusión, eventos públicos
para la información y el debate, concertando alianzas. Cuando
hayamos logrado suficiente acuerdo entonces estaremos en
condiciones de preparar la propuesta de ley internacional para
presentarla a la Organización de Estados Americanos.
Todos y todas podemos hacer parte de ella.
Súmate ahora.
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