Amenazas y supervivencia: La derecha religiosa y las estrategias
LGBT en contextos musulmanes
por Anissa Hélie
A fines del siglo XIX, en Europa se referían a las relaciones
entre personas del mismo sexo como la “enfermedad persa” o el
“vicio egipcio”. En lo que constituye una inversión interesante,
muchas voces conservadoras que se mueven en contextos musulmanes
hoy en día, atribuyen la homosexualidad a la “depravación
occidental”, y piden que se la castigue.
Este viraje en el discurso homofóbico demuestra que la
construcción de la ‘diferencia sexual’ puede variar de forma
significativa, determinada como lo está por consideraciones de
orden histórico y político. Antes, le hacía eco a los defensores
del colonialismo, que buscaban la justificación de la expansión
imperialista en las perversiones de los ‘nativos’. Ahora, sirve a
los intereses de la derecha religiosa musulmana que (de manera
selectiva) condena la globalización como origen de los males
sociales para silenciar mejor a la oposición alternativa.
La presión sostenida por parte de activistas feministas y
lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersex (LGBTI) ha
tenido éxito en cuanto a colocar el tema de la ‘diversidad sexual’
en primer plano. Pero aún así, el pasado reciente está marcado
tanto por logros históricos como por tendencias preocupantes. Este
artículo reflexiona en torno a lo sucedido en la última década —
desde comienzos de los años 90 en adelante — y recuerda algunos de
los triunfos logrados en el plano mundial. También estudia cómo el
fortalecimiento de la derecha religiosa está amenazando a esos
logros en la actualidad. Si bien el objeto específico de atención
son los contextos musulmanes, es necesario pensar los esfuerzos de
los fundamentalistas musulmanes en conjunto con los de sus
compañeros de cama ‘no tan improbables’, como el Vaticano y la
derecha cristiana.
La larga y sinuosa ruta hacia la emancipación
Una de las principales tendencias mundiales que emergen de la
situación actual es en verdad positiva: la diversidad ya no es
invisible. Quienes redactan las leyes han comenzado a proteger los
derechos de las minorías sexuales — al menos en el papel. En estos
últimos años, Sudáfrica y Ecuador se convirtieron en los primeros
países que ampliaron el espacio de las categorías protegidas
contra la discriminación para incluir en él a la orientación
sexual, e incorporaron disposiciones con ese efecto en sus
Constituciones (New Internationalist, 2001).
Por más ambivalencia que se pueda sentir frente a la inclusión de
personal lésbico, gay, bisexual y transgénero (LGBT) en las
fuerzas armadas o en torno a la lucha por los “casamientos gays”,
el hecho de que muchos países ahora reconozcan las uniones civiles
de las parejas formadas por personas del mismo sexo es un
indicador de igualdad. Aunque esos países son en su abrumadora
mayoría occidentales, activistas en Vietnam y en México están
luchando por cambios similares.(1)
También las autoridades médicas tuvieron que ceder lo suyo: en
1992, la homosexualidad dejó de figurar en la lista de
enfermedades compilada por la Organización Mundial de la Salud
(OMS). Sin embargo, la transexualidad sigue estando estigmatizada
mediante el diagnóstico de ‘trastorno de la identidad de género’
que aún se considera una enfermedad mental.
Las y los activistas también tuvieron éxito en sus esfuerzos por
ampliar la agenda de los derechos humanos de modo que esta
comenzara a ocuparse también de las diversas violaciones a que se
enfrentan las personas LGBTI. Las organizaciones tradicionales de
derechos humanos tomaron nota: desde 1991, el mandato de Amnistía
Internacional incluye la protección a las personas perseguidas por
su orientación sexual. Aunque sólo fue creado hace unos pocos
años, el Programa LGBTI de Human Rights Watch exhibe un gran
dinamismo.
Los temas de derechos sexuales y autonomía sexual han atraído la
atención de instituciones como las Naciones Unidas (ONU),
especialmente desde las conferencias mundiales internacionales de
la década de 1990.(2) En una iniciativa sin precedentes, en 2001,
seis expertas/os independientes y relatoras/es especiales de la
ONU dieron a conocer una declaración conjunta en la que exhortaban
a las/os activistas LGBT a ayudarlas/os a documentar las
violaciones que se estaban cometiendo contra sus colectivos.
Estos desarrollos internacionales no habrían sido posibles sin la
dedicación de numerosas defensoras y defensores, y sin el trabajo
de organización feminista y LGBTI que ha tenido lugar en estas
últimas décadas, en el plano local, nacional y regional. Pero si
bien los derechos legales LGBTI lentamente han ido ganando más
aceptación por parte de la sociedad, la discriminación y la
persecución no han desaparecido, sino más bien todo lo contrario.
Aunque la visibilidad de las personas LGBTI va en aumento en
muchas partes del mundo, los discursos del extremismo religioso
también van cobrando cada vez más fuerza. La influencia creciente
de la derecha religiosa constituye otra de las principales
tendencias que pueden observarse en el escenario mundial.
¿Vencid@s por la reacción?
La homofobia continúa estando avalada por los Estados en
demasiados países (Hélie, 2004) y las voces (y actos) de los
extremistas ‘fundamentalistas’ juegan un rol decisivo en el
mantenimiento del status quo. A nivel local, también contribuyen a
darle legitimidad a quienes cometen violaciones a los derechos
humanos de las personas LGBTI, tanto actores estatales como
privados. A nivel nacional e internacional, la derecha religiosa
influye sobre las agendas políticas y las determina.
La manipulación de nociones de identidad cultural firmemente
arraigadas es una estrategia eficaz. La derecha religiosa (ya sea
hindú, musulmana, cristiana, judía, budista, etcétera) quiere
hacernos creer que promueve un retorno a los ‘valores
tradicionales’, a los ‘fundamentos’ de la fe. Por el contrario, lo
que promueven los líderes de los movimientos político-religiosos
son interpretaciones altamente selectivas de la religión y de la
identidad, con el fin de lograr el poder político o de
conservarlo. Las ‘tradiciones’ invocadas aluden a un pasado ‘puro’
y a-histórico, privado de todo rastro de diversidad, del cual se
han borrado las diversidades en cuanto a grupos étnicos, creencias
religiosas, orientaciones sexuales, costumbres o clases. Los
‘valores’ míticos que promueven son, en realidad, el nacionalismo,
la xenofobia, el sexismo y la homofobia. Por lo tanto, no resulta
sorprendente que las mujeres, las minorías y las personas LGBTI
sean quienes resulten más vulnerables (a los efectos) de las
políticas fundamentalistas de derecha.
Lo acontecido en enero de 2006, cuando a dos grupos LGBT se les
negó el estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de
la ONU (ECOSOC), constituye un ejemplo llamativo de alianza entre
las derechas religiosas cristianas y las musulmanas.(3) ¿En qué
otra situación Irán y los EEUU se encuentran del mismo lado de la
mesa? Pero la postura anti-gay es una batalla que cada una de esas
fuerzas libra también en su propio terreno. Por ejemplo, el Papa
Benedicto XVI condenó recientemente los matrimonios gay como ‘un
grave error’. En noviembre de 2005, también dio su aprobación a
una regla que impedía a los homosexuales acceder al sacerdocio y
que resultó en una caza de brujas al interior de los seminarios.(4)
En Nigeria, la invocación a los ‘valores autóctonos’ permite
hablar de las diferencias sexuales de maneras que el Papa
seguramente aprobaría. En enero de 2006, el gobierno estaba
discutiendo un proyecto de ley que tornaría ilegales las
relaciones y matrimonios entre personas del mismo sexo. El
ministro de Justicia, Bayo Ojo, puso énfasis en el hecho de que
quienes violaran dicha ley se enfrentarían a la cárcel y justificó
la medida diciendo: “Es algo que no tiene nada que ver con África,
y los libros sagrados lo prohíben”.(5) Las y los activistas en
Nigeria alertan acerca de que el trabajo de defensa y gestión (de
sus derechos) se ha convertido, de hecho, en un delito pasible de
castigo y que el proyecto invita “a las violaciones masivas de
derechos humanos contra las personas sospechosas de ser gays o de
estar trabajando por los derechos de las personas gays”.
Un artículo escrito a propósito de la prohibición de los Monólogos
de la Vagina en Uganda, el año pasado, confronta a los fanáticos
religiosos con argumentos elocuentes que también podrían aplicarse
a Nigeria: “¿Cómo se puede hablar de ‘valores culturales y morales
africanos’ en un continente que tiene decenas de miles de grupos
étnicos y lingüísticos diferentes? ¿Cómo puede ‘no ser propio de
africanas’ hacer una referencia casual a la vagina cuando las
mujeres Karimojong y Dinka caminan desnudas con toda libertad y se
sientan en cuclillas delante de sus hijas e hijos, mostrando sus
vaginas? ¿Cómo puede no ser africana la homosexualidad cuando esta
fue una práctica no sólo tolerada sino activamente alentada entre
los varones jóvenes de la nación Bahima en Ankole?” (Mwendo,
2005).
La lucha contra maricas y feministas
En los contextos musulmanes — lo mismo que en otros —los líderes
conservadores utilizan la (homo)sexualidad con distintos fines.
Por ejemplo, puede resultar muy eficaz para distraer la atención
del público de temas nacionales importantísimos: el juicio a que
recientemente fueran sometidos 52 hombres acusados de prácticas
homosexuales en Egipto contribuyó a mantener a la gente
concentrada en otro tema que no fuera la recesión económica
permanente. También es útil para librarse de los opositores: el
ex-Primer Ministro de Malasia, Mahatir Mohamed, envió a la cárcel
a su rival político Anwar Ibrahim, acusándolo de sodomía. Por
último, ayuda a desacreditar a cualquier voz disidente: en 1998
los medios de comunicación controlados por el gobierno de Túnez
cuestionaron a seis lideresas feministas por su estado civil. Las
mismas mujeres (integrantes de la Asociación Tunecina de Mujeres
Democráticas, ATFD por sus siglas en francés) fueron más tarde
acusadas de “menoscabar al islam así como a los valores culturales
y sociales” (Rothschild, 2005, pp.27-28). En mayo de 1999, el
ministro de Bienestar Social en Panyab utilizó argumentos
similares para desacreditar a Shirkat Gah, un colectivo de mujeres
paquistaníes, acusándolas de “promover la cultura del adulterio” y
de ser “responsables por la degeneración social”.
Como lo demuestran los ejemplos de Túnez y Pakistán, los líderes
extremistas político-religiosos recurren a retóricas similares
para movilizar contra quienes defienden los derechos de las
mujeres y las personas LGBTI.
El primer argumento es que la homosexualidad (o el feminismo)
simplemente no existen en los países musulmanes. En marzo de 1997,
a una profesora universitaria la despidieron por haber mencionado
— en una conversación privada con una alumna — su convicción de
que existían lesbianas en Kuwait. La rectora de la Universidad de
Kuwait, que la despidió, insistió en que “La nuestra es una
sociedad musulmana y la homosexualidad es contraria al islam” (AHAB,
1996-1997).
Luego viene el argumento de que las demandas de las mujeres (o de
las personas LGBTI) por la igualdad son producto de una ideología
foránea, y que deben ser rechazadas por ese motivo. A las/os
activistas LGBTI y a las feministas se las/os acusa
sistemáticamente de ser agentes de un poder foráneo corrupto y por
ello se las/os califica de amenaza para el orden social y la
pureza cultural, y de traidoras/es a la nación, la comunidad o la
fe. (Este es un argumento que se utiliza mucho más allá de los
contextos con predominio musulmán, desde la India hasta China o
Serbia).
Por último, se pone en claro que la sexualidad y los derechos de
las mujeres no pueden, jamás, ser prioridades. Son temas que no
tienen lugar en la agenda (en ninguna agenda), ¿no son, en última
instancia, apenas un lujo de las elites, ya sean extranjeras o
nacionales? En la Conferencia de Beijing (1995), los intentos por
introducir referencias a la orientación sexual en el documento
final se vieron obstaculizados por muchos estados musulmanes (así
como por sus aliados católicos), entre ellos Sudán, cuya delegada
afirmó: “Es algo antinatural. La mayoría de las mujeres en el
mundo están esperando que nos ocupemos de la pobreza y de las
enfermedades. Nos oponemos a la presencia de este término. Lo
nuestro es una negativa, no una reserva”.
Lo cierto es que las mujeres ocupan un lugar especialmente
vulnerable ante el auge de los fundamentalismos, de los que son
blanco principal. Como lo explica Radhika Coomaraswany,
ex-Relatora Especial de la ONU sobre Violencia Contra las Mujeres:
“Las comunidades vigilan la conducta de las mujeres. Cuando se
percibe que una mujer actúa de una forma que resulta sexualmente
inadecuada según los estándares de su comunidad, se la castiga”.
En los contextos musulmanes, esto se aplica de modo particular a
las lesbianas y las personas trans, que a menudo corren riesgo de
ser perseguidas/os por actores no estatales, entre ellos los
grupos extremistas político-religiosos y sus propios familiares.
Un testimonio de Jordania ilustra esta realidad: “Existen
prejuicios muy fuertes en la sociedad jordana, que son más fuertes
que ninguna prohibición legal. Las lesbianas tienen miedo de
hacerse visibles ... La piedra fundamental del apoyo social en
Jordania es la unidad familiar, pero en el caso de una lesbiana
que está dispuesta a ser honesta acerca de su sexualidad, es muy
probable que sea su propia familia la que viole sus derechos” (Assfar,
2000, pp. 283-284). La activista trans turca Demir Demet también
puede dar testimonio de los repetidos ataques de que es objeto por
parte de las fuerzas policiales.
Activismo, disidencia y resistencia en casa
A pesar de esas repercusiones, la gente lucha – aun en las
circunstancias de mayor opresión. Como las estrategias se adaptan
a los distintos ambientes, resulta necesario distinguir, por lo
menos, entre las que han creado en los países musulmanes y en
Occidente (siendo esta, por supuesto, una enorme simplificación).
Las personas LGBTI que están situadas en contextos de predominio
musulmán han comenzado a organizarse en fecha relativamente
reciente (aunque hubo pioneras y pioneros que comenzaron a hacerlo
a principios de la década de 1990). Hablar en público sobre estos
temas lleva un poco más de tiempo, especialmente en el caso de
quienes viven en sociedades represoras desde el punto de vista
social y político. A veces, lo que desencadena la resistencia es
la discriminación desembozada. Sin embargo, la estrategia de
reivindicar espacios públicos exige no sólo una evaluación avezada
de los riesgos sino también una valentía que se va fortaleciendo
en el largo plazo. Por ejemplo: Lambda Estambul fue creada en 1993
pero organizó su primera Marcha del Orgullo en la capital de
Turquía recién una década después, y aun entonces sólo se
atrevieron a marchar 50 pioneras y pioneros.
La visibilidad suele tener un costo elevado, que va desde la
humillación y las acusaciones de traición a hechos concretos de
violencia, exámenes forzados para detectar el VIH, violaciones e
incluso asesinatos. El activismo lésbico representa un desafío aún
mayor, pero hay algunas que ya están abriendo camino, como Aswat,
el grupo recientemente creado en Palestina (que ahora corre mucho
más riesgo, con la victoria de Hamas en las últimas elecciones).
En países donde ser conocida/o como ‘no heterosexual’ es
peligroso, la gente se está encontrando con otras personas LGBTI a
través de Internet. Si bien suele ser una herramienta de las
privilegiadas y los privilegiados, no por ello deja de ofrecer un
canal para el intercambio y la solidaridad. A pesar de los
riesgos, ahora los grupos de apoyo están floreciendo por todas
partes, aunque algunos todavía no pueden funcionar abiertamente.
En los últimos años, las personas LGBTI musulmanas se están
agrupando en lugares tan diversos como Marruecos, Indonesia,
Turquía, Malasia, Jordania, Líbano, Jerusalén, Sudáfrica, Nigeria,
Palestina, Dubái o Arabia Saudí, así como en países con grandes
comunidades musulmanas autóctonas, como India. Romper el
aislamiento es su principal prioridad. Ese no es un logro menor,
cuando la mayoría de quienes asisten por primera vez a una reunión
de LGBTI musulmanas/es comparten el asombro de poder conocer a
personas ‘como yo’: “Siempre pensé que era la única (el único) que
era así”.
Es interesante señalar que los regímenes más represivos no son
necesariamente los peores en lo que concierne a la expresión de la
identidad de género. En Jordania y en Irán, parece que las
personas transexuales están logrando convertir la estricta
división binaria de géneros vigente en sus sociedades en una
ventaja(6): algunas/os están obteniendo apoyo inclusive
financiero de clérigos fundamentalistas para operaciones de cambio
de sexo (Mc Dowall, 2004).
Activismo, disidencia y resistencia – Sobreviviendo como Otr@s
Puede ser que a las personas LGBTI que están en Occidente les
resulte más fácil organizarse abiertamente, pero también se
enfrentan a algunas dificultades específicas. La aceptación por
parte de las comunidades musulmanas por lo general constituye un
desafío, sobre todo porque las personas mayores en las comunidades
migrantes a veces se aferran a valores de la época en que salieron
de sus países de origen, aunque sus sociedades hayan cambiado en
el transcurso del tiempo. Es posible afirmar casi con certeza que
la mayoría de los líderes comunitarios (que siempre son hombres y
a menudo son conservadores) alientan esta tendencia, porque
descubren que contribuye a que su autoridad no sea cuestionada.
Además, el problema muy real que presenta la identidad compleja en
contextos que, con demasiada frecuencia, están marcados por el
racismo, no favorece el examen crítico de la propia comunidad. El
racismo, la estigmatización y el aislamiento pueden hacer que
algunos jóvenes privados de derechos se conviertan en presa fácil
de la hermandad fundamentalista local.
La aceptación por parte de los grupos LGBTI no-musulmanes tampoco
es algo que se pueda dar por sentado, aun para quienes son
profundamente seculares y sólo se definen como musulmanas/es desde
el punto de vista cultural. Lo más frecuente es encontrarse con
una mezcla de orientalismo ingenuo, paternalismo y estereotipos
acerca del islam, por lo que son muchas y muchos quienes ponen
énfasis en que “Salir del armario como gay en la comunidad
musulmana es casi tan difícil como salir del armario como
musulmán/a en un grupo gay”.
Tal vez como producto de este desafío dual, los grupos
específicamente de musulmanas y musulmanes LGBTI se están
expandiendo y/o creando en Europa y en el continente americano.
Estos grupos pueden ser sólo para quienes comparten la misma fe, o
abiertos a “musulmanas/es LGBT, sus amigas y amigos”; pueden
concentrarse en las reuniones sociales o en las campañas
políticas, o proponer una mezcla de ambas actividades; pueden
recibir sólo a personas de un grupo étnico/regional determinado o
a quien sea que quiera asistir. Lo llamativo es que muchos de
estos grupos señalan una contradicción con la que deben luchar
muchas personas, pero que refleja –por encima de todo- la mirada
discriminatoria de la sociedad: “Ser tanto queer como árabe no es
fácil en un mundo en el que ambos son discriminados” (AHBAB); “Gay
y musulmán: ¿soy un oxímoron?” (Al fatiha).(7) Nombres como Sawasiyah (“igual” en árabe) también afirman el deseo de
reconocimiento y respeto. El equipo que produjo recientemente un
documental sobre la comunidad lésbico-gay formada por personas de
Medio Oriente que viven en EEUU dice simplemente — pero con mucha
fuerza — “Yo existo” (Eyebite Productions, 2002).
Sintiendo la necesidad de “un cuarto propio”, las mujeres también
se embarcan en la creación de grupos sólo para ellas. Por ejemplo,
Bint el Nas dedica su sitio en Internet a “las mujeres que se
definen como LGBT y/o queer, y que étnica o culturalmente se
identifican con el mundo árabe”; prometen una “subversión
optimista” y procuran ofrecer “un espacio para crear algo nuevo:
imágenes de mujeres árabes queer”. Assal (“miel” en persa) es un
grupo lésbico con sedes en EEUU (tanto en la costa Este como en la
Oeste), que funciona principalmente como un grupo social y de
apoyo. En el Reino Unido el Safra-Project ha crecido sin cesar
desde su creación en 2001, inaugurando su sitio en Internet en
2003 y realizando investigaciones (sobre todo en términos de
prestadoras/es de servicios y cómo ellas/os pueden atender mejor a
las necesidades de las mujeres lesbianas, bisexuales y transgénero).
También organizan reuniones y afirman su presencia en los medios.
Estrategias colectivas
Este artículo pone más énfasis en la organización activista al
interior de los países y comunidades musulmanas, que en los
esfuerzos más estructurados que llevan adelante las organizaciones
no gubernamentales que con frecuencia tienen su sede “en el
exterior” – lo que no significa en modo alguno desmerecer la
función que ellas cumplen. Por el contrario: vincularse con esas
estructuras y cultivar alianzas con determinadas personas que
trabajan en ellas es una forma muy valiosa de establecer
contactos. Su relativa prosperidad también contribuye a la
visibilidad mundial de las personas LGBTI, dado que cuentan con la
posibilidad de hace envíos masivos de fax, enviar misiones para
documentar hechos sobre el terreno u organizar reuniones
internacionales. Las/os musulmanas/es queer siguen beneficiándose
del apoyo de esta clase de aliadas/os. Por ejemplo, en 2000 la
Comisión Internacional de los Derechos Humanos para Gays y
Lesbianas (IGLHRC) organizó el simposio “Separación entre la fe y
el odio: Diversidad sexual, intolerancia religiosa y estrategias
para el cambio”.(8) Y, en buena medida, los hombres presos en El
Cairo no han sido completamente olvidados gracias al trabajo de
documentación, gestión y defensa que llevó adelante Human Rights
Watch.
Las estrategias se diseñan o se adaptan según los contextos
políticos y sociales existentes. La diversidad de estrategias
refleja la misma diversidad de los contextos musulmanes: vivir en
Arabia Saudí (donde es posible ser sentenciado a muerte por tener
conducta homosexual) tiene consecuencias diferentes que vivir en
Mobassa, Kenia, donde las relaciones entre personas del mismo sexo
pueden desarrollarse sin estorbos ya que, por ejemplo, que dos
mujeres compartan la vivienda resulta mucho más aceptable que en
otros sitios. A continuación, examinaremos algunas tendencias
generales.
La historia de ella, la de él y la de *
Tal como lo hacen muchos grupos oprimidos y marginados, las/os
musulmanas/es queers intentan recuperar su pasado. Identificar las
‘raíces’ es muy importante tanto para construir una identidad
colectiva como para afirmar que una/o tiene legitimidad histórica.
Por eso hay personas LGBTI que se dedican a buscar una ‘tradición’
más incluyente que la que promueven los grupos
político-religiosos. Están procurando encontrar un pasado que
reconozca la existencia de minorías que están silenciadas. Si bien
muchos vestigios de prácticas homosexuales u homoeroticismo
‘autóctonos’ han sido borrados de la historia dominante, todavía
es posible encontrar algunos ejemplos.
En el siglo XII un erudito que estudiaba las elites de los
imperios musulmanes (que en ese momento se extendían desde Siria
hasta Marruecos) señaló en un Tratado Médico publicado en Bagdad:
“También hay algunas mujeres que son más inteligentes que las
otras. Ellas poseen muchos modos masculinos, por eso se les
parecen incluso en los movimientos, en la forma de hablar y en sus
voces (...) Esto hace que a ella (sic) le resulte difícil
someterse a los deseos de los hombres y la (sic) lleva al amor
lésbico. La mayoría de las mujeres con estas características se
encuentran entre las educadas y las elegantes, las escribas, las
lectoras del Corán y las académicas”.(9)
Para contrarrestar el mito según el cual la homosexualidad sería
una ideología foránea/importada, otros grupos y personas están
dedicándose a reivindicar la literatura homoerótica, como la del
poeta sufí Jalaludin Rimu o la “literatura diwan” otomana. Y
también hay quienes se dedicar a revisar los textos religiosos.
Teólogas/os y creyentes queer o con una actitud positiva hacia lo
gay, están estudiando el Qu’ran para romper el monopolio de las
interpretaciones homofóbicas masculinas.
La expansión de los espacios políticos y la construcción de
alianzas
Muchos países musulmanes están sometidos a gobiernos bastante
autoritarios, contexto que de por sí tiende a limitar las
posibilidades para la igualdad de las personas LGBTI. Sin embargo,
cuando la sociedad civil progresista gana espacio, las/os
musulmanas/es queer (que bien pueden haber tomado parte en la
lucha por la democratización) aprovechan los espacios recién
abiertos para expresar sus preocupaciones específicas. Por
ejemplo, en 1999 el coordinador de un grupo nacional por los
derechos gays en Indonesia comentó que la caída del dictador
Suharto había tenido su impacto sobre la visibilidad de la gente
queer: “Ahora hay más gente que sale del armario con sus amistades
o que escribe en los medios sobre temas gays y lésbicos, aunque
sea con seudónimo”.
La colaboración con grupos afines también es una estrategia
prometedora. La formación de coaliciones con otros grupos de base
religiosa, o identitarios, permite un intercambio fructífero de
estrategias y el apoyo mutuo. Así como los líderes
político-religiosos homofóbicos y conservadores invierten en la
formación de alianzas internacionales, quienes trabajan por el
progreso en los derechos LGBTI también hacen lo propio.
Un ejemplo de iniciativa basada en la fe –entre muchos otros que
podrían citarse – es la relación informal pero estable que un
grupo cuáquero de apoyo a personas gays ha construido con la
filial local de Al-Fatiha (ahora Imaan) en el Reino Unido.
Otro ejemplo es la Mesa Redonda Nacional de Líderes Religiosos
que, en el contexto estadounidense, representa a “líderes de más
de 40 organizaciones de base religiosa incluyendo musulmanas,
hindúes, católicas, judías, protestantes, mormonas, iglesias
negras, y otras tradiciones religiosas y espirituales, asociadas a
diversos grupos que trabajan por la justicia”. En 2001, la Mesa
dio a conocer una declaración conjunta en la que condenaba las
terapias de ‘conversión’ y afirmaba que “Las personas gays,
lesbianas y bisexuales son parte intencional y bendita de la
Creación. Las terapias destinadas a ‘convertir’ o ‘corregir’ la
orientación de una persona son algo erróneo y deben cesar. Esas
terapias niegan la santidad intrínseca de las personas GLB”.
Otro ejemplo es Larzish, el primer festival cinematográfico
dedicado a la ‘pluralidad sexual y de géneros’ que se realiza en
la India. En 2003 y 2004, reunió en Mumbai a cientos de personas
queer de tradición hindú, sikh, musulmana, cristiana y laica.
Además, también existen redes informales de activistas que
colaboran entre sí en el plano internacional, sobre todo
intercambiando experticia en casos de asilo.
A medida que los movimientos LGBTI se van desarrollando, también
es más probable que comiencen a colaborar con las instituciones.
Por ejemplo en 2000, en el Reino Unido, un funcionario policial
encargado de cultivar las relaciones con la comunidad recurrió a
Al Fatiha para documentar incidentes de matrimonios forzados cuyas
víctimas fueran lesbianas o gays. Una oportunidad como esa puede
contribuir también a enfrentar otro de los desafíos importantes:
garantizar la rendición de cuentas por parte de actores tanto
estatales como privados, responsables por violaciones a los
derechos humanos de personas LGBTI.
Cómo ampliar el concepto occidental de ‘homosexualidad’
Implícita o explícitamente, a menudo se nos pide que encajemos en
alguno de los siguientes casilleros: homo, hetero o bi. Las/os
activistas trans e intersex han complejizado esta ecuación
incorporando la identidad de género al cuadro de la orientación
sexual pero la expectativa más frecuente sigue siendo que cada
persona “marque un solo casillero”. Pero parece que, de manera muy
conveniente, siempre nos olvidamos de las y los célibes que
cuestionan muy intensamente tanto la heteronormatividad como la
sexualidad obligatoria.
Además, las categorías existentes pueden tornar invisibles otras
formas de entender la identidad sexual o de género, y tampoco
reconocen que la expresión sexual puede tener una naturaleza
fluida en el transcurso de la vida de una persona. Por ejemplo:
para los musulmanes y musulmanas suajilis de Mombassa, Kenia, “en
el transcurso de sus vidas, los hombres y las mujeres pasan de la
homosexualidad a la heterosexualidad y viceversa. De las lesbianas
y los gays se espera que muestren abiertamente su conducta.
Existen reglas bien establecidas para que ellas y ellos encajen
sin problemas en la vida cotidiana (de la comunidad)”.
Las categorías fijas también parecen demasiado estrechas para
expresar en su plenitud toda la gama de sentimientos y vínculos
que las personas viven. Por ejemplo: en la provincia pakistaní de
Sindh, se utilizan tres palabras para referirse a una amiga; la
primera significa ‘amiga’, la segunda ‘amiga íntima’ y la tercera
denota una ‘relación amorosa/física’. Estas categorías se pueden
tomar como evidencia potencial de conducta homoerótica, pero
también nos recuerdan que el concepto y la etiqueta de ‘gay’ no
necesariamente da cuenta de todas las realidades que existen.
Hacer referencia a ‘las personas LGBTI’ resulta útil desde el
punto de vista político para la formación de coaliciones, el
trabajo de cabildeo y con fines organizativos, porque reúne a
personas bien diversas bajo un paraguas común. Pero también
excluye a otras y a otros que, aunque tengan prácticas
homoeróticas, no se definen como lesbianas, gays o bisexuales. Y
torna bastante invisibles las estructuras de poder.
Construir un movimiento LGBTI — en contextos musulmanes así como
en todos los otros —es una tarea que no carece de escollos. La
clase, la casta, los ingresos, las capacidades físicas, el estado
de salud, la pertenencia generacional (jóvenes/mayores) o la
étnica, y otros factores similares siguen afectando el acceso a
las posiciones de liderazgo y, en concreto, al poder. Por encima
de todo, cuestionar las normas asociadas a los roles e identidades
de género dominantes, no necesariamente implica un cuestionamiento
a las jerarquías de género. Por eso, que muchos grupos
autodenominados “LGBTI” estén de hecho dominados por hombres gays
(algunos de ellos, verdaderamente ciegos a los privilegios que la
masculinidad, incluso cuando es alternativa, les confiere), no
debería sorprendernos. La posición de las personas bisexuales,
intersex, trans y —esta vez no vamos a olvidarlas — célibes,
todavía es frágil dentro de nuestros movimientos.
De nosotr*s depende
Integrar a todas las personas LGBTI es una necesidad crucial.
Hacerlo exige una conciencia política que sólo puede surgir del
reconocimiento de la diversidad que está presente en nuestras
vidas. Podemos aprender de los análisis feministas y ampliar el
alcance de la frase de bell hooks según la cual “no hay ningún
idioma que pueda expresar lo que significa ser castigada por su
género, aun cuando una sea privilegiada por su raza y su clase” (Childers
& hooks, 1990).
Las estrategias colectivas son las más difíciles de implementar,
pero también son las que tienen la mayor probabilidad de generar
cambios. La solidaridad puede hacernos alcanzar logros
sustantivos, pero sólo cuando es genuina, como la que muerde y
canta entre las líneas del siguiente poema, escrito por la
activista indígena Lilla Watson:
“Si viniste a ayudarme,
estás perdiendo tu tiempo
y el mío
Pero si has venido porque tu liberación es inseparable de la mía,
entonces trabajemos juntas”.
Anissa Hélie es historiadora por formación y activista feminista
por elección. Creció en Argel, Argelia, y ha viajado y vivido en
varios continentes, por amor a la política pero también por las
políticas del amor. Hélie ha integrado varias organizaciones de
mujeres y redes transnacionales, y es activista en temas de
sexualidad, guerras y conflictos, y fundamentalismos religiosos
(así como en las desafortunadas interacciones entre los tres). De
vez en cuando, también trabaja como docente.
Referencias:
AHBAB. Archivos de noticias 1996-1997. Tomado del sitio de AHBAB
en Internet,
http://www.glas.org/ahbab/
AllAfrica Website. Consultado el 18 de enero de 2006, en
http://www.allafrica.com/stories/20061190620.html
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Vatican to check US seminaries on gay presence. (2005, September
15). NY Times. Tomado de
http://www.nytimes.com/2005/09/15/national/15seminary.html?
Notas
(1) Sudáfrica apoya las uniones entre personas del mismo sexo
desde diciembre de 2005. El concepto mexicano es innovador porque
busca el reconocimiento legal de cualquier tipo de hogar, sin
importar si el vínculo entre quienes lo comparten es sexual o no.
(2) Comenzaron con la “Conferencia Internacional sobre Población y
Desarrollo” en Cairo (1994) y la “IV Conferencia Mundial sobre la
Mujer” en Beijing (1995)
(3) En enero de 2006, las solicitudes presentadas por la
Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA) y la
Asociación Dinamarquesa de Gays y Lesbianas (LBL) para obtener
estatus consultivo fueron rechazadas. Un comunicado de prensa de
la ILGA (27 de enero) afirma que Egipto y la Organización de la
Conferencia Islámica pidieron a las Naciones Unidas que rechazara
las solicitudes de ambas organizaciones gays sin concederles
audiencia (lo que va en contra del procedimiento habitual del
Consejo Económico y Social). Los EEUU votaron junto a Irán,
Pakistán y Sudán por el rechazo de las solicitudes de ILGA y LBL,
sin concederles audiencia.
(4) La disposición se refiere a “cualquiera que haya realizado
actividad homosexual o tenga fuertes inclinaciones homosexuales”.
NY Times, September 15, 2005, “Vatican to Check US Seminaries on
Gay Presence.”
(5)
http://www.allafrica.com/stories/20061190620.html, consultada
el 18 de enero de 2006. Las uniones entre personas del mismo sexo
se vieron impulsadas por el reconocimiento del que gozan en
Sudáfrica desde hace un cierto tiempo. En Nigeria, la pena puede
ser de hasta cinco años de cárcel.
(6) Esto no implica que. la conducta homosexual resulte por ello
más fácil: en Irán, se la define como delito pasible de pena de
muerte. En el verano y el invierno (boreales) de 2005, tuvieron
lugar varias ejecuciones públicas de adolescentes varones,
supuestamente debidas a su orientación sexual.
(7) Al Fatiha es la organización gay musulmana pionera en EEUU, que
desde su formación se ha ido expandiendo y ahora tiene una red con
filiales en muchas ciudades, y alcance internacional.
(8) A la reunión organizada por la Comisión Internacional de los
Derechos Humanos para Gays y Lesbianas reunió a casi dos docenas
de activistas por los derechos sexuales y líderes/eresas de fe,
provenientes de diversas regiones. Quienes allí estuvimos,
redactamos una declaración común que comienza así: “Nosotras/os,
personas de diversas comunidades sexuales y espirituales,
religiosas y laicas, nos hemos reunido aquí, provenientes de todas
partes del mundo. Hacemos un llamado a la solidaridad para
terminar con la intolerancia motivada y perpretrada por la
religión, fundada en la orientación sexual, la identidad de género
o la condición frente al VIH”.
(9) Haddad (a.k.a. Abu Nasr al Isra’ili). (2005). Ktab nuzhat
al-ashab fi mu’asarat al-ahbab fi’ilm albah, Part 1, paragraphs
6-8). Citado en Wiebke Walther, Woman in Islam, (Monteclair, NJ,
Abner Schram: 1981), 118. En F. Shaheed, Great Ancestors,
Narratives Section, p.17. Lahore: Women Living Under Muslim Laws
(WLUML) & Shirkat Gah.
N.T. La versión original de este artículo (en inglés)
fue publicada por ISIS magazine (Women in Action) y se puede
consultar en
http://www.isiswomen.org/pub/wia/wia2006-1/helie.html
Traducción realizada por TransLingua, traducciones feministas con
perspectiva multi-genérica
(translingua_tfmg@yahoo.com.mx), con
permiso de la autora.
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