"Somos mucho mas que dos"
por Gloria Careaga
La convocatoria que desde
temprano, a inicios del 2005,
lanzaron las compañeras chilenas para
celebrar el VII Encuentro Lésbico
Feminista en Santiago de Chile, de a poco fue
definiendo un proyecto. Las
distintas experiencias vividas a lo largo
de seis encuentros, no planteaban
un reto fácil. No obstante, pronto
empezaron a abrir las puertas a
distintas voces, a realizar consultas que les
llevaron a construir una propuesta
colectiva, donde muchas lesbianas jóvenes
encontraron eco y se sumaron, para
conformar lo que finalmente fue la EKIPA, espacio
diverso donde la experiencia, la
calidad, las ganas y la calidez se expresaron
a lo largo del proceso y en el
Encuentro mismo.
Su organización hizo posible que
mujeres de casi todos los países
del Continente estuviéramos
presentes. La definición del
proyecto, impulsó una participación colectiva que
además de hacer una amplia
participación posible, invitó a un compromiso para el
éxito del Encuentro.
El Centro Cultural San José, un
antiguo hospital en proceso de remodelación, y hoy monumento histórico, fue el
espacio que dio cabida por cinco
días a alrededor de 150 lesbianas para
celebrar el VII Encuentro Lésbico Feminista. Sus amplias salas, jardines y
largos e iluminados pasillos
posibilitaron un encuentro con la palabra, con la
danza, la poesía, las imágenes,
las miradas, la música y los cuerpos de
lesbianas de América Latina y El
Caribe.
Las largas y agotadoras jornadas
(de 9 a 22:30), bajo un intenso
calor, sin embargo, transcurrían
fluidamente con un intenso
intercambio entre charlas, talleres, el arte, las horas de
comida, las compras de libros,
discos y artesanías, y el café. Parecía
que más que rendirnos, nos
proveían de nuevas miradas y un sinfín de
sensaciones que nos mantenían
unidas.
Ay que caló
qué caló tengo
que buena que estoy
que cuerpo que tengo
Y yo quiero una chica
que me lleve a la bahía
que me diga Vida Mía y
que me quite este caló.
El planteamiento del lema del
Encuentro: La autonomía desde una
rebeldía cómplice, me llevó a pensar en
las discusiones de los Feminismos Latinoamericanos del 2002, donde
reconociendo la diversidad
feminista, vimos que podíamos continuar. Sin
embargo, hubo un pequeño
retroceso, que sorprendió a algunas y molestó a otras,
iniciamos de regreso con la
disyuntiva de las definiciones binomiales entre
autónoma o institucional. No
obstante, la tensión se fue resolviendo,
dejando atrás las
desacreditaciones propias de esta perspectiva.
El Programa nos planteó tres
ejes temáticos para abordar el
análisis de la situación del movimiento lésbico
feminista de la región. A través
de tres paneles se abordó: Historia del
movimiento lésbico-feminista Latinoamericano y del Caribe; Viejos y nuevos
feminismos: de la Teoría a la
Acción; Rebeldías y Complicidades del movimiento.
Las miradas de viejas y nuevas
voces permitió hacer un recorrido crítico de
las interpretaciones y
experiencias vividas, así como sobre nuestro lugar en las
alianzas y los posicionamientos
que como lesbianas feministas tenemos,
para llegar a plantearnos retos e identificar las distintas vías para arribar
un planteamiento nítido del
lesbianismo feminista.
Los aspectos planteados en los
paneles fueron discutidos en
grupos para profundizar en el análisis y en
el planteamiento de propuestas que
fueron devueltos a las plenarias.
Además, se inscribieron 43
sesiones de taller que, aunque no todas se realizaron, exigían de decisiones para
acercarse a las distintas expresiones ofertadas.
Los aspectos abordados en los
talleres comprendían reflexiones
ideológicas-políticas, propuestas
de trabajo, expresiones como dimensión de
construcción política, análisis
crítico de la realidad de nuestros países, y
algunas propuestas para la
reflexión íntima; su amplia variedad, a muchas nos
dejó en falta, ante la
imposibilidad de acudir a todas las que nos interesaban.
Igualmente, el final el día nos
ofrecía sesiones de video,
presentaciones de libros,
expresiones musicales, danza y canto, lectura de poemas,
exposiciones.
Lesbianas contra la guerra,
Lesbianas contra el capital,
lesbianas contra el racismo,
y contra el terrorismo
neoliberal.
El tercer del día del Encuentro
fue un gran día de fiesta, después
de las reflexiones sobre el III Eje,
iniciamos la preparación de la
Marcha. Con el eco de los tambores, se
empezaron a extender las mantas
multicolores y cada una preparó su pancarta. El
recorrido, desde la sede del
encuentro hasta el Muro Homenaje a Gabriela
Mistral, donde inició la Marcha,
mostraba ya el entusiasmo; desde las
ventanillas de los autobuses
asomaban las mantas, las banderas arcoíris y las
pancartas anunciándonos. Las
compañeras chilenas tomaron el micrófono en cada una
de las paradas para denunciar las condiciones que cada día enfrentamos, para
reclamar las demandas que hoy
levantamos por nuestros derechos, pero también
contra la pobreza, el racismo y la imposición del modelo neoliberal en la
región.
Los tambores de la LesbianBand y
de las compañeras brasileñas daban
marco a nuestras voces. Las consignas
políticas recordaban las primeras
marchas feministas con su "Mírala que
linda viene", reafirmaban nuestro
placer de ser "porque nos gusta y nos da
la gana", e invitaban a compartir
"dame la mano lesbiana", sin dejar de combatir
"contra la guerra, el capital, el
racismo y el terrorismo neoliberal". El
trayecto de la marcha quedó
marcado por el paso de la Primera Marcha Lésbico
Feminista de Santiago, con las
huellas de los círculos de las paradas lésbicas
y el fuego del NO, a la vejación,
al silencio, a la opresión.
Fue una Marcha innecesariamente
custodiada por la seguridad
pública, las miradas de rechazo apenas se
notaron, más bien recibimos
muestras de simpatía y de asombro, ante nuestro
orgullo y nuestra fuerza.
¡NUNCA MAS!
El proyecto político del
Encuentro nos llevó el cuarto día
a visitar la Villa Grimaldi, centro de tortura y
exterminio del régimen de la
dictadura.
Conducidas por mujeres y hombres
sobrevivientes de este proceso,
nos condujeron por cada uno de los
espacios, a través del recorrido
por los estrechos espacios y de los
recuerdos vividos, nos
transportaron a la realidad de las y los ahí retenidos. La
vivencia, la escucha, el
reconocimiento de las huellas y los objetos de quienes
desde ahí desaparecieron, nos caló
el alma y el cuerpo. Los relatos de las
compañeras que ahí perdieron
familiares nos acercaron aún más a una realidad
desde lejos conocida.
La dificultad para pasar a un
festival fue evidente. Aún así, la sensibilidad de nuestras compañeras artistas
-Victoria Herrera (Chile), Ochy
Curiel (República Dominicana), Ariane
Meireles y Silvanna Conti
(Brasil)- impulsó un proceso y un tono que poco a
poco nos fue introduciendo en un
nuevo momento.
El espacio abierto, con su
fresco viento, el verde que le
rodeaba, los rosales y su proyecto por recordar a las
mujeres que por ahí transitaron, contribuyeron también a que
fuéramos dando el siguiente paso.
Y ahí, en ese hoy majestuoso foro nuestras
compañeras lesbianas dieron rienda
suelta a la expresión de la danza y el
canto.
"A quién le importa..."
¡Y llegamos a la última noche,
de la celebración final con una
gran fiesta! A pesar de que el trabajo nos
había tomado más tiempo del
programado, emprendimos una rápida huída al
hotel para prepararnos y temprano
llegamos al bar. Poco a poco empezaron a
desfilar decenas de mujeres hasta
abarrotarlo y se dio la bienvenida oficial por
el altavoz, y los reconocimientos,
a la EKIPA, a los países presentes,
al esfuerzo, a los logros. Pronto
se empezaron a proyectar imágenes de la
Marcha que todas festejamos.
El vaivén de los cuerpos, el
calor, las complicidades, la
alegría, se compartían. Desde la gradería
unas tomaban aire y observaban,
otras bailaban y cantaban. De pronto, las manos
empezaron a enarbolar algunos
sostenes. Y rápido las tetas al aire se
multiplicaron. "Hace falta una
chilena", les gritaron y decenas subieron y se
unieron. Las manos llamaban a
subir y multiplicarse. Y la lesbianband,
desde su propio rincón hizo su
aparición, ¡todas celebramos!
Desde ahí, los coros, el baile
fueron más intensos. La libertad
compartida fue multiplicando la solidaridad, la
calidez, y el orgullo.
"Somos malas y podemos ser
peores"
La plenaria del último día nos
llevó a un recuento de las
discusiones y propuestas compartidas. Se
destacó cómo los señalamientos al
lenguaje racista y el taller sobre racismo habían
llevado al reconocimiento del
racismo que llevamos dentro, y se planteó la
necesidad de que éste, junto con
la etnia y la clase, se constituyeran en
uno de los ejes de análisis del
próximo encuentro. Se señaló también la
importancia de profundizar en las distintas formas y espacios de
discriminación que enfrentamos y
en fomentar el estudio y la investigación en este campo.
Igualmente, en la necesidad
ampliar e impulsar mecanismos de articulación.
Así, llegamos al último día. Con
las vivencias acumuladas, los sentimientos a flor de piel y el entusiasmo
compartido. ¡Se hace necesario
plantear a dónde vamos! La satisfacción de lo
alcanzado impone un tono festivo.
¡Hay que celebrar! Y precisamente, en
celebración del I Encuentro
Lésbico Feminista se fija el 13 de octubre como el
Día de las Rebeldías Lesbianas
Feministas de Latinoamérica y el Caribe. Se
plantea así, que de acuerdo a cada
país, se realicen acciones públicas que
visibilicen nuestra propuesta de transformación.
Pero había también que pensar en
la continuidad de los Encuentros y
la nueva sede. Si bien puede ser muy
atractivo conocer y vivir un país
con una expresión y movimiento lésbico
fuerte. Consideramos que los
Encuentros son un motor importante para fortalecer
procesos; que la presencia misma
de las lesbianas feministas organizadas
de distintos países en un lugar,
detona procesos de reafirmación y
empoderamiento. Así, decidimos a
Guatemala como la próxima sede, donde a pesar de
las adversidades y la represión,
se han enfrentado con valor y han dado
la cara.
El informe final de la EKIPA, la
recuperación del proceso vivido
por cada nos llevó a una íntima evaluación.
El balance final fue muy bueno. A
pesar del cansancio, de la dimensión de
los compromisos adquiridos, las satisfacciones alcanzadas a través de las
intensas discusiones y las
interminables horas, los acuerdos, las experiencias
compartidas y el profundo
compromiso nos retan a, con nuevos ánimos, seguir
adelante. Nos sabemos, nos
conocemos, y tenemos con qué, para seguir haciéndolo. Un
mundo mejor es posible.
México, 19 de febrero, 2007.
Gloria Careaga
Facultad de Psicologia, UNAM
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