Diversidad sexual

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fsalazar@peru21.com

Árbitro de besos

En el Perú hay una autoridad de los besos. El Indecopi se ha constituido en el juez supremo de los ósculos. Besarse puede ser bueno o malo, según dictamine esta agencia del Gobierno. Un activista gay ingresó a dos locales de Santa Isabel en 2004. Fue retirado por darse besos en la boca con su novio. Chrisstian Olivera denunció a la cadena de supermercados. El Indecopi acogió la denuncia. Investigó el caso. Finalmente resolvió.

No sé si el Indecopi habrá considerado el tiempo de duración del beso. Quizá estimó la intensidad, medida en calorías consumidas o en niveles de líbido alcanzados.

El beso, concluyó, "podría afectar psicológicamente a los niños presentes" (Perú.21, 19.6.06, p. 13). La Comisión de Protección al Consumidor falló a favor de la tienda. La Sala de Defensa de la Competencia lo confirmó.

Indecopi no tiene ninguna autoridad para determinar si está bien darse besos homosexuales o heterosexuales en un supermercado.

Los besos en el local de Santa Isabel nada tienen que ver con protección al consumidor ni con defensa de la competencia. Son una intromisión en la moral de la gente y en sus formas de expresión. Se entiende que haya un grupo que considere buenas las expresiones de afecto heterosexual. Se entiende que el mismo grupo considere malas las expresiones de afecto homosexual.

Por mayoritarios que sean, ¿tienen estos grupos derecho a prohibir las expresiones de afecto de otros, de cultura sexual distinta? ¿Tienen derecho a ampararse en resoluciones del Indecopi para legalizar sus prácticas de exclusión? Indecopi se ha debido inhibir en este caso. Al aceptarlo, ha pretendido establecerse como autoridad en el arbitrio de los besos. Ha hecho mal.

Protección al consumidor es cuando se defiende el derecho de un consumidor frente a una pretensión de estafa por parte de un vendedor. Defensa de la competencia es cuando un comerciante recurre a medios ilegales para sacar de la competencia a otro. Ni lo uno ni lo otro tiene nada que ver con el beso gay.

Los supermercados, por otro lado, son de propiedad privada. Tienen derecho a establecer pautas de conducta admisibles. Un beso homosexual no es igual que orinar entre los estantes, por ejemplo. No obstante, reconozco el derecho del propietario a establecer pautas de conducta basado en su cultura sexual. Los activistas debieron hacer su prueba de discriminación en un lugar público o estatal. Es distinto el ámbito privado del público.

Si en una mezquita hago la señal de la santa cruz, alguien puede considerarlo una ofensa. Si alguien me retira de ahí, no tendría que acusarlos de discriminadores. Debería más bien aprender a que ese no es un lugar para expresiones de mi grupo religioso. Un desencuentro de culturas distintas no es un asunto estatal. Debe arreglarse a través del reconocimiento de todas las libertades y derechos. Cuando el Estado se entromete en los besos, la diferencia se convierte en discriminación.