CRÍTICAS A UN PROYECTO DE FERTILIZACIÓN SOLO PARA HETEROSEXUALES
La asistencia que no asiste a todos
Página 12
11 de Septiembre de 2006
La CHA cuestiona el proyecto de ley de fertilización asistida de
Luz Sapag,
que deja afuera a las parejas homosexuales. Entrevista exclusiva a
la
primera pareja de lesbianas argentinas que recurrió a esa
práctica, hace
cuatro años, y que ya tiene dos hijos mellizos, una nena y un
varón.
Por Pedro Lipcovich
La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) cuestiona un proyecto de
ley sobre
fertilización asistida -el de la senadora Luz Sapag- que la
restringiría a
"parejas heterosexuales convivientes". Esta limitación "afecta y
discrimina
a nuestra comunidad", sostiene la CHA, que pidió una entrevista
con la
Comisión de Salud de la Cámara alta "para poner a su disposición
información
y bibliografía actualizadas". Página/12 dialogó con las
integrantes de la
primera pareja de lesbianas que, hace ya más de cuatro años y
luego de diez
de convivencia, recurrió a la fertilización asistida en la
Argentina.
"Pensamos y hablamos mucho antes de decidirlo", recuerdan. Al
elegir ese
procedimiento, descartaron otra opción posible, la de una relación
ocasional
con un hombre sólo en busca del embarazo: "Ese camino de engaños
no nos
parecía el mejor". Gracias a la fertilización asistida nacieron
dos
mellizos, nena y varón, que hoy van al jardín de infantes. En su
crianza, y
como suele suceder con los chicos, "la clave que evita confusiones
es
decirles a los chicos la verdad, siempre y en la medida en que lo
requieren", explican.
El de Luz Sapag es uno de los proyectos a partir de los cuales la
Comisión
de Salud del Senado de la Nación busca establecer un dictamen
unificado en
procura de una ley que regule la práctica de la fertilización
médicamente
asistida. Según esta propuesta, el procedimiento quedaría
reservado para
"los matrimonios y parejas heterosexuales que acrediten una
relación estable
de al menos dos años" y sólo "en casos de infertilidad debidamente
diagnosticada". En cambio, el proyecto de la senadora Haydée Giri
permite
las prácticas de fertilización asistida "a toda mujer mayor de
edad y capaz"
que "las acepte libre y conscientemente".
Marcelo Suntheim, secretario de la CHA, enmarcó el reclamo de la
entidad "en
el proyecto de ley de Unión Civil, que presentamos en diciembre
pasado en el
Senado y que incluye, entre otros derechos, el de adopción en
pareja.
Impedir el acceso de parejas lesbianas a la fertilización se
constituiría en
un antecedente en contra de la adopción homoparental". El
dirigente agregó
que "haremos llegar a los senadores el libro Adopción. La caída
del
prejuicio, editado por la CHA, que reúne el material científico
más
actualizado al respecto".
Sandra (su nombre y el de su pareja se han cambiado en esta nota
para
preservar la privacidad requerida por ellas) es madre de dos
mellizos, una
nena y un varón de casi cuatro años, concebidos por fertilización
asistida
con gametos de un donante anónimo. Ella y Verónica forman la
primera pareja
lesbiana que, en la Argentina, tuvo hijos por este procedimiento.
"Pensamos
y hablamos mucho antes de decidirlo -recuerda Sandra-. Hacía diez
años que
convivíamos, ya habíamos vivido lo nuestro como pareja y
sentíamos, sobre
todo yo sentía una necesidad muy fuerte de ser mamá." Además,
puntualiza
Verónica, "yo tenía ya 40 años y algunas dificultades para tener
hijos.
Sandra tenía 34, no convenía que esperara mucho más".
Tomada la decisión de tener hijos, "hablamos mucho de cómo lo
íbamos a
encarar -recuerda Sandra-; porque había otras opciones". Las otras
opciones
se centraban en que Sandra tuviera relaciones más o menos
ocasionales con
hombres, o con un hombre, hasta quedar embarazada. "Hay quienes lo
resuelven
así, pero ese camino de engaños no nos parecía el mejor", cuenta
Sandra.
Además, agrega Verónica, "hubiera implicado que Sandra tuviera
relaciones de
riesgo, sin preservativo". Por todo eso, concluye Sandra, "el
camino que
elegimos fue el mejor, el más seguro para todos".
"Lo hicimos y fue hermoso", recuerda Sandra. El tratamiento, de
acuerdo con
la rutina del instituto donde se efectuó, fue precedido por
entrevistas con
un psicólogo. "Cuando nos preguntó por qué habíamos elegido este
camino, le
contestamos que tener una relación con un hombre por el hecho de
buscar un
hijo, además de ser una falsedad, hubiese contribuido a fomentar
en el hijo
la idea de que hubo un padre que lo abandonó -explica Verónica-.
Como muchos
otros chicos, los nuestros no tienen padre, pero no porque se haya
ido: no
tienen que soportar la carga de un padre abandónico."
No habiendo motivo para que el psicólogo planteara ninguna
objeción, la
fertilización asistida se efectuó y tuvo éxito. Nacieron mellizos.
En todo
el proceso, "nos sentimos muy acompañadas entre nosotras y también
por
nuestras familias -dice Sandra-. Los chicos saben que los abuelos
y los tíos
los quieren mucho pero también saben que su familia, la de todos
los días,
somos nosotros cuatro". Ciertamente, "no es que tengan dos mamás
-puntualiza
Sandra-. ¿Cómo podrían decir en el jardín que tienen dos mamás?
Cada nene
tiene una mamá, no nace de dos panzas diferentes".
"Ellos saben que su mamá es Sandra y a mí me dicen Tati, que es
como me
llamó siempre mi familia -dice Verónica-. Tienen claro que no soy
ni la mamá
ni el papá, sino alguien que deben respetar y con quien se
criaron. Ellos
saben quién los lleva a la plaza, quién los cuida cuando se
enferman."
La clave que evita confusiones, explica Verónica, es "decirles a
los chicos
la verdad, siempre y en la medida en que lo requieren. Todavía no
cumplieron
cuatro años, no se trata de explicarles qué es la fertilización
asistida,
todavía no lo preguntaron. Vamos paso a paso, según la motivación
de ellos,
pero no es difícil ir hablándoles. Los chicos de hoy ven
televisión, están
muy informados".
Verónica colabora en la asesoría jurídica de la CHA, donde "muchas
parejas
consultan por este tema. Una dificultad son los costos: los
procedimientos
de fertilización asistida son caros y muchas veces hay que repetir
el
intento. Pero lo primero es tratar de orientarlos en cuanto a la
responsabilidad que significa tener hijos; recordarles la
importancia de que
haya habido un tiempo de consolidación de la pareja".
Lo que a Verónica le molesta son algunos prejuicios: "Escuchar
cosas como
que la nena va a salir lesbiana, que el nene va a salir gay. En
nuestro
caso, la nena es supercoqueta, si hasta es un triunfo que acepte
ponerse un
pantalón; y el nene no se quería poner un anillo porque le parecía
cosa de
mujeres, hasta que vio a un amigo nuestro, heterosexual, usar
anillo, y
recién entonces se lo puso".
Los hijos de Sandra y Verónica tienen a su mamá y a su Tati: en
cuanto al
papá, "no se trata de que haya un hombre real y concreto, sino de
que la
función de poner límites, que se asocia con la figura paterna,
esté presente
en la familia", destaca la mamá.
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