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Buenos Aires - Argentina
Presentan un recurso de amparo en la justicia contra la
prohibición de casarse a personas del mismo sexo
Llega el turno del matrimonio homosexual
Dos dirigentes del movimiento lésbico pedirán autorización en el
Registro
Civil para contraer matrimonio. Si no las dejan, se presentarán
ante un juez
para pedir que declare "inconstitucional" la ley que lo impide.
Y lanzarán
una campaña nacional. Los argumentos jurídicos y los
antecedentes
internacionales.
Por Andrés Osojnik
María Rachid y Claudia Castro llegarán hoy a las nueve y media
al Registro
Civil de Uruguay 753. Irán a la oficina de matrimonios y pedirán
turno para
casarse. Palabras más, palabras menos, el diálogo será el
siguiente:
- ¿Para la unión civil? Sí, cómo no -dirá, el o la empleada, canchero/a ya en
esas lides.
- No, no dijimos eso -aclararán María y Claudia-. Nos queremos
casar,
queremos formar un matrimonio como cualquier hijo de vecino.
El previsible rechazo a tal pretensión se convertirá en el
lanzamiento de
una de las campañas más ambiciosas del movimiento gay en la
Argentina: la
conquista del matrimonio homosexual. Y el primer paso se dará
hoy mismo. Si
el o la empleada niegan a María y Claudia la posibilidad de
casarse, ambas
mujeres -acompañadas por un grupo de abogados, políticos y
militantes-
presentarán en la Justicia un recurso de amparo para que se
declare
inconstitucional la ley que prohíbe el matrimonio entre personas
del mismo
sexo. La idea es llegar a la Corte Suprema, de ser necesario.
María Rachid y Claudia Castro son militantes y dirigentes de La
Fulana, una
organización por los derechos de las lesbianas. Forman pareja y
conviven
desde hace siete años y ya se unieron civilmente en la Ciudad de
Buenos
Aires (ver aparte). Ahora quieren subir un peldaño en la pelea.
Lo harán en
el marco de una campaña organizada por la Federación Argentina
de Lesbianas,
Gays, Bisexuales y Trans, que nuclea a unas veinte
organizaciones de todo el
país. Además de La Fulana, entre sus miembros fundadores están
la Asociación
Civil Nexo, Fundación Buenos Aires Sida, Vox (de Santa Fe) y
ATTTA
(Asociación Travestis, Transgénero, Transexuales Argentina). La
movida tiene
el apoyo de sectores políticos de izquierda y del INADI, el
Instituto
Nacional contra la Discriminación, que dirige María José
Lubertino. De
hecho, María Rachid integra la comisión asesora del organismo
oficial.
El andamiaje jurídico que sostendrá la estrategia es un escrito
de 50
páginas que resume los argumentos y casos internacionales que
derivaron en
el reconocimiento del matrimonio homosexual. La presentación fue
producto
del trabajo de tres meses de un equipo de abogados, militantes y
hasta una
licenciada en Letras, Mariana Podetti, de la UBA, que analizó
gramaticalmente los textos de diversas leyes y tratados. Lo que
se apunta a
demostrar es que la prohibición del matrimonio entre personas de
igual sexo
es discriminatoria, anticonstitucional y violatoria de los
tratados
internacionales incorporados a la Carta Magna.
María y Claudia personificarán hoy la demanda, ya que se trata
de derechos
individuales y solo ellas -ante su derecho negado- pueden
accionar.
- ¿Qué suponen que pasará cuando pidan turno para casarse?
-preguntó
Página/12 a Florencia Kravetz, la abogada que junto a Gustavo
López y Flavia
Massenzio redactó el recurso.
- Pueden pasar dos cosas. Que digan que sí o que digan que no.
- ¿Cree que hay alguna posibilidad de que digan que sí?
- Son mínimas, pero en realidad en la ley de matrimonio no hay
nada que lo
impida. Nunca se habla de cómo debe estar constituida una
familia. El Código
Civil solamente en el acto formal del matrimonio, en el momento
de
celebrarse el matrimonio, dice que "el hombre y la mujer" deben
expresar su
consentimiento, luego de lo cual el oficial público dice que los
"declaro
marido y mujer". Por lo tanto, ellas deberían llegar a esa
instancia sin
impedimentos previos. La negativa debería darse allí.
"De todos modos, no somos muy optimistas -apunta Gustavo López-.
Si eso
sucede es porque no quieren tomar la decisión en ese momento.
Pero por eso
ya tenemos redactado el recurso que presentaremos ante un
juzgado nacional
de Familia."
El escrito reclama al juez que emplace al Registro Civil "a
otorgarnos la
autorización para formalizar nuestro matrimonio civil, con todas
las
obligaciones, derechos y deberes que dicho estado de familia
otorga".
"Debido a lo prolongado de nuestra unión -argumentan- y a
nuestro deseo de
establecer un vínculo formal que fuera reconocido no sólo en la
Ciudad sino
en todo el territorio nacional y también en otros países a los
pudiéramos
ir, y que nos permitiría conformar una sociedad conyugal en
todos sus
términos, decidimos contraer matrimonio civil, única herramienta
legal que
nos garantiza el ejercicio pleno de nuestros derechos."
La mención a la Ciudad de Buenos Aires refiere a la ley de Unión
Civil que
rige allí. "Pero la unión civil tiene un alcance muy limitados,
geográficamente y en cuanto a derechos. Nosotras queremos los
mismos
derechos y con el mismo nombre", destaca María Rachid.
De acuerdo con la argumentación del recurso, "la Constitución
nacional,
tanto en su texto como en el de los tratados internacionales,
garantiza el
derecho de las personas a contraer matrimonio y fundar una
familia. No hay,
ni en nuestra Carta Magna ni en los tratados aludidos ni en
nuestra
legislación, ninguna definición de familia que limite su
acepción a la unión
entre un hombre y una mujer. Tampoco hay prohibición alguna
respecto al
matrimonio entre personas del mismo sexo".
- Efectivamente -sostiene Kravetz-, solo aparece esa mención al
hombre y la
mujer en el acto formal del casamiento. Y eso es violatorio de
la norma
constitucional, que garantiza que todos tienen derecho a
contraer matrimonio
y que todo lo que no está prohibido está permitido.
Bruno Bimbi, secretario de Relaciones Institucionales de la
Federación,
agrega que "todos los tratados internacionales incorporados a la
Constitución prohíben cualquier discriminación, y tratan el
matrimonio y la
familia de manera amplia. Todos hablan de 'cónyuges' y no de
'marido y
mujer' y reconocen de manera amplia que todas las personas
tienen derecho a
casarse".
Además de los argumentos jurídicos, el texto incorpora numerosos
antecedentes internacionales en torno al matrimonio homosexual.
Uno de ellos
menciona el fallo de la Corte Constitucional de Sudáfrica
(equivalente a la
Corte Suprema argentina), que en diciembre de 2005 declaró
"inconstitucional" la prohibición para contraer matrimonio a dos
personas
del mismo sexo, con el fundamento "del principio de no
discriminación
incluido en la Constitución de Sudáfrica, con similar redacción
al que
existe en nuestra Constitución y en los Tratados Internacionales
de Derechos
Humanos", según el texto que será presentado hoy. Kravetz
explica que la
Corte sudafricana abundó en los "derechos intangibles" que se
violan al
negarles el derecho a dos personas del mismo sexo. También se
citan fallos
de las cortes de Ontario y de Massachusetts, de Estados Unidos,
en contra de
la prohibición.
También mencionan el caso de España. Allí, si bien el matrimonio
homosexual
fue instaurado por ley en 2005 por impulso del gobierno de José
Luis
Rodríguez Zapatero, antes de esa decisión política hubo una
presentación
judicial similar a la que se concretará hoy aquí. "Nosotros
tomamos como
antecedente el caso español -sostiene Bimbi-, de hecho nos
reunimos con las
organizaciones de allá y trabajamos juntos, recibimos
asesoramiento. Allá la
vía jurídica perdió sentido porque el tema terminó en el
Congreso. Pero ése
es justamente otro de nuestros objetivos: impulsar el debate
político. Esta
presentación también busca generar el debate necesario para
terminar con la
discriminación. Queremos que se hable de 'matrimonio'. Ante el
avance social
y cultural, los sectores conservadores y la derecha muchas veces
se aferran
al nombre. Quieren mantener el instituto del matrimonio para los
heterosexuales y que en todos caso los homosexuales tengan otra
cosa. En
España, cuando se dio el debate por el voto femenino, los que se
oponían,
como no podían evitarlo, proponían que ese derecho siguiera
siendo para los
hombres y que las mujeres tuvieran 'derecho a la participación
política'.
Por eso hablamos de matrimonio."
MARIA RACHID Y CLAUDIA CASTRO, LA PAREJA QUE QUIERE CASARSE
"Que el Estado reconozca nuestro amor"
Por Andrés Osojnik
"Las familias gays y lesbianas ya existen. Lo que estamos
buscando es que se
reconozcan." María Rachid tiene 32 años y hace ocho que milita
en la
organización lésbica La Fulana. Cuando en la entidad celebraban
el primer
año de vida, apareció Claudia Castro, ahora de 31. Y se
enamoraron. Desde
entonces son compañeras de militancia y de vida. Ya se unieron
en el
Registro Civil de la ciudad de Buenos Aires, el 21 de agosto de
2003. Y hoy
dan el puntapié inicial a la batalla por lograr el matrimonio.
Para ellas y
para todos los gays y lesbianas del país.
- ¿Qué significó la unión civil para ustedes?
C. C.: - En mi caso fue muy importante para que la gente y sobre
todo mi
familia creyeran en nuestra relación. Nosotras ya éramos pareja
antes de
eso, pero para muchos había que ponerle un nombre. Parecía que
si no estaba
reconocido estaba mal, había algo que no andaba.
M. R.: - En la vida cotidiana nos dio legitimidad. En el aspecto
social fue
un gran avance.
C. C.: - Yo soy de La Plata. En mi barrio me veían con María
desde hacía
cuatro años, cuando iba a la casa de mi familia. Pero nunca
nadie me dijo
nada. Después de la unión civil, como salimos en los medios, la
gente se
acercaba para felicitarme, darme apoyo, que tuviera éxito en la
inseminación.
- ¿Inseminación?
M. R.: - En aquel momento estábamos buscando el embarazo de
Claudia por
inseminación. Lo habíamos contado públicamente. Luego lo tuvimos
que
suspender por problemas clínicos. Cuando se solucionen, lo
retomaremos.
- ¿Si ya están unidas "civilmente", por qué quieren casarse?
M. R.: - Porque buscamos el reconocimiento del Estado de la
existencia de
nuestra familia. Un reconocimiento que nos otorgue derechos.
Cuando ella
tenga el bebé, no lo puedo inscribir en mi obra social, hacer
que herede. Y
si a Claudia le pasa algo, yo no tengo ningún derecho sobre ese
bebé.
C. C.: - Somos personas que queremos nuestros derechos. No es
justo. Yo estoy
enamorada, mi papá y mi mamá se enamoraron y se casaron. ¿Por
qué no puedo
casarme yo? El matrimonio no va a hacer más importante nuestro
amor, ni va a
hacer que exista o que no exista. Lo que va a hacer el
matrimonio es
reconocer derechos. Leí un graffiti una vez que decía "Algunas
personas
pueden casarse dos o tres veces y otras que no pueden hacerlo
ninguna vez".
- ¿Qué significaría el matrimonio para ustedes?
M. R.: - Creemos que el matrimonio es mejor que la unión civil.
Pueden decir
que con la unión civil nos dan los mismos derechos, solo que con
otro
nombre. Es como la época en que los afroamericanos eran
discriminados en el
colectivo. Decían "por qué protestan por tener que viajar atrás,
si igual
pueden viajar". Esto es lo mismo. Lo que queremos es ser
reconocidas como
somos. El Estado no inventa lo que somos, pero le da
legitimidad,
reconocimiento. El matrimonio es un acto social, por eso es
público. Lo que
queremos es hacer público nuestro compromiso como lo hace un
heterosexual.
C. C.: - Para mí significaría dignidad. Mi familia se sentiría
más digna.
- ¿Cómo prevén el debate y la aceptación social de la propuesta
del
matrimonio entre personas del mismo sexo?
M. R.: - Se avanzó muchísimo y hay mucho por hacer todavía. El
Estado de
ninguna manera puede decirnos de quién nos enamoramos y de quién
no. ¿Quién
nos puede mirar a los ojos y decirnos "porque elegís una mujer
para amar vos
no tenés derechos"?
C. C: - Una elige con quién compartir tu vida, con quién formar
un proyecto
de vida, porque la amás. Acá en la ciudad está más naturalizado,
pero en el
interior hay situaciones horrorosas. Creo que todo ayuda a
combatir los
prejuicios.
- ¿Cómo será el día después de la presentación?
M. R.: - Seguiremos luchando con el amparo para que se avance
hasta la Corte.
Hasta que se nos reconozca ese derecho. Si es necesario,
llegaremos a la
Corte Interamericana de Derechos Humanos. Y además seguiremos
impulsando el
proyecto del diputado Eduardo Di Pollina, que equipara los
derechos de unos
y otros en el matrimonio.
LA CHA PREPARA UNA REELABORACION DEL PROYECTO
Con la unión civil a Diputados
Mientras se abre el debate jurídico y social en torno del
matrimonio
homosexual, en el Congreso espera turno el proyecto de unión
civil,
presentado por la Comunidad Homosexual Argentina en 2005. "Este
año haremos
una reelaboración de la iniciativa y la presentaremos en
Diputados -explica
César Cigliutti, de la CHA-. La idea es lograr que sea viable
para ser
aprobada, sin claudicar los derechos centrales que queremos
garantizar: la
herencia, la adopción y los beneficios en caso de
fallecimiento."
Cigliutti reivindica la figura de la unión civil. "No es
discriminatoria
-explicó-. Está prevista para gays, lesbianas y heterosexuales.
Queremos
separar la unión civil del matrimonio, que en nuestra cultura
está
íntimamente ligado a la idea de sacramento. Aquí lo que buscamos
es
preservar todos los derechos y crear una figura jurídica nueva
que tenga los
mismos derechos. El proyecto de ley nacional de unión civil crea
un nuevo
estado civil."
El proyecto que fue presentado en el Senado establece que "la
unión civil es
el compromiso de dos personas mayores de edad y capaces que
expresan su
consentimiento ante autoridad competente de hacer vida en común
y de
respetar los derechos y obligaciones vinculados con este estado
con
independencia de su orientación sexual e identidad de género".
Los beneficiarios del Sistema Integrado de Jubilaciones y
Pensiones, según
la iniciativa, "gozarán de una prestación por su pareja en unión
civil".
Además, los unidos civilmente pueden adoptar en forma conjunta.
Otro artículo establece que "el unido civilmente es sucesor del
causante, no
es heredero forzoso, concurre con los descendientes y
ascendientes y excluye
a los colaterales en la sucesión del otro miembro de la unión
civil".
"Los miembros de la unión civil responden solidariamente por las
obligaciones contraídas por uno de ellos para solventar las
necesidades
ordinarias del hogar o el sostenimiento y la educación de los
hijos",
expresa el proyecto, que también prevé que, "a falta de una
declaración
común de disolución realizada ante escribano, la disolución debe
ser dictada
por el tribunal con competencia en materia de familia a pedido
de cualquiera
de las partes, siguiendo el procedimiento más breve que
establezcan las
leyes locales".
También establece que "los unidos civilmente pueden usar un
apellido común
que adicione los dos apellidos de las partes, o elegir utilizar
uno de los
apellidos de las partes".
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